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Hoy
te saludo brutalmente: Te
extraño. ¿Cuándo
vas a venir? De
verdad que te quiero, Amor... Estarás leyendo los periódicos
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a
las sales del cielo, Ayer soñé que mientras nos besábamos Vuelve, vuelve. CARILDA OLIVER LABRA
La revista número cuatro tiene que ser un verdadero acto de libertad, un viento envolvente y satisfecho de sí mismo, que no mueve, sino a todo aquello que antes del viento, estaba allí esperando que un viento abriera algún camino.
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Algo así como un polvo con la enfermera más hermosa del hospital, mientras los otros moribundos se aferran a dioses u otras ideas de fe, para no darse cuenta que están viviendo el último día de su vida. Por eso deseo un acto lo suficientemente fuerte como para que se parezca a esa tarde donde todos los moribundos rezaban y él, sin ser otra cosa que un moribundo más, se echaba el último polvo de su vida y lo sabía. Qué belleza, qué belleza se reúne hoy, en mis manos. Los cuatro elementos que producen un universo y, al mismo tiempo, lo que al universo le faltará desde mucho antes de ser un universo, para que los cuatro elementos tengan cabida en el sistema. Los elementos no pertenecen al universo y el universo no puede ser sin los elementos. El universo se nutre de lo que no posee. Los elementos no se nutren de nada, están ahí, en el lenguaje, mismo, podríamos decir, para todo universo que no posea. Sin los elementos (del lenguaje, por ejemplo) no habría universos, pero la historia, los verdaderos actos históricos los producen los universos. Por ejemplo, me gustaría que los casi 50 millones de españoles se enteraran, todos por igual, de cómo César Vallejo, amaba a España. Después también me gustaría enseñarle hacer el amor a las mujeres en general, yo por mi parte y debido a mi ingenuidad, como dicen los más grandes poetas, no pediría nada para mí, porque de eso, lo tendría todo. Del amor, del dinero, de los grandes viajes, de las lentas tardes apacibles, de un polvo detrás de otro como si de una guerra se tratase. Para mí no pediría nada, pero me gustaría enseñarles a vivir mejor, a gozar de cada cosa del vivir y de cada cosa del morir, aunque yo ya no pueda, me gustaría ver inmensas praderas sembradas de amor. El número cuatro es el rey de los números, en el número cuatro se agotan las dimensiones habituales y se abren nuevas dimensiones temporales que aunque acontezcan fuera del sujeto, por ser del tiempo, le pertenecen al sujeto. Por fin conseguí en Madrid algo bueno. LAS 200I NOCHES, se la debo toda a Madrid. Amo a Madrid, como se aman los benefactores desinteresados del arte, que escriba lo que escriba el escritor siguen manteniendo su honor y su cuota social para que el poeta no deje de decir. Para que liberándose nos brinde la posibilidad de nuestra propia liberación. Por eso amo a Madrid, porque después de habérmelo quitado todo, casi todo, me da lo único que yo realmente quería, lo único que deseaba, ser un escritor y tener una revista como LAS 2001 NOCHES, como Fiódor Dostoievski (que no sé ni cómo se escribe), como Germán Pardo García que gracias a poder publicar una revista vivió 92 años.
