LAS
2001 NOCHES ÍNDICE NÚMERO 23
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CANTO
A NOSOTROS MISMOS TAMBIÉN SOMOS AMERICANOS . MADRID, 1977 |
MÁS
ALLÁ DEL ÚLTIMO CANTO VOLVER ES IMPOSIBLE |
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DEDICATORIA |
LA
FIEBRE DEL ORO |
|
INTRODUCCIÓN |
TERCER
MANIFIESTO GRUPO CERO |
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CANTOS |
LA
POESÍA NOS CUNDE - NOVEDADES 98-99 |
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CANTO
FINAL |
SOCIOS
DE HONOR |
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PREMIO
PABLO MENASSA DE LUCIA |
....
Y LLEGÓ EL PSICOANÁLISIS |
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TORO
SENTADO
EL VISIONARIO |
PSICOANALIZARSE
TAMBIÉN ES UN ACTO POÉTICO |
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CANTO A NOSOTROS MISMOS
TAMBIÉN SOMOS AMÉRICA
Madrid, 1977 |
|
DEDICATORIA
Dedico
este poema,
en general,
A Todos.
A Latino-América,
porque amo,
su futura explosión.
A la famosa américa del norte,
porque mi poesía,
canta también,
a todo lo que muere.
A la vieja europa,
y también,
a la europa segunda,
porque temo,
por el futuro en general,
del Hombre.
A mis amigos,
a mis bellas mujeres,
y a los sobrevivientes de cualquier matanza.
A los mugrientos,
en general
a los extranjeros,
a los que todavía,
no tienen,
lugar para vivir.
A los conquistadores,
a la famosa reina,
cristiana y masculina,
nuestra amada Isabel,
y a su Fernando,
amado,
su gran amor,
su cálculo perfecto,
y a cuanto delincuente,
haya pisado,
—sólo por el afán de la conquista—
nuestra pequeña y grande,
desorbitada américa.
A mis hijos,
y del acorazado potemkim,
a sus marineros.
A las cálidas madres de mis hijos,
a todas las madres,
por haber soportado,
durante 5.000 años,
la misma tarea.
A las mujeres del amor y de la rabia,
y digan lo que digan,
se lo dedico también a la mujer,
que tuvo,
la alegría,
para no morir:
|
La Pasionaria,
para quien,
cuarenta años,
de errores y ráfagas heladas,
no bastaron.
Y a Evita,
porque murió,
de un cáncer inmortal,
quiero decir,
de la ambición suprema,
comerse a sí misma.
A todos los malditos,
por una especie de amor,
por lo inútil,
de sus gritos al aire,
sin destino,
por las tremendas llagas
y los sublimes estallidos,
de sus infernales,
pobres locuras.
A mis amigos,
los únicos poetas de este siglo,
una especial dedicatoria,
Amigos,
NO VA MÁS,
se trata
simplemente de escribir,
un verso más que ellos.
El Último,
que diga,
así debe ser,
todo lo contrario.
Dedico este libro,
para desprenderme de ellos;
a los surrealistas,
y a su pálida sexualidad,
acontecida,
después de la guerra,
y rodeada,
de amados familiares,
porque la cuestión,
era,
no llegar al fondo.
En definitiva,
tocar
y partir.
Partan por los caminos,
idiotas,
nunca protejan,
su propio pan,
y amen,
con una especie de rabia,
mezcla,
de unos pocos demonio
y tontas drogas,
a la increíble puta,
la virgen loca. |
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|
Y
con un dejo de paternal tristeza,
amen,
a Nadia,
la piojosa,
la sucia pordiosera.
Y vociferen,
por las dudas,
que tan poca mierda entre las flores,
no tenga,
su verdadero olor.
Reservo,
mis últimas dedicatorias,
para hablar de la muerte.
Yo fui Pichón Rivière,
nuestro amado,
el inventor de la locura grupal,
y pido,
al quedarme sin voz,
que no se diga nada.
Sepan,
no puedo responder.
Yo fui mis queridos muchachos,
los de los ojos desmesurados,
abiertos al futuro,
los de los grandes ojos ciegos,
LOS AMETRALLADOS,
y pedimos,
para no morir,
banderas,
millones de banderas,
y de la poesía,
todo su fuego eterno.
