LAS 2001 NOCHES ÍNDICE NÚMERO 6

EDITORIAL

AFORISMOS

JUAN CARLOS DE BRASI

LA MANO

MIGUEL OSCAR MENASSA

PRESENTACIÓN DEL NÚMERO

NOTAS DE DIRECCIÓN

OCTAVIO PAZ

SOCIOS DE HONOR

UNA REVISTA SINGULAR

LUIS CERNUDA

NOTICIA DE INTERÉS SANITARIO

BLAISE CENDRARS

LUIS CERNUDA

AFORISMOS III

PROSA DEL TRANSIBERIANO Y LA PEQUEÑA JUANA DE FRANCIA

LA GLORIA DEL POETA

HERACLITO DE EFESO

TALLERES DE POESÍA

DESOLACIÓN DE LA QUIMERA

MIGUEL OSCAR MENASSA

RAÚL GUSTAVO AGUIRRE

A SUS PAISANOS

HOY DE VIVIR MI PADRE HUBIESE CUMPLIDO 75 AÑOS

ALGUNA MEMORIA III

AFORISMOS II

FERIA DEL LIBRO

LA MANO

Algo va a surgir de esa mano
no retengas ni su amor ni su odio
deja que hable esa mano
que escriba torpemente en la noche
deja que recuerde
que se pierda entre las sábanas
entre las hojas y las calles
que se pierda balbuceando
y que destruya los puentes del saludo
deja que diga no
 y que la odien y la expulsen
 que se mate poco a poco
 que ennegrezca con el agua tibia del vicio
 que se calle o hable sin sentido

 deja a esa mano estar
 mano inservible
 desahuciada
 odiosa
 mano para el martirio de los otros
 para robar
 para implorar clemencia a los cobardes
 mano infidente
 mano sin piedad
 ni gracia
 ni alegría
 mano de verdugo
 de holgazán
 innoble
 blanda
 mano de firmar sentencias
 mano de condenar
 mano escondida
 aleve
 mano de traicionar
 de mentir
 de estar borracho

 ¿Pero esta mano indigna sucia
 no buscará en la noche algún saludo
 alguna señal de Dios o de la calle?

 Porque esta mano viene de lejos
 desde antiguo
 mano de hombre
 de rufián 
 meneterosa
 mano de equivocar 
 estar callado
 mano imposible de cortar 
 mano regenera
 mano infinita renacida
 mano infame
 pero mano de esperar
 mano de imaginar
 mano de acompañar la noche
 mano para volver

  Algo va a surgir de esa mano
  no la condenes
  deja que abra sus dedos
  que suelte su envoltorio
  su dinero

la terrible noticia
el telegrama de felicitación

Ha de llegar la señal
poco a poco
algún saludo
y la mano hablará por fin
hará surgir el fuego de las sombras
cantará
sencillamente cantará

La mano fue antes árbol
estrella
viento
la mano movió compuertas y señaló caminos
la mano empuñó el timón y cerró los párpados desvelados
la mano abrió las tinieblas
y tuvo sed de amor: inventó signos
saludó
fue serena
tuvo reflexiones sensatas
consoló y acompañó el llanto de los otros
y la mano sencilla sufriente
se hizo una sola cosa con todos los desesperados
la mano celeste              
inventora del go y la herramienta
invasora del aire y de la espera del hombre
mano muda
mano sin solución
mano nueva y eterna como el camino
y las llaves del sueño y del canto
mano real
hermana
agresiva
impotente
mano donante
enamorada
mano de luz
nocturna
imperativa
mano del mundo
del día
del comienzo


                                             EDGAR BAYLEY

NOTAS DE DIRECCIÓN

    UNA REVISTA SINGULAR
(LAS 2001 NOCHES)

Esta revista de poesía está editada por el «Grupo Cero». Desde que tuve noticia de este Grupo, pensé en aquella teoría que don Antonio Machado pone en boca de su apócrifo Abel Martín, según la cual el Gran Cero es una creación divina que proporciona al hombre un concepto de totalidad: la suma de cuanto no es, que sirve de límite y frontera a cuanto es.
     El Grupo Cero ofrece también una totalidad poética, crean- do sobre la realidad común un mundo poético que le pone fronteras a la invasión de ese otro mundo asfixiante de utilitarismo mercantilista. y no por huir de la realidad, sino por extraer de ella valores poéticos permanentes.
      Este grupo, capitaneado por el poeta Miguel Oscar Menassa, adopta para nombrar su publicación un título que no sé si se quiere aproximar a ese tesoro de gracia y poesía que se encierra en los relatos orientales traducidos por el 


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doctor Mardrús o si, influido por el milenarismo, quiere anticiparse al cambio secular, de la mano del doctor Menassa.

     Quizá ese «2001» quiere merodear por el problema del paso del tiempo, pensando en una famosa odisea en el espacio filmada por Stanley Kubrik. El poema es, en último término, una pequeña nave espacial que nos proyecta algo más allá de la realidad visible.

     Más importante aún me parece el lema que la revista coloca en su frontispicio: «Si es posible el poema, es posible la vida.» Porque este lema resulta revelador. Basta leerlo para persuadirnos del concepto de poesía que la revista mantiene. Lejos la idea del arte por el arte, lejos la mera experimentación lingüística. La poesía es vida, o al menos compañía de vida. Hay dos clases de poetas: la del que requiebra a la poesía y la seduce con joyas verbales, y la del que se acuesta con ella. Menassa es de estos últimos, y Menassa es la revista misma.

     Tenemos así la poesía como un ser amado, como un cuerpo al que nos entregamos y que se nos entrega. Respira con el propio aire, mira con los mismos ojos. Trajina en el entramado del sueño.

     A una poesía así, cotidiana y doméstica en cuanto que ha intimado con el poeta y se ha entrometido en su calendario, le va el sencillo soporte de un papel funcional. No requiere lujos editoriales ni suntuosos vehículos. Le basta el papel en que se escribe el tejemaneje del acontecer diario y de las inquietudes colectivas. El papel en el que aparece el pueblo con su protagonismo de historia menor. No vais a ver en «Las 2001 Noches» una revista ostentosa, sino un periódico cordial.

    ¿ Y su contenido? Su contenido es el espejo de un amante ejemplar de la poesía. El contenido se nutre de materia memorable. Oscar Menassa no es un poeta narcisista, sino un poeta prometeico. El poeta narcisista roba el fuego para alumbrar su propio culto. El poeta prometeico roba el fuego para alumbrar la libertad de los demás. En otro tiempo eran frecuentes los poetas que, conmovidos por un gran poema hallado en sus lecturas, lo transcribían en sus cartapacios. Así nació buena parte del cuaderno de «Los complementarios», de don Antonio Machado. Hoy esa labor apenas se practica, porque nos falta generosidad. Menassa sí ostenta esa señal generosa. Traslada a estas páginas aquellos poemas que estima enriquecedores de la sensibilidad colectiva. La selección es suya. Subjetiva, por supuesto. Pero todo acto poético es subjetivo, y éste es, además, revelador de la sensibilidad de quien escoge. Todos llevamos dentro una máquina de preferir, y Menassa la pone en marcha con destreza y acierto.

    En este número 4 encontramos piezas magistrales de tres poetas americanos:
Alfonsina Storni, la mujer que cerró su ciclo alegre caminando mar adentro.
César Vallejo, aquel que sabía que se moriría en París con aguacero, un día que ya recordaba, y que poco antes nos acompañó en la lucha por la República, en 1935.