Espero poder cambiar todas mis relaciones con el mundo que me
rodea. Y no es para que nadie lo crea, pero ¿se imaginan? a los 100 años, para festejar, hago una gran fiesta y delante de todo el mundo me voy rodeando de mujeres, y les entrego en una sencilla ceremonia una verdad. Verdad sencilla, pero el estado en que nos encontrábamos era embarazoso, ambos sabíamos que tus tetas turgentes las veía yo solo, que mi atlético cuerpo lo verías tú sola. Sabíamos y no sabíamos, algo se nos debería haber caído en tantos años, pero cuando yo te miraba a los ojos, tus ojos briIlaban a tus 94 años con todo el resplandor de tus amores con otros hombres y mujeres y mis ojos, ah, mis ojos, todas las mujeres de todos los países, de todas las aldeas, de todos los barrios, las chicas de la calle, las condesas del amor, todas, absolutamente todas tenían una lágrima suya en mis ojos. Este último pensamiento mío hizo que te acercaras al borde de mis ojos para contemplar extasiada esa multitud de lágrimas amadas que nos verían hacer el amor y dejándote caer en una lágrima propia entraste en mis ojos. Tu entrada produjo un alboroto que casi me enceguece. Al borde de caernos, tambaleantes, por la emoción y el vino compartido, te acaricié muy levemente tus cabellos y un rayo de luz iluminó tus pechos, y millones de lágrimas, mujeres que viven en mis manos, hicieron de tu cuerpo un pájaro incansable.
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Me acerqué un poco más con la intención que olieras el perfume que tanto te gustaba y que por eso yo usaba desde los 30 años. No me hagas esto viejo, me dijiste, delante de la gente, nuestros cuerpos cayéndose. Nadie se dará cuenta, mi amor, te respondí como cuando jóvenes te aclaraba alguna duda histórica, sobre el día del trabajador o bien sobre con quiénes, en realidad, habíamos hecho el amor la noche ante flor.
A veces, estabas un poco distraída, contando las
estrellas, escuchando mis versos. Cómo te gustaban mis versos. A mí me
gustaba que fueran mis versos y no yo, quienes te fueran conquistando, si
te enamorabas de mi poesía, yo sería un gran poeta, sólo para que te
quedaras a mi lado, contemplan- do tu obra maestra, este escritor todo del
tiempo, todo de las lágrimas. -Mira que me la garcho, mira que me la garcho. O cuan- do te susurraba al oído el nombre de Gardel para que te sin- tieras una artista de cine. Las pequeñas palabras habían hecho su efecto, te abrazaste a mí y dejaste que tu alma se perdiera en los abismos del canto. No era necesario ni que nos tocáramos. Los culos y las tetas que pasaban, permanentemente, por la escena, los hombres desnudos paseando alrededor con equilibrada belleza, lo hicieron todo. La gente de la fiesta al vernos emocionados se asustaron un poco y se acercaron rápidamente cuando estábamos nos corrernos y no tuvimos más remedio que tener el orgasmo entre cientos de personas que nos tocaban y nos hacían preguntas tontas para saber si estábamos vivos o muertos. Nos dieron dos o tres vasos de agua y no nos llevaron a hospital, porque al decirme al oído pero en voz alta, que había sido maravilloso, una mujer joven de 70 años, no tomó de las manos y nos dijo con una voz encantador Ahora iremos a hacer el amor con las estrellas, pero todo juntos, nosotros tres y las estrellas. MIGUEL OSCAR MENASSA
Ya quiero que me dejen morir sobre los campos
Que no escuche en la hora solemne de mi muerte
Que me dejen tendida, solita en la llanura,
Porque así moriré sabiendo que el pecado
Porque así seré buena: olvidaré ambiciones;
Moriré en la verdad. iSabré que mis errores, Pero que no me tiendan sobre el lecho mezquino
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para
morir. No pongan el tono vespertino Porque
acaso mi alma, libre hoy de cobardía, O
acaso, sin derecho, ya que la vida aquesta ¡Oh!