Yo fui los célebres muertos,
los que murieron,
sin nada que perder,
los desposeídos;
los del pan,
sólo en algunos y fugaces atardeceres,
y sin embargo,
de pocas palabras,
y por el miedo secular a la muerte,
seremos,
si todo va bien,
los Esclavos Modernos.
Y para nosotros
no pedimos clemencia.
Cadenas contra cadenas,
rozándonos infinitamente,
a causa,
de la gran cercanía entre los hermanos,
lo prometemos:
no detendremos la muerte,
pero el ruido,
será ensordecedor.
Fui la poesía muerta,
y desde entonces,
habitan con nosotros,
los mejores.
Para ellos,
el funeral último,
la cremación definitiva
y a volar,
porque ya escribimos:
que nuestras palabras inunden,
—con el sólo objetivo de inundar—
las poblaciones vecinas.
Que todo sirva,
no nos dejemos convencer,
porque si se trata de ser,
fuimos también,
la muerte de la muerte,
el tenebroso viaje por el submundo de los cementerios,
y entre las tumbas de los próceres,
fuimos, |
el salvaje erotismo.
Las más pesadas lápidas y sus violentas inscripciones:
Aquí yace el cantor
y próxima a su tumba,
yace,
su enamorada,
y todo,
puede ser un ardid,
una negra maniobra.
Era el cantor de los cantores,
vivió,
cinco mil años.
Fui todo lo que murió,
con la gran bomba.
Los enjambres de sueños,
acribillados por las partículas,
—horrores de las metálicas
transformaciones—
y la espléndida y portentosa,
escupidera atómica.
La cagada final.
Soy por último,
y esta vez,
pido perdón por la violencia,
el muerto que habla.
Un milagro de la poesía.
Una feroz combinación,
de todo contra todo,
El Mutante,
el diabólico experimento de la locura,
contra el final atómico del siglo:
en una sola voz,
todas las palabras.
Y ahora puedo decir,
que a la bomba feroz,
y a sus consecuencias,
soy inmune.
Una especie de salvaje indomable,
bárbaro del estilo.
El imbatible,
bólido parlante.
INTRODUCCIÓN
Vivo,
—desde hace un año—
en un lejano país,
al sur de europa.
Vivo,
por costumbre,
en su propio centro.
Al sur de la ciudad,
donde la ciudad,
es ella y su fin.
El vacío,
donde
aterrizan los desagües,
el propio límite
entre la libertad y la locura.
Quiero decir,
que buenos aires,
no ha muerto,
porque vivir
vivo en sus suburbios.
Y sin embargo,
—por el viejo vicio del misterio—
nadie sospecha.
Parado en la vereda de mi casa,
ladeado,
con las
piernas cruzadas
y la derecha para atrás,
contra el novedoso semáforo,
apoyada,
y el cigarrillo,
colgado, |
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de la boca como si fuera un guapo,
y sin embargo,
piensan que soy,
un malentendido,
un pasto salvaje,
crecido inesperadamente,
fuera de estación.
Crezco con dificultades,
bajo la mirada atenta,
de los sorprendidos agricultores.
Tanta belleza,
para el final del siglo,
no había sido calculada.
Y por eso,
por haber violado la ley,
de las apariciones,
se cierne sobre mí,
el opaco murmullo de la calumnia,
el peligro,
de un destino de locos.
La desaparición.
CANTOS
I
Y
si quieren buscar
busquen en el tango.
Cantando y bailando,
descansando su cuerpo en las quebradas,
encontré,
todo lo necesario.
Escenarios dantescos donde la sangre,
era el alimento de los desposeídos,
una mancha de rubor
entre los ojos de la puta,
las manos del ladrón,
los versos del que dice,
amores extraviados
crímenes perfectos.
¡Oh las locuras juveniles y los versos de Carriego!
toda la calle Florida lo vio,
con sus polainas,
galera
y bastón.
Nuestro tango aconseja,
dejarse caer,
morir alguna vez,
y la vida
sin titubear,
jugarla.
La mujer,
ni se toma, ni se cede,
ella en el tango hace lo que quiere,
es la madre.
