LAS 2001 NOCHES ÍNDICE NÚMERO 44 |
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JULIO HERRERA Y REISSIG EL COSTADO LÚDICO DE LA POESÍA |
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JULIO HERRERA Y REISSIG y sus "Pascuas del Tiempo" La polvareda modernista esparció su nube de oro por el paisaje poético de la España del novecientos. Se cierra ahora el siglo XX y aún alguna lectura nos deja en los párpados restos de aquella polvareda luminosa. ¿Se quedó en eso la poesía parnasiana nacida en Los trofeos de José María de Heredia, el medio cubano, medio francés? Para nuestro Juan Ramón Jiménez el parnasianismo es la expresión perfecta de una hermosa objetividad impasible. Pero, ¿se quedó en eso, o bien, "siguió su polvo sonando"? Y éste es un verso de Miguel Hernández, en el poema que dedicó a Julio Herrera y Reissig. Últimamente se ha publicado una preciosa edición de Las Pascuas del Tiempo, ofrecida por Biblioteca Nueva y cuidada por Luis Íñigo Madrigal y Jenaro Talens, ambos grandes conocedores del fenómeno poético. De la muerte del uruguayo se han cumplido noventa años. De la del cubano-francés se cumplirán noventa y cinco el próximo octubre. Cuando nació Herrera, tenía Heredia treinta y tres, pero murieron con sólo cinco de diferencia. El joven Herrera pudo leer Les trophées con dieciocho años. Los dos habrían aprendido en Leconte de Lisle, al que Rubén Darío dedicó uno de sus "Medallones", con musicales alejandrinos, en las últimas páginas de Azul. Fastuosos son los versos orquestales de estas "Pascuas del Tiempo". Asombroso poeta de abigarrada cultura mitológica como un Góngora resurrecto. "Nada más apasionante que la poesía de este uruguayo fundamental, de este clásico de toda la poesía", dejó dicho de él Pablo Neruda. Neruda mostraba afecto por Herrera y Reissig de antiguo. En 1936 preparó un número de "Caballo verde para la poesía" cuya aparición fue abortada por la guerra civil. Para ese número Vicente Aleixandre, aún en el ámbito surrealista, escribió su poema "Las barandas", incluido luego en el índice de Nacimiento último. A su vez, Miguel Hernández escribió "Epitafio desmesurado a un poeta", suyo es el verso que antes cité. Para el ya de por sí barroco Miguel, Herrera y Reissig era "trueno de sangre, pasión y locura". En su curso sobre el Modernismo -1953-, Juan Ramón Jiménez no fue muy justo con el uruguayo. Le calificó de "raro, extravagante, bohemio" y cree que es "suma de lo más decadente y más vicioso del modernismo". Sin duda este juicio de "vicioso" (esto es, de abundante y sobrecargado) encuentra su justificación en los ocho cantos de estas Pascuas del Tiempo, colaboración de Herrera y Reissig para el "Almanaque Artístico del siglo XX", aparecido en 1900. Curiosamente, el poema aparece fechado: "Montmartre, Sol en Sagitario, M.C.M.". Esta fechación forma parte del retoricismo y la imaginación del poeta, porque Julio no viajó nunca a Europa. No cabe sino pensar que el talante ecuménico con que redacta la nómina de personajes convocados le inclinó a desear un punto céntrico, un ombligo de la cultura, y ninguno tan típico como París. Bien sabemos que el modernismo americano se esforzaba por mirar a las modas francesas. En el primer canto, el poeta alude al tiempo como a un viejo patriarca de cuyas arrugas ha de salir el futuro. El canto segundo describe una imaginaria fiesta de ultratumba, con los más variados personajes históricos como invitados, en una mezcla que olvida la historicidad.
