LAS 2001 NOCHES ÍNDICE NÚMERO 47

LLANTOS DEL EXILIO  (LEOPOLDO DE LUIS)

IRREPARABLE, NADA ES IRREPARABLE

GOTÁN

LLANTOS DEL EXILIO  (NORMA MENASSA)

MOMUNENTO AL MAR

LLUVIA

LLANTOS DEL EXILIO (INÉS BARRIO)

ES UN DECIR

TEORÍA SOBRE DANIELA ROCCA

EMILIO ADOLFO WESPHALEN

LOS SEÑORES DE LA FAMILIA

COMENTARIO IV (SANTA TERESA)

HE DEJADO DESCANSAR...

EL PASAJERO DE SU DESTINO 

COMENTARIO XXX 
(SAN JUAN DE LA CRUZ)

MUNDO MÁGICO

I

ARTE POÉTICA

POR LA PRADERA DIMINUTA...

II

NOTA XXVII

PREÁMBULO A REVILLA

III

ASOCIACIÓN PABLO 
MENASSA DE LUCIA

SOCIOS DE HONOR

JUAN GELMAN

PSICOANÁLISIS PARA TODOS

VICENTE HUIDOBRO

ARTE POÉTICA

SEMINARIOS GRATUITOS

ELLA

VELORIO DEL SOLO

ATENCIÓN CLÍNICA

"LLANTOS DEL EXILIO"
un libro de MIGUEL OSCAR MENASSA

80 PÁGS - TAMAÑO DIN-A4
13 LÁMINAS EN CUATRICROMÍA
CON ÓLEOS DEL AUTOR
3.000 PTS.; 18 EUROS; 30 US.

La impresión que me ha dejado este nuevo libro de Miguel Oscar Menassa es el concepto totalizador del ser humano en el mundo.

La integración total. La armonía telúrica. Somos parte de un orbe y la más pequeña de nuestras reacciones se corresponde con un latido general. Giran al unísono la vida y la naturaleza. Hay una materia única cuya fuerza aglutinante es el amor. No hay diferencia entre la luz solar y la que irradia un cuerpo hermoso. El canto de un pájaro es igual al chasquido de un beso. Vivir es amar.

"¿Quién no ama, si ha nacido?", escribió otro poeta exaltador y aun modificador del surrealismo: Vicente Aleixandre. La palabra es una expresión creativa. No es que vivamos a la sombra del paraíso, sino que participamos en su creación y, consecuentemente, en su ruina. Esto me reafirma en la valoración de trascendencia que posee no sólo este libro sino, en general, la poesía de Menassa.

Cuando el poeta quiere poner nombre a la hija recién nacida, el sol, la tierra, todo colabora en la busca. La vida se detiene para recoger en su ritmo al nuevo ser. Pero no sólo el mundo en marcha, sino que una corriente ancestral llega desde el fondo de los siglos a envolverlo.

El poeta canta cómo el bloque familiar se aparta de su zona originaria y llega a tierras de exilio. Pero el exilio no es un frío desarraigo, sino un nuevo suceso sentimental. El exilio es un llanto y un vuelo de ángeles y de hijos. Y el llanto es una mujer, tanto como una mujer es la poesía. El amor lo puede todo y, por supuesto, comprende el amor sexual, elemento y motivo de la naturaleza misma y de su historia. Cabría pensar, ante esta visión totalizadora de la vida, en una suerte de panteismo ateista, pero parece evidente que late la interpretación freudiana del factor sexual como predominante en la existencia. Quizá el "impulso de la destrucción" más allá del "principio del placer". En el fondo, en la poesía de Miguel Oscar Menassa hay -a mi juicio- una comprensión naturalista del ser humano y también -porque es muy compleja- algo existencial. Ya Sartre dijo que el hombre es una totalidad, no una colección.

Pero lo que ahora nos interesa, dejando aparte interpretaciones más o menos filosóficas, es el resultado poético de este nuevo libro, en que la ternura y la belleza se filtran por el discurso poemático, con cautivadora fuerza expresiva. 

La originalidad de las imágenes que tiene en Menassa un poso surrealista, trae consigo versos sorprendentes, como cuando nos dice que la mujer "no deja de producir pájaros en todas direcciones".

Libro es éste de poesía solidaria y vitalista, en el que lo personal e intuitivo se proyecta sobre lo colectivo y compartible. Es emoción lírica personal, pero, en el fondo, están el amor, la vida, el latido telúrico. Y el llanto, porque el llanto tiene en estos poemas una categoría de agua salvadora, de río fecundo, y si hay "lágrimas como piedras despeñadas", también "una pequeña lágrima atraviesa el porvenir". Poemas como "Mi llanto" o "Llantos del poeta" vienen a ser piezas de auscultación humana y de construcción poética propias de un gran poeta.

Mi labor aquí, hoy, es presentar ante ustedes este libro. En él, el poeta se siente plural, camarada y prisionero. Plural, porque se derrama sobre cuanto le rodea. Camarada, porque se siente unido a cuanto le rodea. Prisionero, porque escribir poesía entraña siempre una contradicción: se busca libertad por la palabra y la palabra nos encadena. No se pueden olvidar aquellas aseveraciones de Hölderlin: que hacer poesía es la tarea humana más inocente y que la palabra es el más peligroso de los bienes concedidos al hombre.