Si quiere puta,
puta,
si quiere virgen,
virgen.
El cantor,
cantará,
el cantor no dejará de cantar.
Y si ella no acepta,
todavía,
toda su libertad,
se la mata
y si es necesario,
se mata a sus amantes,
a la policía
y
al ejército mismo,
si es necesario.
El tango,
os digo,
es,
verdaderamente subversivo.
II
Y
ahora,
conocerán lo que se dice,
la verdadera historia de dios.
De cómo, de una delicada agonía,
se salta,
|
para
caer,
en los estruendos de la gloria.
La poesía hecha carne.
¡Viva el Poeta!
Yo vi
con qué desesperación hacía los versos.
Yo vi
cómo el poeta comía,
mierda para saber,
y de su sexo,
chupaba el pus,
los últimos escándalos,
para que ella,
viviera un día más.
III
Amar,
amábamos a Evita.
Le pusimos
en medio del pecho
un sol de guerra,
cálido,
pájaro del atlántico,
entretejiendo
las palabras de la liberación.
Volveré,
seré millones.
IV
Estúpida
alondra,
morir en nuestros brazos
y como final,
para la pantalla,
para el gran mundo,
un corazón pintado entre tus nalgas,
y a viva voz,
para los grandes canales,
l
as palabras del fin:
muero por amor.
V
La
ciudad sigue gris
cuando escribo lentamente mis versos.
La época del sol,
era en antaño
recuerdo sus fulgores,
ácidos amarillos contra los ojos ciegos
Ahora en la ciudad,
del gris intenso,
escribir lentamente mis versos,
ya no alcanza.
El escritor,
altera sus sentidos,
el escritor,
sabe que fueron necesarios,
un siglo entero de mujeres,
cinco siglos de dios,
para que el poeta se deje llevar,
para que vuele.
VI
La ideología, siempre trata de la vida.
Cuando todo parece a mi favor,
todo crece,
mentira.
Poco a poco,
me iré rindiendo a la evidencia,
haré:
todo lo necesario para ser.
Soy
una familia numerosa,
un médico maduro y todavía,
a la espera,
de un brillante,
estúpido futuro.
Poeta porque soy,
un médico moderno.
Escribo versos fundamentales, |
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soy un decidor.
Obrero del verbo.
De la guerra me preocupa,
su relatividad,
del tango,
su cadencia.
No me dejes morir,
Gardel,
canta.
Soy,
lo que se dice, un pura
sangre,
y quiero ser,
el hombre de los mil rostros,
titiritero de los bajos fondos,
el médico del alma en general
y quiero ser,
una especie de padre fin de siglo
y sin embargo,
la libertad,
no existe.
VII
Y
ahora,
luchar por el
poder
y hacer de eso,
un entretenimiento.
El primer paso tendrá que ver,
con la recolección,
de basura.
Será preciso juntar,
toda la mugre.
Con nosotros,
la antigua fragancia de la mugre vieja
y el cálido y juvenil aroma,
de la pequeña mugre,
la mugre de los niños.
Iremos todos juntos,
siempre,
y viviremos cada vez,
de mal,
en peor.
Lentamente dominaremos el mundo.
Lo sabemos,
ninguno de nosotros,
tomará
la buena senda.
El hombre morirá de rodillas o no morirá.
Esclavo,
de su
propia locura,
de su rápida,
mortal estupidez.
El poeta,
quiere gobernar,
toda esa tontería
y puede.
Releyendo mis escritos,
se notará que soy,
un gran conductor,
un alma sin destino,
un pobre hombre.
Tener,
lo tuve todo,
el pálido saber de los idiotas,
la ronca alegría de los moribundos,
mis pobres muchachos,
mis pobres angelitos negros,
mis célebres mugrientos,
mis mártires.
VIII
Reducir,
todo tiempo
a un solo tiempo.
El de los estallidos.
El resto,
hacerse el estúpido,
el problematizado.
La neurosis,
está bien vista.
Cuerpo y palabra
flotando libremente,
temprano o tarde
ocurrirá
la fisión atómica.
No hay humanidad sin estallidos.
Esperar,
el tiempo,
siempre sobra.
|
IX
Preocupado
sigo preocupado,
por el bienestar general.
