LAS
2001 NOCHES ÍNDICE NÚMERO 46
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LA
NUEVA LEY DE EXTRANJERÍA
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TENER
UN HIJO HOY
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SOCIOS
DE HONOR
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JAIME
GIL DE BIEDMA
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MARIO
TREJO
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ASOCIACIÓN
PABLO MENASSA DE LUCIA
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LA
LÁGRIMA
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LOS
CAMPEONES DE LA NOCHE
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FRESCORES
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MARIO
BENEDETTI
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GERMÁN
PARDO GARCÍA
|
CHARLES
BAUDELAIRE
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LA
CRISIS
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CANTO
A LA FUERZA SINDICAL
|
XXVIII
LA MONEDA FALSA
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NICOLÁS
GUILLÉN
|
CÉSAR
VALLEJO
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XII
CONGRESO INTERNACIONAL GRUPO CERO
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SUDOR
Y LÁTIGO
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¡ANDE
DESNUDO, EN PELO, EL MILLONARIO!
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PASEANDO
POR MADRID
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JACQUES
PREVERT
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UN
HOMBRE PASA CON UN PAN AL HOMBRO
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ALEJANDRA
MENASSA DE LUCIA
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MAÑANA
DE DOMINGO
|
LEOPOLDO
DE LUIS
|
NO
SÉ
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|
EN
LA TIERRA DE LA FLORISTA
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NO
SOÑAR
|
NO
OCURRIRÁ
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| GLORIA
FUERTES
|
MINA
OSCURA
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CARTA
AUN SUICIDA
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|
LA
NUEVA LEY DE EXTRANJERÍA |
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Ahora
a crecer, que quiere decir:
entrenarse con voluntad fecunda
para poder dentro de unos años
saber vivir, amar en otro mundo.
Ahora
a crecer,
a desviar nuestros principios,
a encarcelar nuestras pasiones,
hacerlas llevaderas y si un día,
siento una pulsación extraña
que al liberarme me condena:
Diré que no, mil veces no.
Ahora
a crecer,
a comprender el valor del dinero.
El dinero puede, cuando quiere,
de un sólo golpe,
aniquilar toda virtud,
preñar la nada,
embellecer con flores el desierto
y hacer del hombre y de la piedra
dos amantes perfectos.
Ahora
a crecer,
a dejarse llevar por el contrato.
Conocer a fondo nuestros sentimientos
para abandonarlos.
No poner nunca de excusa,
en el trabajo, un amor,
porque me quitarán el amor
y no me darán ningún dinero.
Ahora
a crecer, que quiere decir ahora a descansar.
No me fue posible encontrar nada en ningún sitio
ni amores, ni ventajas, ni pan, ni soledad
por eso me condeno a escribir un poema.
Un poema de un hombre
que ya lo tuvo todo
y desea soñar.
Un poema de un hombre
que sueña todo el día
pero no puede amar.
O la historia de un hombre
que trabajando duro 20 años
pudo al fin veranear.
O aquel hombre que amaba
sólo a su madre y que tuvo
un trágico accidente en el mar.
Hombres
valientes,
hombres de acero firme,
combatientes,
en las calles de la ciudad,
todos contra todos.
Yo
soy un hombre
y escribo con violencia.
A veces termino sabiendo
cosas que nunca viví.
Otras, me doy cuenta, vivo vidas
que nunca imaginé.
|
Soy
elegante y voy vestido de palabras,
al mismo tiempo me desean hombres y mujeres
y eso me da coraje para seguir en el poema.
Me hacen sentir que escribo para el mundo.
Digo
violeta, pongo violeta aquí
y el horizonte se tiñe de violencia.
Digo violencia, pongo violencia aquí
y un hombre arranca sus genitales
y los ofrece a Dios
o
bien, una mujer le dice al hombre,
¡mátame! por favor,
y él la mata con cierto nerviosismo
y la mujer, complacida,
goza mientras se muere.
Al hombre
lo meten en la cárcel 30 años
y cuando lo liberan
una luz lo enceguece
y muere atropellado y ciego
por un niño andando en bicicleta.
Un
hombre, una mujer chocan en la vida
y se llevan por delante como bestias
y se sonríen, cálidamente y se abrazan
antes de caer.
Ese abrazarse, mutuamente, los salva.
