LAS
2001 NOCHES ÍNDICE NÚMERO 25
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| EDITORIAL |
"U" |
| NOTAS
DE DIRECCIÓN |
PABLO
DE ROKHA POR PABLO DE ROKHA |
| FELIX
GRANDE |
CANCIÓN
DE ADIÓS |
| LA
EDAD DE LOS MISILES |
CÍRCULO |
| JOSE
GARCÍA NIETO |
AUTORRETRATO
DE ADOLESCENCIA |
| LA
PARTIDA |
FRESCORES |
| CARTA
A JOSÉ LUIS PRADO |
JORGE
LUIS BORGES |
| AFORISMOS |
LA
ROSA DE PARACELSO |
| VOLTAIRE |
SOCIOS
DE HONOR |
| PABLO
DE ROKHA |
COLECCIÓN
PSICOANÁLISIS Y MEDICINA |
| ESTILO
DEL FANTASMA |
....Y
LLEGÓ EL PSICOANÁLSIS |
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SOBRE
LA IMPOSTURA
INTELECTUAL
Entrevista a Miguel Oscar Menassa
realizada por la
CNN PLAFF
Entrevista a Miguel Oscar Menassa
realizada por la
CNN PLAFF
Periodista.- ¿Qué opina, como Director, de las 2001 Noches, la
revista de poesía de mayor difusión del mundo? Además quisiera escuchar sus opiniones
acerca de las declaraciones del Director de la revista De Brolis.
MOM.- Primero me gustaría aclararle que Las 2001 Noches, publica 95.000 ejemplares
por mes de difusión gratuita, pero no sabemos si es la revista que más se lee en el
mundo.
En cuanto al fulano, decirle que los libros no muerden, que además de venderlos (que no
está mal) de vez en cuando puede leer alguno; porque certificar la "seriedad"
de un filósofo por ser estadounidense, como hizo ese señor por televisión, es cosa de
ignorantes, de relajados mentales, de insuficientes.
Periodista.- ¿Tiene alguna opinión sobre el físico
estadounidense Allan Tutifruti?
MOM.- Bueno, lo que tengo no es una opinión o, mejor
dicho, es una opinión convalidada.
Periodista.- ¿Puede decírnosla?
MOM.- Sí, si usted quiere.
Periodista.- Sí, sí, por favor..
MOM.- EL señor Allan Tutifruti es un BOLUDO.
Periodista.- Pero por qué dice eso, Usted que es un poeta.
MOM.- Bueno, yo no lo digo, todo el mundo lo sabe "TODOS los ESTADOUNIDENSES
son Boludos", por eso siempre atacan con armas muy poderosas.
No tienen argumentos intelectuales, son impostores.
Definición de tutifruti: Aquél que no se puede ganar la vida
con lo que sabe hacer más o menos bien (por ejemplo un profesor de física en una
Universidad de mala muerte) y comienza a trabajar de cualquier cosa, hasta de
Epistemólogo de la ciencias conjeturales, gana un poco más de dinero pero lo hace todo
mal.
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FERIA DEL LIBRO
DE MADRID
CASETA 41
DEL 28 DE MAYO
AL 13 DE JUNIO
PARQUE DEL RETIRO |

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19
de enero de 1999, Madrid, Princesa 17. Carta Nº1
Un hombre muerto, también,
es un hombre viviendo con miedo.
Por eso, precisamente, amor
mío, declaro la libertad, y habito, sin ningún decoro,
la ropa de los soldados muertos. Esos soldados, hechos a
la tierra sangre de tantos como uno, tierra de uno, esa
tierra de los soldados muertos por la libertad. Patria de
mí, tierra arrasada, cielo vuelto carmín, carmín de
muerte. De baile, carmín de baile, pero hasta morir.
Y ella se dejaba arrastrar
todo lo que podía y yo la besaba y ella besaba los
labios muertos de los soldados en la guerra y uno que
otro muerto se relajaba y moría en paz y alguno se
abrazaba con furia a tus labios y tu sangre fresca,
margarita que nunca deja de caer, rociaba el provenir de
próximos encuentros y la bestia, sin estar saciada ni
agradecida, dejaba de latir, moría, por ahora, para
poder vivir en el futuro.
La fui separando del resto y
contra la pared del fondo, donde la enredadera creía que
trepaba, le tape con una mano la boca para que no gritara
de sorpresa y le dije, tranquilamente, que la amaba y
ella se dejó caer, boca de nadie, muerta de la guerra,
en un verso de dolor y atravesó mi miedo para siempre.
Miguel
Oscar Menassa
Jueves
21 de enero de 1999. C/ Princesa 17.Carta Nº 2.
Todos lo
sabemos. Alguien contestará. Alguien morirá antes de
contestar. Todos lo sabemos. Hay una manera de llegar y
millones de maneras para no llegar. Todos lo sabemos, de
golpe viene el sol y lo quema todo con su fuego, lo deja
todo seco, perdido. Y cuando el sol se aleja, todo se
pudre sin su amor, el llanto nos ahoga.
La posibilidad de estar y de no estar al mismo tiempo son
posibilidades únicas de lo humano (quiero decir
psíquico). Ya que la ciencia no se equivoca donde
determina que el campo físico hace imposible el
acontecimiento de dos fenómenos simultáneos. Casi en
los opuestos la consistencia del campo psíquico se
fundamenta en el acontecimiento permanente de fenómenos
simultáneos. Reprimir esta capacidad vital de lo
psíquico, produce enfermedad.
Una interpretación psicoanalítica sería, entonces, ese
acontecimiento (palabra, acto, producción de lo nuevo)
que consigue establecer no tanto lo que me determina como
pasado sino, precisamente, aquello que me determina como
futuro.
El candidato deberá atravesar el camino que va desde la
determinación familiar (el pasado) a la determinación
desde el futuro fin de análisis, que nunca conseguirá,
ya que es, él mismo, con su condición de psicoanalista
en formación, el que genera la repetición de lo
diferente.
El inconsciente se produce por interpretación, para un
psicoanalista en formación, no quiere decir ninguna otra
cosa que ambicionar terminar con su psicoanálisis, es
ambicionar terminar con el concepto de pensamiento
inconsciente, es decir. el psicoanálisis se ha cerrado
para él, como camino Posible.
No que no pueda seguir intentándolo. Por ahora no podrá
ejercer como psicoanalista.
Miguel
Oscar Menassa
Viernes
22 de Enero de 1999, Princesa 17, Carta Nº 3.
Comenzar una
nueva vida todos los días, es algo que pueden casi todas
las personas, casi todos los días. Lo que no puede casi
nadie es seguir viviendo la nueva vida cuando pasan las
primeras 24 horas.
Por eso, me digo, es tan difícil, a veces, algún
compañero de viaje, un caminante amante del camino que
nos toca recorrer.
Dicen los luchadores que grandes soledades abren grandes
caminos pero que solos nunca podremos algo grande.
Quién velará mi sueño en los picos más altos de los
Andes?
Y nada me responde.
Es por eso que no quiero llegar a ninguna cumbre a menos
que alguien, alguno, quiera llegar conmigo.
Ni sexo, ni dinero pueden más que las altas cumbres,
pero a las altas cumbres solo se puede llegar
acompañado. después, también, permanecer, cuesta lo
suyo: un amor, dos amores, miles de amores, para no caer.
La tarde es noche en mí, en pleno invierno, pero estoy
contento. Ya han pasado dos semanas de haber comenzado a
vivir una nueva vida y todavía, estoy en ello. Estoy
contento.