El cielo,
una atmósfera de litio enrarecida,ç
un canto de mal agüeroç
sobre la tibia llanura del pasado.
Ella y su rostro,
ahora,
contra el cielo.
Empobreciendo el sentido del universo,
acortando las distancias,
para saltar,
la muralla infranqueable.
Ella,
quiere cometer su pecado,
tener,
su crimen propio.
El nombre de su padre,
no le alcanza,
desea para ella,
junto a nosotros,
un porvenir,
ardiente,
ardiente y
loco
y mortal porvenir.
Se trata,
de la historia de
siempre,
una historia de hambre.
Un,
quiero más
infinito.
Un permanente y rebuscado dolor.
Me dejó de querer
por una tontería,
a causa,
de un arrebato de mi inteligencia,
una mordaz inspiración.
X
Antes
de morir,
es preciso,
enfermar del todo.
Conocer el último mal.
Tener hijos,
trabajo,
ideales,
algo por qué luchar.
Una fiebre intensa en el estómago,
contra todo.
Después
morir
tranquilamente.
Conocer el mal a fondo,
dejarnos sorprender por el amanecer,
por una rabia,
de los sentidos,
contra la pulcritud.
Conocer,
bien amada,
quiero conocer,
la virtud del mal.
La furibunda corona de rosas embalsamadas
y la pálida,
nostálgica puta,
imperdonable,
loca de amor.
No temas,
los asesinos,
siempre
que hablamos,
hablamos del pasado.
Ocurrir,
ocurrió,
fue
en tu propia mirada.
Ella y él
agonizaron en mis brazos,
y vos,
eras feliz.
CANTO
FINAL
Esclavos,
y sin embargo,
soy un escritor. |
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|
Sólo
quiero,
sus hambrientas miradas sobre mí.
Sólo quiero,
—para el último poeta de occidente—
un verdadero lujo:
Testigos,
billones de testigos,
para el canto final.
Y el atrevimiento,
es insospechable
porque ahora,
debo escribir,
nuestro canto final.
Famosos rugidos,
quiero,
salvajes voces,
para que el poeta,
pueda lo imposible:
cagar en el baño,
comer en el comedor,
morir en una cama,
y un diploma de algo,
no le vendría mal.
La impunidad es necesaria.
La bestia,
que descanse tranquila,
que muera en paz.
El circo,
sólo necesita
su pasado.
Ya lo sé, señores,
la libertad
no existe.
Lo dije yo mismo,
pero el poeta,
ama la libertad.
La lujuria,
un beso
en las sombras,
y entre las sombras,
el arcoiris,
y en medio del arcoiris,
Picasso,
tu paloma,
tu blanca paloma de la paz
y su tierna mierdita,
sus celestiales cagaditas,
exactamente,
sobre nuestros ojos.
Y para que se entienda,
lo digo claramente:
Amo la libertad.
Basta de muertes.
Tampoco por la patria.
De mirarnos largamente en los espejos,
y del amor,
y de la muerte,
ya estamos podridos.
Sabemos,
que el aire libre,
el sol,
también tienen sus víctimas.
Sus locos amantes,
sus ampollados místicos,
los dispuestos a todo por el sol,
la rica gente.
Los que debajo de las llagas,
gozan,
buena salud,
una salud profunda,
individual
a solas.
Las llagas y el olor a podrido,
dicen,
sólo una moda,
simplemente una crisis del sistema,
un amor de verano,
una rápida y finita fulguración.
Pero el otoño volverá
y caerá
quien tenga que caer.
Lo único perenne,
nos dicen,
la frondosa telaraña,
las mallas imperceptibles,
oblicuas,
donde el hombre, |
pierde,
sus sentidos.
Tienen razón señores,
el poder es vuestro,
pero al poeta,
nada le importa,
el poeta,
ama la libertad.
La belleza de nuestro viejo trigo americano,
creciendo por doquier,
el pan amable de los incas.
Los sexos multicolores de nuestras tierras vírgenes
y nuestros famosos indios sin dios,
los tercos guaraníes,
los que entregaron todo mansamente,
para seguir,
hablando de la libertad,
Reyes del verbo.
