LAS 2001 NOCHES ÍNDICE NÚMERO 2

EDITORIAL

F. NIETZSCHE

PUEDE ENTRAR EL QUE QUIERA Y ANIMALES

SANTA ESCOLASTICA

RAÚL GONZALEZ TUÑON

HABLARA SIN ESPEJOS

NOTAS DE DIRECCIÓN

ENTIERRO DE BARBUSSE

LA COLMENA

ROBERTO DESNOS

DOMINGO GERREIRO

OLIVERIO GIRONDO

HE SOÑADO TANTO CONTIGO

LA CALLE DEL AGUJERO EN LA MEDIA

VUELO SIN ORILLAS

¡OH DOLORES DEL AMOR!

MUERTE DEL POETA

CANSANCIO

LOS GRANDES DÍAS DEL POETA

FEDERICO GARCÍA LORCA

EJECUTORIA DEL MIASMA

SOCIOS DE HONOR

EL REY DE HARLEM

¡AZÓTAME!

PAUL ELUARD

AFORISMOS I

EL PENTOTAL A QUE

LA DAMA DE ROMBOS

CESARE PAVESE

AFORISMOS II

SUS OJOS SIEMPRE PUROS

LEOPOLDO DE LUIS

MIGUEL OSCAR MENASSA

LA DE SIEMPRE, TODA

AUNQUE ES DE NOCHE

MIGUEL OSCAR MENASSA

LA CURVA DE TUS OJOS

RENUNCIO A LA LUNA

LA MUERTE DEL HOMBRE

AFORISMOS

CONCEPCIÓN SILVA BELINZÓN

DESPUÉS DE LA MUERTE

EDITORIAL


SANTA ESCOlASTICA

I

Una tarde de abril, en que la tenue
llovizna triste humedecía en silencio
de las desiertas calles las baldosas,
mientras en los espacios resonaban
las campanas con lentas vibraciones,
dime a marchar, huyendo de mi sombra.

Bochornoso calor que enerva y rinde,
si se cierne en la altura la tormenta,
tornara el aire irrespirable y denso.
Y el alma ansiosa y anhelante el pecho 
a impulsos del instinto iban buscando
puro aliento en la tierra y en el cielo.

Soplo mortal creyérase que había
 dejado el mundo sin piedad desierto,
 convirtiendo en sepulcro a Compostela.
 Que en la santa ciudad, grave y vetusta,
 no hay rumores que turben importunos
 la paz ansiada en la apacible siesta.

II

-iCementerio de vivos! -murmuraba
yo al cruzar por las plazas silenciosas
que otros días de glorias nos recuerdan.
¿Es verdad que hubo aquí nombres famosos,
guerreros indomables, grandes almas?
¿Dónde hoy su raza varonil alienta?

La airosa puerta de Fonseca, muda,
me mostró sus estatuas y relieves
primorosos, encanto del artista;
y del gran Hospital, la incomparable
obra del genio, ante mis tristes ojos
en el espacio dibujóse altiva.

Después la catedral palacio místico
de atrevidas románicas arcadas,
y con su Gloria de bellezas llena
me pareció al mirarla que quería
sobre mi frente desplomar, ya en ruinas,
de sus torres la mole gigantesca.

Volví entonces el rostro, estremecida,
hacia donde atrevida se destaca
del Cebedeo la celeste imagen,
como el alma del mártir, blanca y bella,
y vencedora en su caballo airoso,
que galopando en triunfo rasga el aire.

Y bajo el arco oscuro, en donde eterno
del oculto torrente el rumor suena,
me deslicé cual corza fugitiva,
siempre andando al azar, con aquel paso
errante del que busca en donde pueda
de sí arrojar el peso de la vida.

 

Atrás quedaba aquella calle adusta, 
camino de los frailes y los muertos,
siempre vacía y misteriosa siempre,
con sus manchas de sombra gigantescas
y sus claros de luz, que hacen más triste
la soledad, y que los ojos hieren. .

Y en tanto... la llovizna, como todo
lo manso, terca, sin cesar regaba
campos y plazas, calles y conventos 
que iluminaba el sol con rayo oblicuo
a través de los húmedos vapores,
blanquecinos a veces, otras negros.

III

Ciudad extraña, hermosa y fea a un tiempo,
a un tiempo apetecida y detestada,
cual ser que nos atrae y nos desdeña:
algo hay en ti que apaga el entusiasmo, 
y del mundo feliz de los ensueños
a la aridez de la verdad nos lleva.

¡De la verdad! ¡Del asesino honrado ..
que impasible nos mata y nos entierra!

..................................................
iY yo quería morir! La sin entrañas,
sin conmoverse, me mostrara el negro
y oculto abismo que a mis pies abrieran;
y helándome la sangre, fríamente,
de amor y de esperanza me dejara,
con sólo un golpe, para siempre huérfana.

«¡La gloria es humo! El cielo está tan alto
y tan bajos nosotros, que la tierra
que nos ha dado volverá a absorbemos.
Afanarse y luchar, cuando es el hombre
mortal ingrato y nula la victoria.
¿Por qué, aunque haya Dios, vence el infierno?»

Así del dolor víctima, el espíritu
se rebelaba contra cielo y tierra...
mientras mi pie inseguro caminaba;
cuando de par en par vi abierto el templo,
de fieles despoblado, y donde apenas
su resplandor las lámparas lanzaban.

IV

Majestad de los templos, mi alma femenina
te siente, como siente las maternas dulzuras,
las inquietudes vagas, las ternuras secretas
y el temor a lo oculto tras de la inmensa altura.

iOh, majestad sagrada! En nuestra húmeda tierra
más grande eres y augusta que en donde el sol ardiente inquieta con sus rayos vivísimos las sombras
que al pie de los altares oran, velan o duermen.