El gran poema que cierra el libro de Menassa -uno de los más hermosos y admirables- dice que la palabra no otorga libertad. Y más adelante añade que decir árbol es forjar toda la realidad personal.

La verdad es que se trata de una estrofa tan preciosa que no me resisto a transcribirla entera:

Digo árbol y el verde forja mi realidad.
Verdea el corazón de las mujeres ancianas,
pone en el centro del corazón de mi amada
la esmeralda perdida que brilla en el silencio.

Abundando en el tema, aún concluye: "Sin libertad, prisionero de la palabra". Sin embargo, en el desarrollo de tan magnífico poema, nos damos cuenta de cuán liberadora es su palabra poética.

Creo que se trata de uno de los más importantes libros poéticos de Miguel Oscar Menassa, y me alegra decirlo.

Aún hay que añadir a todo esto lo que supone el libro en sí, el libro como objeto impreso. Se trata de una edición bellamente resuelta, a la que se incorporan reproducciones en las cuales el poeta quiere acompañarse de sí mismo como pintor que es. En realidad, esta curiosa colaboración de doble autor nos demuestra una vez más que Miguel Oscar Menassa es un poeta con doble capacidad expresiva y tanto lo que escribe como lo que pinta y dibuja pertenece a la creación poética. Poemas y cuadros forman parte de un quehacer creador único. Casi podríamos, remedando a Bécquer, decir a Menassa: "poesía eres tú".

LEOPOLDO DE LUIS

125.001 ejemplares: NADIE, NUNCA, ME ALCANZARÁ, SOY LA POESÍA


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LLANTOS DEL EXILIO

Lo universal se abre, un poeta nacerá en el tiempo a su escritura, un libro que no es sólo un libro sino el momento donde la vida deja de pertenecer a un hombre, para ingresar en órdenes precisos que hacen que un largo poema de amor se extienda, entre planicies coloreadas, por las intensidades de geografías inventadas a grandes pinceladas. Poemas y colores, límites donde la métrica se ajusta a la palabra y el ritmo es el latido aconteciendo imágenes que se diluyen de a ratos, que se transforman en aguadas nubladas por el llanto, hasta alcanzar la voz con la tristeza. Nocturnos de amor, versos libres, versos atados a la tierra como cantos libertarios, cadenas apretadas, retorcidas, implacables. Aguas de la pasión, odas y llantos y así el poeta coloca una particular manera del exilio que toma forma de cuerpo de mujer, de poesía.

Un llanto entre los llantos y el lugar de una nostalgia como una belleza hecha a jirones, arrancada del tiempo y de la vida. Un hombre entregado a sus abismos transforma su consistencia y se hace cristal de agua y es un llorar de letras, cataratas de luz convertidas en versos, selva radiante multiplicando los amores, arrojadas a la vida y el tiempo sufre un desgarrón de ausencias.

Era el momento de nacer y el poeta estaba en este paroxismo del mundo abierto en flor para iniciar la espera, un vagido inicial, una pequeña música deteniendo los tiempos para que la poesía fuese la única presencia creadora, iniciadora de un vuelo que alcanzará el cenit después de atravesar todos los llantos hasta el llanto final.

Un libro de amor, un libro donde la vida se hace posible porque es posible escribirla y el poema surge poderoso desplegando un vuelo donde vida y poesía se juntan para resolver la imposibilidad del desencuentro.

Del mundo y para el mundo, una separación y su destino y llanto del nacer marca el inicio de un brindis como un derramamiento de esplendor y el mundo se convierte en una pequeña y bella flor que espera en medio de la selva.

En la vida, el segundo llanto, pasos de la acrobacia dados tercamente buscando lo que nos es dado hallar. Viajando locamente por calles imposibles hasta que la búsqueda se hace íntima y coloquial y llega la declaración de libertad, donde ya no quiere caer, ni busca cielos imposibles, ni pasos adelante que alivien el dolor, y así un sueño más, vivido con los grandes amores, es la invitación del alma.

El tratamiento del amor adquiere el ritmo de lo humano y lo paradojal le hace decir querer amar de país a país, de océano a montaña, poniendo en juego los extremos para intercambiar con cierta alevosía y hacer el amor hasta romper el equilibrio que le permite amar, así la vida y la muerte se besan en las flores que agonizan, quemadas, rotas por el mismo sol que les da vida.

Amor y odio se parecen, amor y odio se parecen, gritaba el condenado y se abrazaba y se dejaba caer sobre su cuerpo y la tristeza alcanzaba dimensiones bestiales, como la soledad requerida, de la entrega final.

La inmensidad torna canción y rompe en llanto, llanto de amor, llanto de furia, tonto llanto y la metamorfosis del animal herido, toma al destierro en la simpleza del aljibe al que le falta el agua y el llanto se endurece como esos viejos hierros oxidados. Óxido lloro, lágrimas rotas por el amor que no se agota, siempre una belleza oculta como su última lágrima, aquella que se guarda, que está dispuesto a darla todavía, como el saber del mundo en ese verso.

Llantos de océanos, llorar por nada y otra vez la inmensidad lo ubica en el centro mismo del agua, y al mismo tiempo en lo que no puede deshacerse, son cosas como hielo frente al sol, dice.

Juego de lo blando y lo rocoso, de un mar lejano que suspira porque las olas vuelvan a traer aquel beso, de aquel amor perdido.

