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LAS
2001 NOCHES ÍNDICE NÚMERO 26
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EDITORIAL
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PAREJA
HUMANA |
SERÁN CENIZAS |
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CONVERSACIÓN
CON EL INSPECTOR FISCAL SOBRE POESÍA
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ÉXTASIS DEL
ZAPATO |
LLAMADA Y
COMPOSICIÓN DE LUGAR |
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ARIEL
CANZANI
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A ESA QUE VA
PASANDO AHÍ |
VII |
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DESESPERADA
FORMA DE AGONÍA
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OSCURIDAD HERMOSA |
QUE NO SE QUIEBRE
TODAVÍA EL HILO |
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INMENSAMENTE
SOLO
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A QUIEN VELA,
TODO SE RELEVA |
EL ESPEJO |
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LUMINOSA
CLARIDAD DE NOCHE
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MORTAL |
DE VIDA Y MUERTE |
|
NUNCA
LA LUZ
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EL AMOR |
PARA SEGUIR
VIAJANDO |
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AMBULAR EN LA
COLMENA-TRAMPA |
MUCHACHAS |
LOS LIBROS DE LA
EDITORIAL |
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GIUSEPPE
UNGARETTI |
CUADERNO SECRETO |
EL POEMA DE LA
CREACIÓN |
|
LA PIEDAD |
CÍTARA MÍA |
NOCHES DE
PIEL |
|
LA MUERTE
MEDITADA |
LAS MUJERES
VACÍAS |
ENTRE EL PLACER Y
EL ESPANTO |
|
GONZALO ROJAS |
DEL SENTIDO |
POETA ASESINADO |
|
EL FORNICIO |
SOCIOS DE HONOR |
....Y LLEGÓ EL
PSICOANÁLISIS |
|
RETRATO DE MUJER |
JOSÉ ÁNGEL
VALENTE |
¿PERVERSIÓN? O
¿LA MUERTE DE LA
PALABRA? |
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TODOS LOS
ELEGÍACOS SON UNOS CANALLAS |
UN CUERPO NO
TIENE NOMBRE |
EL SEXO DEL AMOR |
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Diario EL PAÍS, jueves 3 de junio de 1999
¿QUÉ IMPUESTO BAJARÍA?
LA RESPUESTA DE LOS CANDIDATOS:
- Alberto Ruiz-Gallardón: "Un 95% menos en el impuesto de
transmisiones especiales".
- Cristina Almeida: "No soy partidaria de bajar de peso".
- Ángel Pérez: "Que paguen".
- Álvarez del Manzano: "Yo no bajo ninguno".
- Fernando Morán: "Reduciré... el amor".
- Inés Sabanés: "Yo no los bajo".
LA RESPUESTA DEL POETA
CONVERSACIÓN
CON
EL INSPECTOR FISCAL
SOBRE POESÍA
Ciudadano
inspector,
perdone la molestia.
Gracias,
no se preocupe,
me quedaré de pie.
Quiero tratar
un asunto bastante delicado:
qué sitio ha de ocupar
el poeta
en las filas obreras.
Igual que los que tienen
tiendas y terrenos
también yo debo pagar
impuestos.
Usted me pide
quinientos al semestre
más veinticinco
por no declarar a tiempo.
Mi trabajo
es igual
a cualquier otro.
Mire
cuántas pérdidas,
cuántos gastos
invierto en materiales.
Usted sabe
naturalmente
eso que llaman rima.
Si la primera línea
termina en "ajo"
entonces, la tercera,
repitiendo las sílabas
debe poner
algo así
como "cascajo".
Si utilizo su lenguaje
la rima es un cheque,
hay que cobrarlo alternando los versos
y buscas
con detalle sufijos y prefijos
en el cofre vacío
de las declinaciones,
de las conjugaciones.
|
Coges una palabra
y quieres meterla en la estrofa
pero si no entra
y aprietas,
se rompe.
Ciudadano inspector:
le juro
que el poeta paga caras
las palabras.
Hablando mi lenguaje
la rima es un barril
de dinamita,
y la estrofa es la mecha.
La estrofa se consume,
y estalla la rima,
y por el aire y la ciudad
la estrofa
vuela.