Bajo las anchas bóvedas, mis pasos silenciosos
resonaron con eco armonioso y pausado,
cual resuena en la gruta la gota cristalina
que lenta se desprende sobre el verdoso charco.

Y aún más que los acentos del órgano y la música 
sagrada, conmovióme aquel silencio místico
que llenaba el espacio de indefinidas notas, 
tan sólo perceptibles al conturbado espíritu.

Del incienso y la cera el acusado aroma
que impregnaba la atmósfera que allí se respiraba,
no sé por qué, de pronto, despertó en mis sentidos
de tiempos más dichosos reminiscencias largas.


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Y mi mirada inquieta, cual buscando refugio
para el alma, que sola luchaba entre tinieblas,
recorrió los altares, esperando que acaso
algún rayo celeste brillase al fin en ella.

Y... ¡no fue vano empeño ni ilusión engañosa!
Suave, tibia, pálida la luz rasgó la bruma
y penetró en el templo, cual entre la alegría
de súbito en el pecho que las penas anublan.

¡Ya ya no estaba sola!... En armonioso grupo,
como visión soñada, se dibujó en el aire
de un ángel y una santa el contorno divino,
que en un nimbo envolvía vago el sol de la tarde.

 Aquel candor, aquellos delicados perfiles
de celestial belleza, y la inmortal sonrisa
que hace entreabrir los labios del dulce mensajero
mientras contempla el rostro de la virgen dormida.

En el sueño del éxtasis, y en cuya frente casta
se transparenta el fuego del amor puro y santo,
más ardiente y más hondo que todos los amores 
que pudo abrigar nunca el corazón humano;

Aquel grupo que deja absorto el pensamiento
que impresiona el espíritu y asombra la mirada,
me hirió calladamente, como hiere los ojos
cegados por la noche la blanca luz del alba.

Todo cuanto en mí había de pasión y ternura,
de entusiasmo ferviente y gloriosos empeños,
ante el sueño admirable que realizó el artista,
volviendo a tomar vida, resucitó en mi pecho.

Sentí otra vez el fuego que ilumina y que crea
los secretos anhelos, los amores sin nombre,
que como al arpa eólica el viento, al alma arranca
sus notas más vibrantes, sus más dulces canciones.

Y orando y bendiciendo al que es todo hermosura,
se dobló mi rodilla, mi frente se inclinó
ante El, y conturbada, exclamé de repente:
«¡Hay arte! ¡Hay poesía...! Debe haber cielo. ¡Hay Dios!»

ROSALÍA DE CASTRO

EN ESTE NUMERO:
ROSALÍA DE CASTRO
RAÚL GONZALEZ TUÑÓN
OLIVERIO GIRONDO
FEDERICO GARCIA LORCA
LEOPOLDO DE LUIS
CONCEPCIÓN SILVA BELINZÓN
CESARE PAVESE
FRIEDRICH NIETZSCHE
MIGUEL OSCAR MENASSA
PAUL ELUARD
ROBERT DESNOS

NOTAS DE DIRECCIÓN

SIN BUSCAR SENTIDOS, SIN BUSCAR SENTIDOS, A VECES,
   NO SE PUEDE VIVIR.

Buitre acostumbrado a toda la carroña, vuelo sin olfato, perdiendo el rumbo. Emborracharse de drogas y recuerdos. Antiguos malestares entretejiendo el sol. Lumínico vientre. Jugos, como vertientes de arrebato contra los pequeños ojitos mal heridos, desvariados. La soledad me tiende, esta noche, sus redes de brocato.
   Me repito, un hombre solo no es un hombre, un hombre solo no es un hombre y sin embargo y sin embargo; abro la boca hambriento sin saber por qué, me toca este camino.
   Soñador, acostumbrado a vivir apasionadamente la poesía, amo en general los silencios, las brusquedades y los silencios.
   Entendido en catástrofes, nazco entre lo que se desmorona. Piedras,
           antílopes caídos,
   tigres envueltos en vaporosas llamas de seda.
Llamas,
           piedras,
y entre los desperdicios siempre encuentro una flor.
   Una simple delicadeza para el alma.
   Llenarme el corazón de nombres, vaciarme el corazón. Ajetreo violento y celular,
   dentellada feroz del tiempo contra la juventud y, también, bálsamo fulgurante donde mi piel, encuentra en el propio centro del tiempo, su juventud. Un hálito de luz. Una bocanada de sombra. Un cáncer devorador y su milagro. Vienen y van, ojos atómicos, fibras desorbitadas.
   Tengo frío y lo sé. Volando entre galaxias de nuevos pensamientos, mi vida se llenó de malos pasos.
   Normal,
            normal, eso no pude nunca.
   Soy una promesa y también,
   el diente posterior de la nada.
   La poderosa serpiente que le da vida a Dios.
   Veneno y fe,
   Veneno y fe
   y azúcares
   y olores de azúcares quemados
   y corales
   y negruras
   y tiempo de paz
   Los hombres van y vienen. Recuerdan y, también, olvidan. Sangre, sangre, sangre, eso es, lo que no quiero ver más.
Panes y recuerdos, me repito a cada instante, panes y recuerdos, tuvimos todos. y cuando partí de mi ciudad, lo sabía todo y lo olvidé, lo sabía todo y lo olvidé. Viajo sin rumbo, porque olvidé el destino del hombre. Tanta muerte y tanta locura. Tanta soledad. Mejor viajar sin rumbo. Mejor detenerse donde nadie se detiene. Cielo hay, en todas direcciones.