Y otra vez lágrimas como piedras despeñadas, montaña caída sobre la belleza, seda perforada por las balas del tiempo y todas las texturas y todos los matices vuelven a juntarse y lo sólido y lo líquido vuelven a ser deslizamientos de la pluma, poesía.

El poeta vuelve al libro para decirse en su llanto, que ahora es un fuego que viene de la letra y va a la letra, un fuego, una pulsión, y el hombre vive y muere, y la mujer toca un violín, silencio, interminable y se deja caer entre nosotros, tal vez desesperada de tanta soledad. Y la poesía vuelve a envolverlo porque ella es una mujer.

Yo soy la noche, le decía. Y la noche es una capa de visón caliente que se aprieta a él con ternura, al borde de las lágrimas. Y allí, ella, la poesía, hace de él un hombre masculino, que se deja morir a cada instante entre las letras, y toca su locura de alas, su pantera, su libertad espléndida, su mar, sus ojos de gaviota desesperada y escribe este poema.

La mujer se diluye en homenajes del tiempo transcurrido y los amantes se esconden como antaño para amarse y juntarse en una historia que lleva el nombre impreso de ardientes multitudes del amor.

Un homenaje al tiempo transcurrido, un largo exilio que cambia extensión marítima por meseta, mediterránea luz sonora, mar desolado pero abierto mar, mar que se abre como se abre el libro en una trilogía fabulosa donde los 60 años son cumplidos en tres dimensiones vividas de la misma manera y de manera diferente, el primer cumpleaños con el poeta que en largas caminatas con su amor llega a escribir el grandioso poema en una tarde de otoño a los cien años. El segundo cumpleaños, como plural donde escribe sus huellas digitales sobre el muro, un duro golpe al blanco del papel.

"Hice mármol del aire, bronce de la vida, diamante imperturbable de mi canto" noches de fuego y de escándalo donde intercambia a esa mujer de fuego por un frío poema.


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Culmina su homenaje del tiempo que no pasa, en la hermandad del camarada, en ese reencuentro del hombre y la mujer sumando humanidad con su tierra americana sembrando el porvenir de la palabra, y el pasado queda plasmado en versos donde su ciudad deja en su cuerpo marcas. "Fui zanja hecha pedazos, quieta hoguera, / ... / pedazo de adoquín sangrante, / ... / un beso en el andén del tren perdido. /... / Camarada, todos juntos atados / luchando por las letras del pan, / por la agonía en buenas manos". Se borran los recuerdos como se borran los límites del territorio y el trazo del pincel en el autorretrato de espalda, borra todas las memorias y, el tiempo acontece cuando decide ser de aquí, aquí mi vida, las cosas de la tierra en mis amores. Mago de mí, ato al cuello del mundo el cinturón de ausencias del poema.

Y culmina en la alta cumbre, el último llanto, prisionero. El poeta se encadena a su destino de palabras y el lenguaje a su través juega su juego sempiterno, de una larga condena, porque la palabra no otorga ninguna libertad. Huella, te digo y existen los caminos, huella de mí y al menos, en soledad, algún sendero. Digo árbol y el verde forja toda mi realidad. Verdea el corazón de las mujeres, pone en el centro del corazón de mi amada la esmeralda perdida que brilla en el silencio. Y cae, hasta llegar a su verdad de musgo.

Hasta llegar a la verdad del hombre, vivir en su deseo, y la caída es una libertad cayendo, arrastrando al dolor en su caída, volando hasta la muerte donde el poeta aunque no la pronuncie sabe que ha de morir, con la alegría de haber sido un hombre y en su vuelo mayor, cóndor de la alta cumbre, con el alma lanzada a los vientos, sin dejar rastros, su cuerpo morirá.

NORMA MENASSA

LLANTOS DEL EXILIO

Lo primero fue llorar. Llorar emocionada, de falta de esperanza, de locura, de tristeza, de espanto, de impotencia, llorar apasionada, de dolor, de vergüenza, llorar de amor.

Después pensé que algo debería escribir. Transformar las lágrimas incontenibles en un intento de presentación de esta obra monumental de Miguel Oscar Menassa, que nos tiene habituados a las fuertes emociones, a una escritura que todo lo socava y lo ilumina, pero frente al impacto de este libro al que además se suma en esta ocasión la entrega de su pintura en una edición inmejorable, no hay hábito ni conjuros que valgan.

Menassa dice que una cosa es vivir y otra cosa es escribir, y sin embargo, en estas páginas, vida y obra del poeta se engarzan como perlas cultivadas.

El recorrido de una vida, su vagido inicial y un porvenir abierto a las ilusiones: pan para todos, algo de amor, algo de libertad.

"Llanto del Nacer" es el primer apartado, con un poema a su hija Alejandra donde desnuda su condición de padre cuando dice: "... y vos, volabas segura entre mis versos / hacia el brillante porvenir que hoy festejamos".

Y también: "Te solté de la mano cuando supe / que eras del mundo para el mundo".

Confiesa haberlo detenido todo, hasta la guerra, para vivir el milagro de su llegada. Haberlo convertido todo en poesía para esperarla. Elogio de su fresca y sabia juventud, le supone un destino y la ve desplegarse en él, radiante y delicadamente, ella también poeta.

Un brindis generoso le propone, por los amores presentes y los perdidos, por las lejanas tierras, los amigos y hasta por aquellos que no existieron nunca.

