LAS
2001 NOCHES Nº
87 |
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FREUD Y LA POESÍA |
SOCIOS DE HONOR |
GRUPO CERO EN LA RADIO |
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J. C. FRIEDRICH VON SCHILLER |
GARCILASO DE LA VEGA |
LORD BYRON |
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FRIEDRICH NIETZSCHE |
HEINRICH HEINE |
GRUPO CERO EN LA TELEVISIÓN |
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VIRGILIO |
GRUPO CERO DISEÑO |
FERIA DEL LIBRO EN BS AS |
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ESCUELA DE POESÍA GRUPO CERO |
JUVENTUD GRUPO CERO |
INDIOS GRISES EN CONCIERTO |
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Fantasmas diurnos.
Óleo sobre lienzo 60 x 60 cm. de Miguel Oscar Menassa. |
JC.
FRIEDRICH VON
SCHILLER
Alemania, 1759
TRES PALABRAS DE FORTALEZA
I
Hay tres
lecciones que yo trazara
con pluma ardiente que hondo quemara,
dejando un rastro de luz bendita
doquiera un pecho mortal palpita.
II
Ten
Esperanza. Si hay nubarrones,
si hay desengaños y no ilusiones,
descoge el ceño, su sombra es vana,
que a toda noche sigue un mañana.
III
Ten Fe.
Doquiera tu barca empujen
brisas que braman u ondas que rugen,
Dios (no lo olvides) gobierna el cielo,
y tierra, y brisas, y barquichuelo.
IV
Ten Amor, y
ama no a un ser tan sólo,
que hermanos somos de polo a polo,
y en bien de todos tu amor prodiga,
como el sol vierte su lumbre amiga.
V
¡Crece,
ama, espera! Graba en tu seno
las tres, y aguarda firme y sereno
fuerzas, donde otros tal vez naufraguen,
luz, cuando muchos a oscuras vaguen.
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125.001
ejemplares: NADIE, NUNCA, ME ALCANZARÁ, SOY LA POESÍA |
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LAS 2001 NOCHES
ODA A LA ALEGRÍA
(Fragmento)
"¡Ebrios de
ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.
Quien haya
alcanzado la fortuna
de poseer la amistad de un amigo, quien
haya conquistado a una mujer deleitable
una su júbilo al nuestro.
Sí, quien pueda llamar suya aunque
sólo sea a un alma sobre la faz de la Tierra.
Y quien no pueda hacerlo,
que se aleje llorando de esta hermandad.
Todos los
seres beben la alegría
en el seno de la naturaleza,
todos, los buenos y los malos,
siguen su camino de rosas.
Nos dio ósculos y pámpanos
y un fiel amigo hasta la muerte.
Al gusano se le concedió placer
y al querubín estar ante Dios.
Gozosos,
como los astros que recorren
los grandiosos espacios celestes,
transitad, hermanos,
por vuestro camino, alegremente,
como el héroe hacia la victoria.
¡Alegría,
hermosa chispa de los dioses
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.
¡Abrazaos,
criaturas innumerables!
¡Que ese beso alcance al mundo entero!
¡Hermanos!, sobre la bóveda estrellada
tiene que vivir un Padre amoroso.
¿No
vislumbras, oh mundo, a tu Creador?
Búscalo sobre la bóveda estrellada.
Allí, sobre las estrellas, debe vivir."
REMINISCENCIA
Dime amiga,
la causa de este ardiente,
puro, inmortal anhelo que hay en mí:
suspenderme a tu labio eternamente,
y abismarme en tu ser, y el grato ambiente
de tu alma inmaculada recibir.
En tiempo que pasó, tiempo distinto,
¿no era de un solo ser nuestro existir?
¿acaso el foco de un planeta extinto
dio nido a nuestro amor en su recinto
en días que vimos para siempre huir?
...Tú también como yo? Sí, tú has sentido
en el pecho el dulcísimo latido
con que anuncia su fuego la pasión:
amémonos los dos, y pronto el vuelo
alzaremos felices a ese cielo
en que otra vez seremos como Dios.
AMOR Y APETITO
Muy bien
dicho, Schlosser: se ama
lo propio; y si no se tiene
se apetece. El alma rica
ama, la pobre apetece.
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FRIEDRICH NIETZSCHE
Alemania, 1844
SOLITARIO
Graznan los
cuervos
y aleteando dirigen sus alas a la ciudad;
pronto nevará.
¡Feliz aquél que aún tiene patria!
Ahora estás
petrificado,
miras hacia atrás, ¡cuánto tiempo ha pasado!