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                            Fui un perro, lo sé,
   buscando entre la basura un pedazo de carne
   y sin embargo, extranjero y feliz quiero, para mí,
   todo lo que me corresponda.
Orgulloso de mis defectos, soy un pavo real sorprendido por sus colores. Hasta aquí, amante de las virtudes de los otros, quedé sensible al asco. Picoteo todo, buscando el sabor deseado y el sabor deseado está en mí.
 Normal,
                                      normal,
                                              eso no pude nunca. 
Alcanzo las primeras arenas a fuerza de coraje,
no huyo del mar, lo abandono. Incendio el mar.
Abro caminos entre los pantanos.
Busco afanosamente entre las fieras, un destino.
Mejor no tener nada. Mejor andar por la vida, como si el mundo nos perteneciese. Pisar aquí y allá. Quedarse siempre en el mismo lugar y volar.
                    
              Ni como Bretón. Ni como Menassa,
si es necesario para vivir, que muera todo. Porque la poesía, independiente de toda pasión, no le teme a la muerte, porque la muerte es su presencia iluminada y en esa dimensión, más que morir, la sangre se transforma.
Tengo una tristeza que me llega hasta el suelo.
Escribo de la alegría por vivir,
vientre animal pariendo el universo,
soy, tan sólo, la voz, gutural y nocturna del poeta.
Canto a las esperanzas sin esperanzas. Canto a la vida en el propio silencio de mi vida.
Piedra ya la vez, un movimiento felino entre los árboles. Exóticos manjares
y preludios de frutos mojados por la lluvia, anidan en tu cuerpo, carnes sangrantes de un corazón ardiente,
feroces plantas de la imaginación, feroces raíces,
cuerpo del amor y la violencia.
   Soy, me doy cuenta, un nadador muerto de frío.
   Lo que me pasa, también, es el amor.
   También es la nostalgia por mi país, mi barrio,
   las glicinas colgando de su cuello,
   como si su cuello, fuese el cuello de una reina.

Y nos pasábamos de balcón en balcón y locos, nos besábamos y en cada salto nos parecíamos a los pájaros.
  Después fuimos los témpanos eternos,
  después, siempre viajamos en soledad.
Gigantescos y helados témpanos solitarios viajamos contra todo. Fuimos confundiendo nuestra blancura con el azul del cielo. y nos dijimos: Huir, de qué; hacia dónde. Si la violencia es universal y hay odio para todos. Y, sin embargo, por huir, fuimos dejando todo lo que teníamos. Fuimos, entonces, esclavos de lo nuevo. Contar los golpes, nos decían, contar las caídas, más de mil no serán. y desde entonces, la poesía, pide libertad y no, precisamente, una libertad medida por banderas.
LA POESÍA pide, una libertad soberbia,
todo el tiempo,
toda la maravilla de lo desconocido en esa libertad.
No una libertad que se deje posar en una estatua, sino más bien, UNA LIBERTAD, que destruya todas las estatuas.
No un oscuro y pequeño río helado, sino más bien, un gran lago y su sol donde todo sea posible, también, si uno lo prefiere, navegar en su contra.
Ella ambiciona, en esa libertad, ser permanente presencia de lo humano.
  Ella grita furiosa entre las piedras: o todos o ninguno. GARGANTA UNIVERSAL, mientras sobre la tierra alguien no pueda el hombre, no habrá hombre.
Cada hombre un hombre, o todos o ninguno.
  Temblando y entre el temblor el humo del cigarro,
  y termino llorando envilecido porque no puedo más
  y en medio de tanta miseria, una grandeza:
  el deseo ferviente de ser, esa libertad, ese hombre.
  Bestial,
           libre, también, de libertad,
  ella me hace saber que no podré.
Mi desdicha no es su beneplácito, pero tampoco su dolor. Ella en cada encuentro me retuerce el pescuezo hasta arrancarme una palabra, o bien, hace de mi vida una fiesta para que, yo, no deje de decir.
  Su libertad es infinita.
  Más que una danza para ser bailada por todos,
  una danza, que tenga de todos, el movimiento más preciso. Viajo sin aparente retorno,
y no llevo, ni armas, ni alcohol, para la travesía.

Sólo versos, misterios.

MIGUEL OSCAR MENASSA

ROBERTO DESNOS


HE SONADO TANTO
 CONTIGO

He soñado tanto contigo que pierdes tu realidad.
  ¿Aún es tiempo de alcanzar ese cuerpo vivo y de besar en esa boca el nacimiento de la voz amada?
  He soñado tanto contigo que mis brazos acostumbrados, de tanto estrechar tu sombra, a cruzarse sobre mi pecho, no se adaptarían al contorno de tu cuerpo, quizás.
  Y ante la apariencia real de lo que me obsesiona y me gobierna desde hace días y años, me convertiría sin duda en una sombra.

   Oh balanzas sentimentales.
   He soñado tanto. contigo que ya no es tiempo sin duda de despertar. Duermo de pie, el cuerpo expuesto a todas las apariencias de la vida y del amor y tú, la única que hoy cuenta para mí, has de saber que me sería más difícil tocar tu frente y tus labios que los primeros labios y la primera frente que llegaran.
  He soñado tanto contigo, caminado tanto, hablado tanto, me he acostado tantas veces con tu fantasma que ya no me queda más quizá, y sin embargo, que ser fantasma entre los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que se pasea y se paseará alegremente por el reloj de sol de tu vida.

iOH DOLORES DEL
AMOR!