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En el tercero, es la retahíla de los meses lo que deambula y baila. En el cuarto se alza la harmonía (escrita con h, claro) de la lira de Orfeo. En el quinto, la zarabanda de un repertorio de horas que culmina en el canto seis. En el siete, el más extenso, vuelven los meses a entretejer un himno, y en el último, figuras mitológicas llegan a la fiesta que se remata con un epílogo en cuatro versos de dieciséis sílabas. La poesía modernista, con su creación de ritmos, desdoblando y ampliando la versificación, cobra en este poema de Herrera y Reissig un estadio delirante. Su lujo verbal, sus rimas que cantan y encantan, su sintaxis encaramada a la anáfora, el empleo de términos de tan singular brillo como de rareza de uso, el derroche de evocaciones que concitan protagonistas reales o supuestos, manifestándose en escenarios ya de gusto francés, ya de recreaciones helenas. Todo ello aleja la poesía de propuestas sentimentales, meditaciones o trascendencias, para instalarla en el ideal reino de la belleza. Pero es claro que la belleza puede alzarse como un valor rebelde. La belleza del arte, contra lo chabacano, la torpeza convencional y burda de la vieja burguesía. No se equivocaba el gran crítico Ricardo Gullón cuando, ante la elegancia de la estética modernista, decía que los cisnes y las princesas tenían sentido, lo que -según ha escrito el profesor Urrutia en su prólogo al libro de Juan Ramón Jiménez- puede interpretarse como deseo de elevación intelectual e idealista por encima de la vulgaridad. Por si fuera poco, Herrera y Reissig introduce en sus elaborados versos un ingrediente irónico, con lo que se anticipa a la visión de un costado lúdico de la poesía manejada años después por los ultraístas. Por los años cincuenta, visitaron Madrid un poeta y una poetisa de la República Oriental del Uruguay: Juvenil Ortiz Saralegui y Arsinoe Moratorio, ambos editores, en Montevideo, de unos cuadernos poéticos bajo el nombre de su gran poeta. Ellos me dieron a conocer algunos poemas de Herrera y Reissig, como el delicioso soneto "La novicia" que la fina escritora María Luz Morales llevó a su "Libro de Oro de la poesía en lengua castellana" en edición de 1970. También la "Antología de poesía modernista", ordenada por Antonio Fernández Molina en 1982, recogió unos fragmentos de Las Pascuas del Tiempo. Ya en 1998, Ángeles Estévez preparó para el "Círculo de lectores" la obra completa. Poesía como de ricos cortinajes y telas recamadas. Poesía de salones lujosos y adornos sensuales y tapices que evocan paisajes exóticos. Fuentes con ninfas, arquitectura de alhambras y mekas. Espectros de rastros seculares. Borgia o Cleopatra; la Reina de Saba o Voltaire; la Pompadour o Santa Teresa; Atila o Byron. Triunfo deslumbrante del movimiento que abre la poesía moderna en lengua española con el siglo que recién acaba. Por esas rutas transitó una pléyade renovadora e innovadora que merece recuerdo y gratitud. AJenaro Talens -poeta renovador él mismo- y a Luis Íñigo Madrigal les debemos este regalo, en manos de Biblioteca Nueva. LEOPOLDO DE LUIS |
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125.001 ejemplares: NADIE, NUNCA, ME ALCANZARÁ, SOY LA POESÍA |
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JULIO
HERRERA Y REISSIG
I El
Viejo Patriarca, Su
pálida frente es un mapa confuso: Su
frente de viejo ermitaño Su
pálida frente es un mapa confuso: ¡Oh,
las viejas, eternas arrugas; II Un
gran salón. Un trono. Cortinas. Graderías. Las
lámparas se consumen en amarillas lujurias, |
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Unos
pajes a la puerta visten dorado uniforme; Un
buen Término se ríe de un efebo que se baña. Todos
ríen, sólo guardan seriedad Juno y Mahoma, (Todos