¿Dónde hallar,
y a qué precio,
rimas que estallen
y de golpe maten?
Quizá sólo sean
cinco las rimas
increíbles
y sin estrenar, perdidas
más allá
de Venezuela.
Me voy a buscarlas,
haga frío, haga calor,
atado por anticipos, préstamos y deudas.
Ciudadano,
tenga en cuenta
el pago de los viajes.
La poesía
toda
es un viaje a lo desconocido.
La poesía
es como la extracción del radio
-Un año de trabajo
para sacar un gramo.
Sacar una sola palabra
entre miles de toneladas
de materia prima verbal.
Pero ¡qué ardiente
el calor de estas palabras
comparado
con la humeante
palabra bruta!
Esas palabras
mueven
millares de años,
millares de corazones.
Claro
que hay poetas
de distinta calidad.
Muchos
de hábil mano,
como prestidigitador,
sueltan estrofas de la boca,
suyas y de otros.
Y para qué hablar
de los castrados líricos.
Meten un verso ajeno
y están felices.
Eso es
robo y despilfarro
uno más entre los que azotan el país.
Esos
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125.000
ejemplares: NADIE, NUNCA ME ALCANZARÁ,
SOY LA POESÍA |
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versos
y odas
aplaudidos
hasta la saciedad
entrarán en la historia
como gastos accesorios
de lo hecho
por dos o tres buenos versos
de nosotros.
Muchos kilos de sal
habrás de comer
como suele decirse,
y fumar cien cigarrillos
hasta
sacar
la palabra preciosa
de las honduras artesianas
de la humanidad.
Rebaje por eso
los impuestos,
quítele
una rueda
a los ceros.
Uno noventa
cuestan cien cigarrillos.
Uno sesenta
la arroba de sal.
Demasiadas preguntas
su formulario tiene:
Ha viajado
o no ha viajado?
Y si le respondo
que en estos quince años
he reventado
decenas de Pegasos,
¿qué?
Póngase usted
en mi sitio,
piense en el servicio
y propiedades.
¿Qué ha de contestarme
si le digo que soy
caudillo popular
y al mismo tiempo
trabajo a su servicio?
La clase obrera
vibra en nuestras palabras,
somos proletarios
motores de la pluma.
La máquina
del alma
se gasta con los años.
Dicen entonces:
estás gastado,
fuera.
Cada vez amas menos,
te arriesgas menos
y mi frente
desgastada
por el tiempo no arremete.
Entonces llega
el desgaste mayor,
el desgaste
del alma, del corazón.
Y cuando
este sol,
grande y redondo
se alce
en el futuro
sin lisiados ni tullidos,
ya me habré
podrido,
muerto en una cuneta
junto
a decenas
de mis colegas.
Hago
mi balance final.Afirmo,
y no miento:
entre los vividores
y actuales fulleros
seré
el único
con deudas impagables.
|
Nuestra deuda
es aullar
como sirenas de bronce,
entre la niebla filistea
y el fragor de la tormenta.
El poeta
siempre adeuda al universo,
paga con su dolor
las multas,
los impuestos.
Adeudo
las calles de Broadway,
los cielos de Bagdad,
el ejército rojo,
los jardines de cerezos del Japón,
todo aquello
sobre lo que aún
no pude cantar.
Al fin y al cabo
¿para qué
tanto jaleo?
¿Para disparar rimas
y atronar con el ritmo?
La palabra del poeta
es su resurrección,
su inmortalidad,
ciudadano inspector.
Dentro de cien años,
en un pliego de papel
cogerán una estrofa
y resucitarán este tiempo
Y ese día
surgirá
con fulgor de asombros,
y olor a tinta
le envolverá en su vaho,
señor inspector.
Usted, habitante convencido
del día de hoy
saque en el Comisariado de Caminos
un pasaje para la eternidad,
calcule
el efecto de mis versos,
divida
mi salario
en trescientos años.
Mas la fuerza del poeta
no estriba
en que le recuerden a usted en el futuro
y se asusten.
No.
Hoy
la rima del poeta
es caricia también,
consigna,
látigo,
bayoneta.
Ciudadano inspector,
pagaré cinco
quitando los ceros que van detrás.
