SUMARIO
Editorial
Julio Cortázar
Happy New Year...
Notas de Dirección
Carmen Salamanca
Raúl González Tuñón
Lluvia
Oliverio Girondo
Hazaña
Ella
T. S. Eliot
Rapsodia de una noche de viento
Llorabas y reías
Emily Dickinson
Poema 128
Dylan Thomas
Soñé mi génesis
En mi oficio u hosco arte
Rafael Alberti
Espantapájaros
Alfonsina Storni
Crepúsculo
Aleksandr Pushkin
A....
Miguel Oscar Menassa
Adolescente pescador
Aforismos
Agenda Grupo Cero

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Dylan Thomas

Reino Unido, 1914

SOÑÉ MI GÉNESIS

Soñé mi génesis en el sudor de un sueño,
atravesando la valva giratoria, potente
como el músculo del motor en el taladro,
perforando la visión, el nervio en cadenas.

Desde brazos y piernas que tenían
la medida del gusano, me deshice de la arrugada carne,
atravesé limando todos los hierros en la hierba,
metal de soles en la noche que derrite al hombre.

Heredero de las venas hirvientes que sostienen
la gota del amor, costosamente, una criatura
en mis huesos suavizó el mundo de mi herencia,
viajé lentamente a través del hombre vestido de noche.

Soñé mi génesis y morí otra vez, fragmentos de metralla
incrustados en el corazón acelerado, agujero
en la herida cosida y viento coagulado, muerte
amordazada en la boca que inhaló el gas.

Perspicaz en mi segunda muerte
marqué las colinas, la cosecha de cicuta,
y las hojas que oxidan mi sangre
sobre los muertos aún tibios, forzando
mi segunda lucha desde la hierba.

Y el poder contagió mi nacimiento, segundo
ascenso del esqueleto y volver a vestir
al fantasma desnudo. La hombría
resurgió, desde el dolor sufrido nuevamente.

Soñé mi génesis en un sudor de muerte, dos veces
caído en el mar nutriente, vuelto rancio
con el agua salada de Adán, hasta que
la visión de la fuerza de un hombre nuevo, busca el sol.

EN MI OFICIO U HOSCO ARTE

En mi oficio u hosco arte
que ejerzo en la noche quieta
cuando solo brama la luna
y los amantes yacen en el lecho
con todas sus penas en sus brazos,
debajo de una luz cantarina trabajo
no por ambición o el pan
o la vanidad y el comercio de encantos
en escenarios de marfil,
sino por el jornal común
de sus más secretos corazones.

No escribo en estas páginas de espuma
para el hombre arrogante
que se aleja de la rabiosa luna,
ni para los imponentes muertos
con sus ruiseñores y salmos,
sino para los amantes, sus brazos
rodeando las penas de los tiempos,
que no pagan con halagos ni jornales
ni hacen caso de mi oficio o arte.

 

Rafael Alberti

España, 1902

ESPANTAPÁJAROS

Ya en mi alma pesaban de tal modo los muertos futuros que no podía andar ni un solo paso sin que las piedras revelaran sus entrañas.
¿Qué gritan y defienden esos trajes retorcidos por las
exhalaciones?
Sangran ojos de mulos cruzados de escalofríos.
Se hace imposible el cielo entre tantas tumbas anegadas de setas corrompidas.
¿Adónde ir con las ansias de los que han de morirse?
La noche se desploma por un exceso de equipaje secreto.
Alabad a la chispa que electrocuta las huestes y los rebaños.
Un hombre y una vaca perdidos.
¿Qué nuevas desventuras esperan a las hojas para este otoño?
Mi alma no puede ya con tanto cargamento sin destino.
El sueño para preservarse de las lluvias intenta una alquería.
Anteanoche no aullaron ya las lobas.
¿Qué espero rodeado de muertos al filo de una madrugada indecisa?

NADIE, NUNCA, ME ALCANZARÁ, SOY LA POESÍA