Gracias por existir
Miguel
Oscar Menassa
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Sábado
23 de enero de 1999. Princesa 17.Carta Nº4
Haber
inaugurado con las tres cartas anteriores mi espacio en
Internet, me ha llenado de un nuevo entusiasmo, sentir
que sentado cómodamente en un sillón, especial para
estar sentado, pueda poner mi palabra al alcance de
infinitas escuchas.
Algo así como un nuevo amor. No me importan mucho los
resultados, sino la práctica del nuevo amor.
Poder decir algún día: Una vez, yo tuve un nuevo amor y
me dejé llevar por unos pobres besos hasta la muerte,
casi hasta la locura.
Y todo fue el color de mis apetencias. Y respiraba para
que existiera el aire y abría mis ojos para que el sol
no dejara de brillar.
Y tocaba con frenesí la guitarra de mis amores muertos y
era un quejido insostenible, mis propios versos se
dejaban caer como flores marchitas, abrumados por el peso
del amor. Era un borde donde había un dolor a punto de
romperse, un dolor perdiéndose, el nacimiento de una
nueva vida, un dolor muerto.
Gracias
por existir
Miguel
Oscar Menassa
Domingo
24 de enero de 1999. Princesa 17, carta Nº 5
Hoy estoy en mi casa haciendo
el domingo. Después del grupo de poesía de la mañana,
ahora las 4 y 30 de la tarde esperando la, verdadera,
hora de la verdad. Los partidos del domingo.
Alguien ganará, alguien perderá. Y traeré la luz y me
daré cuenta que no era para tanto. Un verso, también,
puede traer la luz.
A veces me siento, con algunas personas, una persona
antigua. Me da un poco de risa, pero me doy cuenta que
los años, también, pasan para mí.
Los versos no aman, ni odian, vamos, Menassa, puedes
escribir un verso.
No se lo que me pasa, estoy como encerrado en otros. A
veces, la libertad acontece cuando me dejo caer en mí.
El poema lo voy a dejar para más adelante, hoy sólo
puedo estas frases quietas, alejadas de todo porvenir. La
idea de escribir una carta todos los días quedó rota,
parece ser, con los domingos pero, sin embargo, algo
tendría que poder...
Por ejemplo: Tened cuidado con algunas frases de Menassa.
Cuando nos dice el animal grande no ataca sólo se
defiende, está hablando, ciertamente de animales y de
hombres de gran riqueza, ya a que a nosotros, los
trabajadores, los poetas, siempre nos atacaron animales
mucho más grandes que nosotros y mucho antes que
nosotros pensáramos en atacarlos.
La vida es leve para quien ya no depende de sí mismo.
No sé lo que me pasa hoy con la existencia de los
hombres.
Miguel
Oscar Menassa
Lunes
25 de enero de 1999, Princesa 17, Carta Nº 6
Ayer, domingo, no
pude casi nada, tres o cuatro letras para sentir que algo
estaba construyendo, que algo en mí, vivía, todavía.
Hoy sobro en el mundo. La gente me ve y pasa de largo,
nadie quiere comenzar la conversación que, claramente,
tendrán que tener con el Director de la Escuela.
Pienso que el silencio de los pueblos es el comienzo de
su propia destrucción.
En Madrid están todos muy ocupados en tratar de
descifrar cómo fue que se fundó con ellos. En Buenos
Aires, están todos muy ocupados en convencerse que
podrán solos, sin ellos.
Nadie concibe el futuro como determinando nuestro
presente. Nadie se anima a vivir como si viviéramos 200
años, aunque todo termine mañana.
Si te beso pensando que moriré mañana, ya soy un hombre
débil, un hombre a quien no le importa un carajo que te
guste o no te guste el beso. Mal beso he de darte.
Si te beso abrazado al sol del mañana, habrá en la
historia de los amores, un beso, un fuego, algo para
contar.
Ese espejismo sordo que me llama desde la música, lo
reconozco, es el amor que vuelve, la terquedad de lo
vivido queriendo ser canción.
Una interpretación psicoanalítica debería
sorprendernos a todos. EL OTRO no es nadie.
Gracias
por existir
Miguel
Oscar Menassa
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FÉLIX
GRANDE
España, 1937
LA EDAD DE
LOS MISSILES
Quería
ir a Marte en el cohete. Bajó a la pista en las
primeras horas de la mañana y a través de los
alambres les dijo a gritos a los hombres
uniformados que quería ir a Marte. Les dijo que
pagaba impuestos, que se llamaba Pritchard y que
tenía el derecho de ir a Marte. ¿No había
nacido en Ohio? ¿No era un buen ciudadano?
Entonces ¿por qué no podía ir a Marte? Los
amenazó con los puños y les dijo que quería
irse de la Tierra; todas las gentes con sentido
común querían irse de la Tierra. Antes de que
pasaran dos años iba a estallar una gran guerra
atómica, y él no queda estar en la Tierra en
ese entonces. Él y otros miles como él, todos
los que tuvieran un poco de sentido común, se
irían a Marte. Ya lo iban a ver. Escaparían de
las guerras, la censura, el estatismo, la
conscripción, el control gubernamental de eso o
de aquello: el arte o la ciencia. ¡Que se
quedaran otros! Les ofrecía su mano derecha, su
corazón, su cabeza, por una oportunidad de ir a
Marte. ¿Qué había que hacer, qué había que
firmar a quién había que conocer para embarcar
en un cohete?
RAY BRADBURY
... Lloro sobre
la suerte del mundo y la mía
CÉSARE PAVESE
1 Baja desde el futuro un tufo
a crimen ecuménico
el mono horrible de la muerte espesa
remontando la selva calcinada que muestra el vaticinio
amanece jugando sobre los hombros del presente infectado
el mono horrible con su mueva colorada epiléptica
tira de las orejas a américa a asia a europa
retuerce la nariz al rostro occidental
mete los dedos en los ojos de oriente
y atormenta a la hoja del calendario que esta noche
con la unción del terror arrancamos entre silencio
desciende avanza esa bufaratada de infortunio
es como un tren de pudre que recula hacia ahora
con el furgón de cola cubierto de gusanos
y la locomotora vociferando ardiendo
diluvia una noción de llamaradas gigantescas
sofoca el hondo amago de los hongos horrendos
nos refuta la visión entrevista de un dolor general
desde donde
como avispas locas manarán las quejas metálicas
imágenes de pueblos derritiéndose como azúcar morena
un fragor de infinito final de lumbre extraordinaria
un resuelto vastísimo como un átono coro
que interpretara augusto a las incalculables agonías
entre la urdimbre de lianas de los congresos de la paz
entre la fronda pantanoso de la bolsa del armamento
ágil y alucinante peludo apocalíptico baja desde el
futuro
avanza el mono horrible de la muerte avanza oliendo
a multitudes agrietadas a naciones recubiertas de
astillas
el mono llega haciendo cabriolas se detiene y restriega
en la epidermis del presente su bárbara pelambre
y se masturba cínico colgado del horro que anticipa
péndulo sonriente y espantoso miradlo
el tiempo se ha caído en un embudo loco
y gira y se revuelve y se transforma en una gelatina
que hiede al tenso crimen que estalla en el futuro
el tiempo desconchado desordenado avanza y retrocede
se contrae y se expande perdidas sus bisagras
como un motín de puertas al abordaje del vacío
el tiempo retorcido sin brújulas sin mandos
clama eructa enloquece y a los pies del presente
descompuesto vomita sus venideras hecatombes
2
(Tenemos miedo. Tenéis miedo.