¿Estás loco
que has huido por el mundo ahora que es invierno?
El mundo:
puerta abierta a mil desiertos,
muda y fría.
Quien perdió lo que perdiste
en ningún lugar se detiene.
Ahora estás
pálido,
condenado a un viaje de invierno,
al humo semejante,
que sin cesar tiende a cielos más fríos.
¡Vuela
pájaro, grazna tu canción
en tono de pájaro desértico!
¡Esconde, loco, tu ensangrentado corazón,
en hielo y en desprecio!
Graznan los
cuervos
aleteando, sus alas dirigen a la ciudad:
pronto nevará,
¡Infeliz aquel que no tiene patria!
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LA
CIENCIA ALEGRE
Esto no es ningún libro: ¿qué se
encierra en los libros?
en esos sarcófagos y sudarios.
El pasado es el botín de los libros
pero aquí vive un eterno Presente.
Esto no es ningún libro: ¿qué se
encierra en los libros?
¿qué se encierra en sarcófagos y sudarios?
Esto es una voluntad, una promesa,
esto es un último recoger los puentes,
una tempestad, un levar anclas,
un ruido de engranajes, un gobernar el timón.
Brama el cañón, humea blanco su fuego.
¡Ríe el mar, la inmensidad!

VIRGILIO
Andes, Mantua, 70 a.C.
LIBRO I
(Fragmento)
Yo, aquel que en otro tiempo modulé
cantares al son de leve avena, y dejando luego las selvas, obligué a
los vecinos campos a que obedeciesen al labrador, aunque avariento,
obra grata a los agricultores, ahora.
Canto las terribles armas de Marte y el
varón que, huyendo de las riberas de Troya por el rigor de los
hados, pisó el primero la Italia y las costas Lavinias. Largo tiempo
anduvo errante por tierra y por mar, arrastrado a impulso de los
dioses, por el furor de la rencorosa Juno. Mucho padeció en la
guerra antes que lograse edificar la gran Ciudad y llevar sus dioses
al Lacio, de donde vienen el linaje latino, y los senadores albanos,
y las murallas de la soberbia Roma.
Musa, recuérdame por qué causas, dime
por cuál numen agraviado, por cuál ofensa, la reina de los dioses
impulsó a un varón insigne por su piedad a arrostrar tantas
aventuras, a pasar tantos afanes. ¡Tan grandes iras caben en los
celestes pechos! Hubo una ciudad antigua, Cartago, poblada por
colonos tirios, enfrente y a gran distancia de Italia y de las bocas
del Tíber, opulenta y bravísima en el arte de la guerra. Es fama que
Juno la habitaba con preferencia a todas las demás ciudades y aun a
la misma Samos; allí tenía sus armas y su carro, y ya de antiguo
revolvía en su mente el propósito y la esperanza de que llegase a
ser señora de todas las gentes, si lo consintiesen los hados; pero
había oído que del linaje de los troyanos procedería una raza que,
andando el tiempo, había de derribar las fortalezas tirias y que de
ella nacería un pueblo dominador del mundo, soberbio en la guerra y
destinado a exterminar la Libia; así lo tenían hilado las Parcas.
Temerosa de esto, y recordando la hija de Saturno aquella antigua
guerra que ella la primera suscitó a Troya por sus amados griegos,
tenía también presentes, en su
ánimo, las causas de su enojo y sus crudos resentimientos. Vivos
perseveraban en su alta mente el juicio de Paris y el desprecio
hecho a su hermosura, y su odio al linaje troyano y las honras
tributadas al arrebatado Ganimedes. Exasperada por estos recuerdos,
apartaba a gran trecho del Lacio, haciéndolos juguete de las olas, a
los troyanos, reliquias de los griegos y del cruel Aquiles; y así, a
impulso de los hados, andaban, hacía muchos años, errantes por todos
los mares. ¡Tan ardua empresa era fundar el linaje romano!
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El hombre que soñaba demasiado.
Óleo sobre lienzo 80 x 80 cm. de Miguel Oscar Menassa.
GARCILASO DE LA VEGA
España, 1501
EN TANTO QUE DE ROSA
Y DE AZUCENA
En tanto que de rosa y de azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;
y en tanto que el cabello, que en la
vena
del oro se escogió, un vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

SONETO IV
Un rato se levanta mi esperanza,
mas cansada d’haberse levantado,
torna a caer, que deja, a mal mi grado,
libre el lugar a la desconfianza.
¡Quién sufrirá tan áspera mudanza
del bien al mal? ¡Oh corazón cansado,
esfuerza en la miseria de tu estado,
que tras fortuna suele haber bonanza!