¡No! Toda la paz para morir deseo; Es
muy dulce el silencio de esta hora; Oh,
ven, que entre tus manos haré almohada, Te
esperaré en nuestro banco No
esperes, al llegar, que yo me mueva Me
lo suele impedir el corazón Mi
corazón está tan castigado Si
un día entre tus brazos se me aquieta, Ponme
sobre las sienes muchas rosas Las
sentiré caer como un suspiro ¿No
sabes que la muerte es la dulzura ¡Oh,
si fuera el allá silencio eterno Estoy
cansada de escuchar sonidos; El
cerebro me pesa como un cuervo Y
tengo tal deseo de dormir... iOh,
dejarse llevar sin voluntad No
saber de uno mismo; ser el ave; No
esperes que se aquiete el corazón; Esta
noche, mi bien, y no mañana. Aquí,
entre flores pálidas y mustias No
tardes esta noche, amado mío... No
tardes esta noche que estoy sola. Esto
es amor, esto es amor: yo siento Y
soy una y soy mil; todas las vidas Y
no puedo ya más; en cada gota Y
me doblo, me doblo bajo el peso
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A Gabriela Mistral Llegará
un día en que la raza humana Y
el viejo sol en el espacio sea Llegará
un día en que el enfriado mundo Una
gran sombra rodeará la esfera Pero
en la sombra a tientas, solitaria, Sola,
con sus criaturas preferidas (Madre
que marcha aún con el veneno Ni
una ciudad de pie.. Ruinas y escombros Desde
allí arriba, negra la montaña Acaso
el mar no será más que un duro Y
así, angustiado en su dureza, a solas. Y
pasará los años en acecho Y
allá donde la tierra se le aduna. Y
ya nada tendrá más que el deseo En
vano querrá el bloque mover bocas Oír
sobre ellas el horrendo grito Ya
nada quedará: de polo a polo Voluptuosas
moradas de latinos Oscuras
cuevas de los esquimales Y
negros, y amarillos y cobrizos, Se
mirarán entonces bajo tierra De
las manos tomados, la redonda Y
gemirán en coro de lamentos: -La
tierra era un jardín lleno de rosas -Se
recostaban sobre ríos unas, -Entre
ellas se tendían finos rieles, -Y
florecía el campo, y todo era -Yen
vez de comprender, puñal en mano -Calumniábanse
entre ellas las mujeres
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-Íbamos
todos contra el que era bueno -Y
ahora, blancos huesos, la redonda -Y
de la humana, nuestra llamarada, Pero
quién sabe si una estatua muda Y
así, surcando por las sombras, sea El
último refugio de la forma Y
que, aplastada por su sutileza, Y
alguna dulce, cariñosa, estrella, ¿Quién
es esa mujer que así se atreve, Y
la amará por celestial instinto Y
acaso un día, por piedad sin nombre La
luz de un sol que viaje pasajero Y
le insinúe: Oh, fatigada esfera: -Absórbeme
un instante: soy el alma ¡Cómo
se moverán bajo la tierra : ¡Cómo
pujando hacia la luz divina Mas
será en vano que los muertos ojos ¡En
vano! ¡En vano! ¡Demasiado espesas Amontonados
todos .y vencidos, Y
al llamado del astro pasajero
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ALGUNA MEMORIA I Bella que me anuncias una extraordinaria complicación. Tantos crímenes olvidados reaparecen por ti. Llega el tiempo de la proeza infatigable frente a tus ojos sin sueño que ningún diamante puede cerrar: Ella se expone a las angustias del siglo, usinas de la realidad. Más explícita se quiere, menos se la conoce. El sueño de los asesinos y de los poetas es que llegue a tener un rostro. Para llegar aquí, ella debe atravesar una región de fotógrafos exacerbados por su asombrosa presencia. A pesar de su aplicación, estos espectadores sólo se quedarán con las pruebas delebles de su distancia de la verdad. Es que para retenerla hubiera sido preciso transformarse en ella, ser ella, y no su descripción más o menos feliz. Yo me lo repito siempre después de mis tentativas inútiles. Ella mantiene la frescura, la diligencia feliz de la vida, por cuya justificación nos dejamos tentar, hierros