tiemblan) los más viejos rezan, se esconden, De
fiera hambrienta: los hombres se abalanzan a la diosa, El
Papa Borgia está orando (mientras pellizca a una niña), Con
el ala en un talón entra Mercurio; profundo Entra
Aladino y su lámpara. Entran Cleopatra y Filipo. "Mademoiselle
Pompadour", anuncia un paje. Mil notas Bailan
Nemrod y Sansón, Anteo, Quirón y Eurito; Entra
Baco, de repente; todos gritan: ¡Vino, Vino; Esto
dicho, se abalanzan a un tonel. Un fraile obeso (Todos
corren a ocultarse). No faltó algún moralista Hubo
varios incidentes; (entra Atila y se hunde el piso; Un
estoico de veinte años, atacado por el asma, Una
risa estrepitosa sonó en la sala. De rojo |
En
esto hubo discusiones sobre cuál de los suicidas Con
un impulso sublime de personal arrogancia. Todos
soltaron la risa. (Grita un paje: está Morfeo.) III LLEGADA DE LOS MESES Y DE LAS HORAS (Terpsícore puede más que Morfeo) Saludando
cortésmente a la buena Mamá Juno Síguelos
el Viejo Tiempo, con traje de soberano. Formando
rueda y bailando la vieja danza del brinco: (Anuncian:
está Terpsícore.) Todos despiertan y ríen: IV RECEPCIÓN INSTRUMENTAL DEL GRAN POLÍGLOTO ORFEO Cuentos de Harmonía Entra
el viejo Orfeo. Mil notas auroran Misteriosas
flautas, que modulan gritos Finas
violas trinan los rondeles breves Sistros
marfilados hablan de las lidias Címbalos
de plata cuentan las historias Suaves
mandolinas desabrochan llantos Cuernos
y zampoñas, cobres y trompetas, Órganos
tronantes murmuran canciones, |
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Que
hacen de las barbas de Jehová vellones Discretos
violines hacen historietas Narran
mil alegros, de collares ricos, Timbales
y oboes, panderos y gaitas Que
sugieren dramas de placer y llanto, Graves
clavicordios, tristes violoncelos Guitarras
sensibles, en raudos alegros, Ríen
con la risa del castañeteo, Sugieren
de pronto caderas ariscas, V LA
GRAN SOIRÉE DE LA ELEGANCIA. Decoración:
La sala semeja una floresta Los
Dioses del Olympo todos se hallan presentes. El
viejo Tiempo se halla sentado en su gran solio. Alcen
contempla a Diana. Pan toca su bocina; |
Lohengrin
y el Cisne. Cadmo transformando una piedra; Cristo
y Mahoma charlan de asuntos de la tierra; Aramis
el noble, gentil bastonero, Y
ordena la danza. Las Hadas del Día, Un
reloj semeja la alfombra bordada; Hay
aves exóticas. Exóticos frescos Aramís
sonríe con una señora Las
arañas forman chispeantes burbujas, Las
damas ostentan aigrettes elegantes, Hechiza
en las faldas la seda argentada, Un
bouquet de estrellas sus fulgores quiebra Irisados
peces, raros colorines, |
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(Hay
lacas, mosaicos, jarras de Satsuma Las
Horas ostentan primorosos trajes, (Se
oyen pasos). Entran con largos turbantes, VI Aramís
ordena que los doce Meses
(Beaumarchais
se acerca. La Vallière saluda,
Dando
a sus palabras caprichosos giros;
Emprenden
las Horas: un iris de seda
Que
cercan zumbando divinos panales,
Emprenden
los Meses: una cabalgata
Bellos
sagitarios de la diosa Iris, El
viejo Patriarca Aramís
ordena que las danzarinas
La
menor, la Una, canta la primera:
"Los
insomnios tristes son de mis imperios,
"Soy
la Una, una nocturnal sombría
La
Dos: "Soy la hermana de la buena hermana
La
Tres: "Soy el hada que sus oros labra
La
Cuatro: "Yo brillo cuando en los Estíos |
La
Cinco: "Yo luzco, toda engalanada,
La
Seis: "Soy el cisne del parque de Urano.
La
Siete: "Yo ostento rodelas y tiaras
La
Ocho: "Yo estrello con blancas avispas,
La
Nueve, la Diez y la Once. -Coro-"
Canta
al fin la Doce: "Mi pupila ardiente
"Soy
la silenciaria, la de negras alas,
"El
gato que vela y el ave nocturna
"Soy
la que levanta las heladas losas,
"Richepin
y Huysmans, los ebrios divinos,
"Soy
la Doce blanca: soy la Doce negra;
Un
coro de aplausos atruena el espacio.