Generosidad, grandeza inaugural que insiste durante todo el viaje del poemario.

El segundo apartado, "Llantos de la vida", nos trae un ramillete de poemas desolados, pero la desolación en Menassa siempre tiene una luz, un giro más, un gesto altivo.

Luego de haber buscado en vano, derrotado, sin propósitos de cielos imposibles o pasos adelante, sólo anhela dormir un dolor sin medida en plena libertad.

Algo de lo animal, de las bestias en celo sin palabras, pide el poeta para conjurar la tristeza.

Un amor sin fronteras, de país a país, de océano a montaña, desaforado, abrasador como un sol que es capaz de matar aquello mismo a lo que dio vida.

Pide, vocifera en la demanda, pero su destino de poeta es implacable: acabará sentado y escribiendo, haciendo el amor con las letras, tendido sobre un verso.

En el poema "Mis llantos" llora el diluvio universal y no hay Noé, ni arca ni salvación posible más que en el propio poema. Metáfora y metonimia amalgamadas en ríos vertiginosos, oceánicos desbordes anegándolo todo:

"Vengo desde el centro mismo del agua / a llorar un dolor tan grande como el mundo".

El siguiente apartado, "Llanto del poeta", dedicado a sí mismo, es una historia de amor imposible, como tantas verdaderas historias de amor. Una historia de fuego entre un hombre masculino y una mujer del pan y las caricias, las revoluciones y el trabajo duro.

Como en toda su obra previa, Menassa insiste en buscar en Ella, en el alma de lo femenino, lo nunca hallado, lo perdido, la imperfección de lo sublime.

Su relación con la Poesía, privilegio y tormento, como a un enamorado de occidente le hará decir de Ella que es, a un tiempo, el escándalo y la fe.

Quedará sellado así entre el Poeta y la Poesía un pacto de sangre y fuego, donde ella se lo dará todo para que él no toque nada. Para que él sencillamente, escriba este poema.

En el apartado "Llanto del amor" nos entrega una majestuosa e imbatible construcción poética sobre su amor con Olga, su mujer.

Un amor que trasciende el paso de los años, que se prodiga y se dispone a perdonar para seguir amando, el amor entre un hombre y una mujer que desliza en los versos toda una vida compartida en libertad, pasión y templanza, los sueños más bellos, las realidades más atroces y el porvenir abierto, siempre abierto.

Al cumplir sesenta años se declara poeta y nos introduce en el apartado "Llantos de los años al pasar". Desde allí, hablará como un hombre deseoso de su edad, de una firme extensión tendida en las alturas desde la cual, ni vertiginosa caída, ni ascensiones lumínicas sino una detención, una mirada calma sobre todo lo que no fue, sobre todo lo que será.

Intensa propuesta para una cultura que decreta para los que han cumplido algunas décadas el cese del deseo, la pérdida de toda ilusión:

"...una caricia procaz, un poema brutal / en la meseta, al cumplir los cien años".

Camarada de todo lo que vive y muy especialmente de lo que vive y sufre: la tierra americana sojuzgada, los trabajadores sin futuro, los enfermos del alma, los insomnes utópicos, las mujeres desoladas sin amor.

Así como el libro es un abierto recorrido por la vida del poeta, dedicado a quienes lo acompañaron y lo inspiraron en su vuelo, "Llanto del prisionero", el último apartado, señala un recorrido por las palabras, un hombre a la deriva del lenguaje, palabras como perlas, olivas aceitosas en la boca voraz, huellas de gaviota sobre la piedra, estela del mar, un viaje alucinado donde para darnos la libertad, el poeta se encadena.

Sabiéndose mortal como ninguno, nos deja la inmortalidad de su escritura. En esa partición fundamental se aloja la belleza.

Un libro antológico y una pregunta última: ¿Alguien podrá reír como llora Miguel Menassa en estos versos?

INÉS BARRIO

OBRA POÉTICA

-1961 PEQUEÑA HISTORIA

-1963 LA CIUDAD SE CANSA

-1966 22 POEMAS Y LA MÁQUINA ELECTRÓNICA O CÓMO DESESPERAR A LOS EJECUTIVOS

-1970 LOS OTROS TIEMPOS

-1975 YO PECADOR (3.ª EDICIÓN)

-1976 PSICOLOGÍA ANIMAL Y ARTE

-1977 SALTO MORTAL

-1978 CANTO A NOSOTROS MISMOS, TAMBIÉN SOMOS AMÉRICA (2.ª EDICIÓN)

-1984 EL AMOR EXISTE Y LA LIBERTAD (2.ª EDICIÓN)

-1987 UN ARGENTINO EN ESPAÑA

-1988 EL VERDADERO VIAJE

-1991 LA PATRIA DEL POETA

-1991 LA MURGA DEL SOLO. LA GUERRA DEL GOLFO

-1995 AMORES PERDIDOS

-1995 TALLERES DE POESÍA I

-1997 LAS 2001 NOCHES, POESÍA, AFORISMOS, FRESCORES

-2000 LA POESÍA Y YO

NARRATIVA

-1989 NO VE LA ROSA

-1999 EL SEXO DEL AMOR (2.ª EDICIÓN)

-2000 EL INDIO DEL JARAMA. EDITORIALES (1992/1997)