de tristeza y de habilidad vergonzosa. Invita a los hombres, a quienes sabe posibles no por el memorial de sus servicios, sino por la suma de su condición a un juego de alta conciencia y de contumacia en el extremo de los enigmas. Ha conseguido así formar una tribu dispersa por el mundo, cuyos miembros se ignoran mutuamente y sin embargo reparan en común los hilos rotos de una gran red de belleza. La jurisprudencia acumulada por las heridas, la imagen del mundo construida con la memoria de una continua decepción, la torpeza de la saciedad en el epílogo, todas las apariencias de la consumación se borran y se anulan en el esplendor de ese deseo que arrastra consigo el asombro, el origen y la felicidad del universo y que ella, continuamente, se complace en inspirar. Ella tampoco está exenta de las cargas fiscales, de las confusiones en la red telefónica, de las representaciones ilícitas. Pero se aviene, sin espanto, a ocupar con nosotros un lugar desfavorable en el mundo. A decir verdad, sólo emplea su tiempo en maravillarse. El siglo ha mejorado con su presencia. En ella, la oscuridad se transforma en largo regocijo del ladrón solitario. Las señales que no comprende no estaban dirigidas a nosotros. Viene de ausencias maravillosas, de seres que la amaron a través de otros seres cuyo destino era cambiarse en ella con tanta lentitud que la eternidad les maldice. (La eternidad maldice su lentitud, no su destino.) Ella no comprende el Oráculo, no se lleva bien con aquellos en quienes el Espíritu ha entrado para vociferar. ¡El lenguaje del dios resuena miserablemente puro en esas cabezas! No comprende una sola palabra que no haya atravesado el sufrimiento lúcido de un hombre, que no conserve señales de la lucha... Ella ignora también qué hacen los que se torturan a sí mismos para que los otros los vean, cuando había que ir más lejos, con los otros, más lejos todavía en el dolor... Esos inútiles inventores de martirio, de palidez, de revelación, a su vez, la odian misteriosamente. Ella no sabría entretener con apariciones espectaculares nuestros ojos ávidos de exageración. Prefiere permanecer en los resquicios de una realidad que se proclama habitable y obligatoria. Como a las larvas de luciérnaga, la tiniebla la abruma, pero le es imprescindible. Hasta que el Labrador la descubra, por último, en su terreno magnífico, seguirá siendo la víctima paciente de nuestras herramientas equivocadas. A su lado, contemplar el abismo resulta una excelente diversión. En su ausencia, comienzo de la angustia para el observador sensible. Ella siega el verano, y luego todo es azul alrededor de sus ojos invisibles. Como la cigarra, sólo puede vivir en medio del incendio que suscita. iAh, pequeño milagro, vida enorme! iEnorme vida en una nada enorme! Así como el placer es su reino, ella no puede detenerse en esas gradas fáciles donde el olvido nos ofrece sus pactos sospechosos. Si sufre, es para morir. Por ella entramos en el mundo, pero también por ella nos es cada vez más fácil excluirnos de él. El enigma del bello vivir. No obstante, la distancia y el diluvio, y las dificultades insalvables, y el honor y la maldición, ella se permite la aventura de vivir con nosotros. Sabe que el abismo terminará por recuperar, algún día, su confianza en el hombre. Tantas memorias excelentes la abruman con el sonido negro de un mal que ya no existe. La indiferencia de los pantanos es la forma que adopta, para ella, la soledad. Esos lugares impuros, bajo un sol retraído, a los que tiene una misteriosa necesidad de volver, la rechazan siempre con la misma cortesía... Presenciar ese leve comba- te de la curiosidad contra un infierno que se rehusa, es un espectáculo alucinante. Ella me dispensa a veces esos momentos de terror.