    Oliverio Girondo, en quien descansa la vanguardia argentina. Les acompañan dos poemas de La destrucción o el amor, el más hermoso libro del surrealismo en cualquier idioma, de Vicente Aleixandre, al que hoy recordarnos menos de lo que debiéramos.

    Un texto clásico, de Baudelaire.

    Y el hedonismo y la exaltación dionisíaca que distinguen la labor poética del propio Miguel Oscar.

   Poemas sabidos, poemas recordados, poemas olvidados, poemas aprendidos. Grandes poemas de siempre; pequeños poemas de un día. ¿Quién no posee una cohorte lírica que va con él, desgranando versos inolvidables? Versos que súbitamente acuden a la memoria, desde lecturas lejanas, que forman ya parte de la propia vida. Versos que son tan nuestros, tan melancólicamente nuestros como esos viejos objetos entrañables de los que nunca se desprende uno. Repetimos los versos casi inconscientemente, el poema entero, acaso, con toda su capacidad de emoción intacta. Es la poesía acompañadora, la poesía fiel, la poesía que camina al ritmo de nuestro andar, al ritmo de nuestro vivir. «Un hombre solo no es un hombre», declara Miguel Oscar Menassa. Es verdad: un hombre no está ¡olo si va a su lado la poesía. Mientras se pueda leer -e releer- ni hay soledad ni hay muerte. Una noche o dos mil una. Este es el contenido de la revista.

LEOPOLDO DE LUIS

 

BLAISE CENDRARS


PROSA DE TRANSIBERIANO 
Y DE LA PEQUEÑA
 JUANA DE FRANCIA

Dedicada a los músicos 

En aquel tiempo yo era un adolescente
Apenas tenía dieciséis años y ya no recordaba mi infancia  Estaba a 16.000 leguas del lugar de mi nacimiento
Me hallaba en Moscú, en la ciudad de los mil tres 
                                  [campanarios y las siete estaciones
Y no me bastaban las siete estaciones y las mil tres torres Porque mi adolescencia era tan ardiente y loca
Que mi corazón, alternativamente, ardía como el templo
                            [de Efeso o como la Plaza Roja de Moscú Cuando se pone el sol.
Y mis ojos iluminaban antiguos senderos.
Y yo era tan mal poeta
Que no sabía llegar hasta el fondo de las cosas.
El Kremlin era como una inmensa torta tártara
Crujiente de oro.
Con las grandes almendras de las catedrales inmensamente  
                                                                          [blancas
y el oro empalagoso de las campanas...
Un viejo monje me leía la leyenda de Novgorode
Yo tenía sed
Y descifraba caracteres cuneiformes
Luego, de pronto, las palomas del Espíritu Santo volaron
                                                               [sobre la plaza
y también mis manos alzaban el vuelo, con  susurros
                                                                   [de albatros
y esto era las últimas reminiscencias del último día
Del postrer viaje
y del mar.

No obstante, yo era un poeta muy malo.
No sabía llegar al fondo de las cosas.
Tenía hambre
Ya todos los días ya todas las mujeres en los cafés ya
                                                             [todas las copas

Habría querido beberlas y romperlas
Ya todas las vitrinas ya todas las calles
Ya todas las casas ya todas las vidas
Ya todas las ruedas de los coches que giraban como
                              [torbellinos sobre los malos empedrados

Habría querido hundirlas en un gran horno de espadas
y habría querido moler todos los huesos
Y arrancar todas las lenguas
y licuar todos esos grandes cuerpos extraños y desnudos
                                       [bajo la ropa que me vuelve loco..
Presentía la llegada del gran Cristo rojo de la revolución
                                                               [rusa..
Y el sol era una inmensa herida que se abría como un brasero.
En aquel tiempo yo era un adolescente
Apenas tenía dieciséis años y ya no recordaba mi nacimiento Estaba en Moscú, donde quería alimentarme de llamas
y no me bastaban las torres y las estaciones que cubrían mi
                                                       [ojos de estrella
En Siberia rugía el cañón, había guerra
A Hambre frío peste cólera
y las aguas fangosas del Amor arrastraban millones de
                                                         [ carroñas
En todas las estaciones veía partir todos los últimos trenes
Ya nadie podía salir porque no se vendían más boletos
Y los soldados que se iban hubieran preferido quedarse...
Un viejo monje me cantaba la leyenda de Novgorode.
Yo, el mal poeta que no quería ir a ninguna parte, podía ir a
                                                                [todos lados
Y también los comerciantes todavía tenían dinero suficiente Para ir a intentar hacer fortuna.
Su tren salía todos los viernes de mañana.
Se decía que había muchos muertos.
Uno llevaba cien cajas de despertadores y cucús de la Selva
                                                             [Negra
 


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Otros cajas de sombreros, cilindros y un surtido de
                                                      [tirabuzones de Sheffield
Otros ataúdes de Malmoe llenos de latas de conservas y
                                                        [sardinas en aceite
También había muchas mujeres
Mujeres entrepiernas en alquiler que también podían usarse
Ataúdes
Todas pagaban impuestos

Se decía que había muchos muertos allí 
Ellas viajaban con tarifa reducida
Y todas tenían una cuenta corriente en el banco. 

Pues bien, un viernes de mañana me llegó la hora por fin 
Estábamos en diciembre
y también yo partí para acompañar al viajante joyero que iba 
                                                                         [a Jarbín
Teníamos dos asientos en el expreso y 34 cofres de joyería 
                                                              [de Pforzheim
Pacotilla alemana «Made in Germany» 
Me había vestido de punta en blanco, y al subir al tren se me
                                                         [perdió un botón 
-Lo recuerdo, lo recuerdo, a menudo pensé en ello desde
                                                      [entonces-
Yo dormía sobre los cofres y me sentía muy contento de 
                                   [poder jugar con la browning  Niquelada que también me había dado

Me sentía muy feliz despreocupado 
Creía jugar a los bandoleros 
Habíamos robado el tesoro de Golconda 
Y, gracias al transiberiano, íbamos a ocultarlo del otro lado 
                                                      [del mundo
Yo tenía que defenderlo contra los ladrones del Ural que
          [habían atacado a los saltimbanquis de Julio Veme
Contra los Junguzes, los boxers de la China 
Y los rabiosos pequeños mongoles del Gran Lama 
Alibabá y los cuarenta ladrones 
Y los fieles del terrible Viejo de la montaña 
Ysobre todo, contra los más modernos 
Los rateros de hotel 
Y los especialistas de los expresos internacionales

Y sin embargo, y sin embargo 
Estaba triste como un niño 
Los ritmos del tren 
La «médula ferrocarrilera» de los psiquiatras americanos 
El ruido de las puertas de las voces de los ejes rechinando
                                    [sobre los rieles congelados 
Ell ferlín de oro de mi futuro 
Mi browning el piano y los juramentos de los jugadores de 
                        [cartas en el compartimiento de alIado «
La deslumbrante presencia de Juana 
El hombre de anteojos azules que se paseaba nerviosamente
                      [por el corredor y me miraba al pasar 

Murmullos de mujeres  
Y el silbido del vapor
Y el eterno ruido de las ruedas locas en los carriles celestes  Los vidrios estánescarchados 
¡La anturaleza no existe!
Y detrás, las llanuras siberianas el cielo bajo y las grandes
                  [sombras de los Taciturnos que suben y bajan  Estoy acostado sobre una manta de viaje 
Colorinche 
Como mi vida 
Y mi vida no me abriga más que esa manta  
Escocesa 
Y toda Europa entrevista por el parabrisas de un expreso a
                                          [toda máquina 
No es más rica que mi vida 
Mi pobre vida 
Esta manta
Deshilachada sobre cofres llenos de oro
Con los que viajo
Sueño
Fumo
y la única llama del universo
Es un pobre pensamiento...