Por derecho
yo
reclamo un hueco
entre las filas
de los obreros
y campesinos más pobres.
Y si usted piensa
que todo consiste
en saber utilizar
palabras ajenas,
entonces, camaradas,
aquí tienen mi pluma,
y escriban
ustedes
cuanto quieran.
VLADIMIR MAIACOVSKI
Rusia, 1893
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ARIEL
CANZANI
Argentina, 1928
DESESPERADA
FORMA
DE AGONÍA
Cuando algo me duele, cuando viejas heridas
recomienzan
A lastimar despacio, tenuemente, hasta llevarme
al llanto,
Cuando la sangre vuelve a brotar mezclada
con la angustia
De esta soledad, de este ser y no ser no más
que escoria
Que la marea arrastra hacia distintos continentes.
Cuando la mar escapa por los ojos en llanto
inaferrable,
En sueños con los ojos abiertos nacen en mí
imágenes de monstruos
Surreales y formas de barcos navegando
entre las piedras
En bajíos que rompen los acerados vientres
y los inundan,
Los quiebran, los destrozan, en el tiempo
que pleamar y baja necesitan
Para llevarse a fondo el grito de los heridos
monstruos
Que buscan escapar, salvarse, hundir el llanto,
vivir un poco más
Aunque la vida sea tan sólo un abisal dolor
inacabable.
Cuando siento que llega, como la zarpa
de la niebla en mar,
Ese dolor que es mío -heredado del aire-
que se apretuja
Revienta el pecho con sus brazos fabricados
con algas,
Y despierta -la compasión no existe en ella- el caos
De todo lo que fue, de todo lo que nos golpea
las espaldas
Cada día con silenciosos golpes que duelen más
que ese
Que nuestras mismas manos quisieran hacerle
a la ahuecada carne;
Cuando la escucho y sé, presiento que retorna
opresiva y pulposa
Invento -desesperada forma de agonía- proteos
azules navegando
En aguas donde el azúcar -toneladas de azúcar-
se macera
Y da contorno a pobres monstruos híbridos
que también son hundidos
Por el grito dulzón ahogándoles los imposibles
sueños.
Cuando la toco y la puedo medir arrollada en mi
cuerpo,
Cuando viejas heridas amamantan la sangre de
sus formas de araña
Hago nacer naufragios perdiéndose en las playas
que amortajan
Los monstruos de azúcar de la efímera vida
que la sal se devora.
Desde tiempo poseo varaderos de absurdos
que construyen absurdos
Busco olvidar en el invento-desvarío a la angustia
sin término
Que harta de la muerte nos obliga a ser, vivir,
crear absurdamente
Aunque la vida sea tan solo un abisal dolor
irreparable. INMENSAMENTE
SOLO
¿Escuchas?, el viento trae el frío
El horizonte grisáceas nubes muestra
Y pájaros marinos anunciando la muerte.
El Sol no tiene la tibieza de ayer,
La noche sólo brilla en la penumbra
De inexistentes lámparas... ¡Todo es mentira hoy!
Busco crear el frío, el gris,
La luz suicida que no existe,
Las sombras agitando murciélagos,
La sed de carpas centenarias
Dejándonos la boca sin la pastosa
|
Dulce humedad de la saliva.
Invento la lujuria, el desmedido hambre,
Los montes donde pinos y plátanos
Saturan la realidad de olor y verde.
¡Todo es mentira hoy!
La realidad es otra,
Los sueños siguen siéndoles,
Y el beso, la caricia, la desnuda palabra
-La que tiene la pureza de símbolo-
Se renueva en la nube rosada, en el aire caliente.
En las horas de caos
El cerebro abandona los sueños,
Somos niños cubiertos por babitas del diablo,
Pero siempre el retorno hace nido en, el alma.
¡Todo es mentira hoy!
Todo es invento del corazón sin fuerzas
Inmensamente solo. LUMINOSA
CLARIDAD
DE NOCHE
Mira. Puedes mirar en la lejana costa
La quieta mar, el cono giratorio
Del faro señalando derrotas.