Yo mesmo emprenderé a fuerza de brazos
romper un monte que otro no rompiera,
de mil inconvenientes muy espeso;
muerte, prisión no pueden, ni embarazos,
quitarme de ir a veros como quiera,
desnudo espíritu o hombre en carne y hueso.
SONETO VIII
De aquella vista pura y excelente
salen espirtus vivos y encendidos,
y siendo por mis ojos recebidos,
me pasan hasta donde el mal se siente;
éntranse en el camino fácilmente
por do los míos, de tal calor movidos,
salen fuera de mí como perdidos,
llamados d’aquel bien que está presente.
Ausente, en la memoria la imagino;
mis espirtus, pensando que la vían,
se mueven y se encienden sin medida;
mas no hallando fácil el camino,
que los suyos entrando derretían,
revientan por salir do no hay salida. |
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HEINRICH HEINE
Alemania, 1797
MAR DEL NORTE
1er CICLO
CATARSIS
Quédate en
las profundidades,
sueño demencial.
Durante tantas noches
me atormentaste con falsas dichas
y ahora, cual fantasma marino,
me amenazas incluso de día.
Quédate ahí eternamente,
y te echaré, para que te hagan compañía,
todos mis dolores y pecados
y la gorra de bufón
cuyas campanitas tintinearon tanto tiempo
alrededor de mi cabeza
y la fría y brillante piel de serpiente
de la hipocresía
que atenazó mi alma tanto tiempo,
mi alma enferma
que renegaba de Dios y de los ángeles,
alma desdichada:
¡Huy, huy, ya llega el viento!
¡Izad las velas, ved cómo se hinchan!
Sobre la superficie engañosamente serena
vuela la barca.
Jubilosa se expande el alma libre.

2º CICLO
PREGUNTAS
En una noche como el mar bravío
un joven, medio niño, medio hombre,
con el pecho en pena y la mente en duda
triste y solo interroga a las olas:
"Resolvedme el enigma de la vida,
el doloroso y ancestral enigma
que tantas cabezas se empeñaron en desentrañar,
cabezas con mitra jeroglífica,
magos con birrete, con peluca, con turbante,
y mil cabezas más, pobres, humanas,
bañadas en sudor.
Decidme: ¿Qué significa el Hombre?
¿Dónde está nuestro origen? ¿Adónde vamos?
¿Quién vive más allá de las doradas estrellas?"
Las olas susurran lo de siempre
y el viento sopla y las nubes pasan.
El firmamento está indiferente, frío,
y un necio aún espera respuesta. |
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EL REGRESO
XXXVI
¡Eh, tú!,
no te mofes del diablo,
pues breve es el camino de la vida,
y la perdición eterna es
mejor no tomarla a chanza.
¡Eh, tú!, paga ya tus deudas,
pues largo es el camino de la vida,
y aún has de volver a pedir,
como otras veces, de prestado.
A LA ESPERA
I
Me pregunto
al levantarme:
¿vendrá mi adorada hoy?
Me lamento al acostarme:
tampoco ha venido hoy.
Por la noche, atormentado
y sin sosiego estoy,
durante el día, soñoliento,
deambulando voy.
¿DÓNDE?
¿Dónde
podrá decir el trotamundos
que halló por fin su último descanso?
¿En el sur, frente al mar, bajo palmeras?
¿O bajo tilos junto al Rin, tan manso?
¿Qué extranjero me hará la caridad
de una tumba, y en qué desierto extraño?
¿O quedaré tirado en una playa
de aún no sé qué mar del desengaño?
¡Qué más da! Caiga donde caiga
ha de haber cielo, y estará estrellado.
Además, como yo ya no seré mi cuerpo,
el dónde me trae sin cuidado.
DEGENERACIÓN
¿También la
naturaleza desmerece,
adoptando defectos humanos?
Las plantas y animales, me parece
que ahora mienten como todos.
No creo ya en el casto lirio
con el que la mariposa está retozando.
La muy fatua lo besa, y por último
se lleva su inocencia volando.
De las modestas violetas
no tengo tampoco mejor opinión.
Te seducen con su perfume coqueto,
mas las guía su secreta ambición.
Incluso dudo de que sienta
lo que canta el ruiseñor:
exagera, solloza y trina
sólo por rutina, creo yo.
La verdad se va de la tierra,
también la fidelidad murió.
Los perros apestan y mueven la cola
pero fieles ya no lo son.

Espejismo del sol.
Óleo sobre lienzo 60 x 60 cm. de Miguel Oscar Menassa.