Desde el fondo de mi corazón me brotan lágrimas
Si pienso, Amor, en mi querida;
Ella no es más que una niña, a quien encontré así
Pálida, inmaculada, en el fondo de un burdel.
No es más que una niña, rubia, risueña y triste,
No sonríe y nunca llora;
Pero en el fondo de sus ojos, cuando te deja beber en ellos, Tiembla un dulce lis de plata, la flor del poeta.
Es dulce y muda, sin ningún reproche,
Con un largo estremecimiento cuando tú te aproximas;
Pero cuando yo voy hacia ella, por aquí, por allá, festivo,
Ella da un paso, luego cierra los ojos, y da un paso.
Porque es mi amor, y las otras mujeres
Sólo tienen vestidos de oro sobre grandes cuerpos
                                                        [llameantes, Mi pobre amiga está tan desamparada,
Está toda desnuda, no tiene cuerpo, es demasiado pobre.
No es más que una flor cándida, endeble,
La flor del poeta, un pobre lis de plata,
Muy frío, muy solo, y ya tan mustio
Que me brotan las lágrimas si pienso en su corazón.
Y esta noche es similar a otras cien mil cuando un tren rasga
                                                                        [la noche
-Caen los cometas-
Y el hombre y la mujer, aún jóvenes, se divierten haciendo
                                                            [el amor.
El cielo es como la carpa desgarrada de un circo pobre en un
                                                   [pueblito de pescadores
En Flandres
El sol es un quinqué humoso
Y en lo más alto de un trapecio una mujer representa la luna. El clarinete la corneta una agria flauta y un mal tambor

Y aquí está mi cuna
Mi cuna
Siempre estaba cerca del piano cuando mi madre como
            [Madame Bovary tocaba las sonatas de Beethoven
Yo pasé mi infancia en los jardines suspendidos de Babilonia
y la rabona, en las estaciones frente a los trenes a punto
                                                          [de salir
Ahora hago correr todos los trenes detrás de mí
Bale-Tombuctú
También jugué a las carreras en Auteuil y Longchamp París-Nueva York
 Ahora hago correr todos los trenes a todo lo largo de mi vida Madrid-Estocolmo
Y perdí todas mis apuestas
Sólo queda la Patagonia,la Patagonia, que convenga a mi [inmensa tristeza, la Patagonia, y un viaje por los mares del
                                                              [Sur
Estoy en camino
Siempre estuve en camino
Estoy en el camino con la pequeña Juana de Francia
El tren pega un peligroso salto y vuelve a caer sobre todas
                                                       [sus ruedas
El tren vuelve a caer sobre sus ruedas
El tren siempre vuelve a caer sobre todas sus ruedas
«Dime, Blaise, ¿estamos muy lejos de Montmartre?»
Estamos lejos, Juana, viajas desde hace siete días
Estás lejos de Montmartre, de la Butte que te alimentó del [Sagrado Corazón contra el cual te acurrucaste
París desapareció y su enorme fogata
No quedan más que las cenizas constantes
La lluvia que cae
La turba que se hincha
La Siberiaque gira
Los pesados manteles de nieve que ascienden
Y el cascabel de la locura que tintinea como un último deseo
                                              [en el aire azulado
El tren palpita en el corazón de los horizontes plomizos
Y tu pena ríe burlona.,.

«Dime, Blaise, ¿estamos muy lejos de Montmartre?»

Las preocupaciones
Olvida las preocupaciones
Todas las estaciones agrietadas oblicuas sobre la ruta
Los hilos telegráficos de los que cuelgan
Los postes grotescos que gesticulan y los estrangulan
El mundo se estira se alarga y se retira como un acordeón
              [atormentado por una mano sádica
En las resquebraduras del cielo, las furiosas locomotoras
Huyen
y en los agujeros,
las vertiginosas ruedas las bocas las voces
y los perros de la desdicha que ladran a nuestras espaldas
Los demonios están desencadenados
Chatarras
Todo es un acorde falso
El «brun-run-run» de las ruedas
Choques
Rebotes
Somos una tormenta bajo el cráneo de un sordo...

«Dime, Blaise, ¿estamos muy lejos de Montmartre?»

Pero sí, me pones nervioso, bien lo sabes, estamos muy lejos
La locura recalentada ruge en la locomotora
La peste el cólera se alzan como brasas ardientes en nuestro [camino
Desaparecemos en la guerra totalmente en un túnel
El hambre P.uto se aferra a las nubes en desbandada
y estiércol de las batallas en montones apestosos de muertos Haz como él, haz tu oficio...

«Dime, Blaise, ¿estamos muy lejos de Montmartre?»

Sí, estamos muy lejos, estamos muy lejos
Todos los chivos emisarios reventaron en este desierto
Oye los cencerros de ese rebaño sarnoso Tomsk
Tcheliabinsk Kainsk Obi Taichet Verkné Udinsk Kurgán
                                                 [Samara Pensa-Tulún
La muerte en Manchuria
Es nuestro desembarcadero y nuestra última guarida
Este viaje es terrible
Ayer por la mañana
Iván Ulitch tenía los cabellos blancos
y Kolia Nicolai Ivanovitch se roe los dedos desde hace
                                                               [quince días... Haz como ellos la Muerte el Hambre haz tu oficio
Cuesta cinco francos, en transiberiano, cuesta cien rubIos Afiebra los bancos y enrojece bajo la mesa
El diablo está en el piano
Sus nudosos dedos excitan a todas las mujeres
La Naturaleza
Las Busconas
Haz tu oficio
Hasta Jarbín...

«Dime, Blaise, ¿estamos muy lejos de Montmartre?»

Pero... vete al diablo... déjame tranquilo
Tienes caderas angulares
Tu vientre es agrio y tienes blenorragia
Eso es todo lo que París puso en tu regazo
También un poco de alma... porque eres desdichada
Tengo piedad tengo piedad ven hacia mí sobre mi corazón
Las ruedas son los molinos de viento de Jauja

 

 


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Y los molinos de viento son las muletas que hace girar un
                                               [mendigo
Somos los lisiados del espacio
Rodamos sobre nuestras cuatro heridas
Nos cortan las alas
Las alas de nuestros siete pecados
y todos los trenes son los baleros del diablo
Corral
El mundo moderno
La velocidad no tiene la culpa
El mundo moderno
Las lejanías están demasiado lejos
y al final del viaje es terrible ser un hombre con una mujer...

«Dime, Blaise, ¿estamos muy lejos de Montmartre?»

Tengo piedad tengo piedad ven a mí te contaré una historia Ven a mi cama
Ven a mi corazón
Te contaré una historia...

¡Oh ven! ¡ven!

En Fidji reina la primavera eterna
La pereza
El amor extasía a las parejas en la hierba alta y la sífilis
                                             [ronda bajo los bananeros

¡ Ven a la islas perdidas del Pacífico!
Se llaman Fénix, Marquesas
Borneo y Java
y Célibes con forma de gato.