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El mundo-monstruo se transforma de pronto en el mundo- doncella, la escritura desesperada en escritura maravillada. Estos cambios la hechizan. Hierba siempre feliz al pie de los volcanes o en las llanuras sabias donde jura contra su vida el azote de Dios, ella descansa en la parte germinal de la conciencia. A través de ella se vuelven visibles las heridas del viento. El viento libre que sangra y que la adora. En las gradas de su palacio impenetrable, un juglar se detiene, un asesino discurre. Una mirada furtiva podía sorprenderla en una indescriptible actitud de evidencia. Para los seres sensibles al nuevo acontecimiento, la era del escándalo comenzaba, la era de la angustia tocaba a su fin. Ella desconfía de esos lugares donde el hombre aparece precedido por aclaraciones y citas que le vuelven improbable, esos recintos de la seguridad pública frecuentados por la presión arterial. En la cueva del alquimista, ella calla, como investida de una miseria admirable que fuera al mismo tiempo su rostro y su secreto. Mantiene exquisitas relaciones con la lujuria exhumada ante ella. La lluvia de cenizas le produce placer. A través de ella los relámpagos duran. Hay tiempo para las amistades más sorprendentes. Sus ojos son respetados por la nada, favorecidos por la prisión. Pero ella aparenta ignorar el sufrimiento que la sostiene. Su enemistad con los amos proviene de que habla de aquello que realmente le ocurre y no de aquello que, de acuerdo con lo dispuesto, le debiera ocurrir. En el patio de su silencio, único y feliz se yergue el bello árbol de los destituidos. Los errores en las tablas del bien y del mal se cargan en su cuenta. Ella dibuja un rostro sobre un rostro sin fin. Vive para inventar la razón de su ausencia. En las épocas de opresión, ella trabaja en la rebelión. En las épocas dé la gloria del hombre, en el Servicio de la Libertad Subterránea. Y lo que la vida quiere del poema, ella lo hace.
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GUERRA DE INDEPENDENCIA. AÑO DE 1939 I HIMNO A LOS VOLUNTARIOS DE LA REPÚBLICA Voluntario
de España, miliciano cuadrumano,
más acá, mucho más lejos,
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Un
día diurno, claro, atento, fértil ¿Batallas?
iNo! iPasiones! iY pasiones precedidas Así
tu criatura, miliciano, así tu exangüe criatura, Se
amarán todos los hombres y
beberán en nombre sin
vías a su cuerpo Obrero,
salvador, redentor nuestro, Voluntario
soviético, marchando a la cabeza de tu
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criara, armándote de polvo, Voluntario
fajado de tu zona fría, Porque
en España matan, otros matan Voluntarios, Para
que vosotros, Hombre
de Extremadura, Extremeño,
ioh no ser aún ese hombre Luego,
retrocediendo desde Talavera,
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amando por las malas, Mas desde aquí, más tarde, En Madrid, en Bilbao, en
Santander, ¡Y
la pólvora fue, de
pronto, nada, Málaga sin padre ni madre a cielazos,
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te vas III Solía escribir con su
dedo grande en el aire: Papel de viento. lo han
matado: ¡pasa! Palo en el que han colgado
su madero. i Viban los compañeros Viban con esta b del
buitre en las entrañas Registrándole,
muerto, sorprendiéronle
Pedro también solía comer , Lo han matado. obligándole
a morir Lo han matado suavemente Pedro Rojas. así. después
de muerto.