Puedes mirar la cruz del campanario
Con su reloj antiguo que no marca las horas
-Feliz ha conseguido detener
El doloroso pasar de las jornadas-
También puedes mirar las amarillas barcas
Robándole al azul las agonías
De los plateados peces sin malicia
Y ver la luna chorreada de mercurio
En construcción de monstruos con árboles
Y casas que sobre el monte duermen. Mira. No cierres tus ojos esta tarde.
Todo se anuncia con luminosa claridad de noche
Engendrada en la calma.
Escucha. Deja en deriva la tensa necesidad
De las arterias, los prontos ojos.
Olvida el lobo agazapado que te espera,
A la hiena que ríe, a la rata que come
El necesario grano de los pobres.
Llena tus ojos del silencioso mundo
Nacido entre colores.
Podrás mañana y después de mañana
-Y muchos días más si has conseguido beberte
Hasta el olvido este crepúsculo-
Tener las fuerzas para dejar los dedos
Boyando, abandonados, sobre el viento,
Para dejar también la carne,
Lastre difícil para la piel exacta
Que nos envuelve y no permite huidas.
Mira. Destroza tus ojos de cristal y agua.
Todo se anuncia con luminosa claridad de noche
Engendrada en la calma. NUNCA
LA LUZ
Tímido el ojo, lento, fue llegando a la luz.
Sintió tinieblas, sombras, dolor en la obscura cavidad,
Húmeda cueva, córnea feliz de la tiniebla.
Luego el dolor, el penetrante dolor de lo palpable
Hizo relámpagos en la total medida de la piel
Y nada fue misterio. El espejo se dio libre y desnudo
Hirviente-frío en su bruñida esperma-plata-rostro.
Pudimos ver hasta detrás, hasta en la parte donde la muerte
Tuvo escondida su misteriosa vida. Vimos la luz, el brillo oculto del enigma buscado.
El sueño era por siempre una ficción horrible a olvidar,
A ser así como lo fue la enloquecida búsqueda de luz,
La hiriente luz que hoy el ojo muestra después de siglos
De cerebros rompiendo la piel para encontrarla.
Eufóricos, dando saltos, nos quemamos las manos
En el calor que iba llegando punzante corno espada.
No más la duda, el dolor del engaño de un poeta sin meta.
Nunca más la parábola, ni las fábulas, ni los duendes:
La brillante verdad agrandaba -hasta el llanto- los párpados.
¿Dónde están las tinieblas y las sombras amadas?
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¿Dónde debo llorar estos ojos que me queman de fuego?
Busco el negro, quiero darle palabras. Cambio sol por vacío,
La verdad por un sueño de amor, el claror por poemas,
Lo real por pequeñas figuras chinescas.
Busco sombras, quiero sueños de duda y angustia
Pero nunca la luz, pero nunca la luz, pero nunca la luz... AMBULAR
EN LA
COLMENA-TRAMPA
Prefiero la soledad al ruido de la lengua,
La soledad del día o de la noche
Perdido entre el cemento del colmenar nacido
Con polen de hombres que inventaron
Rascacielos y calles de intrincadas medidas.
Quiero vagar de ronza. Sentir en los tobillos
El paso fugitivo que a mi lado camina
Y al minuto se pierde en las voraces calles.
Quiero putear al viento, al frío, al gris
Que por mis piernas sube. Putear en el silencio
Mascullando poemas y palabras perdidas.
Quiero vagar en soledad, sintiendo el frío
Que hiela mis rodillas, mi sexo agazapado,
Mis amarillos ojos, mi lengua de algodón,
De estopa que no permite el grito sanguinoso
Diciendo la verdad, rompiendo tímpanos culpables.
Quiero ambular entre las luces de la colmena-trampa
Que mimetiza nuestro color de hombres
Y lo transforma en retractadas máscaras que ambulan.
Prefiero la soledad al ruido de la lengua,
Saber que soy el sólo testigo alucinado
De las malas palabras que pronuncio,
También del beso que aquí y allá miramos
Y de la herida que por detrás se brindan
Los seres cuando imaginan la ayuda de las sombras. Busco la soledad de la ciudad
despierta
Andar, vagar, romper mis doloridas piernas
Ser el sólo espectador de mis asombros-náuseas,
Ser el sólo testigo de la risa-temblor
De la lágrima-culpa que la vida procrea,
Ser el único espejo de la propia palabra. GIUSEPPE
UNGARETTI
Alejandría 1888
LA
PIEDAD
I Soy un hombre herido.