-2000 POETA CONDENADO

-2001 CARTAS A MI MUJER

-2001 MONÓLOGO ENTRE LA VACA Y EL MORIBUNDO

PSICOANÁLISIS

-1978 ¿PERVERSIÓN? O ¿LA MUERTE DE LA PALABRA? Y PSICOANÁLISIS DEL AMOR

-1979 GRUPO CERO, ESE IMPOSIBLE Y PSICOANÁLISIS DEL LÍDER (2.ª EDICIÓN)

-1987 FREUD Y LACAN –HABLADOS– 1 (2.ª EDICIÓN)

-1995 SIETE CONFERENCIAS DE PSICOANÁLISIS EN LA HABANA, CUBA

-1995 POESÍA Y PSICOANÁLISIS. 20 AÑOS DE LA HISTORIA DEL GRUPO CERO. 1971-1991

-1999 CHARLAS-COLOQUIO CON MIGUEL OSCAR MENASSA EN BUENOS AIRES

-2000 FREUD Y LACAN –HABLADOS– 2

OBRAS EN COLABORACIÓN

-1987 PSICOANÁLISIS DE LA SEXUALIDAD. CON VARIOS AUTORES

-1993 MEDICINA PSICOSOMÁTICA (2.ª EDICIÓN). CON VARIOS AUTORES

-1996 DESEO DE NADA –FOBIA Y FETICHE–. CON AMELIA DÍEZ CUESTA

-1997 LOS NOMBRES DEL GOCE –REAL: SIMBÓLICO: IMAGINARIO–. CON AMELIA DÍEZ CUESTA

-1998 CIENCIA Y VERDAD EN PSICOANÁLISIS. CON AMELIA DÍEZ CUESTA

-1998 POSICIÓN DEL INCONSCIENTE. CON AMELIA DÍEZ CUESTA

-2000 CONFERENCIAS INAUGURALES, MADRID. TEMPORADA 1999/2000. CON AMELIA DÍEZ CUESTA, JUAN CARLOS DE BRASI Y BIBIANA DEGLI ESPOSTI

Poesía Narrativa 
Psicoanálisis

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POETA
Y
PSICOANALISTA

MIGUEL
OSCAR MENASSA
CON FOTOGRAFÍAS Y VÍDEOS

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EMILIO ADOLFO
WESTPHALEN 
Lima, 1911


HE DEJADO DESCANSAR...

HE dejado descansar tristemente mi cabeza
En esta sombra que cae del ruido de tus pasos
Vuelta a la otra margen
Grandiosa como la noche para negarte
He dejado mis albas y los árboles arraigados en mi garganta
He dejado hasta la estrella que corría entre mis huesos
He abandonado mi cuerpo
Como el naufragio abandona las barcas
O como la memoria al bajar las mareas
Algunos ojos extraños sobre las playas
He abandonado mi cuerpo
Como un guante para dejar la mano libre
Si hay que estrechar la gozosa pulpa de una estrella
No me oyes más leve que las hojas
Porque me he librado de todas las ramas
Y ni el aire me encadena
Ni las aguas pueden contra mi sino
No me oyes venir más fuerte que la noche
Y las puertas que no resiten a mi soplo
Y las ciudades que callan para que no las aperciba
Y el bosque que se abre como una mañana
Que quiere estrechar el mundo entre sus brazos
Bella ave que has de caer en el paraíso
Ya los telones han caído sobre tu huida
Ya mis brazos han cerrado las murallas
Y las ramas inclinado para impedirte el paso
Corza frágil teme la tierra
Teme el ruido de tus pasos sobre mi pecho
Ya los cercos están enlazados
Ya tu frente ha de caer bajo el peso de mi ansia
Ya tus ojos han de cerrarse sobre los míos
Y tu dulzura brotarte como cuernos nuevos
Y tu bondad extenderse como la sombra que me rodea
Mi cabeza he dejado rodar
Mi corazón he dejado caer
Ya nada me queda para estar más seguro de alcanzarte
Porque llevas prisa y tiemblas como la noche
La otra margen acaso no he de alcanzar
Ya que no tengo manos que se cojan
De lo que está acordado para el perecimiento
Ni pies que pesen sobre tanto olvido
De huesos muertos y flores muertas
La otra margen acaso no he de alcanzar
Si ya hemos leído la última hoja
Y la música ha empezado a trenzar la luz en que has de caer
Y los ríos te cierran el camino
Y las flores te llaman con mi voz
Rosa grande ya es hora de detenerte
El estío suena como un deshielo por los corazones
Y las alboradas tiemblan como los árboles al despertarse
Las salidas están guardadas
Rosa grande ¿no has de caer?