Y se arrodillaron frente a la cruz,
porque bajo ese cielo,
daba lo mismo
hablar del hombre o de los dioses.
Después,
murieron todos.
Cristo crecía,
—entre las duras piedras de los andes—
sellando el increíble
destino americano.
Oscuros cañones,
armas sofisticadas,
las más feroces radiaciones atómicas
y todo,
contra el preciso órgano de la verdad,
contra nuestras propias
y amadas,
cuerdas vocales.
Era necesario,
acallar,
lo estrictamente humano.
Murieron todos.
La sangre,
dio sus frutos
y fue,
el viscoso alimento
de las pequeñas criaturas,
y de los campos.
Crecieron,
salvajes plantas,
una tercera fuerza incontenible.
Una raza de fieras.
Sin ningún territorio para vivir
y por eso,
amantes de la libertad,
de la palabra inalcanzable,
de la terca
y violenta creencia,
que todo cambiará
El odio
fue necesario para vivir,
la vida alegre,
una esperanza.
Nos obligaron a tener pudor,
nos inventaron extravagantes ropajes,
para ocultar nuestra belleza.
Ella,
se dice,
era insoportable,
una belleza humana,
un ansia por vivir,
una pasión irremediable.
Opusieron
al canto de nuestros sexos al aire libre,
las marchas nupciales,
el bautismo,
el sórdido ruido de metralla,
y sin
embargo,
el poeta,
ama la libertad.
Quiere volar,
quiere,
decirlo todo.
Inventaron para la libertad del poeta,
los espacios reducidos,
las cárceles, |
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|
un lugar en la cultura.
Lo destruyeron todo
y sin embargo,
el poeta,
ama la libertad.
El ronco murmullo de las palabras hasta el paroxismo.
El poeta,
sólo quiere cantar
y América,
canta en el poeta.
Pedimos,
un sitio para vivir,
un espacio para nuestros gritos,
mansamente,
pedimos el poder.
Somos,
los desposeídos,
los que fuimos privados,
despojados,
de nuestra historia y de los frutos.
Invento de la modernidad,
fuimos,
el nuevo mundo,
el manantial ardiente
y los misteriosos
y salvajes néctares,
para que los señores gocen eternamente.
Y todavía,
el poeta, ama la libertad.
Un acuerdo definitivo entre nosotros:
cortar los flujos,
para que el enemigo,
muera de vejez.
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PREMIO
PABLO MENASSA DE LUCIA
1.ª
CONVOCATORIA
Modalidades:
a) Poesía y b) Psicoanálisis
BASES
POESÍA:
1.–
Podrán optar a este Premio, obras originales e
inéditas, con libertad de tema y rima, escritas en
lengua castellana.
2.–
Deberán presentarse 3 copias de libro, con un
máximo de 80 páginas mecanografiadas a doble
espacio, en hojas tamaño Din A4. Cada poema
debe ser presentado en hoja separada.
3.–
Junto con las copias del libro, que irán firmadas
con seudónimo, deberá presentarse un sobre
cerrado en cuyo exterior figure el título de la obra
y el seudónimo. En el interior deberán figurar los
datos del autor: nombre y apellidos, dirección
completa y teléfono.
4.–
El premio consistirá en la suma de 150.000 pts. y
la publicación de 1.000 ejemplares en Madrid y
1.000 ejemplares en Buenos Aires.
5.–
El plazo de presentación de originales termina a
las 19 horas del día 31 de julio de 1999. La entre-ga
del premio será el día 3 de noviembre de 1999.
6.–
Los originales se deberán remitir a:
1.º PREMIO DE POESÍA PABLO MENASSA DE
LUCIA
BASES
PSICOANÁLISIS:
1.–
Podrán optar a este Premio, obras originales e
inéditas, escritas en lengua castellana.
2.–
Deberán presentarse 3 copias del libro, con un
máximo de 80 páginas mecanografiadas a doble
espacio, en hojas tamaño Din A4.
3.–
Junto con las copias del libro deberán figurar los
datos del autor: nombre y apellidos, dirección
completa y teléfono.
4.–
El premio consistirá en la suma de 150.000 pts. y
la publicación de 1.000 ejemplares en Madrid y
1.000 ejemplares en Buenos Aires.