Después
sus vidas se llenan de papeles,
papeles de nacer, de haber nacido
en un país, un pueblo.
Papeles que confirmen
que padre y madre hicieron el amor.
Papeles que me digan
que soy un hombre aquí.
Aquí,
en este papel, se dice claramente
que este hombre que soy
nació de humanos seres
y el papel asegura,
con la fuerza de la palabra escrita,
que en el momento de la foto,
este hombre que soy, estaba vivo.
Vengan
a mí, que tengo para daros nada.
Nada de nada tiene el extranjero, nada
y, sin embargo, tiene un verso en los ojos:
Rueda
la vida, rueda y, también, se detiene.
Aquí
están, mi vida, mis hijos, mi dinero
mi trabajo futuro, todos mis amores.
Al menos dadme un papel que diga:
"El extranjero Juan no tiene nada,
todo lo dio por un papel".
No
tengo nada, ni dignidad me queda,
al menos un papel que diga que he vivido.
Este fue Juan, nació de padre y madre
fue, exactamente, un hombre
pero vivía como un perro, sin amor y sin dueño. |
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125.001
ejemplares: NADIE, NUNCA, ME ALCANZARÁ, SOY LA POESÍA |
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Al
morir, también, le fracasaron los papeles
y nadie se dio cuenta de su muerte.
"No estaba", "no venía", "lo habrían
contratado"
pero nadie podía pensar que había muerto.
Papeles,
dadme papeles,
soy la mujer del valle donde la radiación
se comía, vorazmente, a los pájaros,
tengo en mi cuerpo marcas de la explosión.
Los salvajes carros de la guerra al alba
atravesaron nuestro cuerpo.
Ni alma nos dejaron.
Fuimos
quemadas vivas y, sin embargo,
en mi cuerpo aún brilla,
la caricia del amado al partir.
Tengo los labios rotos por la sal de la vida
y, sin embargo, cuando vuelve,
dulce es el beso del amado
aunque vuelva a partir.
Cristos
y deidades al pasar por mi pueblo
no encontraban consuelo al ver lo que pasaba.
Caín, el asesino, estaba vivo
y Abel de sueños era, inalcanzable.
En
mi pueblo se violaban las vírgenes
para no contraer enfermedad
y ataban a los niños de la cintura para abajo
para que no pudieran, los pobres, caminar.
Y
cuando no había pan o carne o gasolina
se mataba algún pobre, alguna puta.
Y hubo noches, en mi pueblo: la tierra,
que se llamaron las noches de las bombas
donde nos acostábamos uno encima del otro
para que los de abajo no murieran.
Y
después hubo horrores que se olvidan,
horrores donde toda la culpa
la tenía Dios.
MIGUEL
OSCAR MENASSA
|
EN
MADRID
XII
CONGRESO INTERNACIONAL
GRUPO CERO
"20
AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE
LA ESCUELA DE PSICOANÁLISIS Y
POESÍA GRUPO CERO"
Del
25 al 28 de Julio de 2001 |
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JAIME
GIL DE BIEDMA
España, 1929
LA
LÁGRIMA
No
veían la lágrima.
Inmóvil
en el centro de la visión, brillando,
demasiado pesada para rodar por mejilla de hombre,
inmensa,
decían que una nube, pretendían -querían
no verla
sobre la tierra oscurecida,
brillar sobre la tierra oscurecida.
Ved
en cambio los hombres que sonríen,
los hombres que aconsejan la sonrisa.
Vedlos
presurosos, que acuden.
Frente a la sorda realidad
peroran, recomiendan, imponen confianza.
Solícitos, ya ofrecen sus oficios -y sonríen.
Son los hombres de la sonrisa.
Sonríen, sonríen -y no duele.
Son los viles
propagandistas
diplomados
de la sonrisa sin dolor, los curanderos
sin honra.
(La
lágrima refleja
sólo un brillo furtivo
que apenas espejea.