MUNDO MÁGICO

TENGO que darles una noticia negra y definitiva
Todos ustedes se están muriendo
Los muertos la muerte de ojos blancos las muchachas de ojos rojos
Volviéndose jóvenes las muchachas las madres todos mi amorcitos
Yo escribía
Dije amorcitos
Digo que escribía una carta
Una carta una carta infame
Pero dije amorcitos
Estoy escribiendo una carta
Otra será escrita mañana
Mañana estarán ustedes muertos
La carta intacta la carta infame también está muerta
Escribo siempre y no olvidaré tus ojos rojos

Tus ojos inmóviles tus ojos rojos
Es todo lo que puedo prometer
Cuando fui a verte tenía un lápiz y escribí sobre tu puerta
Esta es la casa de las mujeres que se están muriendo
Las mujeres de ojos inmóviles las muchachas de ojos rojos
Mi lápiz era enano y escribía lo que yo quería
Mi lápiz enano mi querido lápiz de ojos blancos
Pero una vez lo llamé el peor lápiz que nunca tuve
No oyó lo que dije no se enteró
Sólo tenía ojos blancos
Luego besé sus ojos blancos y él se convirtió en ella
Y la desposé por sus ojos blancos y tuvimos muchos hijos
Mis hijos o sus hijos
Cada uno tiene un periódico para leer
Los periódicos de la muerte que están muertos
Sólo que ellos no saben leer
No tienen ojos ni rojos ni inmóviles ni blancos
Siempre estoy escribiendo y digo que todos ustedes se están
                                                                            [muriendo
Pero ella es el desasosiego y no tiene ojos rojos
Ojos rojos ojos inmóviles
Bah no la quiero

POR LA PRADERA DIMINUTA...

POR la pradera diminuta de una voz flotando en los aires
Con el peso liviano de los planetas lucidos por las flores
Entre las enseñas de los días desarraigados y a la deriva
Sobre una sucesión de mares labrados a maravilla
Con el canto de las aves como cauce y lecho de las barcas
Y la cola del pavorreal como nimbo de las más pequeñas
cosas
Los caracoles transparentes las algas de porcelana
Los dedos cercenados de los niños y los dedales nacidos
Bajo la corteza de los hongos entre los fangales
En la cabellera enredada de una niña en la vía láctea
En la entraña misma de la música pisando
Con el sol contra nuestros pechos ahondando
Dejando correr la sangre como un río bueno
Porque es la misma la que yo recibo y tú llevas
Y las mismas florestas resuenan en nuestros gritos
Y las mismas palomas reposan sobre nuestros ojos
Y las mismas flautas nos recorren para establecer nuestro
dominio
Volviendo las lunas sobre los caseríos
Y las serpientes sobre los bosques
Trayendo el cielo sobre nuestra ventura
Salpicando su espuma nuestras playas
Los árboles febriles continuando su vida en nuestras venas
Las alamedas inclinándose al compás de nuestros corazones
Tú como la laguna y yo como el ojo
Que uno y otro se compenetran
Tal el árbol y la brisa tal el sueño y el mundo
De la noche cogiendo la profundidad y del día la extensión
A qué cuevas huyendo contra tanto resplandor
Día que nunca te mueves cielo que por nosotros caminas
Ríos que no sabéis herir y barcas que se agolpan en nuestras
                                                                           [entrañas
Las bocas flotan como los signos del zodiaco
Los brazos se entrecruzan como flores sobre las aguas
Las frentes siguen las corrientes y los ojos nada separan
Es la gloria llameante que descansa en nuestros cuerpos
Levantando sobre el combate atroz de la tiniebla y la luz
La enseña de la santa compañía y las miradas quietas
Es la gloria caída a nuestros pies
Es el triunfo llagado como un crepúsculo subterráneo
Cambiando de estación en el corazón del azogue
Como una rosa ahogada entre nuestros brazos
O como el mar naciendo de tus labios

PREÁMBULO A REVILLA

LA contradanza macabra se imoviliza un instante
La realidad misma se ha rasgado los velos
Muestra una inmensa herida viva sin sutura
Vano embate de la sangre inocente
Las membranas invisibles no ceden
Remota o cercana imploración contra natura
Destemplada fiereza de terremoto detenido
Fuga fallida en el laberinto de la luz
Rueda atascada en el grito
Réplica oculta del sueño repelido
Encarnación definitiva en la vorágine y el descuartizamiento
En lo voraz cotidiano
Por siempre tiernamente implacable


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SOCIOS DE HONOR EUROPA

Miguel Oscar Menassa (Madrid) 50.000 ptas.
Fernando Ámez Miña (Madrid) 40.000 ptas.
Lidia Andino (Madrid) 40.000 ptas.
José María Blasco (Barcelona) 40.000 ptas.
Stella Cino Nuñez (Madrid) 40.000 ptas.
María Chévez (Madrid) 40.000 ptas.
Norma Cirulli (Ibiza) 40.000 ptas.
Bibiana Degli Esposti (Madrid) 40.000 ptas.
Claire Deloupy  (Madrid) 40.000 ptas.
Amelia Díez Cuesta (Madrid) 40.000 ptas.
Paola Duchên (Madrid) 40.000 ptas.
Carlos Fernández del Ganso (Madrid) 40.000 ptas.
Emilio A. González (Madrid) 40.000 ptas.
Mónica Gorenberg (Zaragoza) 40.000 ptas.
Jaime Icho Kozak (Madrid) 40.000 ptas.
Pilar Iglesias (Madrid) 40.000 ptas.
Fermín Lejarza (Bilbao) 40.000 ptas.
Paula Malugani (Ibiza) 40.000 ptas.
Miguel Martínez Fondón (Madrid) 40.000 ptas.
Alejandra Menassa de Lucia (Madrid) 40.000 ptas.
Concepción Osorio (Madrid) 40.000 ptas.
Pilar Rojas (Madrid) 40.000 ptas.
Montse Rovira (Ibiza) 40.000 ptas.
Helena Trujillo (Málaga) 40.000 ptas.
Carmen Salamanca Gallego (Madrid) 40.000 ptas.
Olga de Lucia (Madrid) 20.000 ptas.
Alberto Garreta (Barcelona) 15.000 ptas.
Cruz González  (Madrid) 10.000 ptas.
Ruy Henríquez (Madrid) 10.000 ptas.
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VICENTE HUIDOBRO 
Chile, 1893


