LAS 2001 NOCHES ÍNDICE NÚMERO 47 |
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LLANTOS DEL EXILIO (LEOPOLDO DE LUIS) |
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LLANTOS DEL EXILIO (NORMA MENASSA) |
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"LLANTOS
DEL EXILIO" |
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PÁGS - TAMAÑO DIN-A4 La impresión que me ha dejado este nuevo libro de Miguel Oscar Menassa es el concepto totalizador del ser humano en el mundo. La integración total. La armonía telúrica. Somos parte de un orbe y la más pequeña de nuestras reacciones se corresponde con un latido general. Giran al unísono la vida y la naturaleza. Hay una materia única cuya fuerza aglutinante es el amor. No hay diferencia entre la luz solar y la que irradia un cuerpo hermoso. El canto de un pájaro es igual al chasquido de un beso. Vivir es amar. "¿Quién no ama, si ha nacido?", escribió otro poeta exaltador y aun modificador del surrealismo: Vicente Aleixandre. La palabra es una expresión creativa. No es que vivamos a la sombra del paraíso, sino que participamos en su creación y, consecuentemente, en su ruina. Esto me reafirma en la valoración de trascendencia que posee no sólo este libro sino, en general, la poesía de Menassa. Cuando el poeta quiere poner nombre a la hija recién nacida, el sol, la tierra, todo colabora en la busca. La vida se detiene para recoger en su ritmo al nuevo ser. Pero no sólo el mundo en marcha, sino que una corriente ancestral llega desde el fondo de los siglos a envolverlo. El poeta canta cómo el bloque familiar se aparta de su zona originaria y llega a tierras de exilio. Pero el exilio no es un frío desarraigo, sino un nuevo suceso sentimental. El exilio es un llanto y un vuelo de ángeles y de hijos. Y el llanto es una mujer, tanto como una mujer es la poesía. El amor lo puede todo y, por supuesto, comprende el amor sexual, elemento y motivo de la naturaleza misma y de su historia. Cabría pensar, ante esta visión totalizadora de la vida, en una suerte de panteismo ateista, pero parece evidente que late la interpretación freudiana del factor sexual como predominante en la existencia. Quizá el "impulso de la destrucción" más allá del "principio del placer". En el fondo, en la poesía de Miguel Oscar Menassa hay -a mi juicio- una comprensión naturalista del ser humano y también -porque es muy compleja- algo existencial. Ya Sartre dijo que el hombre es una totalidad, no una colección. Pero lo que ahora nos interesa, dejando aparte interpretaciones más o menos filosóficas, es el resultado poético de este nuevo libro, en que la ternura y la belleza se filtran por el discurso poemático, con cautivadora fuerza expresiva. |
La originalidad de las imágenes que tiene en Menassa un poso surrealista, trae consigo versos sorprendentes, como cuando nos dice que la mujer "no deja de producir pájaros en todas direcciones". Libro es éste de poesía solidaria y vitalista, en el que lo personal e intuitivo se proyecta sobre lo colectivo y compartible. Es emoción lírica personal, pero, en el fondo, están el amor, la vida, el latido telúrico. Y el llanto, porque el llanto tiene en estos poemas una categoría de agua salvadora, de río fecundo, y si hay "lágrimas como piedras despeñadas", también "una pequeña lágrima atraviesa el porvenir". Poemas como "Mi llanto" o "Llantos del poeta" vienen a ser piezas de auscultación humana y de construcción poética propias de un gran poeta. Mi labor aquí, hoy, es presentar ante ustedes este libro. En él, el poeta se siente plural, camarada y prisionero. Plural, porque se derrama sobre cuanto le rodea. Camarada, porque se siente unido a cuanto le rodea. Prisionero, porque escribir poesía entraña siempre una contradicción: se busca libertad por la palabra y la palabra nos encadena. No se pueden olvidar aquellas aseveraciones de Hölderlin: que hacer poesía es la tarea humana más inocente y que la palabra es el más peligroso de los bienes concedidos al hombre. El gran poema que cierra el libro de Menassa -uno de los más hermosos y admirables- dice que la palabra no otorga libertad. Y más adelante añade que decir árbol es forjar toda la realidad personal. La verdad es que se trata de una estrofa tan preciosa que no me resisto a transcribirla entera: Digo