La descubre la sed
-apenas-de los ojos
sobre los doloridos
utensilios humanos
-igual como descubre
el río que, invisible,
espejea en las hojas
movidas-, pero a veces
en cambio, levantada,
manifiesta, terrible
es un mar encendido
que hace daño a los ojos
y su brillo feroz
y dura transparencia
se ensaña en la sonrisa
barata de esos hombres
ciegos que aún sonríen como ventanas rotas.) |
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He
ahora el dolor
de los otros, de muchos,
dolor de muchos otros, dolor de tantos hombres,
océanos de hombres
que los siglos arrastran
por los siglos, sumiéndose en la historia;
dolor de tantos seres injuriados,
rechazados, retrocedidos al último escalón,
pobres bestias que avanzan derrengándose por un
camino hostil
sin saber dónde van o quién les manda,
sintiendo a cada paso detrás suyo ese ahogado resuello
y en la nuca ese vaho caliente que es el vértigo
del instinto, el miedo a la estampida,
animal adelante, hacia adelante, levantándose
para caer aún, para rendirse
al fin, de bruces, y entregar
el alma,
porque ya
no pueden más con ella.
Así
es el mundo
y así los hombres. Ved
nuestra historia, ese mar,
ese inmenso depósito de sufrimiento anónimo,
ved cómo se recoge
todo en él –injusticias
calladamente devoradas, humillaciones, puños
a escondidas crispados
y llantos, conmovedores llantos inaudibles
de los que nada esperan ya de nadie...
Todo,
todo aquí se recoge, se atesora, se suma
bajo el silencio oscuramente,
germina
para brotar adelgazado en lágrima,
MARIO
BENEDETTI
Uruguay, 1920
LA
CRISIS
Viene
la crisis
ojo
guardabajo
un pan te costará como tres panes
tres panes costarán como tres hijos
y qué barbaridad
todos iremos
a las nubes en busca de un profeta
que nos hable de paz
como quien lava.
Viene
la crisis
ojo
quizá te esté subiendo
por la manga
quizá la tengas
ahora
enroscada sin más en el pescuezo
o esté votando con tu credencial
o comprando tu fe con tu dinero.
Oh
cuánto cuánto
costará el escrúpulo
y la vergüenza buena
la importada
la que no encoge a la primera lluvia
la vergüenza de nylon
ciemporciento.
Oh
cuánto cuánto
costará el amor
en la noche sin dólares ni luna
con los perros afónicos
y el sueño
firmando los conformes con rocío.
Oh
cuánto cuánto
costará la muerte
ahora que no hay divisas
ni perdón
y no hay repuestos para la conciencia
ni ganas de morir
ni afán
ni nada.
Viene
la crisis
ojo
guardabajo
no habrá vino ni azúcar ni zapatos
ni quinielas ni sol ni Dios ni abrigo
ni diputados ni estupefacientes
ni manteca ni fruta ni rameras.
Viene
la crisis
Ojo.
Guardarriba.
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NICOLÁS
GUILLÉN
Cuba, 1902
SUDOR
Y LÁTIGO
Látigo,
sudor y látigo.
El
sol despertó temprano
y encontró al negro descalzo,
desnudo el cuerpo llagado,
sobre el campo.
Látigo,
sudor y látigo.
El
viento pasó gritando:
- ¡Qué flor negra en cada mano!
La sangre le dijo: ¡vamos!
Él dijo a la sangre: ¡vamos!
Partió en su sangre, descalzo.
El cañaveral, temblando,
le abrió paso.
Después,
el cielo callado,
y bajo el cielo, el esclavo
tinto en la sangre del amo.
Látigo,
sudor y látigo,
tinto en la sangre del amo;
látigo,
sudor y látigo;
tinto en la sangre del amo,
tinto en la sangre del amo.
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JACQUES
PREVERT
Francia, 1900
MAÑANA
DE DOMINGO
Es
terrible
el leve ruido del huevo duro al ser cascado contra el estaño
[del mostrador
es terrible ese ruido
cuando resuena en la memoria del hombre que tiene hambre
es terrible también la cabeza del hombre
la cabeza del hombre que tiene hambre
cuando se mira a las seis de la mañana
en el cristal de una gran tienda
una cabeza del color del polvo
sin embargo no es su cabeza lo que mira
en el escaparate de Potin
su cabeza de hombre le importa un carajo
no piensa en ella
sueña
imagina otra cabeza
una cabeza de ternera por ejemplo
con salsa vinagreta
o una cabeza de cualquier cosa con tal que sea comestible
y mueve despacio las mandíbulas
despacio
y hace rechinar los dientes despacio
porque el mundo le está tomando el pelo
y él no puede nada contra ese mundo
y cuenta con los dedos un dos tres
un dos tres
hace tres días que no ha comido
y por más que se repita desde hace tres días
Esto no puede durar
esto dura
tres días
tres noches
sin comer
y detrás de esos cristales
esos embutidos esas botellas esas conservas
peces muertos protegidos por las latas
latas protegidas por los cristales
cristales protegidos por la policía
policía protegida por el miedo
cuántas barricadas para seis miserables sardinas...