ELLA

Ella daba dos pasos hacia delante
Daba dos pasos hacia atrás
El primer paso decía buenos días señor
El segundo paso decía buenos días señora
Y los otros decían cómo está la familia
Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo

Ella llevaba una camisa ardiente
Ella tenía ojos de adormecedora de mares
Ella había escondido un sueño en un armario oscuro
Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza

Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos
Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para
                                                                         [esperarla

Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina
Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad
Era hermosa como un cielo bajo una paloma

Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas
El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de
                                                                        [abundancia

Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas
Antes que el viento norte abra sus ojos
Era hermosa en sus horizontes de huesos
Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado
Como el cielo a caballo sobre las palomas

IRREPARABLE,
NADA ES IRREPARABLE

La muerte que no admite que la sigan, la inauguración de la tormenta, la primera sonrisa del viento, todo lo que angustia como la eternidad, todo lo que se rompe en el infinito, la frase huyamos juntos colgando del abismo y rompiendo los puentes tras de sí.

Eso es todo, eso es todo.

Y luego una mirada partida en dos y un hombre entre la vida y la muerte, porque nadie comprende, deja caer el tiempo por sus largos cabellos, sus cabellos tejidos de melancolía y de recuerdos.

Sus ojos hermosos amargos como el espacio dicen: Nada me importa, nada deseo, todo lo he visto, todo lo he vivido.

Horror.

Viejos astros de las admiraciones, plantas de los encantos que salían de su boca y perfumaban los destinos, espirales de vértigo de sus besos pesados de naufragios... y gritar de repente desde la última cumbre: ADIÓS.

Y entonces alejarse envuelto en una capa de huracanes. Huir del pensamiento, dejar atrás la agitación limitada de los hombres y esconderse en la guarida de los pájaros del silencio, allí donde sólo reinan los mil reflejos de la soledad.

Huir de sí mismo y de las trampas que nos tienden nuestras propias alas, saltar al vacío del más avanzado promontorio de las quimeras.

Huir. Desenredarse de sus arterias y huir de sí mismo, huir de sus huesos.

En el postrer aliento queda una palabra por nacer enterrada ya en sus ilusiones, dejando apenas una estela de suspiros, y en la última lágrima hay un ángel que se ahoga sin ni siquiera pedir socorro.

No he sido avaro de mi vida, ni fui avaro de mis naves de lumbres.

No he regateado las descargas de mi corazón, ni la electricidad de mis pupilas.

Comprendido habría sido muy otro. Pero no pudo ser, acaso no debió ser.

Mi avión aterrizó siempre sobre los arrecifes donde aguardaban las manos temblorosas tendidas a la angustia y puedo decir, magnífico de orgullo, que muchas veces bajé cargado de ilusiones de Pascua y vacié mis sacos de luz en las faldas de los niños encanecidos de desaliento.

Ahora soy un fantasma de invierno parado en la puerta de los siglos y puedo volverme y gritar antes de pasar el umbral:

Ninguno de vosotros ha tenido una vida más bella, ni un cielo más hinchado de estrellas, ni tantas auroras de entusiasmo vertidas por los dioses. Ningún labio conoció más palabras divinas de fiebre, ningún oído escuchó tales temblores de delirio.


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Ahora soy un fantasma de nieve, un sembrador de escarcha. Pero volveré trayendo en la frente el sudor de las nubes. Prosternaos vosotros los que no habéis pisado jamás el horizonte.

Ahora soy el fantasma que huye vestido de grandeza y de dolor.

¿Pero mañana?

El mañana es mío. Será mío otra vez como el destino inapelable de la luz, como el terciopelo de los besos que miden la eternidad.

Y un día habrá un pañuelo entre dos estrellas y será el adiós definitivo.

Entonces dirán: Llevaba en sus ojos la piedra filosofal, y muchos viajeros reconocerán otra vez las huellas pesadas bajo el fardo de los tesoros astrales.

Y volverá a dar vueltas el anillo del caos... Cumple, cumple tus destinos y los impulsos de las leyes de atracción. Sigue la voluntad celeste y deja alejarse las mariposas y los barcos como canastos de luz hacia los faros del desastre.

MONUMENTO AL MAR

Paz sobre la constelación cantante de las aguas
Entrechocadas como los hombros de la multitud
Paz en el mar a las olas de buena voluntad
Paz sobre la lápida de los naufragios
Paz sobre los tambores del orgullo y las pupilas tenebrosas
Y si yo soy el traductor de las olas
Paz también sobre mí

He aquí el molde lleno de trizaduras del destino
El molde de la venganza
Con sus frases iracundas despegándose de los labios
He aquí el molde lleno de gracia
Cuando eres dulce y estás allí hipnotizado por las estrellas

He aquí la muerte inagotable desde el principio del mundo
Porque un día nadie se paseará por el tiempo
Nadie a lo largo del tiempo empedrado de planetas difuntos