Nosotros, para quienes ni existe
la calderilla del poder, subimos
por la espina dorsal del miedo.
Vosotros, a quienes el poder os es servido
matinalmente junto al desayuno,
descendéis por la espina dorsal del miedo.
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Tenemos miedo. Tenéis miedo.
Pero mientras que nuestro espanto
segrega miradas circulares, busca
grietas de humanidad a lo largo de la amenaza,
vuestro pánico graso solamente rezuma
venalidad y odio. Nuestro miedo
es igual que un antílope en el bosque incendiado;
el vuestro, un gato oscuro, arrebujado de arañazos.
Nuestras manos hinchadas de terror
buscan únicamente manos;
las vuestras buscan mapas,
y tórridos decretos y fusiles.
Tenemos miedo. Tenéis miedo. El nuestro
es apesadumbrado y deambulante;
el vuestro, acorazado y tumefacto. Todavía,
pulpos de hipocresía, salamandras bursátiles,
todavía hay clases entre los espantados.
Todavía hay diferencias de matiz que advierten
la víctima en un miedo y en el otro la hiena.)
3
Se acabará oír mirar nacer
el venero del mundo se quedará obstruido
el manantial que baja entre las grietas de las peñas
luego sin ojos sin oídos sin labios ni hocicos que lo
usen
viudo y errante sonará por las faldas de la montaña
como un balido dilatado y solo
-nunca la soledad habrá tenido tantísimas campanas-
torcidos vegetales con la fibra reseca cerrarán sus
testuces en la tarde vacía
y el cogollo de polvo de los caminos miserables
irá borrando lentamente las antiguas pisadas:
hablo de la desolación
el mar los cinco océanos lamiendo
con su lengua bovina los arrecifes calcinados
y en los puertos pesquemos las barcas con su nombre de
hembra
amable y torpemente escrito debajo de la quilla
una vez ya podrida la maroma otearán por la costa
bamboleándose humildes en el ir y venir de las mareas
algún velero inerme errará como un cáncer
sobre la superficie del agua solitaria:
hablo de la desolación
donde una raza hubiera sobrevendrá una estepa
interceptada vagamente por montones irregulares
de materias innominadas y de escombros enfermos
en los campos concisos y como rastro de la locura
brillarán entre el abandono las camisas de las
serpientes
cadáveres de cuervos y de grajos pernoctarán de día y
de noche junto a cadáveres de reses en atroz camaradería:
hablo de la desolación
4
miradlo, ahí está todo mirad bien el diario
que alguno de vosotros depositó en la mesa
con la unción del terror
mirad bien el gorgoteo de todos esos titulares
que algún linotipista compuso lentamente
con la unción del terror
recorred esas crónicas meticulosas que
alguien
mirando por encima del hombro tecleó sobre la máquina
despacio
con la unción del terror sumad todo el silencio del
periodista en sus informes
sumad la lentitud del cajista en su sótano
sumadle al viejo vendedor del kiosco su temblor boreal
sumad la expectativa inerme del amigo que puso
ese periódico en la mesa
¡y abocicaos en ese impreso
como vacas sedientas y saciaos! y miraos después
los unos a los otros chorreando babillas de terror
desde las comisuras que han bebido y leído
y rumiad luego extenuados
en esta habitación donde el diario preside
¡y vociferad de una vez con las mandíbulas de bronce
ante esas grietas que se abren como unas fauces de
prehistoria!
5
como un ecuador criminal cuelga el filo de un hacha
que de un cercén promete liquidar a la historia la
historia
lo que ha sido algo más que un macizo concepto
la historia lo que ha sido la urdimbre emocionante
de una conducta universal y un fragor de futuro
arrebato adobe a adobe y sílaba tras sílaba
|
humanismo coraje la emoción misteriosa de la vida
todo el largo cordón umbilical mediante el cual los
siglos
se insuflaban el uno al otro alimento para nacer
la permanencia modificada que venía desde épocas
remotas
las vaginas abriéndose como sangrientos túneles
al paso de las asunciones toda esa celular aritmética
toda esa turba de pasión y de esfuerzo fue la historia
todo el bárbaro ceño del amor
la multitudinaria voluntad de camaradería
los musculosos sueños de aquellos que empleaban su
existencia
en combatir las causas del miedo y del desastre
aquellos luminosos desprendidos segregando futuro
aquella obcecación purísima que era un imán aquello
aquello fue también la historia
la historia era también la nervatura de las
esperanzas
ese relevo inmemorial de los hombres de ciencia
combatiendo obstinados a los males mortíferos
a la busca de un cósmico resuello de alivio y de fortuna
si mientras giraban los planetas majestuosos
y crecían las galaxias y se dilataba la mañana del
mundo
ellos con batas blancas manos limpias y pequeñas
necesidades
miraban a los cancerosos retorcerse en sus vidas únicas
y corrían hacia sus rincones sus materias sus cálculos
con la idea del servicio humano como un clavo en su
corazón
la suma de esos grandes calenturientos era también la
historia
la historia fue esa marcha ese avance de fiebre
ese alpinismo llameante por la montaña de las edades
ese proyecto general de pasos ese búcaro gigantesco
donde el agua del tiempo alimentaba las flores de los
actos
esa mirada taladrante a la persecución del porvenir
¿el porvenir? hoy cuelga un hacha incomprensible
sobre la yugular de la historia el hacha chirriando
pendulando
convierte el porvenir en un minuto en un segundo en nada
convierte a la conciencia en una llaga en un harapo en un
escalofrío ¿el porvenir? ¿la historia? ¿la grandeza? ¿la
multitud? ¿el hacha? ¡fuimos muchos amamos creímos quisimos lo mejor para
todos!
6
(dan ganas de matarse y de llorar al otro borde del
suicidio
ganas de ser un muerto que llora todavía
ganas de estar en una caja rodeado de aquellos que te
aman
y continuar llorando amarillo hediondo
llorando por las quietas mejillas apagadas
dan ganas de llorar desde el subsuelo de la muerte
y contagiar de lágrimas y muerte a quienes contemplan tu
cadáver
hasta que todos muertos en la alcoba callada
no haya más que un llorar de muertos congregados
un fluir de muchas lágrimas desde pestañas frías
un fluir en el silencio y en la quietud y la sombra
un fluir que repitiera dulcemente: asesinos.)
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PSICOANALIZARTE
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JOSÉ
GARCÍA NIETO
España, 1914
LA PARTIDA
Contigo, mano a mano. Y no retiro
la postura, Señor. Jugamos fuerte.
Empeñada partida en que la muerte
será baza final. Apuesto. Miro
tus cartas, y me ganas siempre. Tiro
las mías. Das de nuevo. Quiero hacerte
trampas. Y no es posible. Clara suerte
tienes, contrario en el que tanto admiro.
Pierdo mucho, Señor. Y apenas queda
tiempo para el desquite. Haz Tú que pueda
igualar todavía. Si mi parte
no basta ya por pobre y mal jugada,
si de tanto caudal no queda nada,
ámame más, Señor, para ganarte.
CARTA
A
JOSE LUIS PRADO
Será que le hemos visto el
mango al cuchillo,
el sucio interior del mango que una piel brillante
cubría;
será que de pronto el cuchillo ha perdido su buscada
delgadez;
y se nos ha quedado en la mano, hiriendo
no con la sangre limpia de la herida
sino con la carroña de su elaborada fortaleza.