Y me quisiera ir
Y finalmente llegar,
Piedad, donde se escucha
El hombre que está solo consigo.
No tengo más que soberbia y bondad.
Y me siento exiliado entre los hombres.
Pero por ellos sufro.
¿No seré digno de volver a mí?
He poblado de nombres el silencio.
¿Hice pedazos corazón y mente
Para caer en servidumbre de palabras?
Reino sobre fantasmas.
Ah hojas secas,
Alma llevada aquí y allá...
No, odio el viento y su voz
De bestia inmemorable.
Dios, ¿aquellos que te imploran
No te conocen ya más que de nombre?
Me has expulsado de la vida.
¿Me expulsarás de la muerte?
Quizás el hombre también es indigno de esperar.
|
¿Está seca también la fuente del remordimiento?
Qué importa el pecado,
Si ya no conduce a la pureza.
La carne recuerda apenas
Que ha sido fuerte alguna vez.
Es loca y gastada, el alma.
Dios, mira nuestra debilidad.
Queremos una certeza.
¿Ya ni siquiera ríes de nosotros?
Y compadécenos entonces, crueldad.
No puedo ya más estar amurallado
En el deseo sin amor.
Muéstranos un vestigio de justicia.
¿Cuál es tu ley?
Fulmina mis pobres emociones,
Libérame de la inquietud.
Estoy cansado de gritar sin voz.
II
Melancólica carne
Donde brotó la alegría alguna vez,
Ojos entrecerrados en el cansado despertar,
¿Tú ves, alma demasiado madura,
El que seré, caído en tierra?
Está en los vivos el camino de los muertos.
Somos nosotros el torrente de sombras,
Son ellas el grano que nos estalla en sueño,
Suya es la lejanía que nos queda,
Y suya es la sombra que da peso a los nombres.
¿La esperanza de un montón de sombra
Y no otra cosa es nuestra suerte?
¿Y tú, Dios, sólo serás un sueño?
Al menos a un sueño, temerarios,
Queremos que te parezcas.
Es fruto de la demencia más clara.
No tiembla en nubes de ramas
Como pájaros de mañana
Al filo de los párpados.
En nosotros está y languidece, llaga misteriosa.
III
La luz que nos hiere
Es un filo cada vez más sutil.
¿No deslumbras tú, si no matas?
Dame esta alegría suprema.
IV
El hombre, monótono universo,
Cree extender sus bienes
Y de sus manos febriles
No salen más que límites sin fin.
Unido sobre el vacío
A su hilo de araña,
No teme y no seduce
Sino el propio grito.
Repara lo gastado alzando tumbas,
Y para pensarse, Eterno,
No tiene más que las blasfemias. |
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LA
MUERTE MEDITADA
Canto primero Oh hermana de la sombra,
Nocturna cuando la luz tiene más fuerza,
Me sigues, muerte.
En un jardín puro
Te dio a luz la avidez ingenua
Y la paz se perdió,
Pensativa muerte,
Sobre tu boca.
Desde ese momento
Te oigo en el fluir de la mente
Ahondar lejanías,
Emula sufriente de lo eterno.
Madre venenosa de los siglos
En el pavor del latido
Y de la soledad,
Belleza castigada y risueña,
En el entorpecimiento de la carne
Soñadora huidiza,
Atleta sin sueño
De nuestra grandeza,
Cuando me hayas domado, dime:
¿En la melancolía de los vivos
Volará largo tiempo mi sombra?
Canto segundo
Cava las vidas íntimas
De nuestra máscara infeliz
(Clausura de infinito)
Con blandura fanática
La sombría vigilia de los padres.
Muerte, muda palabra,
Arena dispuesta como un lecho
Por la sangre,
Te oigo cantar como una cigarra
En la rosa enlutada de los reflejos.
Canto tercero
Graba las arrugas secretas
De nuestra máscara infeliz
La befa infinita de los padres.
Tú, en la luz honda,
Oh confuso silencio,
Insistes como las cigarras iracundas.