Telf.: 91 758 19 40 |

Espejismo del sol.
Óleo sobre lienzo 60 x 60 cm. de Miguel Oscar Menassa.
CANCIONES DE LA CREACIÓN
VI
La materia,
el asunto del poema
no te lo sacas de la manga;
ni Dios ha creado de la nada,
ni lo consiguen los cantores mortales.
El cuerpo del hombre lo fabriqué
de un puñado de milenario barro,
y para la lozana mujer tomé
un costillar de su flanco.
Creé el cielo a partir de la tierra
y al ángel de una desenvoltura,
pues las palabras cobran su valor
por el arte de su hechura.
ANEXO
34
Al quejarme
de mis penas
bostezasteis sin contestar,
mas una vez fundidas en versos
me elogiasteis sin cesar.
PRIMAVERA NUEVA
XXXIV
La carta
que me has escrito
no puede intimidarme:
ya no quieres amarme,
pero, ¡qué larga te ha salido!
Doce folios, prietos y densos:
¡un pequeño manuscrito!
No se explaya uno tanto

INTERMEZZO LÍRICO
XLVII
Me han
atormentado
y causado grandes disgustos:
unos con su amor
y otros con su odio.
Me han envenenado el pan
y dado cicuta a beber:
unos con su amor
y otros con su odio.
Mas ella, mi mayor tormento,
mi enojo y mi tristeza,
nunca me ha odiado, no,
pero tampoco nunca me amó.
AUTORÍA INCIERTA
Besar la
mano, alzar el sombrero,
inclinar la cabeza y doblar la rodilla:
querida, ¡eso es pura cortesía,
el corazón no toma parte en ello!
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EN TIERRA EXTRAÑA
I
De pueblo en pueblo vas rodando
sin saber ni siquiera el sentido.
El viento ternezas te está susurrando
y miras hacia atrás, sorprendido.
La amada que se quedó allá lejos
te reclama ahora con ternura:
¡Oh vuelve, yo te quiero bien,
tú eres toda mi ventura!
Pero adelante, siempre adelante,
no puedes detenerte ya,
y lo que hogaño amaste tanto
no lo volverás a ver jamás.
II
¡Qué afligido te encuentro hoy,
nunca antes te he visto así!
Corren las lágrimas por tu rostro
y no paras de suspirar ¡ay de mí!
¿Acaso piensas en la patria lejana
que entre la niebla se te desvaneció?
Confiésamelo, a veces quisieras
regresar a la tierra de tu pasión.
¿Piensas acaso en la dama graciosa
que haciendo pucheros te deleitó?
Cuando te enfadabas se apaciguaba ella,
y al final siempre reíais los dos.
¿Acaso piensas en los buenos amigos
que te abrazaron en los duros trances?
Los corazones rebosaban de ideas,
pero las palabras no les daban alcance.
¿Piensas acaso en tu madre y hermana?
Con ambas, amigo, te llevabas bien.
Paréceme que se va aplacando
la cólera que golpeaba tu sien.
¿Recuerdas los árboles y las aves
del bello jardín, donde has soñado
los jóvenes sueños de un tierno amor,
unas veces triste, otras esperanzado?
Es tarde ya. La noche se pone
el turbio traje de la nieve aguada.
He de vestirme a toda prisa
para asistir a una velada.
III
Una hermosa patria tuve un día
en donde el roble
se erguía y dulces violetas se mecían,
fue un sueño.
Algo me besó en alemán, y en alemán me
dijo
(es increíble
lo bien que sonaba) la palabra: “¡Te quiero!”
Fue un sueño.
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LORD BYRON
Inglaterra, 1788
Extraño sueño tuve que no fue todo
sueño.
Se extinguió el sol brillante, y las altas estrellas
rodaron apagadas por el espacio eterno,
sin rumbo ni destino, y la gélida Tierra
osciló ciega y negra por los aires sin luna;
y pasaron los días y la luz no volvía,
los hombres olvidaron sus odios en el miedo
de sus graves pesares; todos los corazones
yacían abatidos en plegaria egoísta:
frente a hogueras vivían por la luz, y los tronos,
los palacios de reyes coronados, las chozas,
y las habitaciones y todas las moradas,
nutrieron los fanales; se abrasaron ciudades,
congregados los hombres en torno de esas llamas
para verse de nuevo los rostros azorados;
alentaban dichosos aquellos que moraban
al pie de los volcanes y a la luz de su antorcha:
temerosa esperanza todo el mundo encerraba;
se incendiaron los bosques, hora a hora caían
y se desvanecían, y los troncos hendidos
morían estallando, y todo estaba negro.