Será que la palabra cortaba el pan con una demasiada y
utilitaria perfección
y era la hoja fácil a las formas de la amada, de la
madre,
de la amistad o de Dios mismo;
será que el cuchillo ahora ha enseñado el infierno que
nuestro uso de hombres cubría,
será que ya el pan está migado hasta la confusión,
hasta la tierra,
hasta el hastío.
Yo he tenido, tengo todavía, un cuchillo con el que he
cortado,
con el que he partido a la hora justa,
en una mesa a la que te has sentado,
los manjares que creía posibles para tenerme en pie
sobre esto
que hemos dado en llamar poesía.
Parece que hace ya mucho tiempo.
Cuánta sorpresa, ¿te acuerdas?
Cuánto temblor sin definir rozándonos y
compartiéndonos
y haciéndonos amigos hasta la hermandad, ¿te acuerdas?
¿Te acuerdas?, ¿nos recuerdas en el camino real de la
aventura?
Yo iba un poco delante, y tú, detrás, preguntabas.
Se iba haciendo el cuchillo poco a poco, afilándose.
Y brillaba,
y daban ganas de llorar cuando el corte era claro
y los dos pedazos del manjar aparecían casi comunicados
y anteriores,
y un pedazo era yo, o eras tú, o éramos los dos
hablando,
y el otro era el que tendríamos que lanzar para bocado
de los hombres.
Había hambre en la tierra.
Creíamos que había hambre en el mundo y que tú y yo
daríamos de comer a infinidad de seres que esperaban
nuestros más verdaderos años.
Hace ya mucho tiempo,
hace siglos de aquello;
hace hambre en la tierra; otra hambre hace.
No la que tú y yo hemos visto;
no la de la sed, la de la justicia o la del lecho tibio,
no la de la palabra en flor que acongoje un punto a la
primera
muchacha que se apoye sobre un libro.
Hace frío y hambre.
Y sólo el mango de un cuchillo que fue tengo entre las
manos.
Y te lo digo a la hora del café como si te hablara a la
hora misma de la muerte,
y te lo digo sobre mis hijos y los tuyos como si no
supiera que al
hablar de esto está lloviendo fuego sobre sus cabezas.
Estoy haciendo infierno al que acaso puedan asomarse
con espanto un día.
Hace frío que sale del frío que me dan tus versos y los
míos al
entrechocarse ahora hablando de tantas cosas que creo
que no importan.
Hace frío y hambre.
|
Y ya no puedo partir el pan
porque sólo el mango del cuchillo está ensuciando mis manos, tan cuidadas.
¿O todo es mentira?
¿O nadie habla, nadie ha hablado nunca desde un horno,
desde un nevero que se nos ha negado?
Calor tuyo, frío que me envuelve, o terror de los dos
sin poderse entender eternamente.
¿O todo es mentira y hay que callar, callar como los
árboles, y elevarse por Dios hasta el instante de la total sequía?
¿O es que de nuevo a nosotros, a mí, tan pobre, tan
pulido, tan peinado y de hoy sobre la tierra,
me ha sido dado aparecer en el aire del ángel que Dios
precipitara en aquel día antiguo?
Dime si estoy dejado de la mano de Dios;
si estoy, mejor, dejado de la palabra de Dios,
de la más delgada y oculta palabra del Señor.
Y me callaré para siempre,
y nadie dirá nada,
y encontraré mil fórmulas para pasear mi cadáver por
la tierra,
mi insospechada mudez a la que no voy a poder
acostumbrarme
porque me he engañado cuatro veces diez años,
cuatro veces los cuatro niños que he sido
para conducir con su confianza ciega
a este hombre de hoy con espanto,
a este desertor de hoy que tiene el mango de un cuchillo
en su mano derecha. ¿Será que sólo el puro grito es lo que
alarma momentáneamente
mi entristecido corazón?
¿Será que estoy soñando y haciendo sonar una hierba
que ya no puede recoger mi muelle desencanto?
¿Será que el mango del cuchillo es mi alma, Dios mío,
y era sólo un metal de palabras de amor lo que la hacía
olvidarse del peligro?
Corre esta máquina de escribir, y golpea como un
corazón
atribulado,
corre respondiendo a mi anhelo por decir,
porque de pronto parece que es la última vez que va a
resistir el empujón de mis dedos febriles;
corre para que tú leas después, para llorarte después
sobre los hombros.
Y sé que hasta que se cayera a pedazos podría seguir
golpeando,
porque ya tengo el mango del cuchillo ensuciándome,
marcándome con fango y no con sangre de héroe
oscureciendo mis dedos que se aferran a su ardiente
ultimidad.
Sé que golpeo contra un muro de hambre,
y tengo sed, y es de noche hasta no sé cuándo.
Y te escribo, no sé, hasta aquí, por ejemplo.
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LAS 2001 NOCHES
DIRECTOR:
Miguel Oscar Menassa.
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PARA EUROPA:
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VOLTAIRE
Francia, 1694 |
PABLO
DE ROKHA
Chile, 1984
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CONQUISTADORES
Los verdaderos conquistadores son los que saben hacer
leyes. Su poderío es estable; los otros son torrentes
que pasan. CONSENTIMIENTO UNIVERSAL
Se ha dicho que el consentimiento de todos los hombres es
una prueba de la verdad. ¡Vaya prueba! Todos los pueblos
han creído en la magia, en la astrología, en los
oráculos, en las influencias de la luna. Hubiera debido
decirse, como mucho, que el consentimiento de todos los
sabios era, no una prueba, sino una especie de
probabilidad. Y aún así ¡vaya probabilidad! ¿Acaso
todos los sabios no creían antes de Copérnico que la
tierra estaba inmóvil en el centro del universo?
CORREGIRSE
Hay que seguir corrigiéndose aunque tenga uno ochenta
años. No me gustan los viejos que dicen: ya tengo esa
costumbre. ¡Pues bueno, viejo chalado, cámbiala por
otra, rehace tus versos si los has escrito y tu mal humor
si lo tienes! Combatamos contra nosotros mismos hasta el
último momento.
DEBER
Han hecho falta siglos para llegar a conocer una parte de
las leyes de la naturaleza. Un día basta al sabio para
conocer los deberes del hombre.
DEBILIDAD
Sólo los débiles cometen crímenes: los poderosos y los
felices no tienen necesidad de ello.
DECADENCIA
He perdido mis dientes. Muero al por menor
DUDA
La duda no es un estado demasiado agradable, pero la
certeza es un estado ridículo.
ESTILO
Los pensamientos de un autor deben entrar en nuestra alma
como la luz en los ojos, con placer y sin esfuerzo; y las
metáforas deben ser como un vaso, que cubre los objetos
pero deja verlos.
FELICIDAD
Buscamos la felicidad pero sin saber dónde, como los
borrachos buscan su casa, sabiendo confusamente que
tienen una.
FELICIDAD (2)
La felicidad es una palabra abstracta, compuesta de unas
cuantas ideas de placer.
IMÁN
La mayoría de los hombres son como la piedra de imán,
tienen un lado que repele y otro que atrae.
INGRATITUD
En medio de todas mis pasiones siempre he detestado el
vicio de la ingratitud y si le debiera un favor al diablo
hablaría bien de sus cuernos.
ERROR
Los errores históricos seducen a naciones enteras.
EUROPA
Quisiera que todo hombre público, cuando estuviese a
punto de cometer un gran disparate, se dijera siempre a
sí mismo: Europa te mira, puedes hacerlo.
