SUMARIO
Editorial
Germán Pardo García
Oscuro diamante
Federico García Lorca
Fábula y rueda de los tres amigos
Cielo vivo
Nueva York
Grito hacia Roma
Tierra y Luna
Luna y panorama de los insectos
Pequeño poema infinito
Apunte para una oda
Norma y paraíso de los negros
Infancia y muerte
1910. Intermedio
Muerte
Poemas de F. García Lorca en Youtube por M. O. Menassa
Socios de Honor
Aforismos
Libros:
"Yo pecador"
Talleres y seminarios
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AFORISMOS


MIGUEL OSCAR MENASSA

Argentina, 1940

938_ ¿Huir, de qué huye el hombre, sino de su propia luz?

6_ El hombre es increíble: aunque se pudra, no se pudre.

238_ El hombre hace siglos que no duerme bien y, desde hace cien años, los torturadores ya no le dejan ni soñar.

319_ El hombre, en aras del amor, lo ha destruido casi todo. Inventar otros sentimientos nos hará bien a todos. Y, si queda el amor entre nosotros, que tenga lo que se merece: de la ignorancia, su cúspide.

333_ El hombre actual, todavía enfrentado con la naturaleza, ciego a lo humano, un pequeño animal, abrumado de tener tantas armas contra todo. Sin tiempo para el amor. Casi materia inanimada, menos que una ilusión, aire, agua.

345_ Un hombre solo, al igual que las piedras, pierde el sentido de lo humano.

521_ El hombre vive acorralado por sus propias pasiones que, a veces, son tristes.

676_ Un hombre, sin otros hombres, es como un hombre sin manos, sin habla.

808_ Un pobre hombre, contando sus dineros, es tan pobre como el que sólo tiene, para contar, sus sueños. En los dos casos, la pobreza reside en la compulsión a contar.

824_ El hombre se animará, en los siglos venideros, a combinaciones increíbles, también en el cine.

884_ El hombre que buscaba no existe, ni siquiera en mí.

905_ El hombre teme ser libre y, en ese temor, reprime la libertad de otros hombres. Y, como a todos nos pasa lo mismo, nadie se da cuenta.

913_ El hombre vive aterrorizado, pero de sí mismo.

974_ El hombre es más grande que su animal y no cabe en él.

977_ Para alcanzar un hombre, lo que tiene que ser superado ha de ser la hombría.

980_ El hombre es y no es a cada instante. El resto, argucias de la razón para sobrevivir.

991_ El hombre es inasible. Se pudre y no se pudre. Muere y canta a la vez. Se deja volar y para caer, pesadamente, corta sus alas.

1003_ El hombre actual no tiene destino, porque el hombre actual es el hombre religioso y el hombre religioso se organiza en ejércitos o no concluye nada.

1103_ El hombre está dislocado en su ser. Y no hay espejos para el alma, sólo su canto. Es decir, que si no resuelvo dejarme llevar por el bien, me llevará el mal.

1271_ El hombre debe tener pensamientos acerca de su locura y de su muerte. No digo de ninguna manera, que deba volverse loco o matarse.

1437_ El hombre, me digo, nunca va directamente a la grandeza. Es un impulso inconsciente que él mismo desconoce lo que lo lleva a la grandeza.

401_ Un hombre grande no necesita de nadie y lo que necesita, lo compra.
Un hombre grande desea y ama, pero no necesita y, cuando necesita, compra.
Un hombre grande recuerda a su madre, pero no vive con su madre.
Un hombre grande recuerda su infancia, pero ya no gatea.
Creo que, para la mujer, se pueden aplicar las mismas reglas.

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LIBROS

YO PECADOR

Autor: Miguel Oscar Menassa

68 páginas P.V.P. 10 €

Nadie puede venir a la belleza si la belleza no lo trae, nadie puede venir a la poesía sino de la mano de la poesía. Palabras iniciales para presentar el libro de Miguel Oscar Menassa “Yo Pecador”, aparecido en su primera edición tres veces prologado, libro donde el poeta incluye dentro de su obra una producción poética de carácter inaugural y novedoso que lo separa de lo anteriormente publicado y lo coloca en un encadenamiento entre los grandes de la Poesía, de Dante a Mallarmé un invisible recorre este libro, en el que el poeta echó mano a la belleza y en el que usa la belleza para un espíritu: la creación. “Pequeñas estrellas brotan de nuestras manos y se deslizan/silenciosamente hacia el abismo donde acontecen los orígenes. En ese lugar la luz de las estrellas es insuficiente. Buscamos el sol. Nuestro destino/la palabra”.