Canto cuarto Nubes me tomaron de la mano.
Quemo sobre la colina espacio y tiempo,
Como un mensajero tuyo,
Como el sueño, divina muerte.
Canto quinto
Has cerrado los ojos.
Nace una noche
Llena de fosas falsas,
De sonidos muertos
Como de corchos
De redes tendidas en el agua.
Tus manos se hacen un soplo
De inviolables lejanías,
Inaferrables como las ideas.
Y el equívoco de la luna
Y el balanceo, dulcísimos,
Si los quieres posar sobre mis ojos,
Tocan el alma.
Eres la mujer que pasa
Como un hoja
Y dejas en los árboles un fuego de otoño.
Canto sexto
Oh bella presa,
Voz nocturna,
Tus movimientos
Fomentan la fiebre.
Sólo tú, memoria demente,
Podías capturar la libertad.
Sobre tu carne inaferrable
Y vacilante dentro de espejos turbios,
¿Qué delitos, sueño,
No me enseñaste a consumar?
Con vosotros, fantasmas, nunca tengo reservas,
Y de vuestros remordimientos tengo lleno el corazón
Cuando es de día. |
GONZALO
ROJAS
Chile, 1917
EL
FORNICIO
Te besara en la punta de las pestañas y en los
pezones,
te turbulentamente besara,
mi vergonzosa, en esos muslos
de individua blanca, tocara esos pies
para otro vuelo más aire que ese aire
felino de tu fragancia, te dijera española
mía, francesa mía, inglesa, ragazza,
nórdica boreal, espuma
de la diáspora del Génesis, ¿qué más
te dijera por dentro
griega,
mi egipcia, romana por el mármol?
¿fenicia,
cartaginesa, o loca, locamente andaluza
en el arco de morir
con todos los pétalos abiertos,
tensa
la cítara de Dios, en la danza
del fornicio? Te oyera aullar,
te fuera mordiendo hasta las últimas
amapolas, mi posesa, te todavía
enloqueciera allí, en el frescor
ciego, te nadara
en la inmensidad
insaciable de la lascivia,
riera
frenético el frenesí con tus dientes, me
arrebatara el opio de tu piel hasta lo ebúrneo
de otra pureza, oyera cantar a las esferas
estallantes como Pitágoras,
te lamiera,
te olfateara como el león
a su leona
parara el sol
fálicamente mía
¡te amara!
RETRATO DE MUJER
Siempre estará la noche, mujer, para mirarte
cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido,
desnuda en la exacta y terrible realidad del gran vértigo
que te destruye. Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós de un solo tajo.
Te juré no escribirte.
Por eso estoy llamándote en el aire
para decirte nada, como dice el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que no me entiendes nunca,
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.
Ponte el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre,
y quémame en el último cigarrillo del miedo
el gran amor, y vete descalza por el aire que viniste
con la herida visible de tu belleza. Lástima
de la que llora y llora en la tormenta.
No te me mueras. Voy a pintarte tu rostro en un relámpago
tal como eres: dos ojos para ver lo visible y lo invisible,
una nariz arcángel y una boca animal, y una sonrisa
que me perdona, y algo sagrado y sin edad que vuela de tu frente,
mujer, y me estremece, porque tu rostro es rostro del Espíritu.
Vienes y vas, y adoras al mar que te arrebata con su espuma,
y te quedas inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo
de la noche, y me besas lo mismo que una ola.
Enigma fuiste. Enigma serás. No volarás
conmigo. Aquí, mujer, te dejo tu figura. 

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TODOS
LOS
ELEGÍACOS SON
UNOS CANALLAS
Acabo de matar a una mujer
después de haber dormido con ella una semana,
después de haberla amado con locura
desde el pelo a las uñas, después de haber comido
su cuerpo y su alma, con mi cuerpo hambriento. Aún la alcoba está llena de sus gritos,
y de sus gritos salen todavía sus ojos.
Aún está blanca y muda con los ojos abiertos,
hundida en su mudez y en su blancura,
después de la faena y la fatiga.
Son siete días con sus siete noches
los que estuvimos juntos en un enorme beso,
sin comer, sin beber, fuera del Mundo,
haciendo de esta cama de hotel un remolino
en el que naufragábamos.