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PREMIO PABLO
MENASSA DE LUCIA
1ª CONVOCATORIA
MODALIDADES: A) Poesía y b) Psicoanálisis
Fecha límite de entrega 31de Julio
c/Princesa, 17, 3º izq. 28008 MADRID
TEL.91 542 33 49 |
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ESTILO DEL FANTASMA
Ya por añejos vinos,
corre sangre, corren caballos negros, corren sollozos,
corre muerte,
y el sol relumbra en materias extrañas. Sobre el fluir
fluyente, abandonado, entre banderas fuertes,
sujeto tu ilusión, como un pájaro rojo,
a la orilla de los dramáticos océanos de números;
y, cuando las viejas águilas,
atardecen tus pupilas de otoño, llenas de pasado
guerrero,
y el escorpión del suceder nos troncha la espada,
mi furiosa pasión,
mi soberbia,
mi quemada pasión,
contra «la muerte inmortal», levantándose, frente a
frente,
enarbola sus ámbitos,
la marcha contra la nada, a la vanguardia de aquellos
ejércitos
tremendos,
en donde relucen las calaveras de los héroes.
Sí, el incendio en las últimas cumbres;
guarda las lágrimas en su tinaja el vendimiador de
dolores,
y sopla un hálito como trágico,
de tal manera ardido y helado, simultáneamente;
suena el miedo, de ser, entonces.
Encaramados a todos los símbolos,
feas bestias, negras bestias nos arrojan fruta podrida,
cocos
de tontos y obscuras imágenes hediondas,
y los degenerados de verula,
vestidos de perras,
largan amarga baba de lacayos sobre nosotros;
es, amiga, la familia del mundo,
no, es la flor del estiércol, es la flor, es la flor
morada y
roñosa de la burguesía;
pero a la medida que nos empequeñecemos de años y de
llantos, para bajar hacia la montaña de abajo,
y la figura de la verdad nos marca la cara,
avanzan hijos e hijas, retozando en la historia,
derrochando,
derramando
grandes copas dulces, y el vino y la miel rosada de la
juventud,
se les caen
como la risa a la Rusia soviética;
tú y yo nos miramos y envejecemos, porque nos miramos,
y porque el arte patina las cosas,
levantando su ataúd entre individuo e infinito.
Ahora, si nosotros nos
derrumbamos,
con todo aquello que nos amamos y nos besamos,
mutuamente,
cargados de vida,
y en lo cual radicó el honor de la existencia,
va a ser ceniza la figura del sexo y de la lengua y del
pecho
y del corazón que ya alumbra,
y en los pies estará todo el peso del mundo,
y ya nos vamos llegando, aproximando a la órbita,
llenando
de dispersión, colmando de sombra,
y tu belleza batalla contra tu belleza...
Emigran las golondrinas desde tu pelo de pueblos;
el tiempo de las cosechas del trigo y el vino
flamea en tu corazón cubierto de huevos de tiempo y
manzanas,
es decir, como tarde, cuando la tarde arrea sus rebaños;
nosotros dos, nosotros, cómo nos morimos, y cómo,
en ti la niña marchita, tan linda,
entristece de dignidad feliz a la mujer hermosa y
profunda,
como un carro de fuego,
en mí, el adolescente agresivo y entusiasta,
yace en este animal desesperado, con pecho tremendo, que
agita la dialéctica;
país de soledad, adentro del cual golpea y revienta el
océano,
y es una enorme isla, tan pequeña, que da espanto, y
gira
rugiendo,
porque dos criaturas están abrazadas;
huele a agua mojada, a paloma amarilla, a novela, a
laguna,
a vasija de otoño,
y un horizonte de suspiros y sollozos
suspende una gran tormenta sobre las nuestras cabezas;
el pájaro pálido de las hojas caídas
aletea a la ribera de los recuerdos, entre los braseros
arrodillados,
y retornan las viejas lámparas del pretérito,
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la angustia resplandece, como una virtud, en nosotros,
y el terror de los proletarios abandonados
nos raja el pecho, desde adentro, como con fuego
tremendo.
Imponente como la popa de un gran barco,
amarillo y espantoso de presencia,
el sol inicia la caída definitiva, tranco a tranco, como
el buey
de la tarde eterna;
besos de piedra,
todas las máscaras de dios se despluman,
y caen destrozados los penachos;
un ataúd de fuego grita desde el oriente.
"U"
Soy el hombre casado, yo soy
el hombre casado que inventó
el matrimonio;
varón antiguo y egregio, ceñido de catástrofes,
lúgubre;
hace mil años, mil años hace que no duermo cuidando los
chiquillos y las estrellas desveladas,
por eso arrastro mis carnes peludas de sueño
encima del país gutural de las chimeneas de ópalo. Dromedario,
polvoroso dromedario,
gran animal andariego y amarillo de verdades
crepusculares,
voy trotando con mi montura de amores tristes...
Alta y ancha rebota la vida tremenda
sobre mi enorme lomo de toro;
el pájaro con tongo de lo cotidiano se sonríe de mis
guitarras
tentaculares y absortas;
acostumbrado a criar hijos y cantos en la montaña,
degüello los sarcasmos del ave terrible con mis
cuchillos
inexistentes,
y continúo mis grandes estatuas de llanto;
los pueblos futuros aplauden la vieja chaqueta de verdugo
de mis tonadas.
Comparo mi corazón al preceptor de la escuela del
barrio,
y papiroteo en las tumbas usadas
la canción obscura de aquel que tiene deberes y
obligaciones
con lo infinito.
Además van a orillas mías los difuntos precipitados
de ahora
y sus andróginos en aceite;
los domino con la mirada muerta de mi corbata,
y mi actitud continúa encendiendo las lámparas
despavoridas.
Cuando los perros mojados del invierno aúllan, desde
la otra
vida,
y, desde la otra vida, gotean las aguas,
yo estoy comiendo charqui asado en carbones rumorosos,
los vinos maduros cantan en mis bodegas espirituales;
sueña la pequeña Winétt, acurrucada en su finura
triste y herida,
ríen los niños y las brasas alabando la alegría del
fuego,
y todos nos sentimos
millonarios de felicidad, poderosos de
felicidad,
contentos de la buena pobreza,
y tranquilos,
seguros de la buena pobreza y la buena tristeza que nos
toma humildes y emancipados,
... entonces, cuando los perros mojados del invierno
aúllan,
desde la otra vida...
«Bueno es que el hombre
aguante», le digo,
así le digo al esqueleto cuando se me anda quedando
atrás,
refunfuñando,
y le pego un puntapié en las costillas.
|
Frecuentemente voy a comprar avellanas o aceitunas al
cementerio,
voy con todos los mocosos, bien alegre,
como un fabricante de enfermedades que se hiciese
vendedor
de rosas;
a veces encuentro a la muerte meando detrás de la
esquina,
o a una estrella virgen con todos los pechos desnudos.
Mis dolores acuartelados
tienen un ardor tropical de orangutanes;
poeta del Occidente,
tengo los nervios mugrientos de fábricas y de máquinas,
las dactilógrafas de la actividad me desparraman la cara
trizada de abatimiento.
Y las ciudades enloquecieron mi tristeza
con la figura trepidante y estridente del automóvil:
civiles y municipales,
mis pantalones continúan la raya quebrada del siglo;
semejante una inmensa oficina de notario,
poblada de aburrimiento,
la tinaja ciega de la voluntad llena de moscas.
Un muerto errante llora debajo de mis canciones
deshabitadas.
Y un pájaro de pólvora
canta en mis manos tremendas y honorables, lo mismo que
el permanganato,
la vieja tonada de la gallina de los huevos azules.