Éste es el mar
El mar con sus olas propias
Con sus propios sentidos
El mar tratando de romper sus cadenas
Queriendo imitar la eternidad
Queriendo ser pulmón o neblina de pájaros en pena
O el jardín de los astros que pesan en el cielo
Sobre las tinieblas que arrastramos
O que acaso nos arrastran
Cuando vuelan de repente todas las palomas de la luna
Y se hace más oscuro que las encrucijadas de la muerte

El mar entra en la carroza de la noche
Y se aleja hacia el misterio de sus parajes profundos
Se oye apenas el ruido de las ruedas
Y el ala de los astros que penan en el cielo
Éste es el mar
Saludando allá lejos la eternidad
Saludando a los astros olvidados
Y a las estrellas conocidas

Éste es el mar que se despierta como el llanto de un niño
El mar abriendo los ojos y buscando el sol con sus pequeñas
                                                            [manos temblorosas

El mar empujando las olas
Sus olas que barajan los destinos

Levántate y saluda el amor de los hombres
Escucha nuestras risas y también nuestro llanto
Escucha los pasos de millones de esclavos
Escucha la protesta interminable
De esa angustia que se llama hombre

Escucha el dolor milenario de los pechos de carne
Y la esperanza que renace de sus propias cenizas cada día
También nosotros te escuchamos
Rumiando tantos astros atrapados en tus redes
Rumiando eternamente los siglos naufragados
También nosotros te escuchamos

Cuando te revuelcas en tu lecho de dolor
Cuando tus gladiadores se baten entre sí

Cuando tu cólera hace estallar los meridianos
O bien cuando te agitas como un gran mercado en fiesta
O bien cuando maldices a los hombres
O te haces el dormido
Tembloroso en tu gran telaraña esperando la presa

Lloras sin saber por qué lloras
Y nosotros lloramos creyendo saber por qué lloramos
Sufres sufres como sufren los hombres
Que oiga rechinar tus dientes en la noche
Y te revuelques en tu lecho
Que el insomnio no te deje calmar tus sufrimientos
Que los niños apedreen tus ventanas
Que te arranquen el pelo
Tose tose revienta en sangre tus pulmones
Que tus resortes enmohezcan
Y te veas pisoteado como césped de tumba

Pero soy vagabundo y tengo miedo que me oigas
Tengo miedo de tus venganzas
Olvida mis maldiciones y cantemos juntos esta noche
Hazte hombre te digo como yo a veces me hago mar
Olvida los presagios funestos
Olvida la explosión de mis praderas
Yo te tiendo las manos como flores
Hagamos las paces te digo
Tú eres el más poderoso
Que yo estreche tus manos en las mías
Y sea la paz entre nosotros.

Junto a mi corazón te siento
Cuando oigo el gemir de tus violines
Cuando estás ahí tendido como el llanto de un niño
Cuando estás pensativo frente al cielo
Cuando estás dolorido en tus almohadas
Cuando te siento llorar detrás de mi ventana
Cuando lloramos sin razón como tú lloras

He aquí el mar
El mar donde viene a estrellarse el olor de las ciudades
Con su regazo lleno de barcas y peces y otras cosas alegres
Esas barcas que pescan a la orilla del cielo
Esos peces que escuchan cada rayo de luz
Esas algas con sueños seculares
Y esa ola que canta mejor que las otras

He aquí el mar
El mar que se estira y se aferra a sus orillas
El mar que envuelve las estrellas en sus olas
El mar con su piel martirizada
Y los sobresaltos de sus venas
Con sus días de paz y sus noches de histeria

Y al otro lado qué hay al otro lado
Qué escondes mar al otro lado
El comienzo de la vida largo como una serpiente
O el comienzo de la muerte más honda que tú mismo
Y más alta que todos los montes
Qué hay al otro lado
La milenaria voluntad de hacer una forma y un ritmo
O el torbellino eterno de pétalos tronchados

He ahí el mar
El mar abierto de par en par
He ahí el mar quebrado de repente
Para que el ojo vea el comienzo del mundo
He ahí el mar
De una ola a la otra hay el tiempo de la vida
De sus olas a mis ojos hay la distancia de la muerte


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ES UN DECIR

Inquietas en los anillos de los labios y de sus sentidos
Las palabras se lavan como espadas
Nobles defensoras de la mujer en su mármol caído
Los delirios trágicos estallan en fiebre
O en obelisco de altos hechos

El paisaje se hincha de riquezas
Pero hay circunstancias atenuantes
Para el verano sentado al medio del año
Y más real que las mujeres de antaño
Él es la bella túnica del monasterio
A la hora de la bajada de las escaleras y de la luz que rueda    
                                                                   [de los faroles

Como una cabellera desatada
Para el mármol y su sierena dormida adentro
Para el tiempo y sus heridas

LOS SEÑORES
DE LA FAMILIA

Los ojos contra los ojos
El espacio contra el espacio
Señor qué hora es
No puedo contestarle
Soy el sobrino de la luna

La nariz contra la nariz
La luna contra la luna
Señora qué día es hoy
Yo no puedo contestarle
Soy la hija del viento norte

La cabeza contra la cabeza
El viento contra el viento
Señor qué ciudad es ésta
Yo no puedo contestarle
Soy el padre del mar

La boca contra la boca
El mar contra el mar
Señora a dónde va este camino
Yo no puedo contestarle
Soy la prima del tiempo

La oreja contra la oreja
El tiemp