SUMARIO
Editorial
Gabriel Celaya
Cuéntame cómo vives, cómo vas muriendo
Notas de Dirección
Carmen Salamanca
Louis Aragon
No hay amor feliz
Rafael Alberti
La niña rosa, sentada
Los ángeles colegiales
Bertolt Brecht
La cruzada de los niños
Dylan Thomas
Soñé mi génesis
Jorge Luis Borges
Los enigmas
Jorge Guillén
Dolor tras dolor
Oliverio Girondo
Hazaña
Miguel Oscar Menassa
No tengo que dejarme cegar por luz alguna
Aforismos
Agenda Grupo Cero

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JORGE GUILLÉN

España, 1893

DOLOR TRAS DOLOR

De súbito,
Dominando una masa de ciudad
En calor de gentío,
Surge con atropello
Clamante, suplicante,
Gimiente,
Desgarrándolo todo,
La terrible sirena.

¿Qué, qué ocurre?
¿Quién está agonizando
Muy cerca de nosotros, ahora mismo?
¿Dónde el mal, sus revólveres, sus llamas?
La sirena se arroja,
Va tras la salvación,
Con apremiante angustia
Se impone.

Pasa hiriendo el minuto:
Alarido brutal, que nos concierne.
Pide atención a todos sin demora
La alarma, tanta alarma.
Y un dolor invasor ocupa el ámbito
De la calle, del hombre.


Bebedores de cerveza III de Miguel Oscar Menassa.
Óleo sobre lienzo de 60x60 cm.

OLIVERIO GIRONDO

Argentina, 1891

HAZAÑA

Todo,
todo,
en el aire,
en el agua,
en la tierra
desarraigado y ácido,
descompuesto,
perdido.
El agua hecha caballo antes que nube y lluvia.
Los toros transformados en sumisas poleas.
El engaño sin malla,
sin "tutu",
sin pezones.
La impúdica mentira exhibiendo el trasero
en todas las posturas,
en todas las esquinas.
Las polillas voraces de expediente cocido,
disfrazadas de hiena,
de tapir con mochila.
Las techumbres que emigran en oscuras bandadas.
Las ventanas que escupen dentaduras de piano,
cacerolas,
espejos,
piernas carbonizadas.
Porque mirad
sin musgo,
mi corazón de yesca,
qué hicimos,
qué hemos hecho
con nuestras pobres manos,
con nuestros esqueletos de invierno y de verano.
Desatar el incendio.
Aplaudir el desastre.
Trasladar,
sobre caucho,
apetitos de pústula.
Prostituir los crepúsculos.
Adorar los bulones
y los secos cerebros de nuez reblandecida…
Como si no existiera más que el sudor y el asco;
como si sólo ansiáramos nutrir con nuestra sangre
las raíces del odio;
como si ya no fuese bastante deprimente
saber que sólo somos un pálido excremento
del amor,
de la muerte.

NADIE, NUNCA, ME ALCANZARÁ, SOY LA POESÍA