5.–
El plazo de presentación de originales termina a
las 19 horas del día 31 de julio de 1999. La entrega
del premio será el día 3 de noviembre de 1999.
6.–
Los originales se deberán remitir a:
1.º PREMIO DE PSICOANÁLISIS PABLO MENASSA
DE LUCIA
c/
Princesa, 17, 3.º Izda.
28008 MADRID - Tel. 91 542 33 49 |
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TORO
SENTADO
EL VISIONARIO
I
Aquí,
toro sentado,
amante del silencio.
Miro el sol,
es el atardecer,
y sé,
que todo es efímero.
Vendrán eras atómicas,
y arrancarán de cuajo nuestro reino,
del centro de la tierra.
El sol caerá,
como un fruto podrido,
como un pájaro herido,
en pleno vuelo.
Detrás de las colinas
veo para el hombre,
sangre y basura,
un silbido helado y nocturno.
Aquí,
sentado,
amante,
toro del silencio,
veo para el hombre,
detrás de las colinas.
La muerte.
II
Pequeño
árbol de la colina,
estalla en la señal.
Desde sus raíces,
fuegos artificiales
se encienden
entre el aromático perfume.
Quiero decir,
que nuestro pequeño águila de trueno,
también,
ha muerto.
Dulzura,
la dulzura de sus labios,
su vuelo etéreo.
Su franca risa,
cuando se burlaba de la guerra.
Conocer,
conocía —murió por eso— en la propia colina,
el estallido sangriento,
del árbol del amor.
III
Anochece,
ahora, en nosotros,
y la blanca espuma de la rabia,
lo envuelve todo.
La vida se entretiene en los olores.
Todo procede,
desde más allá de la colina,
también,
nuestro final.
Envejecí sentado,
aconsejando a mis muchachos,
detenerse,
frente a cualquier maravilla de la tierra,
frente a cualquier tontería de la naturaleza
contra los sentidos.
Y sin embargo,
me decido,
quiero morir de pie.
Y si es necesario,
atado a mi caballo.
IV
Esta
noche,
la última,
quiero fiesta.
Una agonía lenta,
hasta el amanecer,
con fuego de licores,
con nuestras drogas de la visión perenne
y la famosa,
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|
brillante
pinturita para indios,
en nuestro rostro,
en nuestro pecho moldeado por la vida,
en el arquitectónico culo,
de las bellas mujeres.
Rojos tambores,
artistas del ruido,
para la danza.
Cada hora,
danzando,
es un milagro de la vida.
Cada hora,
danzando,
se transforma en milenios.
Ser,
con este ritmo,
os lo aseguro,
seremos históricos.
V
Y
la noche de la ardiente locura,
de la locura colectiva,
pasó lentamente.
Y todo el ritmo
y toda la algarabía del tam-tam,
—violento y rojo de ira por el
amanecer—
fueron,
nuestras historias.
Todo fue,
grandeza
tras grandeza.
Ninguno de nosotros lloró,
porque llorar,
no conocía el corazón del indio.
La marca,
la verdadera marca de la historia,
para nosotros,
fue la altanería,
la soberbia.
Nunca fuimos humildes,
más bien,
sórdidos.
Sabíamos,
que más allá de la colina,
al hombre,
lo esperaba la muerte.
VI
Y
sin embargo,
ese día,
la guerra,
no fue dura,
para mis muchachos.
Se trataba de un duelo,
—una fina competición entre
valientes—
yo
tuve que matar
y en ese gesto,
donde todo era nuestro,
—donde con la violencia de la verdad,
quedaba claro,
que el poder,
que el bendito todo poder,
era nuestro cuerpo—
perdimos,
la última batalla.
VII
Y
vi,
—mi alma sumergida en el mortal
veneno,
de la supremacía—
la visión transcósmica,
una visión,
más allá de la vida.
Los abismos, las piedras,
—que embrutecían y alegraban a la
vez,
nuestro horizonte—
las más altas cumbres,
los pájaros de fuego,
—la cálida metralla y el alcohol—
y nuestra propia manera de vivir,
todo,
contra nosotros.
Inmerso,
en semejante y juvenil locura,
i |