No podemos ir al Japón
¡ Ven a Méjico!
En sus altiplanicies florecen los tulipaneros
Las lianas tentaculares son la cabellera del sol
Se hablaría de la paleta y los pinceles de un pintor
Colores fragorosos como gongs,
Allí estuvo Rousseau
Allí deslumbró su vida
Es el país de los pájaros
El pájaro del paraíso, el ave lira
El tucán, el sinsonte
Yel colibrí anida en el corazón de los lirios negros
¡Ven!
Nos amaremos en las majestuosas ruinas de un templo azteca Tú serás mi ídolo
Un ídolo abigarrado infantil un poco feo y extrañamente raro ¡Oh ven!

Si quieres iremos en aeroplano y volaremos sobre el país de
                                                          [Ios mil lagos,
Allí las noches son desmesuradamente largas
el antepasado prehitórico tendrá miedo de mi motor
aterrizaré
Y construiré un hangar para mi avión con los huesos fósiles
                                      [de mamut
El fuego primitivo recalentará nuestro pobre amor
Samovar
Y nos amaremos muy burguesamente cerca del polo
¡Oh ven!

Juana Juanita Ninita nita tetita ninón
Mi chiquita mi cosita mi tesoro mi Perú
Arroró gurrumina
Pompón mi bombón
Mi preferida corazoncito
Nenita
Querida gatita
Mi lindo pecadito
Chuchita
Cucú
Se durmió

Se durmió
Y no se engulló ni una sola de todas las horas del mundo odos los rostros vislumbrados en las estaciones
Todos los relojes
La hora de París la hora de Berlín la hora de San Petesburgo
                                          [y la hora de todas las estaciones
Y en Ufa, el rostro ensangrentado del artillero
Y la esfera tontamente luminosa de Grodno
Y el eterno avance del tren
Todas las mañanas se ponen en hora los relojes
El tren adelanta el sol atrasa
No le hace, oigo las sonoras campanas
La enorme campana de Notre-Dame
La campaneta agridulce del Louvre que convocó la San
                                                       [Bartolomé
Los carillones enmohecidos de Brujas la Muerta
Las campanillas eléctricas de la biblioteca de Nueva York
Las campanas de Venecia
Y las de Moscú, el reloj de la Puerta Roja que me contaba las
                                    [horas cuando estaba en una oficina
Y mis recuerdos
El tren retumba en las placas giratorias
El tren rueda
Un gramófono gutural iza una marcha gitana
y el mundo, como el reloj del barrio judío de Praga, gira 
                                                locamente al revés
Deshoja la rosa de los vientos
Ya zumban las tormentas desencadenadas
Los trenes ruedan en torbellino sobre las redes enmarañadas Baleros diabólicos
Hay trenes que nunca se encuentran
Otros se pierden en el camino

Los jefes de .estación juegan al ajedrez
Chaquete
Billar
Carambolas
Parábolas
la vía férrea es una nueva geometría
Siracusa
Arquímedes
y los soldados que lo degollaron
y las galeras
y las naves
y los prodigiosos artefactos que inventó
y todas las matanzas
La historia antigua
La historia moderna
la Los torbellinos
Los naufragios
Hasta el del Titanic que leí en el diario
Otras tantas imágenes-asociaciones que no puedo desarrollar
                                                 [en mis versos
Porque todavía soy un poeta muy malo
Porque el universo me desborda
Porque no me preocupé por asegurarme contra los 
                     [accidentes de tren 

Porque no sé ir hasta el fondo de las cosas
y tengo miedo.
Tengo miedo
No sé ir hasta el fondo de las cosas
Como mi amigo Chagall podría hacer una serie de cuadros
                                                                   [dementes
Pero no tomé notas de viaje
«Perdónenme la ignorancia
Perdónenme no conocer ya el antiguo juego de los versos» Como dice Guillaume Apollinaire
Todo lo que se refiere a la guerra puede leerse en las
                                            [Memorias de Kuropatkin

O en los diarios japoneses que están tan cruelmente ilustrados
Para qué documentarme
Me abandono
A los sobresaltos de mi memoria...

A partir de lrkutsk el viaje se hizo demasiado lento
Demasiado  largo
Nosotros estábamos en el primer tren que rodeaba el lago
                                                             [Baikal
Habían adornado la locomotora con banderas y farolitos 
Y dejamos la estación con los tristes acentos del himno al
                                                                         [Zar
Si yo fuera pintor vertería mucho rojo, mucho amarillo en el
final de este viaje
Pues en verdad vreo que todo estábamos un pococ locos
Y que un inmenso delirio ensangrentaba las nerviosas caras
                                      [ de mis compañeros de viaje Cuando nos acercábamos a Mongolia
Que retumbaba como un incendio.
El tren había disminuido su marcha
Y en el perpetuo rechinamiento de las ruedas percibía
Los acentos locos y los sollozos
De una liturgia eterna.

He visto
He visto los trenes silenciosos los trenes negros que volvían           [del Lejano Oriente y que pasaban como fantasmas
y mi ojo, como el fanal de popa, aún corre tras esos trenes En Talga agonizaban 100.000 heridos por falta de cuidados Visité los hospitales de Krasnoiarsk
y en Jilok nos cruzamos con un largo convoy de soldados
                                                        [locos
En los lazaretos vi llagas abiertas heridas que sangraban a
                                                        [rabiar 
los miembros amputados danzaban en derredor o alzaban
                                                   [el vuelo en el aire ronco El incendio se hallaba en todas las caras en todos los
                                                                    [corazones Dedos idiotas tamborileaban sobre todos los vidrios
y bajo la presión del miedo todas las miradas reventaban
                                                   [como abscesos
En todas las estaciones quemaban todos los vagones
y he visto
He visto trenes de 60 locomotoras que huían a todo vapor [perseguidas por los horizontes en celo y bandas de cuervos
               [que alzaban el vuelo desesperadamente tras ellos Desaparecer
En dirección de Port-Arthur.
En Tchita tuvimos algunos días de respiro
Detención de cinco días debido a la obstrucción de la vía
Los pasamos en casa del Señor Yankelevitch que quería
                               [darme a su hija única en matrimonio
Luego volvió a partir el tren.
Ahora me había instalado yo en el piano y me dolían los
                                                                         [dientes
Cuando quiero vuelvo a ver ese interior tan tranquilo el
[negocio del padre y loS ojoS de la hija que de noche venía
                                                         [a mi cama
Mussorgsky
Y los lieder de Hugo Wolf
Y las arenas del Gobi
Y en Jailar una caravana de sombreros blancos
Realmente creo que estaba ebrio durante más de 500           [kilómetros
Pero estaba en el piano yeso es todo lo que vi