Resuenan
los coros: "Amemos al Viejo
Patriarca, VII Aramís
ordena que los danzarines "Rabelais
se ríe de un cuento picante.)
Escorpión
y Aries, Libra y Capricornio.)
Y
el rey Pulgarcillo con sus grandes botas.) |
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Confites, muñecos, ramos y aguinaldos.) Liliput
envía castañas de nieve, Febrero
el alegre canta y payasea Entra
el Rey de Kioto con frac de adúcar. Se
anuncian Tom-Pouce. Montados en cebras, Marzo,
Rey de Ayuno, canta la plegaria Entra
el Rey Otoño, de gris adornado, "Cortaos
el verde cabello" -le dice Los
árboles lloran su calvicie blanca; Abril,
el sagrado Rey de los olivos, Abril,
el sagrado Rey de los Calvarios, Abril,
el sagrado Rey de los rituales, El
Rey Abril canta de Resurrecciones, El
Rey Abril canta su alegría suma, (Las
campanas bailan, el incienso fuma: Mayo,
el caminante de la buena ruta, Junio,
Rey de estufas, canta los rondeles |
Junio,
el Rey más blanco de los doce Meses, Junio,
el Rey más blanco, blanco néctar bebe; El
monarca Julio canta las concordias Agosto,
el furioso Rey de turbulencias, El
joven Setiembre trina las canciones Setiembre,
el mimado de las reinas rosas, Ríen
los amores, ríe Primavera; Octubre,
el Rey dandy, canta de las blondas Noviembre
se signa y hace funerales, Noviembre,
el Rey Negro del ceño fruncido, Noviembre
a quien aman las negras Gorgonas, Diciembre,
el rey Fauno, canta barcarolas Diciembre
el ardiente canta el ritornelo Diciembre
el ardiente sus pasiones narra, Diciembre,
el alegre Rey de nacimientos, Alegres
saludos y aplausos corteses |
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Resuenan los Coros: "Amemos
al viejo Patriarca VIII TERMINACIÓN
DE LA FIESTA. Suenan
galanteos y besos y adioses: Fuera:
el trueno juega y corre con su inmenso monolito. |
POEMA
DE LA CREACIÓN
Este Poema de la creación lo escribí en un bar de la calle Talcahuano, a media cuadra de Tribunales, en 1970. Conservo el pequeño cuaderno en que está volcado. Tiene 14 páginas manuscritas, y su letra es diminuta. El tema, la creación del mundo y del hombre, ha tentado a muchos poetas que, a fin, repitieron el relato de las Escrituras. Nosotros hemos eludido ese riesgo. La era cibernética en que vivimos exigía una escritura distinta, un conocimiento que abarcara la totalidad de un universo que ya no se rige por el azar y el enigma. De las ideas del pasado en el Poema de la creación, hay una que retomo y siempre estará al acecho en la historia del tiempo: la ekpyrosis. Es decir, la destrucción cíclica del universo, como lo sostenía el estoico Zenón de Citio en el siglo IV a. de J.C. El mundo, decía, es corruptible y finito, y se engendra a sí mismo. Diógenes Laercio (VII, 97) cita su libro Del universo y agrega los de Crisipo, Posidonis y Cleantes. JUAN-JACOBO
BAJARLÍA |
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INTENTO TERCERO DEL INTENTO DE PRÓLOGO A LA OBRA: POEMA DE LA CREACIÓN Cuando en el mes de marzo de 1996, hace apenas dos meses y algo, Bajarlía me entregaba su Poema de la Creación, para publicar en nuestra modesta Editorial Grupo Cero, yo sentí cómo se abría alguna puerta en algún lugar maravilloso y, tengo que confesarlo, ahora, porque después no sería ya posible, que casi me dejó sin respiración cuando al entregarme los originales junto con un hermoso prólogo del poeta Francisco Madariaga me dijo: Menassa, quiero que el libro, también, tenga un prólogo tuyo. Casi sin respiración porque no entendía porqué se le ocurrían esas cosas a ese hombre que yo consideraba, en un sentido estrictamente vital, mi maestro. Para qué, me pregunté mil veces, en un segundo, quiere un prólogo mío si ya tiene un inteligente y, a la vez, hermoso prólogo de Madariaga, que por otra parte estaba en una posición mucho mejor que la mía para la tarea que se me encomendaba y que él ya había realizado, porqué, me