Un poco más lejos el bar de la esquina
café y cruasanes calientes
el hombre titubea
y en su cabeza
una niebla de palabras
una niebla de palabras
sardinas para comer
huevo duro
café con crema
café con chorro de ron
café con crema
café con crema
¡café con crimen y chorro de sangre!...
Un hombre muy estimado en su barrio
ha sido degollado en pleno día
el asesino el vagabundo le robó
dos francos
o sea un café con chorro de ron
cero franco setenta
dos rebanadas de pan con mantequilla
y veinticinco céntimos para la propina del camarero.
Es
terrible
el leve ruido del huevo duro al ser cascado contra el estaño
[de un mostrador
es terrible ese ruido
cuando resuena en la memoria del hombre que tiene hambre.
|
EN
LA TIENDA
DE LA FLORISTA
Un
hombre entra en la tienda de la florista
y elige flores
la florista envuelve las flores
el hombre se lleva la mano al bolsillo
para buscar el dinero
el dinero para pagar las flores
pero al mismo tiempo se lleva
súbitamente
la mano al corazón
y cae
Al
mismo tiempo que cae
el dinero rueda por el suelo
y también las flores caen
al mismo tiempo que el hombre
al mismo tiempo que el dinero
y la florista se queda allí
ante el dinero que rueda
ante las flores que se marchitan
ante el hombre que se muere
sin duda todo es muy triste
es necesario que la florista
haga algo
pero no sabe qué hacer
no sabe
por dónde empezar
Hay
tantas cosas por hacer
con ese hombre que se muere
esas flores que se marchitan
y ese dinero
ese dinero que rueda
que no deja de rodar.
GLORIA
FUERTES
España, 1918
TENER
UN HIJO HOY
Tener
un hijo hoy...
para echarlo a las manos de los hombres
–si fuese para
echarlo a las manos de Dios–
Tener un hijo hoy
para echarlo en la boca del cañón,
abandonarlo en la puerta del dolor,
tirarlo al agua de la confusión.
Tener un hijo hoy
para que pase hambre y sol,
para que no escuche mi voz,
para que luego aprenda la instrucción.
Tener un hijo hoy
para que le hagan ciego de pasión
o víctima de la persecución,
para testigo de la destrucción.
Tener un hijo hoy...
Con él dentro voy
donde ni él mismo se pueda herir,
donde sólo Dios le hará morir.
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MARIO
TREJO
Argentina, 1926
LOS
CAMPEONES DE LA
NOCHE
Ninguna
ley tengo para ofrecer
ninguna profecía
salvo la muerte y las revoluciones victoriosas
Dejemos
entonces al guerrero en paz
y a los hermanos rotos en medio del camino
Pasemos al sacrificio
La ceremonia está servida:
abrazos celebrados detrás de la ciudad
besos en andenes movedizos
mudas consignas en salas de espera
y a veces ni un guiño
nada para despistar
nada para sobreentender
sólo los ojos lacios como en mesa de póker
Ya
no podremos ser los elegidos por el sol
los cachorros feroces que asombrarían al mundo
Apenas si hemos nacido sin querer
viejos desconocidos a quienes llamo mis amigos
perdidos en el trasbordo y sin saber qué tren tomar!