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Cuando se viaja habría que cerrar los ojos
Dormir
Hubiera deseado tanto dormir
Reconozco todos los países con los ojos cerrados por su olor y reconozco todos los trenes por el ruido que hacen
Los trenes de Europa son de cuatro tiempos mientras que los
                     [de Asia son de cinco o siete tiempos
Otros van en sordina son canciones de cuna
Hay algunos que por el ruido monótono de las ruedas me [recuerdan la pesada prosa de Maeterlinck
He descifrado todos los textos confusos de las ruedas y   
      [reunido los elementos dispersos de una violenta belleza
Que poseo
y que me acosa.
Tsitsikar y Jarbín
No voy más lejos
Es la última estación
Me apeé en Jarbín cuando acababan de prender fuego a las    
                                               [oficinas de la Cruz Roja.
Oh París
Gran hogar cálido con los tizones entrecruzados de tus calles [y tus viejas casas que se inclinan sobre ellas y se recalientan Como abuelas
y aquí hay anuncios, rojo verde multicolores como mi
                                 [pasado en suma amarillo
Amarillo el arrogante color de las novelas de Francia en el
                                                               [extranjero
Me gusta frotarme con los ómnibus en marcha en las grandes
[ciudades Los de la línea Saint-Germain -Montmartre me llevan al
                                                           [asalto de la Butte Los motores mugen como los toros de oro
Las vacas del crepúsculo pastan en el Sagrado Corazón
Oh París
Estación central andén de las voluntades encrucijada de las
                                                                 [inquietudes
Unicamente los droguistas aún tienen un poco de luz sobre
                                                                [su puerta
La Compañía Internacional de Wagons-Lits y de los Grandes
                        [Expresos Europeos me envió su prospecto
Es la iglesia más hermosa del mundo
Tengo amigos que me rodean como pretiles
Cuando parto tienen miedo de que no vuelva más
Todas las mujeres que conocí se alzan en los horizontes
Con los gestos lastimosos y las miradas tristes de los
                                                 [semáforos bajo la lluvia
Bella, Inés, Catalina y la madre de mi hijo en Italia
y aquélla, la madre de mi amor en América
Hay gritos de sirena que me parten el alma
Allá le.os en Manchuria un vientre se estremece todavía
[como en un  parto
Querría
Querría no haber hecho nunca mis viajes
Esta noche me atormenta un gran amor
Ya pesar mío pienso en la pequeña Juana de Francia.
Fue en una noche de tristeza cuando escribí este poema en 
                                                                        [honor

Juana
La pequeña prostituta
Estoy triste estoy triste
Iré al «Conejo ágil» a recordar mi juventud perdida
y tomar unas copitas
Luego volveré solo
París
Ciudad de la Torre única del gran Patíbulo y de la Rueda

París, 1913

Abierto todo el año
TALLERES DE POESÍA

     EN MADRID
Sábados, 17 h. Coordinadora: Carmen Salamanca.
 (91) 402 7518 

Martes, 10,15 h. Coordinadora:
Paola Duchên
 (91) 559 29 05

Miércoles, 18h y Sábados, 16,30 Coordinadora: María Chévez
(91) 541 7513

Sábados, 17 h. Taller de Poesía en francés. Coordinadora:
 CIaire Deloupy. (91) 542 4285

EN ALCALÁ DE HENARES Jueves, 10 h. Coordinadora:
 Stella Cino. (91) 883 02 13.

EN ARGANDA DEL REY Domingo, 11 h. Coordinador
Miguel Oscar Menassa
(91) 542 33 49

EN IBIZA
Cada 15 días los Miércoles, 20,30 h. Coordinador
Emilio A GonzáIez. 971 30 7804.

EN MÁLAGA
Ultimo domingo de cada mes. Coordinador Miguel Oscar Menassa  (95) 230 52 27.

 EN BUENOS AIRES 
Jueves, a las 19 h. Coordinadora Norma Menassa. 31335 44
Viernes, 20 h. Coordinadora:
Lucia Serrano. 371 80 13

RAÚL GUSTAVO AGUIRRE


ALGUNA MEMORIA III

III

Es éste el límite del mundo, afilado hasta la extremaunción, donde mi oficio termina y tu perfume se presiente.

Nos deteníamos para disputarnos esas extrañas piedras con que tropezábamos a cada momento. Cada vez eran menos numerosas a medida que nos acercábamos a ti.

Presencia jamás compensada, insólita, ¿cómo es que duras ante mis ojos, cómo es que vives en mi país?

Te esfuerzas por mantener la unidad de tu cuerpo, por estar aquí. Pero tus amistades son enojosas para la eternidad que te reclama. Y por esa restricción a la niñez celestial que cuestiona tu sexo, vives, intensamente, bajo el peligro constante de ascensión y de metamorfosis.

Ojos maravillosos que a veces te recuerdan y que a veces te -olvidan.

En el destello de nuestra separación -azul velocísimo- yo
te saludo, mi alma, mi extranjera.

Alba donde pululan los monstruos, alba siempre dispuesta a transformarte en poema, alba invisible siempre, perdida entre las nieblas y los hierros del mundo.

Sabes que donde la belleza culmina, ella y la angustia se
confunden. (El rayo negro nos desnuda sobre una realidad que vacila entre el éxtasis y el espanto, la vida recuperada y la inexplicable ausencia, mientras tú me abrazas, desesperadamente, sabiéndome víctima, una vez más, de la disonancia metafísica.)

Nada te defiende en la noche perfecta.

Bien sé que te asfixias en la felicidad dispuesta por los propietarios de tu presencia en el mundo. Bien sé que sufres a menudo grandes dolores extranjeros, prohibidos por la ley. Exilados los dos, juntos bajo un cielo magnífico, creemos por un instante -oh poema- haber hallado tu país.

Te invento para hablarte. Me inventas para verte.

Tantos enigmas consienten a tu presencia.

Desconfías de esa especie de sueño que anula las dificultades de la vigilia en beneficio de un país hipotético, en cuyas aduanas la parte más fértil del hombre queda a merced de la exacción. Pero esa tiniebla ávida de nuestras fuerzas no debe ser confundida con aquella otra donde se origina el signo que renueva el alba y hace comparecer a los monstruos.

Pasa la breve luciérnaga, inclusa en la ley de su reino. Pasa y se ilumina.

Presencia que parecieras desmentirme cuando la tristeza del mundo ya iba a negarte, y que culminas y desapareces entre mis brazos de relámpago.

El amor y el viento. Lo demás pasará.

A cada movimiento, una nueva piedra aumenta su muralla del equívoco que te circunda. Es preciso derribar algo de tiempo en tiempo, a pesar de las objeciones de los cronistas del rey.

Vivo en la hierba de tu desprendimiento. Soy el cazador furtivo a quien la noche ha transformado en centinela exhausto.

Contigüidad insaciable, fidelidad lejana...

Amante, los monstruos que te amaban resplandecían antes de morir.

¡Miserables, miserables del mundo, de quienes está hecho el rayo de tu presencia!

Eres parecida a ese fuego que un caminante solitario enciende en el umbral de la noche y donde se reúne, para no morir, toda la claridad de la tierra.

Ebrio estoy de este universo que compromete su destino por acordarse con tu mirada, por ser tu cómplice...

Alma de todo lo que me subleva, tú eres mi fuego, constante y mi primera ceniza.

Hay en mi vida una especie de nada que sólo existe por ella. Hay en mi vida un pozo de vida. Tú no lo ignoras, tú me abrazas.

Me abrazas, para que no olvide el tiempo en que nada sabía
de ti.

¿Qué harás en este desierto donde hasta las piedras se esfuman, sino quedarte y compartirlo? Tú, criatura que no eres de aquí pero que nos quieres aquí, pobres, inmensos, dementes, obstinados.

iCómo es difícil para ti retener en el viento esa pasión del viento que te crea! Pero la noche donde reinas y desapareces jamás será vencida, ioh amenazada!

¿Seremos también nosotros, al morir, los contrarios de la Poesía?

¿Por qué si jamás les has interrumpido, si ellos son más fuertes que tú, más numerosos y más firmes, todo un ejército de profesionales te odia? Cuando apareces entre ellos, por un error, por un descuido, los directores se turban, los mitomaniacos exhalan largas memorias, los parásitos de las Escrituras evidencian síntomas de sofocación. ¿Por qué? ¡No soy yo, que me inclino por ellos, que me confundo con ellos para verte! Nuestros gestos son ambiguos y te odiamos, te odiamos porque tú nos anulas los discursos, nos echas a perder nuestras más hábiles combinaciones y tus ojos nos revelan que todavía -a pesar de nuestro poder y de nuestra destreza y de nuestros antepasados- no hemos comenzado a existir para ti.

