SUMARIO
Editorial
Gabriel Celaya
Cuéntame cómo vives, cómo vas muriendo
Notas de Dirección
Carmen Salamanca
Louis Aragon
No hay amor feliz
Rafael Alberti
La niña rosa, sentada
Los ángeles colegiales
Bertolt Brecht
La cruzada de los niños
Dylan Thomas
Soñé mi génesis
Jorge Luis Borges
Los enigmas
Jorge Guillén
Dolor tras dolor
Oliverio Girondo
Hazaña
Miguel Oscar Menassa
No tengo que dejarme cegar por luz alguna
Aforismos
Agenda Grupo Cero

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Bertolt Brecht

Alemania, 1898

Cuando era más reñida la contienda
que en torno a una garita sostenían,
una de las dos partes
se quedó sin comida.

Al saberlo la otra, decidieron
un saco de patatas enviar
al enemigo, porque sin comer
nadie puede luchar.

A la luz de dos velas
un juicio celebraron.
Y, tras audiencia larga y complicada,
el juez fue condenado.

Hubo un entierro, en fin: el de aquel niño
que tenía en el cuello terciopelo.
Dos alemanes junto a dos polacos
enterraron su cuerpo.

No faltaban la fe ni la esperanza,
pero sí les faltaba carne y pan.
Quien les negó su amparo y fue robado
después, nada les puede reprochar.

Mas nadie acuse al pobre que a su mesa
no los hizo sentar.
Para cincuenta niños hace falta
mucha harina: no basta la bondad.

Si se presentan dos, o incluso tres,
es fácil que cualquiera los atienda.
Mas cuando llegan niños en tropel
las puertas se les cierran.

En una hacienda destruida, harina
hallaron en pequeña cantidad.
Una niña en mandil, de once años,
durante siete horas coció pan.

Amasaron la masa largamente,
la leña, bien cortada, ardía bien,
pero el pan no subió
porque ninguno lo sabía cocer.

A un soldado encontraron
herido en un pinar.
Siete días cuidándole, y pensaban:
"Él nos podrá orientar."

Mas el soldado dijo: "¡A Bilgoray!"
Debía de tener
mucha fiebre: murió al día siguiente.
Le enterraron también.

 

Y los indicadores que encontraban
la nieve apenas los dejaba ver.
Pero ya no indicaban el camino,
todos estaban puestos al revés.

Aunque no se trataba de una broma:
sólo era una medida militar.
Buscaron y buscaron Bilgoray,
mas nunca la pudieron encontrar.

Se reunieron todos con el jefe,
confiados en él.
Miró el blanco horizonte y señaló:
"por allí debe ser."

Vieron fuego una noche:
decidieron seguir sin acercarse.
Pasaron tanques, otra vez, muy cerca,
pero iban hombres dentro de los tanques.

Al fin, un día, a una ciudad llegaron,
y dieron un rodeo.
Caminaron tan sólo por la noche
hasta que la perdieron.

Por lo que fue el sureste de Polonia
bajo una gran tormenta, entre la nieve,
de los cincuenta niños
las noticias se pierden.

Con los ojos cerrados,
dentro de mí los veo cómo vagan
de una casa en ruinas
a otra bombardeada.

Por encima de ellos, entre nubes,
caravanas inmensas
penosamente avanzan contra el viento,
y, sin patria ni meta,

van buscando un país donde haya paz
sin incendio ni truenos,
tan diferente a aquel de donde vienen.
Y, unidas, forman un cortejo inmenso.

(sigue...)

NADIE, NUNCA, ME ALCANZARÁ, SOY LA POESÍA