Pero
mis compatriotas juegan a dormir y a olvidarse de todo
borrachos que invocan a Dios como a una deuda de juego
soldados que hacen patria en los umbrales
pálidos maricas dispuestos a fingir hasta el alba
parejas para las que ha terminado sin gloria
esta noche en la que tanto creyeron
y también el húmedo insomne
que mueve sus ojos desde el hospital
acechando el ruido de los libres
aullando por la droga que le traerá el olvido
el negro paraíso que es dormir una noche
Y
aquí
en el centro de la ciudad
las tiernas actrices leen su nombre en el diario
y los tenebrosos también quieren saber qué pasa en el
mundo
mientras los coches llevan solitarias parejas
y todos tanteamos una cama y un nuevo sueño
y la mañana viene trayendo la luz y la paz
pero no para todos
apenas para nosotros
los ganadores
los verdaderos campeones de la noche
|
GERMÁN
PARDO GARCÍA
Colombia, 1902
CANTO
A LA FUERZA
SINDICAL
I
COMPAÑEROS
de lucha: este canto a vuestra fuerza sindical
[lo principio
convocando desde lo más rojo intenso de mi sangre a la
muerte,
porque jamás seréis los constructores obreros de la vida
si ignoráis cómo trabajan los profundos mecanismos de la muerte.
Así
comienzo este canto a vuestra fuerza sindical: desde
[abajo
cual si enterrase los oscuros cimientos de una casa,
para inducirla después con lentitud hacia la altura de
[hermosos cuerpos
cargados como todas las densas formas, de potencias eléctricas.
Otros
hombres más universales dirían este canto
con el nombre del sol como insignia en sus bocas, del sol
[inagotable
que satura intensamente gusanos cosmogónicos
y enardece la rebelión de las panteras.
Mas
yo, inmenso y brutal conocedor de sombras
[demoníacas,
afiánzome al hosco polvo con tenacidad de nervios
y lanzo este himno como ardiente flor de pólvora
que desde el piso asciende al vértigo de tempestades térmicas.
II
Y
os digo en nombre de las innumerables alianzas que
[existen
entre los brazos del hombre trabajador y los sólidos seres:
ved a los armoniosos árboles confederándose
sobre el poderoso flanco del gran monte antibélico.
Ellos
son el primer símbolo de esta fuerza sindical de que os
[hablo,
contemplándola desde su nacer en la arcilla hasta su
[elevación al Cosmos,
porque también allá las estrellas únense para impulsar al
[Universo,
enarbolado en mástil nuclear de lámparas tremendas
con su fulgir de insectos nebúlicos de oro.
Os
doy este humano ejemplo de los árboles porque son
[criaturas
que están cada vez más próximas al espíritu del hombre.
Su inminente incorporación a nuestras almas la comprendemos
al decir: más allá de la vida todos seremos árboles.
O
al exclamar: estoy solo como un árbol ante la pérdida del
[crepúsculo.
Ellos
fundaron la inicial conciliación de vegetales
para defender con su auxilio al proletario parvifundio.
Al arbusto individual creciéronle otros árboles
y apareció la fronda civil llena de voces y de ruidos,
como en las plazas de las ciudades las multitudes famélicas.
Comparo
este murmullo de las labiales hojas con acento de
[palabras,
porque ellas son así: dialogantes en su idioma de verdes
[monosílabos.
Tienen su misterioso abecedario y conocen la semántica del
[viento,
y en elásticos alambres de raíz o esferas húmedas y azules
graban hondas inframúsicas que nosotros no escuchamos,
y las reviven al decaer la rauda tracción de la materia.
III
ESTOS
sensibles bosques sociales dotados de justísimas
[lenguas
urgen a la capacidad de mi corazón álgido y solo
para que entienda la amargura del salario miserable;
la aridez de los mineros que sacan de los cárcamos
la esclavitud de los pétreos combustibles;
la desecación de los arroyos pulmonares
por el sílice y la cal de las canteras,
y la agonía de los lívidos púgiles derrotados
por la inercia y los espectros
que atan a sus cinturas emblema falaz de campeones. |
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|
IV
ME
inducen a penetrar en los talleres en que obreros
[tipógrafos
colocan grises sílabas en planchas y molduras.
Aquí la fuerza sindical logra creciente fragor de océano
que
mueve sin cesar las tubulares rotativas.
Las
olas de este mar tipógrafo son páginas
de blanquísimo papel que inunda las metrópolis
y se retira semejando las mareas,
para volver a anegar las casas, las calles, los estadios,
con la velocidad de sus cronologías.
¡Qué
preludio tan sublime el de los linotipos y las prensas!
¡Qué ritmo tan dinámico el de los aceitados engranajes!