La mano transforma la naturaleza en artesanía y devuelve los elementos que toma de ella salvados, en el orden de una inteligencia amorosa. Levanta su ser hasta las estrellas y el milagro se engendra, ya lo que ilumina no es el sol, sino el acto puro, el que hizo el sol. Separa el ser de la noche de la oscuridad, que se transforma en un deslizamiento silencioso hacia el origen, la misma creación lo coloca en el principio donde todo puede ser nombrado de nuevo como si viniese de una terceridad, y cae sobre el poeta un estado de desnudez en el amor, semejante a la del primer hombre cuando Dios lo puso frente a las cosas para que las gozara y las nombrara todos los días de su vida. “Eva de Adán, diosa de las tristes putas de Occidente, muéstrales la manzana, aloja en tu seno lo que habrá de morir. Tu Adán no ha de morir”. Deja de inquirir en las cosas y toma la carne y los hechos de la vida finitos a los que atraviesa de un espíritu que los mueve hasta darles formas perfectas. Una fecundidad poética donde toma a la naturaleza como ejemplo y no como madre para sacar a la luz sus versos: “Arbitraria foca de mar, bésame en la boca, hiela mi piel, necesito escribir acerca de las palabras escritas. Humo de incienso, blanco y perfumado olor de los orientes, abre la cripta de su corazón, y arroja en su ser desde las ánforas azules, pequeños animales salvajes y frescos vinos”.

Su cielo y su tierra descubren el cielo y la tierra de todas las cosas creadas del universo, descubren el movimiento, el espíritu, la inteligencia de lo homogéneo y lo diverso, y el poeta se mueve en contraposición de la fealdad y la deformidad es nombrada de nuevo como en el principio.

Potencia de amor y oscuridad de lo dado a contemplar, lo apartarán de la naturaleza y lo colocarán en un tiempo otro de la transformación donde construye y canta: “Podemos alegremente sobre la tierra hacer gestos terribles de provocación y tendernos sin premura sobre la hierba fresca”. Lejos está de lo que es temer al juicio divino, al castigo temporal y eterno, y muy lejos está de poner en sus versos estos sentimientos, esta conciencia de su condición de pecador. Sin embargo no abandona su naturaleza de caída y el drama del pecado se desliza en esta pregunta que nos interroga con respecto al saber, como interrogó a aquel primer hombre para instalar un estado de agonía permanente en cada uno de nosotros. “Alguno de nosotros caerá irremediablemente, atacado de un golpe de ternura. Le colgarán seguramente, una piedra preciosa en el trasero, y se dirán de costado, ya caerán, el hombre humano tiene sus miserias”.

Conducido por un estado profético del que no conoce sino su ignorancia, y bastándose sólo del amor para llegar a la inteligencia del desorden de la criatura humana, la rebelión contra Dios, se apartará del infierno para ceñirse nada más que a su arte de iluminar al lector que ha caído en la oscuridad de la vida: “Las tormentas al aire libre, pueden ensombrecer para siempre, la mirada de ciertos niños encantados”, para volver del error iniciando la etapa de Yo Pecador, donde de los siete pecados de la desobediencia y de lo padecido, hará emerger el rocío del alba: “Amaba las golondrinas, porque aprendí de ellas, volver en el verano”, y desde aquí ser arrastrado desde la veracidad a las tinieblas mismas de la muerte, a la grande y desacostumbrada ley, la que jamás se traspone y todo es espíritu indivisible y eterno.

El alma del artista ha estado viva frente al objeto, libre sin li-bertad, como una muerte angélica que depura al verso de la lujuria, de la soberbia, para entrar en el amor al verso: “Me contaron tu cara extraviada de sorpresa, porque esperar, menos tu muerte, habíamos esperado juntos cualquier cosa”. El estilo anda errando por el camino de los mandamientos divinos al arrebatamiento del estilo profético que lo condenará en una maldición: “Te tocará vivir lejos del sol”, y lleno de voces venidas del abismo de la misericordia que lo resucitarán de muerte a vida: “Me quedé con todo el dolor, y toda la alegría, siempre fui dos desde tu muerte.” Y es el mismo Dante que emerge de su poesía transformando el Infierno en “il delettoso monte” del que el poeta se levanta naciendo y el milagro se engendra. Potencia del amor que lo hará dejar a sus Antepasados para que el libro se abra a la Certidumbre de lo heterogéneo y el poeta pueda decir: “Puedo ponerme triste, por aquello que nos diferencia y aquello que nos une”, y que la mujer pueda ser nombrada por Ellas, o Alguna de Ellas u Otras, hasta llegar a Mi Mujer, trastorno del amor con nombre propio, coronando en un Mi Mismo, donde el poeta se separa en verso por el amor al verso y elige una inmortalidad en el Olimpo, hablando de su cuerpo.

Norma Menassa

 

www.editorialgrupocero.com

 

125.001 ejemplares: NADIE, NUNCA, ME ALCANZARÁ, SOY LA POESÍA