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SE
LLAMA POESÍA TODO AQUELLO La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal que, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla, mientras cede a la sola presencia de los inocentes. Nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática a cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos. Por supuesto, es el pueblo el poseedor potencial de la suprema aptitud poética: la inocencia. Y el pueblo aquellos que sienten la coerción del poder como un dolor. El inocente, conscientemente o no, se mueve en un mundo de valores (el amor, en primer término), el imbécil se mueve en un mundo en el cual el único valor está dado por el ejercicio del poder. Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros hasta el poder que dan las leyes. Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía. Como la poesía significa libertad, significa afirmación del hombre auténtico, del hombre que intenta realizarse, indudablemente tiene cierto prestigio ante los imbéciles. En ese mundo falsificado y artificial que ellos construyen, los imbéciles necesitan artículos de lujo: cortinados, bibelots, joyería, y algo así como la poesía. En esa poesía que ellos usan, la palabra y la imagen se convierten en elementos decorativos, y de ese modo se destruye su poder de incandescencia. Así se crea la llamada «poesía oficial», poesía de lentejuelas, poesía que suena a hueco. La poesía no es más que esa violenta necesidad de afirmar su ser que impulsa al hombre. Se opone a la voluntad de no ser que guía a las multitudes domesticadas, y se opone a la voluntad de ser en los otros que se manifiesta en quienes ejercen el poder. Los imbéciles viven en un mundo artificial y falso: basados en el poder que se puede ejercer sobre otros, niegan la rotunda realidad de lo humano, a la que sustituyen por esquemas huecos. El mundo del poder es un mundo vacío de sentido, fuera de la realidad. La poesía es una mística de la realidad. El poeta busca en la palabra no un modo de expresarse sino un modo de participar en la realidad misma. Recurre a la palabra, pero busca en ella su valor originario, la magia del momento de la creación del verbo, momento en que no era un signo, sino parte de la realidad misma. El poeta mediante el verbo no expresa la realidad, sino que participa de ella. La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia. Sólo los inocentes, que tienen que tienen el hábito del fuego purificador, que tienen dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran en la realidad. La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.
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No
mientas cabelleras diáfanas, ardientes goces, No
engañes con tu tibieza de astro reluciente No. Amar
el cuello enfebrecido El
frenesí de la luna y los besos, Paraíso
de lunas sajadas con desvío, Amar
a esa luz violeta los párpados cerrados, Esa
pesada puerta jamás girará. Una
mano del tamaño del odio, ¡Ah!
eres tú, eres tú, eterno nombre sin fecha, Eres
tú, sombra del mar poderoso, Mátame
si tú quieres, mar de plomo impiadoso,
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Mátame
como si un puñal, un sol dorado o lúcido, iAh,
pronto, pronto; quiero morir frente a ti, mar, Vengan
a mí tus espumas rompientes, cristalinas, Luzca
el morado sol sobre la muerte uniforme. Quiero
el color rosa o la vida, Quiero
besar el marfil de la mudez penúltima, Muerte
como el puñado de arena, Brilla
la luna entre el viento de otoño, La
luna como una mano, El
signo del amor, a veces en lo rostros queridos El
puro corazón adorado, la verdad de la vida, Es
sólo ya el desnudo. Es la risa en los dientes. iAh
maravilla lúcida de estrechar en los brazos
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-Los únicos brazos entre los cuales nos resignaríamos a pasar la vida, son los brazos de las Venus que han perdido los brazos. -Si los pintores necesitaran, como Delacroix, asistir al degüello de 400 odaliscas para decidirse a tomar los pinceles... Si, por lo menos, sólo fuesen capaces de empuñarlos antes de asesinar a su idolatrada Mamá... -Musicalmente, el clarinete es un instrumento muchísimo más rico que el diccionario. -Aunque se alteren todas nuestras concepciones sobre la Vida y la Muerte, ha llegado el momento de denunciar la enorme superchería de las «Meninas» que -siendo las propias «Meninas» de carne y hueso-- colgaron un letrerito donde se lee Velázquez, para que nadie descubra el auténtico y secular milagro de su inmortalidad. -Nadie escuchó con mayor provecho que Debussy, los arpegios que las manos traslúcidas de la lluvia improvisan contra el teclado de las persianas. -Las
frases, las ideas de Proust, se desarrollan y se enroscan, como las anguilas
que nadan en los acuarios; a veces deformadas por un efecto de refracción,
otras anudadas en acoplamientos viscosos, siempre envueltas en esa atmósfera