¡Cuánta belleza en las ustorias lámparas y espejos de
[aluminio
que distribuyen ecuaciones de calor y savias de sulfuro!
Aquí
los árboles son discos enormes roturados
y laborables hojas su balsámica madera.
Se oye correr los ríos en cuyas márgenes llenas de tórridos
[pájaros
crecen las plantas de donde fluye la substantiva celulosa.
Todo diluvio aquí se escucha.
Todo huracán aquí distiéndese.
El golpe de las almádenas que parten exágonos graníticos,
repercute bajo el acero de estas bóvedadonde los relámpagos tienen menor
velocidad que la noticia
Aquí la ordenadora fuerza sindical es blanca república
dirigida por las sienes sinfónicas del hombre.
Y cuando las ventanas de esta fábrica impresora se abren al
[sol y al viento,
huyen los inmortales libros como alciones
o espumas separándose de los nitrados promontorios.
Los libros inmortales
que divulgan la virilidad de las proclamas y los cantos de Píndaro.
V
ESTOS
borrascosos bosques sociales me empujan a las
[riberas
donde los sindicatos de fuertes pescadores
bruñidos por las aguas teñidas de yoduros,
viven su diaria intrepidez de cálidos tritones.
Ellos, los broncos hijos del mar, se hunden en sus tormentas
a festejar sus onomásticos bestiales,
el ímpetu naval de sus bodas
o el nacimiento de una estirpe,
cual mayorazgos ebrios que retaran
la cólera de un padre enloquecido.
Tienen
tatuados mapas de las naciones navegadoras
en la escollera brusca de sus velludos pechos,
como las manchas que hay en el dorso de los marinos
[elefantes.
En esa geografía humanizada sobre códices de músculos,
se apoya su derecho natural a la existencia.
¡Qué importa si sus hombros huelen a bacalao fétido
y a putrefactas proteínas!
¡Y qué si hay en sus calcañares cicatrices de paguros!
¡Qué importa si ellos viven bajo sindicales leyes
que en sus capítulos les cantan: al mar, al mar, al mar!
Así
son estos hombres oceánidas: cambiantes de color y
[contextura
según el mar es áspero y de cobre, o azul índigo y tranquilo.
Asociados están como los alcatraces y así pescan.
Aprendieron del mar a federarse
y caminan obedientes al corsario caudillo.
Por eso el reclamo sindical de los estibadores
tiene poder de octópodo que amarra y paraliza.
¿No habéis visto los puertos inmóviles, las barcazas
[inmóviles,
plegados los velámenes como atáxicas plumas,
el salmón asfixiándose en las costas
y el mosto envileciéndose en las cubas?
Son los trabajadores del mar en la inacción de sus caídos
[brazos
y en la quietud de sus sociales olas,
en tanto el viejo líder, cojo de eternidad y tuerto de
constelaciones,
la insurrección de sus obreros urde. |
Sus
carnívoras hembras tejedoras de redes aguzan los
[arpones
como sus homicidas colmillos los escualos.
Nada es frágil en sus cuerpos de náuticos instintos.
Sus caderas rezuman sal como los poros esponjarios.
Sus verticales senos punzan como anémonas.
Y allá van tras de sus machos pescadores,
fieles a esa misma ley que agrupa a las corvinas,
mientras el tifón soplando roncas caracolas
y valvas de alectriones y crepídulas,
clama desesperadamente: ¡al mar, al mar, al mar!
VI
ME
arrastran estos civiles aires a las puertas de los túneles
donde brigadas de mineros zapadores
exploran las sepultas galerías,
para ver que la arquitectura del planeta
se erige en arcos de esmeralda
sobre columnas de platino.
Cada vez que la piqueta cavadora da un golpe en las fosas
[subterráneas,
aquel orbe interior es como un templo
donde resuena un órgano monumental tocado en las
[penumbras
por la furia de un músico divino.
Allá
las estalactitas licuándose parecen
pestañas de unos ojos congelados
que lloran implacables hacia adentro.
De vez en cuando fosforescencias rápidas
salidas de los cúmulos de azufre,
son antorchas que alumbran funerales
grandiosos de algún cíclope vencido.
Y si algún minero muere despedazado por las rocas,
sus compañeros con las piquetas inclinadas como a soldado
[lo sepultan.
Y el órgano estremece las cuevas de zafiro.
