Alfonsina Storni
Argentina, 1892 |
CREPÚSCULO
El mar inmóvil,
desprendido de sus mandíbulas,
exhala un alma nueva.
No tiene fondo,
buques hundidos,
almas, abrazadas
a sus algas.
Recién nacido,
la cara de Dios,
pálida,
lo mira.
Buques no lo escribieron.
Hombres no lo descifraron.
Peces no lo pudrieron.
Baja a buscarlo
el sol,
precipitándose en llamas
entre bosques violáceos,
y al tocarle la frente
abre puertas de oro
que calan -túneles-
espacios desconocidos.
Escalinatas lentas
descienden al agua
y llegan, desvanecidas,
a mis pies.
Por ellas
ascenderé
un día
hasta internarme
más allá del horizonte.
Paredes de agua
me harán cortejo
en la tarde
resplandeciente.

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Aleksandr Pushkin
Moscú (Imperio Ruso), 1827 |
A***
Recuerdo el mágico instante:
apareciste ante mí,
como una fugaz visión,
como un genio de sublime belleza.
En los tormentos de la desesperada tristeza,
en las zozobras de la ruidosa vanidad,
resonaba la ternura de tu voz
y el sueño tus caros rasgos me mostraba.
Los años pasaron. El ímpetu rebelde de las tormentas
dispersó mis antiguos sueños,
y olvidé la ternura de tu voz,
tus sublimes rasgos.
En la soledad y negrura del confinamiento
mis días se arrastraban en silencio,
ya sin inspiración y sin fe,
sin lágrimas, sin vida, sin amor.
Mi alma despertó de nuevo:
y otra vez apareciste tú,
como una fugaz visión,
como un genio de sublime belleza.
Y late embriagado el corazón,
y resurgen de nuevo para él
la inspiración y la fe,
la vida, las lágrimas y el amor. 
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