Bertolt Brecht
Alemania, 1898 |
Y, al caer el ocaso, ya sus caras
no parecen iguales.
Ahora veo caras de otros niños:
españoles, franceses, orientales...
Y en aquel mes de enero,
en Polonia encontraron
un pobre perro flaco que llevaba
un cartel de cartón al cuello atado:
Decía: "Socorrednos.
Perdimos el camino.
Este perro os traerá.
Somos cincuenta y cinco.
Si no podéis venir,
dejadle continuar.
No le matéis. Solo él
conoce este lugar."
Era letra de niño
y campesinos quienes la leyeron.
Ha pasado año y medio desde entonces.
Desde que hallaron, muerto de hambre, un perro.
(Del libro Historias del Calendario, 1939) 
Fragmentos estelares de Miguel Oscar Menassa.
Óleo sobre lienzo de 73x60 cm.
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Dylan Thomas
Reino Unido, 1914 |
SOÑÉ MI GÉNESIS
Soñé mi génesis en el sudor de un sueño,
atravesando la valva giratoria, potente
como el músculo del motor en el taladro,
perforando la visión, el nervio en cadenas.
Desde brazos y piernas que tenían
la medida del gusano, me deshice de la arrugada carne,
atravesé limando todos los hierros en la hierba,
metal de soles en la noche que derrite al hombre.
Heredero de las venas hirvientes que sostienen
la gota del amor, costosamente, una criatura
en mis huesos suavizó el mundo de mi herencia,
viajé lentamente a través del hombre vestido de noche.
Soñé mi génesis y morí otra vez, fragmentos de metralla
incrustados en el corazón acelerado, agujero
en la herida cosida y viento coagulado, muerte
amordazada en la boca que inhaló el gas.
Perspicaz en mi segunda muerte
marqué las colinas, la cosecha de cicuta,
y las hojas que oxidan mi sangre
sobre los muertos aún tibios, forzando
mi segunda lucha desde la hierba.
Y el poder contagió mi nacimiento, segundo
ascenso del esqueleto y volver a vestir
al fantasma desnudo. La hombría
resurgió, desde el dolor sufrido nuevamente.
Soñé mi génesis en un sudor de muerte, dos veces
caído en el mar nutriente, vuelto rancio
con el agua saladas de Adán, hasta que
la visión de la fuerza de un hombre nuevo, busca el sol.

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