  ¡Oh dolores del amor!
  Cuánto os necesito y cuánto os amo.
  Mis ojos que se cierran sobre lágrimas imaginarias, mis manos que se tienden sin cesar hacia el vacío.
  He soñado esta noche paisajes sin sentido y aventuras peligrosas tanto desde el punto de vista de la muerte como desde el punto de vista de la vida, que son también el punto de vista del amor.
  Al despertar estábais presentes, oh dolores del amor, oh musas del desierto, oh musas exigentes.
  Mi risa y mi alegría cristalizan a vuestro alrededor. Es vuestro colorete, son vuestros polvos de arroz, es vuestro carmín, es vuestro bolso de piel de serpiente, son vuestras medias de seda... y es también ese pequeño pliegue entre la oreja y la nuca, .en el nacimiento del cuello, es vuestro calzón de seda y vuestra fina blusa y vuestro abrigo de piel, vuestro vientre redondo es mi risa y mis alegrías vuestros pies y todas vuestras joyas.
  En verdad, qué bien vestida vais, qué bien engalanada.
  Oh dolores del amor, ángeles exigentes, sabed que os imagino a imagen de mi amor, que os confundo con él...
  Oh dolores del amor, creados y vestidos por mí, os confundís con mi amor del que no conozco más que el ropaje y también los ojos, la voz, el rostro, las manos, el cabello, los dientes, los ojos...

LOS GRANDES DÍAS DEL POETA

Los discípulos de la luz sólo inventaron tinieblas apenas
  opacas. El río arrastra un diminuto cuerpo de mujer lo que
  es indicio de un final próximo.
La viuda vestida con ropas nupciales se equivoca de séquito. Todos llegaremos con atraso a nuestras tumbas.
Un navío de carne encalla en una playa pequeña. El timonel invita a los pasajeros a callarse.
Las olas esperan impacientes. i Más Cerca de Ti oh Dios mío!
El timonel invita a las olas a hablar. Estas hablan.
La noche ocluye sus frascos con estrellas y hace fortuna con
   la exportación.
 Se construyen grandes tableros para vender ruiseñores. Pero
   no pueden satisfacer los deseos de la Reina de Siberia que quiere un ruiseñor blanco.
 Un comodoro inglés jura que no lo sorprenderán más recolectando salvia de noche entre los pies de las estatuas de sal.
 A propósito de esto una pequeña salera con Cerebos se endereza con dificultad sobre sus delgadas piernas.
 y derrama en mi plato todo lo que me queda por vivir.
 Lo bastante para salar el océano Pacífico.
 Pondréis en mi tumba un salvavidas.
 Porque uno nunca sabe.

SOCIOS DE HONOR EUROPA

Miguel Oscar Menassa (Madrid) 100.000 ptas.
Amelia Díez Cuesta (Madrid) 40.000 ptas.
Stella Cino Nuñez (Madrid) 28.000 ptas.
Emilio A. González (Madrid) 25.000 ptas.
Carlos Fernández del Ganso (Madrid) 20.000 ptas.
Luis López Cabeza ( Madrid) 20.000 ptas.
María Victoria Márquez (Málaga) 20.000 ptas.
Luis Schnitmann (Madrid) 20.000 ptas.
Cristina Barandiarán ( Madrid) 15.000 ptas.
Olga de Lucia (Madrid) 15.000 ptas.
Lidia Andino (Madrid) 10.000 ptas.
Raúl Bravo(Madrid) 10.000 ptas.
María Chévez (Madrid) 10.000 ptas.
Claire Deloupy  (Madrid) 10.000 ptas.
Paola Duchên (Madrid) 10.000 ptas.
Pilar Iglesias (Madrid) 10.000 ptas.
Jaime Icho Kozak (Madrid) 10.000 ptas.
Miguel Martinez (Madrid)  10.000 ptas.
Norma Menasa (Buenos Aires) 10.000 ptas.
Teresa Poy (Madrid) 10.000 ptas.
Carmen Salamanca Gallego (Madrid) 10.000 ptas.

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PAUL ELUARD


    Una de las principales propiedades de la poesía es la de producir en los hipócritas una mueca que los desenmascara y permite juzgarlos... Porque ella tiende, con sus imágenes extralúcidas, sus imágenes claras como el agua de la montaña, evidentes como el agudo grito de los huevos rojos, a la comprensión perfecta de lo inhabitual ya su utilización contra los estragos de la explotación maligna de la estupidez y de cierta clase de sentido común. Porque ella milita por Un nuevo régimen, el de la lógica identificación con la vida, no como una sombra, sino como un astro.
    Mi orgullo consiste en no conocer más hombres que los que aman tanto como yo esta poesía específicamente subversiva, color de porvenir.

P.E.

 LA DAMA DE ROMBOS

Muy joven abrí mis brazos a la pureza. Sólo fue un palpitar de alas en el cielo de mi eternidad, un palpitar de corazón enamorado que late en los pechos conquistados. Ya no podía caer.
   Amante del amor. En verdad, la luz me ciega. Conservo la suficiente para mirar la noche, toda la noche, todas las noches.
   Todas las vírgenes son distintas. Siempre sueño con una  virgen.
   En la esuela se sienta en un banco delante de mí, con delantal negro. Cuando se vuelve para preguntarme por la solución de un problema, la inocencia de sus ojos me confunde de tal modo que apiadada de mi turbación, me rodea con sus brazos el cuello.
   Fuera de allí me abandona. Sube a un barco. Nos sentimos casi extraños uno a otro, pero es tanta su juventud que su beso no me sorprende.
   O bien, cuando está enferma, guardo su mano entre las mías hasta que llega la muerte, hasta que me despierto.
   Si acudo tanto más rápido a sus citas es porque temo no tener tiempo de llegar antes de que otros pensamientos me arrebaten a mí mismo.
   Cierta vez que el mundo estaba por acabar, lo ignoramos todo de nuestro amor. Ella buscó mis labios con movimientos lentos y acariciadores de la cabeza. Esa noche llegué a creer que la haría retornar al día.
  Y siempre es la misma confesión, la misma juventud, los mismos ojos puros, el mismo ademán ingenuo de sus brazos alrededor de mj cuello, la misma caricia, la misma revelación.
  Pero nunca es la misma mujer.
  Las cartas dijeron que la encontraría en la vida aunque sin reconocerla.
  Amante del amor.