La
fuerza sindical de los mineros
sostiene a esas brigadas en la sombra.
Sin su puntal el mundo quedaría
como perdido cofre en que tesoros
desguarnecidos por la causticidad del mar, se pudren.
La fuerza sindical de los mineros
los saca hacia la vida de lo oscuro.
Cada gota de sangre de estos hombres
se convierte en incendios de granate.
Toda lágrima suya cristaliza.
Ellos
hacen germinar energía y esperanza
en lugares condenados a ser ciegos.
Yo he descendido a las minas de carbón y contemplado
la terrible oscuridad matriz del mundo.
Esas minas se encuentran más abajo de las piedras
[sepulcrales
y desde ahí se puede ver no el rostro sino la espalda de los
[muertos.
Los mineros lo saben y hunden cuñas
de esperanza en las cuarteaduras delatoras,
de donde cuelgan tiras de epidermis y sudarios
como telones de una habitación en ruinas.
Si
es viscoso el contacto de la muerte
sentido en superficies luminosas,
en la tiniebla de los cárcamos
es como posar los dedos sobre ofidios vomitorios
enroscados en los fósiles de hulla.
Los
mineros lo saben y elevan himnos de esperanza
para alejar la angustia que presiona
y aturdir el lamento de las criptas.
Allá bajo la tierra se oye el himno más conmovedor del
[mundo.
Son los mineros derrotando su amargura
al pie de un horizonte deletéreo,
con sus coros de arcángeles hundidos.
De pronto callan para oír que bloques bituminosos
desplómanse de arcadas y paredes,
y como exánimes cetáceos
desaparecen entre asfálticas lagunas. |
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|
VII
COMPAÑEROS
de lucha: este canto a vuestra fuerza sindical
[lo concluyo
convocando desde los más sombríos sótanos mineros a la muerte,
porque jamás seréis los constructores obreros de la vida
si ignoráis cómo trabajan los profundos mecanismos de la muerte.
En esas trincheras hondas con deformes figuras talladas en las
[rocas
por el desgaste persistente de los siglos
hasta esculpir cabezas que de pronto
suplican: "Dadnos rostros humanos, concluidos".
En esas naves lóbregas donde las invocaciones así
comienzan:
"En el nombre del Trabajo partimos estas rocas
y por él nuestra sangre y nuestro espíritu entregamos",
allá quisiera humildemente prosternarme
con la veracidad de
aquellos seres
que pasaron por la tierra desnudos o cubiertos con pieles de
leones,
a ofrecer mis tributos integrales
a esta grandeza sindical que canto
no sólo en su evidencia entre los árboles,
los talleres, océanos y minas,
sino en mí porque mi cuerpo de trabajador nocturno
envuelto en una túnica de llamas
y signando con espinas de luceros el papel para escribirle
su sangre de cristal a la Hermosura,
ese cuerpo también está nutriéndose
de vetas, yacimientos y de minas;
de peces que emocionan con sus branquias
los morados silencios de que vivo;
de hormigas que me traen los acentos
sonámbulos caídos en la arena;
de cóndores idólatras que atizan
en mis sienes la claridad que necesito;
de caballos dementes que me dan el creador estrépito;
de confederaciones celulares, cual vosotros,
y alianzas con los óxidos de la sal, y servidumbres
de mi alma escorando hacia el olvido.
CÉSAR
VALLEJO
Perú, 1892
¡ANDE
DESNUDO,
EN PELO,
EL MILLONARIO!
¡Ande
desnudo, en pelo, el millonario!
¡Desgracia al que edifica con tesoros su lecho de muerte!
¡Un mundo al que saluda;
un sillón al que siembra en el cielo;
llanto al que da término a lo que hace, guardando los comienzos;
ande el de las espuelas;
poco dure muralla en que no crezca otra muralla;
dése al mísero toda su miseria,
pan, al que ríe;
hayan perder los triunfos y morir los médicos;
haya leche en la sangre;
añádase una vela al sol,
ochocientos al veinte;
pase la eternidad bajo los puentes!
¡Desdén al que viste,
corónense los pies de manos, quepan en su tamaño;
siéntese mi persona junto a mí!