preguntaba, se me hace llegar a esta situación, y tengo que dejar constancia que todo esto me ocurría antes de leer el poema. Lo guardé cuidadosamente en un sobre junto con el prólogo de Madariaga y los originales manuscritos en un pequeño cuaderno que, de manera atolondrada, le prometí a Juan-Jacobo que a lo mejor además del poema se podrían publicar los manuscritos, ya que estaban escritos en un pequeño cuaderno. Al llegar a mi casa de Buenos Aires, en la avenida Córdoba, guardé el sobre en la valija, para no perderlo y me puse a pensar no en el prólogo sino en la tapa (portada) que convendría al libro. Evidentemente no pude llegar a ninguna conclusión, porque todavía no había leído el poema. Pasó más de una semana y fue entonces donde, a la hora de la siesta y en compañía de la bella Olga, nos pusimos a leer el poema, primero lo leí yo en voz alta y el poema nos resultó maravilloso, evidentemente en el poema estaba la creación, después ella leyó el poema en voz alta y nos volvió a resultar maravilloso, mientras ella leía yo tomé algunos apuntes que luego olvidaría en Baires. Repetimos la operación de leer en voz alta tres o cuatro veces más y después hicimos el amor. Y no fue un amor cualquiera, el poema había repercutido en nosotros de una manera extraordinaria. Millones de bacterias se movían a nuestro compás generando la vida y cuando el Poeta destejía los sonidos para fundar el equilibrio, la bella Olga y yo mismo caíamos, sin par, sobre nosotros mismos, buscando algo que no existía sino en el centro de la creación, el poema. Luego fuimos incendiados juntos con las galaxias y nuestros cuerpos se expandían hasta tocar el universo. Claves, mujer y formas dormían en las manos del Poeta. El poema seguía avanzando sobre nosotros. El Poeta y la eternidad eran un mutismo enfurecido. La materia soñaba y nuestros cuerpos sólo podían escuchar la voz.
Yo
soy el que estaré Los elementos recónditos de la materia nos dieron la palabra, el grito. Hicimos el amor pero no fue un amor cualquiera, parábolas de cielo telegrafiaron sobre nuestro pequeño amor, la muerte, la energía, el genio, los siglos, la serpiente. Hasta bebimos en bellos odres galácticos, un vino planetario, que puso en nosotros eternidad vacía y llenos de terror vimos todo el pasado y los timbres de las palabras, el Poeta alcanzaba su máxima fuerza, aniquilaba todo futuro. Al levantarnos de la siesta, yo me puse a pintar y en tres días había comenzado cuatro cuadros que todos podrían ser portada del Poema de la Creación. Con uno de ellos, unas horas antes de volver a Madrid, llegué a pensar que ese cuadro sería el prólogo del libro, después, descarté la idea por absurda. Al llegar a Madrid leí el poema en varios talleres de poesía, con gran éxito, y a los socios de la Editorial, que sintieron que la publicación de ese poema abriría para todos nosotros una nueva época, pero lo que no podía era ponerme a escribir el prólogo que me había encomendado el Poeta. Volví a leer lo escrito y reconocí haber hecho algo y si yo no tuviera casi 60 años y no estuviera prologando un libro de un |
gran escritor de casi más de 80 años, diría que el libro actuaba sobre mí, como una sustancia afrodisiaca. Cada vez que lo leía o lo miraba, apenas, o lo tocaba con la punta de los dedos, a los pocos minutos me encontraba haciendo el amor. Y no un amor cualquiera. El Poeta hacía que de nuestros cuerpos brotaran cual luciérnagas enamoradas, el odio, la estafa, los signos, la ausencia, los garfios, los semáforos negros, los colores, las razas, la pereza, la inteligencia artificial, la ambición, el desprecio, la destrucción, la misma muerte copulaba con nosotros, y el futuro se fundía con un pasado sin memoria. El final del poema es la consagración, pero no de la primavera o del amor sino, sencillamente, de la inteligencia. Por eso esta vez