árbol y el verde forja mi realidad. Abundando en el tema, aún concluye: "Sin libertad, prisionero de la palabra". Sin embargo, en el desarrollo de tan magnífico poema, nos damos cuenta de cuán liberadora es su palabra poética. Creo que se trata de uno de los más importantes libros poéticos de Miguel Oscar Menassa, y me alegra decirlo. Aún hay que añadir a todo esto lo que supone el libro en sí, el libro como objeto impreso. Se trata de una edición bellamente resuelta, a la que se incorporan reproducciones en las cuales el poeta quiere acompañarse de sí mismo como pintor que es. En realidad, esta curiosa colaboración de doble autor nos demuestra una vez más que Miguel Oscar Menassa es un poeta con doble capacidad expresiva y tanto lo que escribe como lo que pinta y dibuja pertenece a la creación poética. Poemas y cuadros forman parte de un quehacer creador único. Casi podríamos, remedando a Bécquer, decir a Menassa: "poesía eres tú". LEOPOLDO DE LUIS |
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125.001 ejemplares: NADIE, NUNCA, ME ALCANZARÁ, SOY LA POESÍA |
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Lo universal se abre, un poeta nacerá en el tiempo a su escritura, un libro que no es sólo un libro sino el momento donde la vida deja de pertenecer a un hombre, para ingresar en órdenes precisos que hacen que un largo poema de amor se extienda, entre planicies coloreadas, por las intensidades de geografías inventadas a grandes pinceladas. Poemas y colores, límites donde la métrica se ajusta a la palabra y el ritmo es el latido aconteciendo imágenes que se diluyen de a ratos, que se transforman en aguadas nubladas por el llanto, hasta alcanzar la voz con la tristeza. Nocturnos de amor, versos libres, versos atados a la tierra como cantos libertarios, cadenas apretadas, retorcidas, implacables. Aguas de la pasión, odas y llantos y así el poeta coloca una particular manera del exilio que toma forma de cuerpo de mujer, de poesía. Un llanto entre los llantos y el lugar de una nostalgia como una belleza hecha a jirones, arrancada del tiempo y de la vida. Un hombre entregado a sus abismos transforma su consistencia y se hace cristal de agua y es un llorar de letras, cataratas de luz convertidas en versos, selva radiante multiplicando los amores, arrojadas a la vida y el tiempo sufre un desgarrón de ausencias. Era el momento de nacer y el poeta estaba en este paroxismo del mundo abierto en flor para iniciar la espera, un vagido inicial, una pequeña música deteniendo los tiempos para que la poesía fuese la única presencia creadora, iniciadora de un vuelo que alcanzará el cenit después de atravesar todos los llantos hasta el llanto final. Un libro de amor, un libro donde la vida se hace posible porque es posible escribirla y el poema surge poderoso desplegando un vuelo donde vida y poesía se juntan para resolver la imposibilidad del desencuentro. |
Del mundo y para el mundo, una separación y su destino y llanto del nacer marca el inicio de un brindis como un derramamiento de esplendor y el mundo se convierte en una pequeña y bella flor que espera en medio de la selva. En la vida, el segundo llanto, pasos de la acrobacia dados tercamente buscando lo que nos es dado hallar. Viajando locamente por calles imposibles hasta que la búsqueda se hace íntima y coloquial y llega la declaración de libertad, donde ya no quiere caer, ni busca cielos imposibles, ni pasos adelante que alivien el dolor, y así un sueño más, vivido con los grandes amores, es la invitación del alma. El tratamiento del amor adquiere el ritmo de lo humano y lo paradojal le hace decir querer amar de país a país, de océano a montaña, poniendo en juego los extremos para intercambiar con cierta alevosía y hacer el amor hasta romper el equilibrio que le permite amar, así la vida y la muerte se besan en las flores que agonizan, quemadas, rotas por el mismo sol que les da vida. Amor y odio se parecen, amor y odio se parecen, gritaba el condenado y se abrazaba y se dejaba caer sobre su cuerpo y la tristeza alcanzaba dimensiones bestiales, como la soledad requerida, de la entrega final. La inmensidad torna canción y rompe en llanto, llanto de amor, llanto de furia, tonto llanto y la metamorfosis del animal herido, toma al destierro en la simpleza del aljibe al que le falta el agua y el llanto se endurece como esos viejos hierros oxidados. Óxido lloro, lágrimas rotas por el amor que no se agota, siempre una belleza oculta como su última lágrima, aquella que se guarda, que está dispuesto a darla todavía, como el saber del mundo en ese verso. Llantos de océanos, llorar por nada y otra vez la inmensidad lo ubica en el centro mismo del agua, y al mismo tiempo en lo que no puede deshacerse, son cosas como hielo frente al sol, dice. Juego de lo blando y lo rocoso, de un mar lejano que suspira porque las olas vuelvan a traer aquel beso, de aquel amor perdido. Y otra vez lágrimas como piedras despeñadas, montaña caída