Al momento de hundimos, todo era como un sol
del que nosotros fuimos solamente dos rayos,
porque no hay otro sol que el fuego convulsivo
del orgasmo sin fin, en que se quema
seminal el aroma.
Eramos dos partículas de la corriente libre.
Con el oído puesto bajo ella, despertábamos
a otro sol más terrible, pero imperecedero,
a un sol alimentado con la muerte del hombre,
y en ese sol ardíamos.
Al salir del infierno, la mujer se moría
por volver al infierno. Me acuerdo que lloraba
de sed, y me pedía que la matara pronto.
Me acuerdo de su cuerpo duro y enrojecido,
como en la playa, el beso del aire caluroso.
Ya no hay deseo en ella que no se haya cumplido.
Al verla así, me acuerdo de su risa preciosa,
de sus piernas flexibles, de su honda mordedura,
y aún la veo sangrienta entre las sábanas,
teatro de nuestra guerra.
¿Qué haré con su belleza convertida en cadáver?
¿La arrojaré por el balcón, después
de reducirla a polvo?
¿La enterraré después? ¿La dejaré a mi lado
como triste recuerdo?
No. Nunca lloraré sobre ningún recuerdo,
porque todo recuerdo es un difunto
que nos persigue hasta la muerte.
Me acostaré con ella. La enterraré conmigo.
Despertaré con ella.

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PAREJA
HUMANA
Hartazgo y orgasmo son dos pétalos en español
de un mismo
lirio tronchado
cuando la piel y vértebras, olfato y frenesí tristemente tiritan
en su blancura última, dos pétalos de nieve
y lava, dos espléndidos cuerpos deseosos
y cautelosos, asustados por el asombro, ligeramente heridos
en la luz sanguinaria de los desnudos:
un volcán
que empieza lentamente a hundirse. Así el amor en el flujo espontáneo de unas venas
encendidas por el hambre de no morir, así la muerte:
la eternidad así del beso, el instante
concupiscente, la puerta de los locos,
así el así de todo después del paraíso:
-Dios, ábrenos de una vez. ÉXTASIS
DEL ZAPATO
¿De dónde habrá salido este zapato
de mujer, enterrado vivo
entre el cerezo y el espectáculo
del cerezo?
Alguna vez hubo
uñas de diamante ahí de un pie
libertino en diálogo
con el otro
del que no hay noticia.
Ocioso
ahora duerme su desamparo en el pasto
a medio fulgor, mezcla
de altivez y
lástima: todo tan lejos. Lo
arqueológico, lo arterial del arco, el tacón;
¡y esa música! A
ESA QUE VA
PASANDO AHÍ
Religo lo religioso de tus piernas a la
sabiduría
alta de respiraste, mi aleteante,
a ti te lo dice la nariz que soy, mi
cartílago casi,
la costilla que alguna vez, el hueso
que seremos si somos. OSCURIDAD
HERMOSA
Anoche te he tocado y te he sentido
sin que mi mano huyera más allá de mi mano,
sin que mi cuerpo huyera, ni mi oído:
de un modo casi humano
te he sentido. Palpitante,
no sé si como sangre o como nube
errante,
por mi casa, en puntillas, oscuridad que sube,
oscuridad que baja, corriste, centelleante.
Corriste por mi casa de madera,
sus ventanas abriste
y te sentí latir la noche entera,
hija de los abismos, silenciosa,
guerrera, tan terrible, tan hermosa
que todo cuanto existe,
para mí, sin tu llama, no existiera. |
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A
QUIEN VELA
TODO SE REVELA
Bello es dormir al lado de una mujer hermosa,
después de haberla conocido
hasta la saciedad. Bello es correr desnudo
tras ella, por el césped
de los sueños eróticos. Pero es mejor velar, no sucumbir
a la hipnosis, gustar la lucha de las fieras
detrás de la maleza, con la oreja pegada
a la espalda olorosa,
la mano como víbora en los pechos
de la durmiente, oírla
respirar, olvidada de su cuerpo desnudo.