 


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La alta tensión es nuestra patria. Allí me hablas, allí te comprendo.

Cuando consiento a la tentación de separarme de ti, una muralla de espesor considerable me paraliza, por un momento, con su parecido a la muerte. ¿Por qué milagro vuelvo otra vez, una vez más aún, a encontrarte? Hay algo que nos une, algo que lo atraviesa todo y nos retiene, todavía, en la inocencia de su trama.

No puedes evitar que cualquier lugar donde te detienes se convierta en seguida en esa mansión encantada cuyos extraños silencios provocan la hostilidad del contorno. Pero la tierra no sería habitable sin esos albergues de excepción.

Criatura indiferente a las historias de otro tiempo, criatura donde el universo se resarce, donde mi soledad culmina para luego desaparecer, eres la belleza que salta de los límites ardientes de la razón, su última conquista.

¿Cómo romper la fascinación que nos ata a ese arcón inútil que de día nos niega y de noche nos maldice?

Tu vida, puesta de nuevo en discusión; tu vida amenazada siempre, reprimida siempre, entra y sale de este mundo que amas.

Nada llena de presagios, universo que te abres en la noche y me comprendes...

Oh raza aniquilada que la vida renueva en un vástago único, llevada de su enorme necesidad de belleza, a ti te designa, rosa resplandeciente, víctima de su continua derrota.

Te anticipas, don inmenso, te anticipas...

Y te quedas aquí, fuera del sol donde reinabas, para inventar una belleza que no quiere huir de esta mentira y de esta muerte.

¡Cuántos esfuerzos los tuyos, en medio de la insoportable cerrazón, por fundirte en el rojo vivo del día, por desaparecer en el asalto del viento!

Apenas diferente del espacio donde parecías escapar hacia tu forma efímera, eras ya mi obsesión. En ti las calamidades se congregaban, la felicidad se excedía.

Mariposa feliz que huyes de la prisión de mi fatiga y que inventas, volando, el espacio donde la primavera continuará.

Otra vez te encuentro entre una multitud de íncubos y de criaturas espectaculares y altivas, tímida y radiante, parecida al deseo que te precedió.

Tu guardas, para nosotros, en el interior de tus noches, los tesoros nuevos, las respuestas.

Yo no te uso, yo te amo.

Viajas, no obstante la terrible fricción del mal que te circunda. Pero sabes también como nosotros que no es así como se debe ir por este mundo.

(Miro con inquietud el estado solemne del grafismo a que te lleva mi excesiva confianza en la sagacidad del prójimo. Son tan distintas de ti estas aguas que te reflejan.)

La intimidad del volcán es un canto sin relación alguna con el volcán. Nunca podrás explicar este misterio que te concierne.

(Ya casi nada tengo de ti, pero no puedo vivir sino en el borde de este abismo, pero no puedo vivir sin este miedo.)

Dulce pez luminoso en la noche oscura de mi alma, dulce pez luminoso en el agua oscura de mis días inútiles.

Para seguir, nos basta con el destello solitario del gran incendio hacia donde vamos. Por obra de esos resplandores fugaces viajamos, uno hacia el otro, a velocidades fantásticas...

Cuando desapareces en el tumulto, entre extraños objetos cuya profusión te causa desconcierto, llega la oportunidad para el sosias que te abruma, en mi ausencia, con sus discursos interminables.

Espérame en tu punto de fusión y de olvido. Allí terminaré por llegar algún día, antes que yo y el universo.

A menudo me confortas: «Las experiencias más puras ocurren en el huevo de la hormiga. No es humillante comenzar por eso».

En el fondo del mar hay una piedra. Esa piedra tiene que ver con nosotros. No sé qué sería de nosotros sin esa piedra.

No podemos romper este conjuro sin caer otra vez uno en el otro, uno en el otro para siempre.

Hierba, hormiga, guijarro: la eternidad tiene forma y canta bajo tus pies.


MIGUEL OSCAR MENASSA


-Algunos de nuestros versos,
  alguna vez,
  alterarán el ritmo de alguna historia. 

 -Vivir, te dije, c como el canto de un pájaro que ya pasó hace mucho tiempo y todavía es canto.

-En el ejercicio de las formas, un hombre puede llegar a ser Dios.

-Antes de ser color entre tus brazos, era luz.

 -Palabras abiertas como manantiales. Poesía. Efímera luz y al mismo tiempo, eternidad marítima. Pulpo estremecido en todas direcciones. Perfecto plan para el hastío. Incompletud. Imperfección. Casi sublime impotencia de ser. 

Y por eso, precisamente, a nadie pertenece. Ella es universal, atlética y deforme.

Inexperta e impune a la vez, marca definitiva en un destino.

Desvío definitivo en una locura.

Entre sus brazos, todo es carne volcánica. Tiempo de sobre- pasar también el tiempo. Un fin de siglo, nos imaginamos, a caballo de la POESIA.

-Atacar sin fuerzas no es atacar, es entregarse.

-Ser amado por varias personas a la vez, significa también ser enviados por varias personas a la vez.

-Atentar, hay que atentar contra todo, también contra nuestra propia manera de atentar.

-Derrotar, derrota sublime.

Si esto es la etapa superior del capitalismo, ni quiero pensar lo que debe haber sido la inferior.

-Un pobre hombre contando sus dineros, es tan pobre como el que sólo tiene para contar sus sueños. en los dos casos la pobreza reside en la compulsión a contar.

-Soy un iluminado, moriré en manos de algún crítico.

-Hiroshima no se recuerda ni se olvida. Se padece.

- Caballero de la poesía
monto en pelo
a lo indio,
una yegua con alas.


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OCTAVIO PAZ


LUIS CERNUDA

Ni cisne andaluz
                   
ni pájaro de lujo

Pájaro por las alas 
                          hombre por la tristeza
Una mitad de luz Otra de sombra 
No separadas: confundidas
una sola substancia
vibración que se despliega en tansparencia
Piedra de luna
                más agua que piedra
Río taciturno
              más palabra que río
Arbol por solitario
                     hombre por la palabra
Verdad y error
                una sola verdad
una sola palabra mortal
Ciudades
          humo petrificado
patrias ajenas siempre
sobras de hombres
                    En un cuarto perdido
inmaculada la camisa única
correcto y desesperado
escribe el poeta las palabras prohibidas
signos entrelazados en una página
vasta de pronto como lecho de mar
abrazo de los cuatro elementos
constelación del deseo y de la muerte
fija en el cielo cambiante del lenguaje
como el dibujo obscenamente puro
ardiendo en la pared decrépita

Días como nubes perdidas
islas sepultas en un pecho
placer
      ola jaguar y calavera
Dos ojos fijos en dos ojos
                            ídolos
siempre los mismos ojos
                           Soledad
única madre de los hombres
¿sólo es real el deseo?
Uñas que desgarran una sombra
labios que beben muerte en un cuerpo
ese cadáver descubierto al alba
en nuestro lecho ¿es real?