PABLO DE ROKHA
POR PABLO DE ROKHA
Yo tengo la palabra agusanada y el
corazón lleno de cipreses metafísicos, ciudades,
polillas, lamentos y ruidos enormes, cuando la
personalidad, colmada de eclipses, aúlla: ¡Mujer,
sacúdeme las hojas marchitas del pantalón!... Andando,
platicando, llorando con la tierra por los caminos
varios, se me caen los gestos de los bolsillos,
-atardeciendo olvidé la lengua en la plaza pública...-,
no los recojo y ahí quedan, ahí, ahí, como pájaros
muertos en la soledad de los mundos, corrompiéndose; el
hombre corriente dice: "son colillas tristes";
y pasa como un bruto por una gran catedral gótica,
lloroso y baboso.
Como el pelo me crecen y me duelen las ideas; dolorosa
cabellera polvoroso, al contacto triste de lo exterior
cruje, orgánica, vibra, tiembla, dramática de verdades
y parece un manojo de acciones irremediables; radiogramas
y telegramas cruzan los hemisferios de mi fisiología
aullando sucesos, lugares, palabras.
Ayer me creía muerto; hoy no afirmo nada, nada,
absolutamente nada y, con el plumero cosmopolita de la
angustia, sacudo las telarañas a mi esqueleto
sonriéndome en gris de las calaveras, las paradojas, las
apariencias y los pensamientos; cual una culebra de fuego
la verdad de la verdad le muerde las costillas al
lúgubre Pablo.
Aráñanme los cantos, la congoja y el vientre, con
las peludas garras siniestras de lo infinito; voy a
inventar dos mundos ¡carajo! (¡mis águilas se ríen a
carcajadas de mis águilas irreparables!).
Un ataúd azul y unas canciones sin sentido,
intermitentes, guían mis trancos mundiales.
Y la manta piojenta de la vida me envuelve
grotescamente como la claridad a los ciegos... (Ruido de
multitudes y automóviles y muchedumbres van conmigo,
pues como pájaro solo y loco revienta lo absoluto en los
álamos negros de tu cabeza. ¡Pablo de Rokha! ... )
¡Universo, Universo, ¡cómo nos vamos borrando,
Universo, tú y yo, simultáneamente!...
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CANCIÓN DE
ADIÓS
A hoja caída del océano,
a religión abandonada, a espiga, a garganta, a bandera
de dios
moribundo, a relámpagos, despedazándose,
amiga tan querida... En este enorme tiempo, que nos
invade con su agua azotada,
con su agua gigante y valiente,
graznan los negros pájaros de espíritu,
y nosotros nos arañamos, defendiéndonos de nosotros de
nosotros, con la última muela de la poesía, y su
actitud
de rosa de palo,
uncimos los proverbios a las máquinas,
y nos quedamos aún más ancianos, más helados, más
amargos.
Ya las guitarras a agonía relampagueando,
y el acordeón solloza, porque todos los barcos zarparon,
hacia la sin riberas mar quejándose,
cuando tu actitud echa a volar la paloma despedazada.
¡Ah! tu pelo y tus pechos, niña de antaño,
y el pie de sol, que era la sociedad, la flor, la ley
humana, su
juventud de diamante incorruptible,
yo estoy barbudo y acuchillado de edades,
castaña, chocolate, paloma de río, lira blanca, ya
viene
lloviendo desde el poniente,
y los recuerdos tamborilean las ventanas hacia la nada,
un sol helado asoma su aureola de esqueleto, el terror
esencial del atardecer crucificado,
criaturas de pasado, abiertas a la tempestad de las alas
tronchadas.
Hinchada la boca de misterio, de invierno, de silencio
con
huesos,
rosal -Winétt- canción de la primavera remotísima,
copa
de santo de aquellos otoños obscuros a gran substancia,
chiquilla bonita de las cosechas ultramarinas,
durazno, tonada, estero, violeta, castaña, naranja,
manzana,
libro de otros cielos.
Carcajada de amapola, ya
dormida entre sus pájaros,
canasto de sombras a la lámpara,
vidrio de provincia feliz, botella azul de las casas
vacías,
ladrando a los álamos abandonados,
emigran las golondrinas amarillas desde tu frente
plateada,
y un sol cargado de faroles nocturnos
empuña su canción invernal de cuchillo sangriento, y
anchas,
terribles garras de llanto,
medio a medio del espantoso fluir moribundo.
Mordida de
pescados de cerebro, gran animal rubio,
juventud, autora del mundo, la yegua soberbia de oro, el
león, el chacal del instinto,
galopan las carreteras de occidente.
Gritando hacia las tumbas, corriendo, así partimos en
la
soberbia adolescencia,
sollozando, hoy bebemos la primera de las postreras
copas,
pero, al espantar los fantasmas indescriptibles, suenan
las
tibias, entrechocándose,
y un andrajo de infinito, como espantoso murciélago,
nos azota la cara, helado, agonizando, defendiéndose de
la
realidad definitiva.
Llueve, y adentro cantan las muchachas descalzas del
cementerio,
y aullamos por el sol, el sol, el sol que se derrumba,
solo, gigante, rojo como un toro, entre sus granadas.
Arrastrando pájaros, océanos, ámbitos,
tu canción juvenil, en trigales revolcándose, contra
sus viñedos y aguas,
se fue, sollozando, para jamás nunca...
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CÍRCULO
Ayer jugaba el mundo como un
gato en tu falda;
hoy te lame las finas botitas de paloma;
tienes el corazón poblado de cigarras,
y un parecido a muertas vihuelas desveladas,
gran melancólica. Posiblemente quepa todo el mar en
tus ojos
y quepa todo el sol en tu actitud de acuario;
como un perro amarillo te siguen los otoños,
y, ceñida de dioses fluviales y astronómicos,
eres la eternidad en la gota de espanto.
Tu ilusión se parece a una ciudad antigua,
a las caobas llenas de aroma entristecido,
a las piedras eternas y a las niñas heridas;
un pájaro de agosto se ahoga en tus pupilas,
y, como un traje obscuro, se te cae el delirio.
Seria como una espada, tienes la trial dulzura
de los viejos y tiernos sonetos del crepúsculo;
tu dignidad pueril arde como las frutas;
tus cantos se parecen a una gran jarra obscura
que se volcase arriba del ideal del mundo.
Tal como las semillas, te desgarraste en hijos,
y, lo mismo que un sueño que se multiplicara,
la carne dolorosa se te llenó de niños;
mujercita de invierno, nublada de suspiros,
la tristeza del sexo te muerde la palabra.
Todo el siglo te envuelve como un echarpe de
oro;
y, desde la verdad lluviosa de mi enigma,
entonas la tonada de los últimos novios;
tu arrobamiento errante canta en los matrimonios,
cual una alondra de humo, con las alas ardidas.
Enterrada en los cubos sellados de la angustia,
como Dios en la negra botella de los cielos,
nieta de hombres, nacida en pueblos de locura,
a tu gran flor herida la acuestas en mi angustia,
debajo de mis sienes aradas de silencio.
Asocio tu figura a las hembras hebreas,
y te veo, mordida de aceites y ciudades,
escribir la amargura de las tierras morenas
en la táctica azul de la trial danza horrenda
con la cuchilla rosa del pie inabordable.