SUS OJOS SIEMPRE PUROS

Días de lentitud, días de lluvia,
días de espejos rotos y de agujas perdidas,
días de párpados cerrados al horizonte de los mares,
de horas iguales siempre, días de cautiverio.

Mi alma que brillaba aún sobre las hojas,
mi alma está, como el amor, desnuda.
La aurora que se olvida le hace besar su rostro
y contemplar su cuerpo obediente e inútil.

Pero yo vi los más bellos ojos del mundo,
dioses de plata que tenían zafiros en las manos, dioses completamente, pájaros en la tierra
y en el agua, los vi.

Sus alas son las mías, nada existe
sino su vuelo que sacude mi miseria,
vuelo de estrella y resplandor,
vuelo de tierra y piedra
sobre los ríos de sus alas.
Mi pensar sostenido por la vida y la muerte.

LA DE SIEMPRE, TODA

Si les digo que todo lo dejé
es porque ya no es ella de mi cuerpo,
nunca de eso me jacté,
no es verdad
y la bruma de fondo donde voy
no sabe nunca si he pasado.

Sólo yo puedo hablar
del abanico de su boca y del destello de sus ojos
sólo yo estoy rodeado
por ese espejo nulo donde el aire me cruza
y el aire tiene un rostro, un rostro enamorado,
un rostro amado, el tuyo,
ya ti sin nombre e ignorada por los otros,
el mar te dice: sobre mí, y el cielo; sobre mí,
los astros te adivinan, las nubes te imaginan
y la sangre esparcida en los mejores tiempos,
la sangre de la generosidad
te lleva con delicia.

Yo canto la alegría de cantarte,
y la alegría de tenerte o no tenerte,
el candor de esperarte, la ingenuidad de conocerte,
tú que suprimes el olvido, la espera y la ignorancia,
que suprimes la ausencia y que me das al mundo,
canto para cantar, te amo para cantar
ese misterio donde
tu amor me crea y se libera.

Eres pura, más pura todavía que yo.

LA CURVA DE TUS OJOS

La curva de tus ojos gira en mi corazón.
Una ronda de danza y de dulzura,
aureola del tiempo, niñez nocturna y firme,
y si no sé cuánto he vivido
es que tus ojos no me vieron siempre.

Hojas del día y musgo del rocío,
cañaveral del viento, sonrisas perfumadas,
alas que están cubriendo el mundo con su luz,
barcos cargados con el cielo y con el mar,
cazadores de ruidos, fuentes de los colores.

Perfume amanecido de un enjambre de auroras
que duerme siempre sobre la hierba de los astros,
como de la inocencia el día,
depende el mundo entero de tus ojos tan puros
y mi sangre circula en sus miradas.
                                  


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AFORISMOS

F. NIETZSCHE

   -Peligro del lenguaje para la libertad de espíritu.-Cada palabra es un prejuicio.

   -Yo desconfío de todos los sistemáticos y me aparto de su camino. La voluntad de sistema es una falta de honestidad.

   -Un moralista es lo contrario de un predicador moral: es, en efecto, un pensador que toma la moral como discutible, como cuestionable, en suma, como un problema, lamento tener que añadir que, justo por ello, el moralista forma parte de los seres problemáticos.

   -Debemos ser un lugar de descanso para nuestros amigos; pero un lecho duro, de campaña.

   -La mujer comete diez veces menos delitos que el hombre -en consecuencia es, moralmente, diez veces mejor que él: eso dicen las estadísticas.

   -El enfermo tiene a menudo más sana su alma que el sano.

   -El tercero es siempre el corcho que impide que el diálogo entre dos se hunda en la profundidad: lo cual es, en determinadas circunstancias, una ventaja.

   -Causa y efecto. -Antes del efecto se cree en causas diferentes que después de él.

   -Los amigos como fantasmas. -Si nosotros cambiamos mucho, los amigos nuestros que no han cambiado se convierten en fantasmas de nuestro propio pasado: su voz llega hasta nosotros con un sonido horrible, espectral  -como si nos oyésemos a nosotros mismos, pero más jóvenes, duros, inmaduros.

-Tres veces ha influido Alemania sobre Francia: en el siglo m le aportó costumbres salvajes y una ignorancia bárbara; en la época de Montaigne, una Edad Media venida al mundo con retraso y guerras de religión; y en este siglo, la filosofía alemana, el romanticismo y la cerveza.

   -Kant, una cabeza fina, un alma pedante.

   -Es preciso haber visto dormida a una persona: de lo contrario se ignora cuál es su aspecto. El rostro de tu amigo, al que crees conocer, es tu rostro, reflejado en un espejo imperfecto y tosco.

   -Ponerse en guardia contra quienes dan mucho valor a que se confíe en su tacto y sutileza morales en materia de distinciones morales. Jamás nos perdonan el haberse equivocado alguna vez en presencia nuestra (y, más aún, con respecto a nosotros) inevitablemente se convierten en nuestros calumniadores y detractores instintivos, aún cuando continúen siendo «amigos» nuestros. -Bien-aventurados los olvidadizos: pues ellos «digerirán» incluso sus estupideces.

