Gonzalo Rojas
Chile, 1916 |
NATURALEZA DEL FASTIDIO
Ni el pan de la razón ni el pan de locura
ni el pensamiento sólido ni el pensamiento líquido
saben tanto del hombre como el cráneo nublado
por el aburrimiento.
Es un vapor que emana de toda la tristeza
depositada adentro como una nebulosa,
poblada por los blancos microbios de la muerte
como el gas de la asfixia.
Sale a la calle a ver la sombra de su amada,
y sólo ve zapatos por todos los paseos,
rostros picados por la peste, arrugas:
un mundo envejecido.
Sólo se ve a sí mismo fuerte y libre
con su dura corteza de fanático,
asistiendo a la muerte de los otros,
al paso real del tiempo.
Pasan enamorados deseándose eternos,
banqueros llenos del hambre del pobre,
mujeres con las llagas bajo el lujo.
Pasan los infelices.
Ricos, menesterosos, asesinos,
ladrones, pervertidos, todos pasan
con la seguridad de vivir siempre
pasando a mejor vida.
Se oyen los juramentos del amor. El galán
que dice: "Yo me muero por ti", debe matarse,
debe dejar en orden la ropa blanca y negra
que ha de ponerse al irse.
Pero no esté jurando como un perro a la luna.
Todo ha de hacerse ahora que el tiempo está pasando.
Ahora que hay un poco de sol bajo las venas.
Todo ha de hacerse ahora.
El vidente que guarda la muerte en sus pupilas,
todo lo ve más claro bajo el aburrimiento.
Por eso ve detrás de los rostros la nada,
como si fuera un adivino.
Si los huesos terminan en trigo o en carbón,
el pensamiento en cambio se nutre del hastío.
La carrera es difícil. Corramos hasta el fin
para saber qué pasa. |
Maxime Alensandre
Francia, 1899 |
UNA MAÑANA
A Renée Unik
De qué fluido espejo del alba
Soy el prisionero
Cuando se rompen las cascadas de sangre pura
Los alfileres de rubí
El granizo de las caricias
Cuando mi alma se evapora
De qué espejo
Cuando el amor
Vuelve a paso furtivo
De qué espejo
De qué esperanza
.........................................
LOS SALTIMBANQUIS
Bajo la lluvia del silencio
Bajo la nieve del deseo
Una boca viviente y un brazo
Que se tienden hacia una llama
Tantos minutos desplomados sin las alas imprescindibles
Tanta inocencia en el mentir
Los encuentros semejantes a
La soledad
Grandes aventuras
Para cantar
Los muros que se desploman
Dejan sus huellas en un espejo

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