que tan sólo se encuentra en los acuarios y en el estilo de Proust. -En ninguna historia se revive, como en las irisaciones de los vidrios antiguos, la fugaz y emocionante historia de setecientos mil crepúsculos y auroras. -¡Las lágrimas lo corrompen todo! Partidarios insospechables de un «régimen mejorado», ¿tenemos derecho a reclamar una «ley seca» para la poesía... para una poesía «extra dry», gusto americano? -Todo el talento del «douannier» Rousseau estribó en la convicción con que, a los sesenta años, fue capaz de prenderse a un biberón. -La disección de los ojos de Monet hubiera demostrado que Monet poseía ojos de mosca; ojos forzados por innumerables ojitos que distinguen con nitidez los más sutiles matices de un color, pero que, siendo ojos autónomos, perciben esos matices independientemente, sin alcanzar una visión sintética de conjunto. -Las frases de Oscar Wilde no necesitan red. i Lástima que al realizar sus más arriesgadas acrobacias, nos dejen la incertidumbre de su sexo! -El cúmulo de atorrantismo y de burdel, de uso y abuso de limpiabotas, de sensiblería engominada, de ojo en compota, de retobe y de tristeza sin razón -allí está la pampa... más allá el indio... la quena... el tamboril -que se espereza y canta en los acordes del tango que improvisa cualquier lunfardo. -Es necesario procurarse una vestimenta de radiógrafo (que nos proteja del contacto demasiado brusco con lo sobrenatural, antes de aproximarnos a los rayos ultravioletas que iluminan los paisajes de Patinir. -No hay crítico comparable al cajón de nuestro escritorio. -Entre
otras... la más irreductibledisidencia ortográfica -Los cubistas cometieron el error de creer que una manzana era un tema menos literario y frugal que las nalgas de madame Recamier. -i Sin pie, no hay poesía! -exclaman algunos. Como si necesitásemos de esa confidencia para reconocerlos.
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MI
CORAZÓN -Dios es el único ser que, para reinar no tiene necesidad de existir. -Lo creado por el espíritu está más vivo que la materia. -En un espectáculo, en un baile, todos gozan de todos. -El
gusto de la concentración productiva, en un hombre -El amor quiere salir de sí, confundirse con su víctima como el vencedor con el vencido, y, sin embargo, conservar los privilegios del conquistador. -Religiosa embriaguez de las grandes ciudades. Panteísmo. Yo soy todos. Todos, soy yo. Torbellino. -Cuando un hombre se enferma, todos sus amigos abrigan un secreto deseo de verle morir; unos, para constatar que poseía una salud inferior a la suya propia; otros en la esperanza desinteresada de estudiar una agonía. -El arabesco es el más espiritualista de los dibujos. -La delgadez es más desnuda, más indecente que la obesidad. -La música ahonda el cielo. -La vida no posee más que un encanto verdadero: el encanto del juego. Pero, ¿y si nos resulta indiferente ganar , perder? -Existen pieles paquidérmicas, respecto a las cuales -Lo que no es ligeramente disforme tiene un aire insensible: de donde se deduce que la irregularidad, es decir lo inesperado, la sorpresa, el asombro, constituyen una parte esel cial y la característica de la belleza. -Las voluptuosidades del que mantiene a una amante participan a la vez del ángel y del propietario. Caridad y ferocidad. Incluso son independientes del sexo, de la belleza y d género animal. -Ante cada carta de un acreedor, escribid cincuenta línea sobre un asunto extraterrestre y estaréis salvados. -Dos cualidades literarias fundamentales: sobrenaturalimo e ironía. Ojeada individual, aspecto en que se perfilan cosas ante el escritor y después, giro satánico del espíritu. Lo sobrenatural abarca el color general y el acento, intendad, sonoridad, transparencia, vibración, profundidad resonancia en el espacio y el tiempo. -Existe en el acto del amor un gran parecido con la tortura o con una operación quirúrgica. -El trabajo, fuerza progresiva y acumulativa, devenga intereses como el capital, tanto en las facultades como en los resultados. -El juego, aún dirigido por la ciencia, será vencido, por fructuoso que sea, por el trabajo, por pequeño que sea, con tal de que sea continuo. -No desprecies la sensibilidad de nadie. La sensibilidad de cada cual, es su genio. -El gusto precoz por las mujeres. Yo confundo el olor de las pieles con el olor de la mujer. Me acuerdo... En fin, amaba a mi madre por su elegancia. Era un dandy precoz. -Lo que existe de embriagador en el mal gusto es el placer aristocrático de disgustar. -Un poco de trabajo repetido trescientas sesenta y cinco veces, proporciona trescientas sesenta y cinco veces un poco de dinero, es decir, una suma enorme. Al propio tiempo, "la gloria es un hecho". -Crear un lugar común, eso es el genio. -Se dice que tengo treinta años; pero si he vivido tres minutos en uno, ¿no tendré en realidad noventa?