   -Los hombres corren detrás de quien sabe convencerlos de que han perdido su camino; tanto es lo que los halaga oír que tienen un camino.

   -¿Por qué todos los músicos son malos escritores, sin oído para el ritmo, sin rigor en el acorde de los pensamientos? La música relaja la capacidad de pensar y afina exageradamente el oído. El impreciso simbolizar -el contentarse con eso

  -Gracias al morboso extrañamiento que la insania de las nacionalidades ha introducido y continúa introduciendo entre los pueblos de Europa, gracias, asimismo, a los políticos de mirada corta y de mano rápida que hoy están arriba con la ayuda de esa insania y que no presienten en absoluto hasta qué punto la política disgregacionista que practican no puede ser necesariamente más que una política de entreacto -gracias a todo eso ya otras muchas cosas, totalmente inexpresables hoy, ahora son pasados por alto o reinterpretados de manera arbitraria y mendaz los indicios más inequívocos en los cuales se expresa que Europa quiere llegar a ser una.

   -Las mujeres han sido tratadas hasta ahora por los hombres como pájaros que, desde una altura cualquiera, han caído desorientados hasta ellos: como algo más fino, más frágil, más salvaje, más prodigioso, más dulce, más lleno de alma -como algo que hay que encarcelar para que no se escape volando.

  -La vida del enemigo. -Quien vive de combatir a un enemigo tiene interés en que siga con vida.

  -Es preciso hacer la prueba y ver quiénes de nuestros amigos y de los que «llevan nuestro bien en su corazón» la soportan: tratémoslos groseramente alguna vez.

  -Quien ha experimentado la pena de decir la verdad a pesar de sus amistades y sus veneraciones siente ciertamente miedo de contraer nuevas amistades y de concebir nuevas veneraciones.

  -«Si yo soy un canalla, también tú deberías serio»: con esa lógica se hacen las revoluciones.

  -Alabanza en la elección. -El artista escoge los asuntos de sus obras: es su modo de alabar.

  -Quien sabe cómo surge toda fama desconfiará de la fama de que goza la virtud.

  -Se paga caro el llegar al poder: el poder vuelve estúpidas a las personas...

RAÚL GONZÁLEZ TUÑON


ENTIERRO DE BARBUSSE

Un viento de banderas
Un viento rojo de banderas rojas,
un viento de banderas primaveras,
un viento de banderas,
un viento de banderas mariposas

Y tus cenizas llamas,
tus cenizas estrellas,
un viento de banderas,
un viento vuela y pasa.

Adiós a tus cabellos que caían
sobre la frente, a tus manos en hueso,
a tu figura desgarbada,
al Iento relato de tu voz
ya tu mirada silenciosa y antigua.
Un viento de banderas.

La pasión, el fervor y la aventura,
el primer combatiente en nuestra guerra
contra la guerra,
contra el fascismo,
contra la burguesía. El primero.
Un viento de banderas.

No te lloramos.
El sentimentalismo no cuenta:
no lloramos la irremediable muerte,
la lógica caída a la ceniza,
el viraje al gusano.
No te lloramos pero te lloramos.
Un viento de banderas.

Te lloramos como a un combatiente,
como al mejor que se nos va.
Soñabas mediodías apacibles
con hules y manzanas y persianas.
Doblado y fatigado aún seguías al frente
de las tropas de choque
del pensamiento revolucionario.

Un viento de banderas golondrinas.

Aún seguías al frente luchando por los hombres,
por la emancipación del escritor, el campesino y el obrero.
Adiós viejo Barbusse, cher camarade.

Un viento de banderas aeroplanos.

25 muchachas
llevaban tus 25 libros como espadas.
Miles de niños
seguían la carroza florecida.
Detrás, los mutilados.

y un viento de banderas.

 

DOMINGO FERREIRO

Toca la gaita Domingo Ferreiro
toca la gaita... «¡Non queiro, non queiro!»
Porque están llenas de sangre las rías,
porque no quiero, no quiero, no quiero.

Y se secaron los ramos floridos
que ella traía en la falda del viento,
que ella traía a su novio soldado
o pescador, labrador, marinero.

Sobre Galicia ha caído la peste,
ay, los oscuros sargentos vinieron.
Están colgando en los pinos los hombres,
toca la gaita, no quiero, no quiero.

Nuestros hermanos que están allá abajo
pronto vendrán a vengar a los muertos,
pronto vendrán en mitad del verano,
 

pronto vendrán en mitad del invierno.

El que no ha muerto andará por el monte
y en las aldeas cayeron los buenos.
Ay, que no vayan los lobos al monte,
toca la gaita, no quiero, no quiero.

Ya llegarán las valientes milicias
para acabar con la hez del desierto.
Ya llegarán en mitad de la Historia,
ya llegarán en mitad de los tiempos.


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Toca la gaita... ¡que baile el obispo!
Toca la gaita, no quiero, no quiero.
Porque no es hora de fiesta en España,
porque no quiero, no quiero, no quiero.

Ya llegarán los soldados leales
para acabar con los pájaros negros,
ya llegarán en mitad de la Biblia,
ya llegarán en mitad de los muertos.

Toca la gaita. ¡Que baile la víbora!
Toca la gaita, no quiero, no quiero.
Porque la gaita no quiere que toque.
Porque se ha muerto Domingo Ferreiro.

 

 

LA CALLE DEL AGUJERO 
EN LA MEDIA

Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad
y la mujer que amo con una boina azul.

Yo conozco la música de un barracón de feria 
barquitos en botellas y humo en el horizonte.

Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad,
ni los labios sesgados sobre un viejo cantar
ni el afiche apagado del grotesco armazón
telaraña del mundo para mi corazón.

Ni las luces que siempre se van con otros hombres
de rodillas desnudas y de brazos tendidos.

-Tenía unos pocos sueños iguales a los sueños 
que acarician e noche a los niños dormidos.

Tenía el resplandor de una felicidad
y veía mi rostro fijado en las vidrieras
y en un lugar del mundo era el hombre feliz.

Conoce usted paisajes pintados en los vidrios?

Y muñecos de trapo con alegres bonetes?

Y soldaditos juntos marchando en la mañana
y carros de verdura con colores alegres?

Yo conozco una calle de una ciudad cualquiera
y mi alma tan lejana y tan cerca de mí
y riendo de la muerte y de la suerte y
feliz como una rama de viento en primavera.

El ciego está cantando. Te digo: ¡Amo la guerra!

Esto es simple, querida, como el globo de luz
del hotel en que vives. Yo subo la escalera
y la música viene a mi lado, la música.

Los dos somos gitanos de una troupe vagabunda,
alegres en lo alto de una calle cualquiera.

Alegres las campanas con una nueva voz.

Tú crees todavía en la revolución
y por el agujero que coses en tu media
sale el sol y se llena todo el cuarto de luz.

Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad,
una calle que nadie conoce ni transita.

Sólo yo voy por ella con mi dolor desnudo,
sólo con el recuerdo de una mujer querida.

Está en un puerto. ¿Un puerto? Yo he conocido un puerto.

Decir, yo he conocido, es decir: Algo ha muerto.

MUERTE DEL POETA

Federico García Lorca

¡Qué muerte enamorada de su muerte!
¡Qué fusilado corazón tan vivo! 
¡Qué luna de ceniza tan ardiente

en donde se desploma Federico!

Los menudos rumores de la muerte
alrededor del esqueleto niño
cuando suben y bajan las mareas

en donde se desploma Federico.
¡Qué amor al que cayó por el acero 
de un alba de asesinos y de obispos 
¡Qué olor a siempreviva apasionada

en donde se desploma Federico!

¡Qué aire de antigua voz de estatua rota
rodea su sepulcro amanecido
cuando suben y bajan los claveles

en donde se desploma Federico!

Todas las cosas que él amaba crecen 
junto a su muerte desbordante río
que corre por la tierra de los hombres

en donde se desploma Federico.

Cigalas a las 7 de la tarde,
Jerez al alba de color subido
cuando suben y bajan las guitarras

en donde se desploma Federico.

Lloronas de pasión y velatorio,
rizos de niños mágicos dormidos,
poemas de Darío y de Neruda

en donde se desploma Federico.

Toreros muertos y solteras solas
y puentes y navajas como lirios
cuando suben y bajan las campanas

en donde se desploma Federico.

¡Qué muerte enamorada de su muerte! 
Habitado en violeta y en jacinto,
Santo Sepulcro el que conquistaremos

en donde se desploma Federico.

 

FEDERICO GARCIA LORCA


El REY DE HARlEM

CON una cuchara de palo
le arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara de palo.

Fuego de siempre dormía en los pedernales
y los escarabajos borrachos de anís
olvidaban el musgo de las aldeas.

Aquel viejo cubierto de setas
iba al sitio donde lloraban los negros
mientras crujía la cuchara del rey
y llegaban los tanques de agua podrida.

Las rosas huían por los filos 
de las últimas curvas del aire 
y en los montones de azafrán


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los niños machacaban pequeñas ardillas
con un rubor de frenesí manchado.

Es preciso cruzar los puentes
y llegar al rumor negro
para que el perfume de pulmón
nos golpee las sienes con su vestido
de caliente piña.

Es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente,
a todos los amigos de la manzana y la arena;
y es necesario dar con los puños cerrados
a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas
para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre
para que los cocodrilos duerman en largas filas,
bajo el amianto de la luna,
y para que nadie dude la infinita belleza
de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas de las cocinas.
¡Ay Harlem! iAy Harlem! ¡Ay Harlem!
No hay angustia comparable a tus ojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro de tu eclipse oscuro
a tu violencia granate, sordomuda en la penumbra,
a tu gran rey prisionero en un traje de conserje.

Tenía la noche una hendidura y quietas salamandras de marfil. Las muchachas americanas
llevaban niños y monedas en el vientre
y los muchachos se desmayaban en la cruz del desperezo.

Ellos son.
Ellos son los que beben el whisky de plata junto a los volcanes y tragan pedacitos de corazón por las heladas montañas del oso.

Aquella noche el rey de Harlem, con una durísima cuchara,
le arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una durísima cuchara.

Los negros lloraban confundidos
entre paraguas y soles de oro;
los mulatos estiraban gomas, ansiosos de llegar al torso blanco, y el viento empañaba espejos
y quebraba las venas de los bailarines.

¡Negros! ¡Negros! ¡Negros! ¡Negros!
La sangre no tiene puertas en vuestra noche boca arriba.
No hay rubor. Sangre furiosa por debajo de las pieles, Viva en la espina del puñal y en el pecho de los paisajes,
bajo las pinzas y las retamas de la celeste luna "de cáncer.

Sangre que busca por mil caminos muertes enharinadas y ceniza de nardo,
cielos yertos, en declive, donde las colonias de planetas rueden por las playas, con los objetos abandonados.

Sangre que mira lenta con el rabo del ojo,
hecha de espartos exprimidos, néctares de subterráneos. Sangre que oxida al alisio descuidado en una huella
y disuelve a las mariposas en los cristales de la ventana.

