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A....
Miguel Oscar Menassa
Adolescente pescador
Aforismos
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Raúl González Tuñón

Argentina, 1905

LLUVIA

Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.
Unas veces cae mansamente y uno piensa en los
cementerios abandonados.
Otras veces cae con furia y uno piensa en los maremotos
que se han tragado tantas espléndidas islas de extraños
nombres.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
Sus tambores acunan nuestras noches y la lectura corre a su
lado por los canales del sueño.
Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban.
No habían despertado todavía al amor, no sabían nada de
nosotros.
De nuestro gran secreto.
Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos,
la ternura de nuestra fatiga.
Acaso los rostros amigos, las fotografías, los paisajes
que hemos visto juntos, tantos gestos que hemos
entrevisto o sospechado, los ademanes y las
palabras de ellos. Todo, todo ha desaparecido
y estamos solos bajo la lluvia, solos en
nuestro compartido, en nuestro apretado destino,
en nuestra posible muerte única, en nuestra
posible resurrección.
Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la violencia de la lluvia.

Te quiero con todos los tambores de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.
Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada.
Recién estamos descubriendo los puentes y las casas, las
ventanas y las luces, los barcos y los horizontes.
Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana;
increíble, pero tan real; numerosa, pero tan mía.
Oh, visitante.
Ya es seguro que ningún desvío nos separará.
Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida,
hacia el destino único.
Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos
la línea del otoño.
Porque la intensidad de nuestro amor es tan
grande, tan poderosa, que no nos daremos cuenta
cuando todo haya muerto, cuando tú y yo
seamos dos sombras y todavía estemos pegados,
juntos, subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión
irremediable.
Oh, visitante.
Estoy lleno de tu vida y de tu muerte.
Estoy tocado de tu destino.
Al extremo que nada te pertenece sino yo.
Al extremo de que nada me pertenece sino tú.
Sin embargo yo quería hablar de la lluvia,
igual, pero distinta, ya al caer sobre los jardines,
ya al deslizarse por los muros, ya al reflejar
sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces
rojas de los automóviles, ya al inundar los barrios
de nuestra solidaridad y de nuestra congoja, los
humildes barrios de los trabajadores.
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor
sea bello y triste, y acaso esa tristeza sea una
manera sutil de la alegría. Íntima, recóndita alegría.
Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.

Restos del amor Miguel Oscar Menassa.Óleo sobre lienzo de 65x100 cm.
NADIE, NUNCA, ME ALCANZARÁ, SOY LA POESÍA