sobre la belleza, seda perforada por las balas del tiempo y todas las texturas y todos los matices vuelven a juntarse y lo sólido y lo líquido vuelven a ser deslizamientos de la pluma, poesía. El poeta vuelve al libro para decirse en su llanto, que ahora es un fuego que viene de la letra y va a la letra, un fuego, una pulsión, y el hombre vive y muere, y la mujer toca un violín, silencio, interminable y se deja caer entre nosotros, tal vez desesperada de tanta soledad. Y la poesía vuelve a envolverlo porque ella es una mujer. Yo soy la noche, le decía. Y la noche es una capa de visón caliente que se aprieta a él con ternura, al borde de las lágrimas. Y allí, ella, la poesía, hace de él un hombre masculino, que se deja morir a cada instante entre las letras, y toca su locura de alas, su pantera, su libertad espléndida, su mar, sus ojos de gaviota desesperada y escribe este poema. La mujer se diluye en homenajes del tiempo transcurrido y los amantes se esconden como antaño para amarse y juntarse en una historia que lleva el nombre impreso de ardientes multitudes del amor. Un homenaje al tiempo transcurrido, un largo exilio que cambia extensión marítima por meseta, mediterránea luz sonora, mar desolado pero abierto mar, mar que se abre como se abre el libro en una trilogía fabulosa donde los 60 años son cumplidos en tres dimensiones vividas de la misma manera y de manera diferente, el primer cumpleaños con el poeta que en largas caminatas con su amor llega a escribir el grandioso poema en una tarde de otoño a los cien años. El segundo cumpleaños, como plural donde escribe sus huellas digitales sobre el muro, un duro golpe al blanco del papel. "Hice mármol del aire, bronce de la vida, diamante imperturbable de mi canto" noches de fuego y de escándalo donde intercambia a esa mujer de fuego por un frío poema. |
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Culmina su homenaje del tiempo que no pasa, en la hermandad del camarada, en ese reencuentro del hombre y la mujer sumando humanidad con su tierra americana sembrando el porvenir de la palabra, y el pasado queda plasmado en versos donde su ciudad deja en su cuerpo marcas. "Fui zanja hecha pedazos, quieta hoguera, / ... / pedazo de adoquín sangrante, / ... / un beso en el andén del tren perdido. /... / Camarada, todos juntos atados / luchando por las letras del pan, / por la agonía en buenas manos". Se borran los recuerdos como se borran los límites del territorio y el trazo del pincel en el autorretrato de espalda, borra todas las memorias y, el tiempo acontece cuando decide ser de aquí, aquí mi vida, las cosas de la tierra en mis amores. Mago de mí, ato al cuello del mundo el cinturón de ausencias del poema. Y culmina en la alta cumbre, el último llanto, prisionero. El poeta se encadena a su destino de palabras y el lenguaje a su través juega su juego sempiterno, de una larga condena, porque la palabra no otorga ninguna libertad. Huella, te digo y existen los caminos, huella de mí y al menos, en soledad, algún sendero. Digo árbol y el verde forja toda mi realidad. Verdea el corazón de las mujeres, pone en el centro del corazón de mi amada la esmeralda perdida que brilla en el silencio. Y cae, hasta llegar a su verdad de musgo. Hasta llegar a la verdad del hombre, vivir en su deseo, y la caída es una libertad cayendo, arrastrando al dolor en su caída, volando hasta la muerte donde el poeta aunque no la pronuncie sabe que ha de morir, con la alegría de haber sido un hombre y en su vuelo mayor, cóndor de la alta cumbre, con el alma lanzada a los vientos, sin dejar rastros, su cuerpo morirá. NORMA MENASSA Lo primero fue llorar. Llorar emocionada, de falta de esperanza, de locura, de tristeza, de espanto, de impotencia, llorar apasionada, de dolor, de vergüenza, llorar de amor. Después pensé que algo debería escribir. Transformar las lágrimas incontenibles en un intento de presentación de esta obra monumental de Miguel Oscar Menassa, que nos tiene habituados a las fuertes emociones, a una escritura que todo lo socava y lo ilumina, pero frente al impacto de este libro al que además se suma en esta ocasión la entrega de su pintura en una edición inmejorable, no hay hábito ni conjuros que valgan. Menassa dice que una cosa es vivir y otra cosa es escribir, y sin embargo, en estas páginas, vida y obra del poeta se engarzan como perlas cultivadas. El recorrido de una vida, su vagido inicial y un porvenir abierto a las ilusiones: pan para todos, algo de amor, algo de libertad. "Llanto del Nacer" es el primer apartado, con un poema a su hija Alejandra donde desnuda su condición de padre cuando dice: "... y vos, volabas segura entre mis versos / hacia el brillante porvenir que hoy festejamos". Y también: "Te solté de la mano cuando supe / que eras del mundo para el mundo". Confiesa haberlo detenido todo, hasta la guerra, para vivir el milagro de su llegada. Haberlo convertido todo en poesía para esperarla. Elogio de su fresca y sabia juventud, le supone un destino y la ve desplegarse en él, radiante y delicadamente, ella también poeta. Un brindis generoso le propone, por los amores presentes y los perdidos, por las lejanas tierras, los amigos y hasta por aquellos que no existieron nunca. Generosidad, grandeza inaugural que insiste durante todo el viaje del poemario. El segundo apartado, "Llantos de la vida", nos trae un ramillete de poemas desolados, pero la desolación en Menassa siempre tiene una luz, un giro más, un gesto altivo. Luego de haber buscado en vano, derrotado, sin propósitos de cielos imposibles o pasos adelante, sólo anhela dormir un dolor sin medida en plena libertad. Algo de lo animal, de las bestias en celo sin palabras, pide el poeta para conjurar la tristeza. Un amor sin fronteras, de país a país, de océano a montaña, desaforado, abrasador como un sol que es capaz de matar aquello mismo a lo que dio vida. Pide, vocifera en la demanda, pero su destino de poeta es implacable: acabará sentado y escribiendo, haciendo el amor con las letras, tendido sobre un verso. En el poema "Mis llantos" llora el diluvio universal y no hay Noé, ni arca ni salvación posible más que en el propio poema. Metáfora y metonimia amalgamadas en ríos vertiginosos, oceánicos desbordes anegándolo todo: "Vengo desde el centro mismo del agua / a llorar un dolor tan grande como el mundo". El siguiente apartado, "Llanto del poeta", dedicado a sí mismo, es una historia de amor imposible, como tantas verdaderas historias de amor. Una historia de fuego entre un hombre masculino y una mujer del pan y las caricias, las revoluciones y el trabajo duro. Como en toda su obra previa, Menassa insiste en buscar en Ella, en el alma de lo femenino, lo nunca hallado, lo perdido, la imperfección de lo sublime. Su relación con la Poesía, privilegio y tormento, como a un enamorado de occidente le hará decir de Ella que es, a un tiempo, el escándalo y la fe. Quedará sellado así entre el Poeta y la Poesía un pacto de sangre y fuego, donde ella se lo dará todo para que él no toque nada. Para que él sencillamente, escriba este poema. En el apartado "Llanto del amor" nos entrega una majestuosa e imbatible construcción poética sobre su amor con Olga, su mujer. Un amor que trasciende el paso de los años, que se prodiga y se dispone a perdonar para seguir amando, el amor entre un hombre y una mujer que desliza en los versos toda una vida compartida en libertad, pasión y templanza, los sueños más bellos, las realidades más atroces y el porvenir abierto, siempre abierto. Al cumplir sesenta años se declara poeta y nos introduce en el apartado "Llantos de los años al pasar". Desde allí, hablará como un hombre deseoso de su edad, de una firme extensión tendida en las alturas desde la cual, ni vertiginosa caída, ni ascensiones lumínicas sino una detención, una mirada calma sobre todo lo que no fue, sobre todo lo que será. Intensa propuesta para una cultura que decreta para los que han cumplido algunas décadas el cese del deseo, la pérdida de toda ilusión: "...una caricia procaz, un poema brutal / en la meseta, al cumplir los cien años". |
Camarada de todo lo que vive y muy especialmente de lo que vive y sufre: la tierra americana sojuzgada, los trabajadores sin futuro, los enfermos del alma, los insomnes utópicos, las mujeres desoladas sin amor. Así como el libro es un abierto recorrido por la vida del poeta, dedicado a quienes lo acompañaron y lo inspiraron en su vuelo, "Llanto del prisionero", el último apartado, señala un recorrido por las palabras, un hombre a la deriva del lenguaje, palabras como perlas, olivas aceitosas en la boca voraz, huellas de gaviota sobre la piedra, estela del mar, un viaje alucinado donde para darnos la libertad, el poeta se encadena. Sabiéndose mortal como ninguno, nos deja la inmortalidad de su escritura. En esa partición fundamental se aloja la belleza. Un libro antológico y una pregunta última: ¿Alguien podrá reír como llora Miguel Menassa en estos versos? INÉS BARRIO
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EMILIO
ADOLFO HE
dejado descansar tristemente mi cabeza TENGO
que darles una noticia negra y definitiva |
Tus
ojos inmóviles tus ojos rojos POR
la pradera diminuta de una voz flotando en los aires LA
contradanza macabra se imoviliza un instante |