¡Llorar al haber cabido en aquel vientre,
bendición al que mira aire en el aire,
muchos años de clavo al martillazo;
desnúdese el desnudo,
vístase de pantalón la capa,
fulja el cobre a expensas de sus láminas
majestad al que cae de la arcilla al universo,
lloren las bocas, giman las miradas,
impídase al acero perdurar,
hilo a los horizontes portátiles,
doce ciudades al sendero de piedra,
una esfera al que juega con su sombra;
un día hecho de una hora, a los esposos;
una
madre al arado en loor al suelo,
séllense con dos sellos a los líquidos,
|
sean los descendientes,
sea la codorniz,
sea la carrera del álamo y del árbol;
venzan, al contrario del círculo, el mar a su hijo
y la cana el lloro;
dejad los áspides, señores hombres,
surcad la llama con los siete leños,
vivid,
elévese la altura,
baje el hondor más hondo,
conduzca la onda su impulsión andando,
tenga éxito la tregua de la bóveda!
¡Muramos;
lavad vuestro esqueleto cada día;
no me hagáis caso,
una ave coja al déspota y a su alma;
una mancha espantosa, al que va solo;
gorriones al astrónomo, al gorrión, al aviador!
¡Lloved, solead,
vigilad a Júpiter, al ladrón de ídolos de oro,
copiad vuestra letra en tres cuadernos,
aprended de los cónyuges cuando hablan, y
de los solitarios, cuando callan;
dad de comer a los novios,
dad de beber al diablo en vuestras manos,
luchad por la justicia con la nuca,
igualaos,
cúmplase el roble,
cúmplase el leopardo entre dos robles,
seamos,
estemos,
sentid cómo navega el agua en los océanos,
alimentaos,
concíbase el error, puesto que lloro,
acéptese, en tanto suban por el risco, las cabras y sus crías;
desacostumbrad a Dios a ser un hombre,
creced...!
Me llaman. Vuelvo.
UN
HOMBRE PASA
CON UN PAN AL
HOMBRO
Un
hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?
Otro
se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?
Otro
ha entrado a mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?
Un
cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Breton?
Otro
tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?
Otro
busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después, del infinito?
Un
albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?
Un
comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?
Un
banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?
Un
paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?
Alguien
va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?
Alguien
limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?
Alguien
pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no yo sin dar un grito?
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LEOPOLDO
DE LUIS
España, 1918
NO
SOÑAR
1
Soñar,
soñar... Pero es que somos reales
y reales las manos y los ojos
con que tocamos, vemos los despojos
de vida que nos dejan. Minerales
cuerpos
de piedra y sangre: al fin, iguales.
Y andamos entre penas y cerrojos,
amargo sueño sobre los rastrojos,
seca esperanza entre los arenales.
No
queremos soñar. Vivir queremos
Ni esperarla –¿hasta cuándo?– porque es nuestra
la vida que ganamos a diario.
Soñar,
soñar... Morir es lo que hacemos.
Muerte, no vida, es quien nos amaestra,
lo que compramos con nuestro salario.
2
Lo
que compramos con nuestro salario
es un trozo de patria silenciosa
donde se va cavando al fin la fosa
a seco golpe de azadón diario.
Es un trozo de muerte. Necesario
es conquistar la vida, tan hermosa,
y que reclama desde cada cosa
al corazón de chopo solitario.
No os aturdáis de sordidez y tedio,
no le deis a la vida ese gran sorbo
de vino malo por matar las penas;
tiene que haber, tiene que haber remedio...
(Y el hombre mira el horizonte corvo
y no ve más que sombra a manos llenas.)
MINA
OSCURA
España,
mina oscura de metales
de llanto y sueño, yacimiento pobre
sobre el que pasan arañando, sobre
el que levantan sombras sepulcrales.
Patria
de hierro. Hoja de puñales
cambiada por monedas de agrio cobre,
afilada con triste agua salobre
contra desesperados pedernales.
Olla
redonda, patria, gran caldero
para cocer el rojo caldo ibero
que envenenan remotos cardenillos.
Secreto
corazón de plata madre.
Guarda tu noche un can para que ladre
a una luna de hoces y cuchillos.
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Las 2001 Noches
ES UNA REVISTA Y TAMBIÉN UN CICLO POÉTICO –MUSICAL
Todos los martes a las 20,30 h. en el
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Celta
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