Deseada
         la realidad se desea
se inventa un cuerpo de centella
se desdobla y se mira .
                       sus mil ojos
la pulen como mil manos fanáticas
Quiere salir de sí
                   arder
en un cuarto en el fondo de un cráter
y ser bajo dos ojos fijos
ceniza piedra congelada

Con letra clara el poeta escribe

sus verdades obscuras
                       Sus palabras
no son un momento público
ni la Guía del camino recto
Nacieron del silencio
se abren sobre tallos de silencio
las contemplamos en silencio
Verdad y error
                       una sola verdad
Realidad y deseo
                       una sola substacia
resuelta en manantial de transparencias

LUIS CERNUDA


LA GLORIA DEL POETA

Demonio hermano mío, mi semejante,
Te vi palidecer, colgado como la luna matinal,
Oculto en una nube por el cielo,
Entre las horribles montañas,
Una llama a guisa de flor tras la menuda oreja tentadora, Blasfemando lleno de dicha ignorante,
Igual que un niño cuando entona su plegaria,
y burlándote cruelmente al contemplar mi cansancio de la
                                                              [ tierra. 

Más no eres tú,
Amor mío hecho eternidad,
Quien deba reír de este sueño, de esta impotencia, de esta
                                                                             [caída,
Porque somos chispas de un mismo fuego
y un mismo soplo nos lanzó sobre las ondas tenebrosas
De Qna extraña creación, donde los hombres
Se acaban como un fósforo al trepar los fatigosos años de
                                                                       [sus vidas.
Tu carne como la mía
Desea tras el agua y el sol el roce de la sombra;
Nuestra palabra anhela
El muchacho semejante a una rama florida
Que pliega la gracia de su aroma y color en el aire cálido 
                                                                         [de mayo;
Nuestros ojos el mar monótono y diverso,
Poblado por el grito de las aves grises en la tormenta, Nuestra mano hermosos versos que arrojar al desdén de los [hombres.
Los hombres tú los conoces, hermano mío;
Mírales cómo enderezan su invisible corona
Mientras se borran en las sombras con sus mujeres al brazo
Carga de suficiencia inconsciente,
Llevando a comedida distancia del pecho,
Como sacerdotes católicos la forma de su triste dios,
Los hijos conseguidos en unos minutos que se hurtaron al
                                                               [sueño
Para dedicarlos a la cohabitación, en la densa tiniebla
                                                                [conyugal
De sus cubiles, escalonados los unos sobre los otros.
Mírales perdidos en la naturaleza,
Cómo enferman entre los graciosos castaños o los taciturnos
                                                                     [plátanos.
Cómo levantan con avaricia el mentón,
Sintiendo un miedo oscuro morderles los talones;
Mira cómo desertan de su trabajo el séptimo día autorizado, Mientras la caja, el mostrador, la clínica, el bufete, el
                                                   [despacho oficial Dejan pasar el aire con callado rumor por su ámbito solitario.
Escúchales brotar interminables palabras
Aromatizadas de facilidad violenta,
Reclamando un abrigo para el niñito encadenado bajo el sol
                                                                        [divino
O una bebida tibia, que resguarde aterciopeladamente.
El clima de sus fauces,
A quienes dañaría la excesiva frialdad del agua natural.
Oye sus marmóreos preceptos
Sobre lo útil, lo normal y lo hermoso;
Oyeles dictar la ley al mundo, acotar el amor, dar canon a
                                           [la belleza inexpresable, Mientras deleitan sus sentidos con altavoces delirantes; Contempla sus extraños cerebros
Intentando levantar, hijo a hijo, un complicado edificio
[de arena
A que negase con torva frente lívida la refulgente paz de las [estrella.

Esos son, hermano mío,
Los seres con quienes mueren a solas,
Fantasmas que harán brotar un día
El solemne erudito, oráculo de estas palabras mías ante
[alumnos extraños,

Obteniendo por ello renombre,
Más una pequeña casa de campo en la angustiosa sierra
[inmediata a la capital;

En tanto tú, tras irisada niebla,
Acaricias los rizos de tu cabellera
Y contemplas con gesto distraído desde la altura.


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Esta sucia tierra donde el poeta se ahoga.

Sabes sin embargo que mi voz es la tuya,
Que mi amor es el tuyo;
Deja, oh, deja por una larga noche.
Resbalar tu cálido cuerpo oscuro,
Ligero como un látigo,
Bajo el mío, momia de hastío sepulta en anónima yacija,
y que tus besos, ese venero inagotable,
Viertan en mí la fiebre de una pasión a muerte entre los dos;
Porque me cansa la vana tarea de las palabras,
Como al niño las dulces piedrecillas
Que arroja a un lago, para ver estremecerse su calma
Con el reflejo de una gran ala misteriosa.
Es hora ya, es más que tiempo
De que tus manos cedan a mi vida
El amargo puñal codiciado del poeta;
De que lo hundas, con sólo un golpe limpio,
En este pecho sonoro y vibrante, idéntico a un laúd,
Donde la muerte únicamente,
La muerte únicamente,
Puede hacer resonar la melodía prometida.

DESOLACIÓN
DE LA QUIMERA

Todo el ardor del día, acumulado
En asfixiante vaho, el arenal despide.
Sobre el azul tan claro de la noche
Contrasta, como imposible gotear de un agua,
El helado fulgor de las estrellas,
Orgulloso cortejo junto a la nueva luna
Que, alta ya, desdeñosa ilumina
Restos de bestias en medio de un osario.
En la distancia aúllan los chacales. 

No hay agua, fronda, matorral ni césped. 
En su lleno esplendor mira la luna  
A la Quimera lamentable, piedra corroída 
En su desierto. Como muñón, deshecha el ala;
Los pechos y las garras el tiempo ha mutilado;
Hueco de la nariz desvanecida y cabellera
,
En un tiempo anillada, albergue son ahora
De las aves obscenas que se nutren
En la desolación, la muerte.
Cuando la luz lunar alcanza
A la Quimera, animarse parece en un sollozo,
Una queja que viene, no de la ruina,
De los siglos en ella enraizados, inmortales
Llorando el no poder morir, como mueren las formas
Que el hombre procreara. Morir es duro,
Mas no poder morir, si todo muere,
Es más duro quizá. La Quimera susurra hacia la luna
Y tan dulce es su voz que a la desolación alivia.

 «Sin víctimas ni amantes. ¿Dónde fueron los hombres?
 Ya no creen en mí, y los enigmas que yo les propusiera
 Insolubles, como la Esfinge, mi rival y hermana,
 Ya no les tientan. Lo divino subsiste,
 Proteico y multiforme, aunque mueran los dioses.
 Por eso vive en mí este afán que no pasa,
 Aunque pasó mi forma, aunque ni sombra soy;
 Afán que se concreta en ver rendido al hombre
 Temeroso ante mí, ante mi tentador secreto indescifrable.

 «Como animal domado por el látigo,
 El hombre. Pero, qué hermoso; su fuerza y su hermosura,
 Oh dioses, cuán cautivadoras. Delicia hay en el hombre;
 Cuando el hombre es hermoso, en él cuánta delicia.
 Siglos pasaron ya desde que desertara el hombre
 De mí ya mis secretos desdeñoso olvidara.
 Y bien que algunos pocos a mí acudan,
 Los poetas, ningún encanto encuentro en ellos,
 Cuando apenas les tienta mi secreto ni en ellos veo
                                                      [hermosura.

"Flacos o flácidos, sin cabellos, con lentes,
Desdentados. Esa es la parte física
En mi tardío servidor; y, semejante a ella,
Su caracter. Aún así, no muchos buscan mi secreto hoy,
Que en la mujer encuentran su personal triste Quimera.
Y bien está ese olvido, porque ante mí no acudan
Tras de cambiar pañales al infante
O enjuegarle la nariz, mientras meditan
Reproche o alabanza de algún crítico.