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VICENTE
HUIDOBRO Ella
daba dos pasos hacia delante Ella
llevaba una camisa ardiente Cuando
ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos Sus
miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina Tenía
una boca de acero Cuando
las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas IRREPARABLE, La muerte que no admite que la sigan, la inauguración de la tormenta, la primera sonrisa del viento, todo lo que angustia como la eternidad, todo lo que se rompe en el infinito, la frase huyamos juntos colgando del abismo y rompiendo los puentes tras de sí. Eso es todo, eso es todo. Y luego una mirada partida en dos y un hombre entre la vida y la muerte, porque nadie comprende, deja caer el tiempo por sus largos cabellos, sus cabellos tejidos de melancolía y de recuerdos. Sus ojos hermosos amargos como el espacio dicen: Nada me importa, nada deseo, todo lo he visto, todo lo he vivido. Horror. Viejos astros de las admiraciones, plantas de los encantos que salían de su boca y perfumaban los destinos, espirales de vértigo de sus besos pesados de naufragios... y gritar de repente desde la última cumbre: ADIÓS. Y entonces alejarse envuelto en una capa de huracanes. Huir del pensamiento, dejar atrás la agitación limitada de los hombres y esconderse en la guarida de los pájaros del silencio, allí donde sólo reinan los mil reflejos de la soledad. Huir de sí mismo y de las trampas que nos tienden nuestras propias alas, saltar al vacío del más avanzado promontorio de las quimeras. Huir. Desenredarse de sus arterias y huir de sí mismo, huir de sus huesos. En el postrer aliento queda una palabra por nacer enterrada ya en sus ilusiones, dejando apenas una estela de suspiros, y en la última lágrima hay un ángel que se ahoga sin ni siquiera pedir socorro. No he sido avaro de mi vida, ni fui avaro de mis naves de lumbres. No he regateado las descargas de mi corazón, ni la electricidad de mis pupilas. Comprendido habría sido muy otro. Pero no pudo ser, acaso no debió ser. Mi avión aterrizó siempre sobre los arrecifes donde aguardaban las manos temblorosas tendidas a la angustia y puedo decir, magnífico de orgullo, que muchas veces bajé cargado de ilusiones de Pascua y vacié mis sacos de luz en las faldas de los niños encanecidos de desaliento. Ahora soy un fantasma de invierno parado en la puerta de los siglos y puedo volverme y gritar antes de pasar el umbral: Ninguno de vosotros ha tenido una vida más bella, ni un cielo más hinchado de estrellas, ni tantas auroras de entusiasmo vertidas por los dioses. Ningún labio conoció más palabras divinas de fiebre, ningún oído escuchó tales temblores de delirio. |
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Ahora soy un fantasma de nieve, un sembrador de escarcha. Pero volveré trayendo en la frente el sudor de las nubes. Prosternaos vosotros los que no habéis pisado jamás el horizonte. Ahora soy el fantasma que huye vestido de grandeza y de dolor. ¿Pero mañana? El mañana es mío. Será mío otra vez como el destino inapelable de la luz, como el terciopelo de los besos que miden la eternidad. Y un día habrá un pañuelo entre dos estrellas y será el adiós definitivo. Entonces dirán: Llevaba en sus ojos la piedra filosofal, y muchos viajeros reconocerán otra vez las huellas pesadas bajo el fardo de los tesoros astrales. Y volverá a dar vueltas el anillo del caos... Cumple, cumple tus destinos y los impulsos de las leyes de atracción. Sigue la voluntad celeste y deja alejarse las mariposas y los barcos como canastos de luz hacia los faros del desastre. Paz sobre la
constelación cantante de las aguas He aquí el molde
lleno de trizaduras del destino He aquí la muerte
inagotable desde el principio del mundo Éste es el mar El mar entra en la
carroza de la noche Éste es el mar que
se despierta como el llanto de un niño El mar empujando las
olas Levántate y saluda
el amor de los hombres |
Escucha el dolor milenario de los pechos de carne Cuando te revuelcas
en tu lecho de dolor Cuando tu cólera
hace estallar los meridianos Lloras sin saber por
qué lloras Pero soy vagabundo y
tengo miedo que me oigas Junto a mi corazón
te siento He aquí el mar He aquí el mar Y al otro lado qué
hay al otro lado He ahí el mar |
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Inquietas en los
anillos de los labios y de sus sentidos El paisaje se hincha
de riquezas Como una cabellera
desatada Los ojos contra los
ojos La nariz contra la
nariz La cabeza contra la
cabeza La boca contra la
boca La oreja contra la
oreja | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||