Por la luz extraviadas, las frentes de los hombres
un espectral aspecto mostraban alumbradas
a la luz de relámpagos; algunos sollozaban
cubriéndose los ojos; otros, que descansaban
con las manos convulsas en las barbas, reían,
y otros, apresurados por aquí y por allí,
sus piras funerales cebaban y veían
con demente inquietud, en el oscuro cielo,
la mortaja del mundo, y entonces nuevamente
lanzando maldiciones sobre el polvo, los dientes
rechinaron dando aullidos: los pájaros salvajes
chillaron aterrados, en el suelo agitados,
con aleteo inútil; las más feroces bestiasmuy mansas se acercaron;
las serpientes reptando
y enroscándose solas, entre las multitudes
silbaron sin veneno y el hombre devorolas;
y la Guerra, pasmada quizá por un instante,
engullose a sí misma; se compró el alimento
con efusión de sangre y apartados se hartaban
tragando en las tinieblas: fue el amor desechado;
la tierra el pensamiento daba sólo a la muerte,
inmediata y sin gloria; y el tormento del hambre
habitó toda entraña, fallecían los hombres,
insepultos sus huesos al igual que su carne;
los flacos a los flacos devoraban, los perros
mismos hasta a sus amos asaltaban, sólo uno
guardó fiel un cadáver rodeado de enemigos:
de las aves y bestias, de los hombres hambrientos,
y matolos el hambre, o la muerte lloviendo
arredró sus quijadas; y él mismo, desdeñando
su alimento con queja perpetua y compasiva,
murió con atroz grito, lamiéndole la mano
que antes lo acariciara con tanta complacencia.
El hambre consumía poco a poco a los hombres,
y fueron enemigos: vecinos se encontraron
de las aras humeantes con lánguidos tizones,
donde se amontonaron objetos sacrosantos
removiendo los restos con manos descarnadas
en las cenizas yertas, y su hálito apagado
jadeó en busca de vida, y llamas encendieron
exiguas y mezquinas, sus ojos levantaron
frente a esa luz débil, y entonces uno y otro,
al así contemplarse, gritaron sucumbiendo:
ante su hórrido aspecto los dos hombres murieron,
sin saber a cuál de ambos sobre la frente el hambre
marcólo cual Demonio. Quedó vacío el mundo,
y pobres y opulentos se hicieron masa informe
sin hierbas ni cosechas, sin hombres y sin vida,
masa informe de muerte, duro caos de arcilla.
Ríos, lagos, océanos calmos permanecían,
y nada turbó ya sus silentes abismos;
las naves, sin marinos, iban a la deriva,
y cayeron sus mástiles quebrados en pedazos
durmiendo en los abismos de las olas ya muertas;
las mareas inmóviles yacían en sus tumbas,
la Luna, su señora, también estaba muerta;
se agotaron los vientos en el aire estancado,
y murieron las nubes; no importaba su ayuda,
pues tan sólo tinieblas tornose el universo.
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La fuente invisible.
Óleo sobre lienzo 60 x 60 cm. de Miguel Oscar Menassa.
ESTROFAS PARA LA MÚSICA
I
Ninguna de las hijas de la belleza
tiene la magia que tú tienes;
y es para mí tu dulce voz
como música en el agua:
como si su sonido hiciera
detenerse al encantado océano,
resplandecen las olas en su quietud
y parecen soñar los sosegados vientos.
II
Y la luna de la medianoche teje
sobre el mar su brillante cadena;
su pecho palpita suavemente
como un niño dormido:
así el espíritu se inclina ante ti,
para escucharte, para adorarte;
con la emoción suave y profunda
de las olas de un mar de Verano.
“AVANZA SU BELLEZA...”
I
Avanza su belleza, cual la noche
de los climas sin nubes y estrellados;
cuanto es bello, radiante o de penumbra,
anida en su semblante y en sus ojos:
y así suaviza más esa luz tierna
que al día niega el cielo refulgente.
II
Una sombra de más, un rayo menos,
su atractivo sin nombre vulneraran
ondeando en esas trenzas de honda noche,
o encendida muy suave entre su rostro;
donde expresan sus dulces pensamientos
cuán amada, cuán pura es su morada.
III
Y sobre esas mejillas y esa frente,
tan suaves, tan serenas y elocuentes,
el rubor y la sonrisa la abrillantan,
pero expresan los días bondadosos,
su espíritu de paz sobre la tierra,
¡de un pecho cuyo amor es inocente!

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