"¿Es que pueden creer en ser poetas
Si ya no tienen el poder, la locura
Para creer en mí y en mi secreto?
Mejor les va sillón en academia
Que aridez, la ruina y la muerte,
Recompensas que generosa di a mis víctimas,
Una vez ya tomada posesión de sus almas,

Cuando el hombre y el poeta preferían
Un miraje cruel a certeza burguesa.
«Bien otros fueron para mí los tiempos
Cuando feliz, ligera, hollaba el laberinto
Donde a tantos perdí ya tantos otros los dotaba
De mi eterna locura: imaginar dichoso, sueños de futuro, Esperanzas de amor, periplos soleados.
Mas, si prudente, estrangulaba al hombre
Con mis garras potentes, que un grano de locura
Sal de la vida es. A fuerza de haber sido,
Promesas para el hombre ya no tengo.»
Su reflejo la luna deslizando
Sobre la arena sorda del desierto,
Entre sombras a la Quimera deja,
Calla en su dulce voz la música cautiva.
y como el mar en la resaca, al retirarse
Deja a la playa desnuda de su magia,
Retirado el encanto de la voz, queda el desierto
Todavía más inhóspito, sus dunas
Ciegas y opacas, sin el miraje antiguo.
Muda y en sombra, parece la Quimera retraerse
A la noche ancestral del Caos primero;
Mas ni dioses, ni hombres, ni sus obras,
Se anulan si una vez son; existir deben
Hasta el amargo fin, perdiéndose en el polvo.
Inmóvil, triste, la Quimera sin nariz olfatea
Frescor de alba naciente, alba de otra jornada
Que no habrá de traerle piadosa la muerte,
Sino que su existir desolado prolongue todavía.

A SUS PAISANOS

No me queréis, lo sé, y que os molesta
Cuanto escribo. ¿Os molesta? Os ofende.
¿Culpa mía tal vez o es de vosotros?
Porque no es la persona y su leyenda
Lo que ahí, allegados a mí, atrás os vuelve.
Mozo, bien mozo era, cuando no había brotado
Leyenda alguna, caísteis sobre un libro
Primerizo lo mismo que su autor: yo, mi primer libro.
Algo os ofende, porque sí, en el hombre y su tarea

¿Mí leyenda dije? Tristes cuentos,
Inventados de mí por cuatro amigos
(¿Amigos?), que jamás quisísteis
Ni ocasión buscásteis de ver si acomodaban
A la persona misma así traspuesta.
Mas vuestra mala fe los ha aceptado.
Hecha está la leyenda, y vosotros, de mí desconocidos, Respecto al ser que encubre mintiendo doblemente,
Sin otro escrúpulo, a vuestra vez la propaláis.
Contra vosotros y esa vuestra ignorancia voluntaria,
Vivo aún, sé y puedo, si así quiero, defenderme.
Pero aguardáis al día cuando ya no me encuentre
Aquí. y entonces la ignorancia,
La indiferencia y el olvido, vuestras armas
De siempre, sobre mí caerán, como la piedra,
Cubriéndome por fin, lo mismo que cubrísteis
A otros que, superiores a mí, esa ignorancia vuestra
Precipitó en la nada, como al gran Aldana.
De ahí mi paradoja, por lo demás involuntaria,
Pues la imponéis vosotros: en nuestra lengua escribo,
Criado estuve en ella y, por eso, es la mía,
A mi pesar quizá, bien fatalmente. Pero con mis expresas
                                                              [excepciones,

A vuestros escritores de hoy ya no los leo.
De ahí la paradoja: soy, sin tierra y sin gente,
Escritor bien extraño; sujeto quedo aún más que otros
Al viento del olvido que, cuando sopla, mata.

Si vuestra lengua es la materia
Que empleé en mi escribir y, si por eso,
Habreis de ser vosotros los testigos
De mi existencia y mi trabajo,
En hora mal fuera vuestra lengua
La mía, la que hablo, la que escribo.
Así podréis, con tiempo, como venís haciendo,
A mi persona y mi trabajo echar fuera
De la memoria, en vuestro corazón y vuestra mente.

Grande es mi vanidad, diréis,
Creyendo a mi trabajo digno de la atención ajena
Y acusándoos de no querer la vuestra darle.
Ahí tendréis razón. Mas el trabajo humano
Con amor hecho, merece la atención de los otros,
Y poetas de ahí tácticos lo dicen
Enviando sus versos a través del tiempo y la distancia
Hasta mí, atención demandado.
¿Quise de mí dejar memoria? Perdón por ello pido.

Mas no todos igual trato me dáis,
que amigos tengo entre vosotros.


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Doblemente queridos por esa desusada
Simpatía y atención entre la indiferencia,
y gracias quiero darles ahora, cuando amargo
Me vuelvo y os acuso. Grande el número
No es, mas basta para sentirse acompañado
A la distancia en el camino. A ellos
Vaya así mi afecto agradecido.
Acaso encuentre aquí reproche nuevo:
Que ya no hablo con aquella ternura
Confiada, apacible de otros días.
Es verdad, y os lo debo, tanto como
A la edad, al tiempo, a la experiencia.
A vosotros ya ellos debo el cambio. Si queréis
Que ame todavía, devolvedme
Al tiempo del amor. ¿Os es posible?
Imposible como aplacar ese fantasma que de mí evocásteis.

 

JUAN CARLOS DE BRASI

-Cuando la democracia se confunde con el estado de derecho, y éste con el derecho del estado, entonces el perro sólo goza persiguiendo su propia cola.

-Fisiología del poder: control de estado en el control de esfínter.

-El exilio tiene dos viajes. Uno de ida, hacia el extrañamiento, y las luces y las sombras CQWO paisaje. OHode vuelta, donde puede irrumpir lo siniestro en el mismo lugar natal.

-Señor. Yo soy un patriota y un creyente.

-Perdóneme, yo no tengo la culpa.

-Tolerar no es soportar cualquier reacción, sino dispersar la pregunta en una respuesta posible.

-Militar en un partido es resignarse a ser militar en
algún punto.

-La defensa a ultranza de un punto de vista determinado, genera las más grandes cegueras de conjunto.

-El sueño argentino tiene una inquietante semejanza con la pesadilla de Valery, uno se acuesta con la sensación de serIo todo, y se levanta con la evidencia de no ser nada. 

-En la confusión, difundida intencionalmente, entre iglesia, religión y trascendencia reside una clave de la engañifa moderna, pues al cuestionar una siempre se atacará a las otras dos. De este modo el recurso argumental será idéntico a la parábola bíblica, ya que si un ciego conduce a otro, ambos caerán al pozo. Es decir, donde debería explorarse un problema, reinará un dogma.

-El peor enemigo de una decisión tomada, es una indecisión sostenida.

-Es casi imposible preservarse en este país (quizás sólo hable de donde vivo). Será necesario, entonces, preservar- se de este país.

-Argentina es un espejo preciso y tenebroso, refleja siempre el mismo simulacro, el mismo aguantadero de saqueadores de futuro.

-Es importante arrojarse en los brazos de cualquier democracia naciente, sin caer en sus manos.

-La renuncia cínica a lo "imposible" nos hace cómplices fervorosos de lo establecido como si fuera lo "mejor posible".

-El miedo es la mejor fábrica de monstruos que se haya inventado.

-La obediencia debida, aplicada en un nivel a los militares argentinos, se ha querido imponer como la obediencia de-vida de la sociedad misma.

-Existe ya mucha gente que cuenta el fracaso de la especulación financiera. Son los que están depositados en el mundo y no reportan ningún interés.

-Enseñar es, fundamentalmente, dejar aprender.

-El problema no es la «