dejo el amor flotando en la penumbra para que sea encontrado por los más audaces hasta alcanzar el movimiento de los astros y de esa manera dejo que el lector descubra por sí mismo que toda luz, toda creación, todo misterio, toda inteligencia, sólo es tiempo y deseo. Antes de terminar y para dar paso a lo que nos convoca: El poema, la creación, quiero escribir para que se entienda, un poco, mi decir, que cuando yo era un pibe, Juan-Jacobo, ya era un gran amante. Que cuando yo era apenas un adolescente de 10 años, Juan-Jacobo Bajarlía publicaba sus primeros libros de poemas. Y cuando yo era un joven en los primeros años de medicina que escribía mis primeros poemas, Juan-Jacobo, ya era el Gran Bajarlía, el maestro. Después cuando mayor, hace apenas un año cuando lo conocí personalmente él ya había hecho de todo: novelas, novelas policiales, poesía, relatos eróticos, abogado criminalista, ensayos, teatro, había sido premiado varias veces y había traducido a los grandes; pero eso no era lo peor sino que, después de haberlo hecho todo, lo seguía haciendo. MIGUEL
OSCAR MENASSA JUAN-JACOBO
BAJARLÍA
El día aún era noche en el átomo. Crujía
en el signo y se movía arrastrando los bloques Tú
eras ya el anuncio de una bacteria que buscaba No
había abajo ni arriba. Lo que estaba a la izquierda El
centro era todos los centros en un círculo que Moví una idea. La palabra movió la noche, y la oscuridad la luz. Las
aguas se bordaron en el día y un pez inició Avanzó
por la línea enardecida que separó la muerte
Después
encendí las estrellas las galaxias los Te
di una mujer para adornarte |
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Después
puse un signo en tu lengua Puse
decibeles para crecer en la extensión Puse
el fuego en tus ojos Eras
una partícula que ya no se arrastraba Pero
Einstein había dicho que la materia es energía,
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Pedí
el Libro para inscribir las hazañas.
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En
el fondo del Libro, Armedonis de tres cabezas (la primera Le
dijeron a la oscuridad: La
segunda narración de Armenodis contenía la historia de Pero
tu vientre vacío contenía una mutilación. En esta línea
Pero
la voz cayó en humedad sobre la órbitas Los
navíos de viento que recogían el espacio
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CONCURSO
DE 3ª CONVOCATORIA BASES 1. Podrán optar a estos premios obras originales e inéditas, escritas en lengua castellana. (Para la modalidad Poesía: con libertad de tema y rima). 2. Deberán presentarse tres copias del libro, mecanografiadas a doble espacio y encuadernadas, en hojas de tamaño DIN-A4. Para la modalidad Poesía entre 500 y 800 versos y cada poema debe ser presentado en hoja separada. Para la modalidad Psicoanálisis, los originales tendrán un máximo de 80 páginas. 3. Junto con las copias del libro, que irán firmadas con seudónimo, deberá presentarse un sobre cerrado o plica, en cuyo exterior figure el título de la obra y el seudónimo. En el interior deberán figurar los datos del autor: nombre, apellidos, dirección completa y teléfono. 4. Los premios, tanto para la modalidad de Poesía como para la modalidad de Psicoanálisis, consistirán en la suma de 150.000 pts. y la publicación de 1.000 ejemplares en Madrid y 1.000 ejemplares en Buenos Aires. 5. El plazo de presentación de originales termina a las 19:00 horas del día 31 de julio de 2001. 6. Los originales se deberán remitir a: Asociación
Pablo Menassa de Lucia. 7. Caso de no presentarse a concurso un mínimo de diez trabajos para cualquiera de las dos modalidades, los premios quedarán desiertos. 8. El incumplimiento de alguna de las bases, elimina automáticamente del concurso. 9. El plazo para retirar los ejemplares no premiados es hasta el 31 de enero de 2002.
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