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-El primer recién llegado, con tal de que sepa divertido tiene el derecho de hablar de sí mismo. -Mi furor ante el golpe de Estado. Cuántos disparos di fusil he soportado! ¡Un Bonaparte más! ¡Qué vergüenza! sin embargo, todo se ha pacificado. -En suma, ante la historia y ante el pueblo francés, la gran gloria de Napoleón III habría consistido en probar que el primero que llega puede gobernar una gran nación apoderándo se del telégrafo y de La Imprenta Nacional. -Sentimiento de «soledad» desde mi infancia. A pesar dc la familia -y rodeado de camaradas, sobre todo- sentimiento de destino eternamente solitario. No obstante, afición muy viva por la vida y el placer. -Hay personas que no pueden divertirse más que en tropel. El verdadero héroe se divierte absolutamente solo. -Es preciso trabajar, si no por gusto al menos por desesperación, puesto que, bien analizado, trabajar es menos aburrido que divertirse. -El hombre ama tanto al hombre que cuando huye de la ciudad es para seguir buscando a la gente; es decir, para rehacer la ciudad en el campo. -En el amor, como en casi todos los negocios humanos, el acuerdo es el resultado de un malentendido. Este malentendido es el placer. El hombre grita: «Oh, ángel mío». La mujer ronronea: «Mamá, mamá». y estos dos imbéciles están persuadidos de que piensan de consumo. El abismo infranqueable que produce la incomunicabilidad, sigue infranqueado. -Teoría de la verdadera civilización. Esta no reside en el gas, ni en el vapor, ni en los veladores de los espiritistas, sino en la disminución de la huella del pecado original.
-Aviso a los no-comunistas.
-Cuando Jesucristo dijo: «Bienaventurados los que tienen -Cuanto más se quiere mejor se quiere. -Cuanto más que trabaja mejor se trabaja, y más se desea trabajar. -Cuanto más se produce más fecundo se vuelve uno. Tras un exceso, uno se siente siempre más solo, más abandonado. -He cultivado mi histeria con gozo y terror. Ahora, siempre siento el vértigo, y hoy, 23 de enero de 1862 he experimentado una singular advertencia: he sentido pasar sobre mí «el viento de la imbecilidad». -A cada minuto somos aplastados por la idea y la sensación del tiempo. y no existen más que dos medios de escapar a esta pesadilla -para olvidarla-; el placer y el trabajo. El placer nos gasta. El trabajo nos fortifica. Escojamos. Cuanto más nos servimos de uno de esos medios más repugnancia nos causa el otro. El tiempo sólo puede olvidarse sirviéndose de él. Todo se hace sólo poco a poco. -No hay obra más larga que la que no nos decidimos a comenzar. Se transforma en pesadilla. -Sé siempre poeta, incluso en prosa. Gran estilo (nada más bello que el lugar común). -Conseguir el frenesí cotidiano. -Hay que querer soñar y saber soñar. Evocación de la inspiración. Arte mágico. Ponerse inmediatamente a escribir. Razono demasiado. -El trabajo inmediato, incluso el malo, es preferible a la ensoñación. Una serie de pequeñas voluntades dan lugar a un gran resultado.
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