Niña de las historias
melancólicas, niña,
niña de las novelas, niña de las tonadas,
tienes un gesto inmóvil de estampa de provincia
en el agua de asombro de la cara perdida
y en los serios cabellos goteados de dramas. Estás
sobre mi vida de piedra y hierro ardiente,
como la eternidad encima de los muertos,
recuerdo que viniste y has existido siempre
mujer, mi mujer mía, conjunto de mujeres,
toda la especie humana se lamenta en tus huesos.
Llenas de tierra entera, como un viento rodante,
y tus cabellos huelen a tonada oceánica;
naranjo de los pueblos terrosos y joviales,
tienes la soledad llena de soledades,
y tu corazón tiene la forma de una lágrima.
Semejante a un rebaño de nubes, arrastrando
la cola inmensa y turbia de lo desconocido,
tu alma enorme rebasa tus hechos y tus cantos,
y es lo mismo que un viento terrible y milenario
encadenado a una matita de suspiros.
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Te pareces a esas cántaras populares,
tan graciosas y tan modestas de costumbres;
tu democracia inmóvil huele a yuyos rurales,
muchacha del país, florida de velámenes,
y la greda morena, triste de aves azules.
Derivas de mineros y de conquistadores,
ancha y violenta gente llevó tu sangre extraña,
y tu abuelo, Don Domingo Sánderson fue un HOMBRE;
yo los miro y los veo cruzando el horizonte
con tu actitud futura encima de la espalda.
Eres la permanencia de las cosas profundas
y la amada geográfica llenando el Occidente;
tus labios y tus pechos son un panal de angustia,
y tu vientre maduro es un racimo de uvas
colgado del parrón colosal de la muerte.
Ay, amiga, mi amiga, tan amiga mi amiga,
cariñosa, lo mismo que el pan del hombre pobre;
naciste tú llorando y sollozó de vida;
yo te comparo a una cadena de fatigas
hecha para amarrar estrellas en desorden.
AUTOR
RETRATO DE
ADOLESCENCIA
Entre serpientes verdes y verbenas,
mi condición de león domesticado
tiene un rumor lacustre de colmenas
y un ladrido de océano quemado.
Ceñido de fantasmas y cadenas,
soy religión podrida y rey tronchado,
o un castillo feudal cuyas almenas
alzan tu nombre como un pan dorado.
Torres de sangre en campos de batalla,
olor a sol heroico y a metralla,
a espada de nación despavorida.
Se escuchan en mi ser lleno de muertos
y heridos, de cenizas y desiertos,
en donde un gran poeta se suicida.

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JORGE
LUIS BORGES
Argentina, 1899
LA ROSA DE
PARACELSO
En su taller, que abarcaba
las dos habitaciones del sótano, Paracelso pidió a su
Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le
enviara un discípulo. Atardecía. El escaso fuego de la
chimenea arrojaba sombras irregulares. Levantarse para
encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo.
Paracelso, distraído por la fatiga, olvidó su plegaria.
La noche había borrado los polvorientos alambiques y el
atanor cuando golpearon la puerta. El hombre,
soñoliento, se levantó, ascendió la breve escalera de
caracol y abrió una de las hojas. Entró un desconocido.
También estaba muy cansado. Paracelso le indicó un
banco; el otro se sentó y esperó. Durante un tiempo no
cambiaron una palabra. El maestro fue el primero que
habló.
-Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente
-dijo no sin cierta pompa-. No recuerdo la tuya. ¿Quién
eres y qué deseas de mí?
-Mi nombre es lo de menos -replicó el otro-. Tres
días y tres noches he caminado para entrar en tu casa.
Quiero ser tu discípulo. Te traigo todos mis haberes.
Sacó un talego y lo volcó sobre la mesa. Las monedas
eran muchas y de oro. Lo hizo con la mano derecha.
Paracelso le había dado la espalda para encender la
lámpara. Cuando se dio vuelta advirtió que la mano
izquierda sostenía una rosa. La rosa lo inquietó.
Se recostó, juntó la punta de los dedos y dijo:
-Me crees capaz de elaborar la piedra que trueca todos
los elementos en oro y me ofreces oro. No es oro lo que
busco, y si el oro te importa, no serás nunca mi
discípulo.
-El oro no me importa -respondió el otro-. Estas
monedas no son más que una parte de mi voluntad de
trabajo. Quiero que me enseñes el Arte. Quiero recorrer
a tu lado el camino que conduce a la Piedra.
Paracelso dijo con lentitud:
-El camino es la Piedra. El punto de partida es la
Piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado
aún a entender. Cada paso que darás es la meta.
El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:
-Pero, ¿hay una meta?
Paracelso se rió.
-Mis detractores, que no son menos numerosos que
estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les
doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé
que «hay» un Camino.
Hubo un silencio, y dijo el otro:
-Estoy listo a recorrerlo contigo, aunque debamos
caminar muchos años. Déjame cruzar el desierto. Déjame
divisar siquiera de lejos la tierra prometida, aunque los
astros no me dejen pisarla. Quiero una prueba antes de
emprender el camino.
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-¿Cuándo? -dijo con inquietud Paracelso.
-Ahora mismo -dijo con brusca decisión el discípulo.
Habían empezado hablando en latín; ahora, en
alemán.
El muchacho elevó en el aire la rosa.
-Es fama -dijo- que puedes quemar una rosa y hacerla
resurgir de la ceniza, por obra de tu arte. Déjame ser
testigo de ese prodigio. Eso te pido, y te daré después
mi vida entera.
-Eres muy crédulo -dijo el maestro-. No he menester
de la credulidad; exijo la fe.
El otro insistió.
-Precisamente porque no soy crédulo quiero ver con
mis ojos la aniquilación y la resurrección de la rosa.
Paracelso la había tomado, y al hablar jugaba con
ella.
-Eres crédulo -dijo-. ¿Dices que soy capaz de
destruirla?
-Nadie es incapaz de destruirla -dijo el discípulo.
-Estás equivocado ¿Crees, por ventura, que algo
puede ser devuelto a la nada? ¿Crees que el primer Adán
en el Paraíso pudo haber destruido una sola flor o una
brizna de hierba?
-No estamos en el Paraíso -dijo tercamente el
muchacho-; aquí, bajo la luna, todo es mortal.
-¿Una palabra? -dijo con
extrañeza el discípulo-. El atanor está apagado y
están llenos de polvo los alambiques. ¿Qué harías
para que resurgiera? Paracelso le miró con tristeza.
-El atanor está apagado -repitió- y están llenos de
polvo los alambiques. En este tramo de mi larga jornada
uso de otros instrumentos.
-No me atrevo a preguntar cuáles son -dijo el otro
con astucia o con humildad.
-Hablo del que usó la divinidad para crear los cielos
y la tierra y el invisible Paraíso en que estamos, y que
el pecado original nos oculta. Hablo de la Palabra que
nos enseña la ciencia de la Cábala.
El discípulo dijo con frialdad:
-Te pido la merced de mostrarme la desaparición y
aparición de la rosa. No me importa que operes con
alquitaras o con el Verbo.
Paracelso reflexionó. Al cabo, dijo:
-Si yo lo hiciera, dirías que se trata de una
apariencia impuesta por la magia de tus ojos. El prodigio
no te daría la fe que buscas: Deja, pues, la rosa.
El joven lo miró, siempre receloso. El maestro alzó
la voz y le dijo:
-Además, ¿quién eres tú para entrar en la casa de
un maestro y exigirle un prodigio? ¿Qué has hecho para
merecer semejante don?
El otro replicó, tembloroso:
-Ya sé que no he hecho nada. Te pido en nombre de los
muchos años que estudiaré a tu sombra que me dejes ver
la ceniza y después la rosa. No te pediré nada más.