Después, llamar a su alma
y arrancarla un segundo de su rostro,
y tener la visión de lo que ha sido
mucho antes de dormir junto a mi sangre,
cuando erraba en el éter,
como un día de lluvia.
Y, aún más, decirle: "Ven,
sal de tu cuerpo. Vámonos de fuga.
Te llevaré en mis hombros, si me dices
que, después de gozarte y conocerte,
todavía eres tú, o eres la nada".
Bello es oír su voz: -"'Soy una parte
de ti, pero no soy
sino la emanación de tu locura,
la estrella del placer, nada más que el fulgor
de tu cuerpo en el mundo".
Todo es cosa de hundirse,
de caer hacia el fondo, como un árbol
parado en sus raíces, que cae, y nunca cesa
de caer hacia el fondo. MORTAL Del aire soy, del aire, como todo mortal,
del gran vuelo terrible y estoy aquí de paso a las estrellas,
pero vuelvo a decirte que los hombres estamos ya tan cerca
los unos de los otros,
que sería un error, si el estallido mismo es un error,
que sería un error el que no nos amáramos. EL
AMOR I
De pronto sales tú con tu llama y tu voz,
y eres blanca y flexible, y estás ahí mirándome,
y te quiero apartar y estás ahí mirándome,
y somos inocentes, y la azucena roja
me besa con tus labios, y es invierno, y estoy
en un puerto contigo, y es de noche.
Y no hay sábana donde dormir, y no hay, y no hay
sol en ninguna parte, y no hay estrella alguna
que arrancar a los cielos, y perdidos
no sabemos qué pasa, por qué la desnudez
nos devora, por qué la tempestad
llora como una loca, aunque nadie la escucha.
Y ahora, justo ahora que eres clara -permite-,
que te deseo, que me seduce tu voz
con su filtro profundo, permíteme juntar
mi beso con tu beso, permíteme tocarte
como el sol, y morirme.
Tocarte, unirte al día que soy, arrebatarte
hasta los altos cielos del amor, a esas cumbres
donde un día fui rey, llevarte al viento libre de la aurora,
volar, volar diez mil, diez mil años contigo,
solamente un minuto, pero seguir volando. |
MUCHACHAS Desde mi infancia vengo mirándolas,
oliéndolas,
gustándoles, palpándoles, oyéndolas llorar,
reír, dormir, vivir;
fealdad y belleza devorándose, azote
de planeta, una ráfaga
de arcángel y de hiena
que nos alumbra y enamora,
y nos trastorna al mediodía, al golpe
de un íntimo y riente chorro ardiente. CUADERNO
SECRETO
Lunes, de pronto el mar; el martes
desemboca en un parque; el miércoles
pierde las flores; el jueves
somos hijos de Júpiter; el viernes
te quiero más; el sábado
te regalo el collar; el domingo
el reloj del andén, y no llegas nunca. CÍTARA
MÍA
Cítara mía, hermosa
muchacha tantas veces gozada en mis festines
carnales y frutales, cantemos hoy para los ángeles,
toquemos para Dios este arrebato velocísimo,
desnudémonos ya, metámonos adentro
del beso más furioso,
porque el cielo nos mira y se complace
en nuestra libertad de animales desnudos. Dame otra vez tu cuerpo, sus racimos oscuros
para que de
ellos mane
la luz, deja que muerda tus estrellas, tus nubes olorosas,
único cielo que conozco, permíteme
recorrerte y tocarte como un nuevo David todas las cuerdas,
para que el mismo Dios vaya con mi semilla
como un latido múltiple por tus venas preciosas
y te estalle en los pechos de mármol y destruya
tu armónica cintura, mi cítara, y te baje a la belleza
de la vida mortal. LAS
MUJERES VACÍAS Pasan el día pintando otro cuerpo
sobre su cuerpo, sudan
pintura con partículas de sangre
mezclada a su belleza. DEL
SENTIDO Muslo lo que toco, muslo
y pétalo de mujer el día, muslo
lo blanco de lo traslúcido, U
y más U, y más y más U lo último
debajo de lo último, labio
el muslo en su latido
nupcial, y ojo
el muslo de verlo todo, y Hado,
sobre todo Hado de nacer, piedra
de no morir, muslo:
leopardo tembloroso. |
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