Creeré en el testimonio de mis ojos.
Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso
había dejado sobre el pupitre y la arrojó a las llamas.
El color se perdió y sólo quedó un poco de ceniza.
Durante un instante infinito esperó las palabras y el
milagro.
Paracelso no se había inmutado. Dijo con curiosa
llaneza:
-Todos los médicos y todos los boticarios de Basilea
afirman que soy un embaucador. Quizá están en lo
cierto. Ahí está la ceniza que fue la rosa y que no lo
será.
El muchacho sintió vergüenza. Paracelso era un
charlatán o un mero visionario y él, un intruso, había
franqueado su puerta y lo obligaba ahora a confesar que
sus famosas artes mágicas eran vanas.
Se arrodilló, y le dijo:
-He obrado imperdonablemente. Me ha faltado la fe, que
el Señor exigía de los creyentes. Deja que siga viendo
la ceniza. Volveré cuando sea más fuerte y seré tu
discípulo, y al cabo del Camino veré la rosa.
Hablaba con genuina pasión, pero esa pasión era la
piedad que le inspiraba el viejo maestro, tan venerado,
tan agredido, tan insigne y por ende tan hueco. ¿Quién
era él, Johannes Grisebach, para descubrir con mano
sacrílega que detrás de la máscara no había nadie?
Dejarle las monedas de oro sería una limosna. Las
retomó al salir. Paracelso lo acompañó hasta el pie de
la escalera y le dijo que en esa casa siempre sería
bienvenido. Ambos sabían que no volverían a verse.
Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara
y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue
puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra
en voz baja. La rosa resurgió.
Paracelso se había puesto en pie.
-¿En qué otro sitio estamos? ¿Crees que la
divinidad puede crear un sitio que no sea el Paraíso?
¿Crees que la Caída es otra cosa que ignorar que
estamos en el Paraíso?
-Una rosa puede quemarse -dijo con desafío el
discípulo.
-Aún queda fuego en la chimenea -dijo
Paracelso-. Si arrojaras esta rosa a las brasas,
creerías que ha sido consumida y que la ceniza es
verdadera. Te digo que la rosa es eterna y que sólo su
apariencia puede cambiar. Me bastaría una palabra para
que la vieras de nuevo.
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SOCIOS DE
HONOR EUROPA
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|
Miguel
Oscar Menassa (Madrid) |
50.000
ptas. |
|
Fernando
Ámez Miña (Madrid) |
40.000
ptas. |
|
Lidia
Andino (Madrid) |
40.000
ptas. |
|
Cristina
Barandiarán (Madrid) |
40.000
ptas. |
|
José
María Blasco (Barcelona) |
40.000
ptas. |
|
Stella
Cino Nuñez (Madrid) |
40.000
ptas. |
|
María
Chévez (Madrid) |
40.000
ptas. |
|
Bibiana
Degli Esposti (Madrid) |
40.000
ptas. |
|
Claire
Deloupy (Madrid) |
40.000
ptas. |
|
Amelia
Díez Cuesta (Madrid) |
40.000
ptas. |
|
Paola
Duchên (Madrid) |
40.000
ptas. |
|
Carlos
Fernández del Ganso (Madrid) |
40.000
ptas. |
|
Emilio
A. González (Madrid) |
40.000
ptas. |
|
Jaime
Icho Kozak (Madrid) |
40.000
ptas. |
|
Pilar
Iglesias (Madrid) |
40.000
ptas. |
|
Fermín
Lejarza (Bilbao) |
40.000
ptas. |
|
Joaquín
Luzón (Ibiza) |
40.000
ptas. |
|
Miguel
Martínez Fondón (Madrid) |
40.000
ptas. |
|
Concepción
Osorio (Madrid) |
40.000
ptas. |
|
Montse
Rovira (Ibiza) |
40.000
ptas. |
|
Carmen
Salamanca Gallego (Madrid) |
20.000
ptas. |
|
Olga
de Lucia (Madrid) |
20.000
ptas. |
|
Alberto
Garreta (Barcelona) |
15.000
ptas. |
|
Cruz
González (Madrid) |
10.000
ptas. |
|
Alejandra
Menassa de Lucia (Madrid) |
10.000
ptas. |
|
Pilar
Rojas (Madrid) |
10.000
ptas. |
|
Pablo
J. García Muñoz (Madrid) |
3.000
ptas. |
|
Helena
Trujillo (Málaga) |
3.000
ptas. |
|
Ana
Mercedes Albizuri Chévez (Madrid) |
2.000
ptas. |
|
Javier
Albizuri Chévez (Madrid) |
2.000
ptas. |
|
Ricardo
Artíguez Iglesias (Madrid) |
2.000
ptas. |
|
Gloria
Carrocera (Madrid) |
2.000
ptas. |
|
Gema
Crespo (Madrid) |
2.000
ptas. |
|
Isabel
Escudero (Madrid) |
2.000
ptas. |
|
Francisco
García Palancar (Madrid) |
2.000
ptas. |
|
Ruy
Henríquez (Madrid) |
2.000
ptas. |
|
Enrique
Iglesias (Madrid) |
2.000
ptas. |
|
Hernán
Kozak (Madrid) |
2.000
ptas. |
|
Ichka
León Deloupy (Madrid) |
2.000
ptas. |
|
Cloe
León Deloupy (Madrid) |
2.000
ptas. |
|
Fabián
Menassa de Lucia (Madrid) |
2.000 ptas.
|
|
Manuel
Menassa de Lucia (Madrid) |
2.000
ptas. |
|
Magdalena
Salamanca (Madrid) |
2.000
ptas. |
|
Sergio
Aparicio (Madrid) |
1.000
ptas. |
|
Pilar
García Puerta (Madrid) |
1.000
ptas. |
|
Juan
José Grande (Madrid) |
1.000
ptas. |
|
Clemence
Loonis |
1.000
ptas. |
|
Luis
Muñoz (El Mago) (Madrid) |
1.000
ptas. |
|
Esther
Gallego Navarro (Madrid) |
1.000
ptas. |
|
Griselda
Kozak Cino (Madrid) |
1.000
ptas. |
|
Eva
Méndez (Madrid) |
1.000
ptas. |
|
Mercedes
Millán Esteban (Madrid) |
1.000
ptas. |
|
Puvill
Libros, S.A. (Madrid) |
1.000
ptas. |
|
Daniel
San Martín Duchên (Madrid |
500
ptas. |
|
Gabriel
Henríquez Montes de Oca (Madrid) |
500
ptas. |
|
Socorro
Montes de Oca (Madrid) |
500
ptas. |
|
SOCIOS DE HONOR AMÉRICA |
|
Miguel
Oscar Menassa (Buenos Aires) |
500
us. |
|
Inés
Barrio (Buenos Aires) |
200
us. |
|
Alejandra
Madormo (Buenos Aires) |
200
us. |
|
Norma
Menassa (Buenos Aires) |
200
us. |
|
Roberto
Molero (Buenos Aires) |
200
us. |
|
Karina
Pueyo (Buenos Aires) |
200
us. |
|
Lucia
Serrano (Buenos Aires) |
200
us. |
|
Marcela
Villavella (Buenos Aires) |
200
us. |
|
Jorge
Dini (Buenos Aires) |
100
us. |
|
Angela
Cascini (Buenos Aires) |
50
us. |
|
Roberto
Rossi (Buenos Aires) |
50
us. |
|
Próspero
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