Es la sangre que viene, que vendrá
por los tejados y azoteas, por todas partes,
para quemar la clorofila de las mujeres rubias,
para gemir al pie de las camas, ante el insomnio de los lavabos y estrellarse en una aurora de tabaco y bajo amarillo.

iHay que huir!
huir por las esquinas y encerrarse en los últimos pisos, porque el tuétano del bosque penetrará por las rendijas
para dejar en vuestra carne una leve huella de eclipse
y una falsa tristeza de guante desteñido y rosa química.

Es por el silencio sapientísimo
cuando los cocineros y los camareros y los que limpian
      con la lengua
las heridas de los millonarios
buscan al rey por las calles o en los ángulos del salitre.

Un viento sur de madera oblicuo en el negro fango
escupe a las barcas rotas y se clava puntillas en los hombros. Un viento sur que lleva
colmillos, girasoles, alfabetos,
y una pila de Volta con avispas ahogadas.

El olvido estaba expresado por tres gotas de tinta sobre el monóculo.
El amor, por un solo rostro invisible a flor de piedra. Médulas y corolas componían sobre las nubes
un desierto de tallos, sin una sola rosa.

A la izquierda, a la derecha, por el Sur y por el Norte,
se levanta el muro impasible
para el topo y la aguja del agua.
No busquéis, negros, su grieta
para hallar la máscara infinita.
Buscad el gran sol del centro
hechos una piña zumbadora.

El sol que se desliza por los bosques
seguro de no encontrar una ninfa.
El sol que destruye números y no ha cruzado nunca un sueño,
el tatuado sol que baja por el río
y muge seguido de caimanes.

¡Negros! ¡Negros! ¡Negros! ¡Negros!
Jamás sierpe, ni cebra, ni mula,
palidecieron al morir.
El leñador no sabe cuándo expiran
los clamorosos árboles que corta.
Aguardad bajo la sombra vegetal de vuestro rey
a que cicutas y cardos y ortigas turben postreras azoteas.

Entonces, negros, entonces, entonces,
podréis besar con frenesí las ruedas de las bicicletas,
poner parejas de microscopios en las cuevas de las ardillas
y danzar al fin sin duda, mientras. las flores erizadas asesinan a nuestro Moisés casi en los juncos del cielo.

¡Ay Harlem disfrazada!
¡Ay Harlem, amenazada por un gentío de trajes sin cabeza!
Me llega tu rumor.
Me llega tu rumor atravesando troncos y ascensores a través de láminas grises
donde flotan tus automóviles cubiertos de dientes,
a través de los caballos muertos y los crímenes diminutos,
a través de tu gran rey desesperado
cuyas barbas llegan al mar.

AFORISMOS I

 CESARE PAVESE

  -Si es cierto que nos acostumbramos al dolor, ¿cómo es que con el paso de los años sufrimos cada vez más?

   -No, no son locos esa gente que se divierte, que disfruta, que viaja, que folla, que combate -no son locos, y eso es tan cierto que quisiéramos hacerlo también nosotros.

   -La única alegría en el mundo es comenzar. Es hermoso vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante. Cuando falta esa sensación -prisión, enfermedad, hábito, estupidez- uno quisiera morir.
   Y por eso cuando una situación dolorosa se reproduce idéntica -parece idéntica- nada vence su horror.

   -Nunca más deberás tomar en serio las cosas que no dependen sólo de ti. Como el amor, la amistad y la gloria.
   Y las que depende sólo de ti, ¿importa mucho que las tomes o no en serio? ¿Quién sabrá algo? Porque, si estamos solos no hay quien: hasta el yo desaparece.

   -Nadie se abandonará jamás a ti, si no ve en ello su propio provecho.

   -Muchos han muerto desesperados. Y ésos han sufrido como Cristo.
   Pero lo grande, la tremenda verdad es ésta: sufrir no sirve de nada.

   -Problema: ¿la mujer es el premio del fuerte o el apoyo del débil, según éstos quieran?
   Ironía de la vida: la mujer se entrega como premio al débil y como apoyo al fuerte. Y ninguno recibe jamás lo suyo.

   -Has confiado tu vida a un cabello: no te debatas, pues de lo contrario lo arrancarás.

   -La ingenuidad tiene una astucia propia que proviene justamente de su despreocupación. «Eres tan estúpido que nadie se te resiste.»

   -Quien no ha experimentado la muralla de una imposibilidad física en cosas que afectan a toda la vida (impotencia, dispepsia, disnea, presidio) no sabe qué es sufrir. Y en realidad, para esos casos se ha inventado la renuncia: el desesperado intento de hacer méritos con lo que por desgracia es inevitable. ¿Puede imaginarse cosa más cobarde?

    -Es notable el estado de quien no siente la tentación de lo que no hace; y no el estado de quien es tentado y renuncia. En términos realistas, lo primero es la paz, lo segundo es el desgarramiento. Digan lo que digan los heroicos. Sufrir es una bobada.


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 -Antes de ser astutos con los otros, es preciso ser astuto con nosotros mismos. Existe un arte de hacer que las cosas ocurran de tal modo que el pecado que cometemos sea en conciencia virtuoso. Aprender de cualquier mujer.
   -La habitual tragedia: sabe hacerse amar sólo quien sabe hacerse odiar, por la misma persona.
   -Un hombre de verdad, en nuestro tiempo, no puede aceptar con cautelas la ananke (la necesidad, lo inevitable ) de la guerra. O es pacifista absoluto o guerrero despiadado. Las cosas claras: o santos o verdugos. En buena hemos caído.
   -¿Por qué es desaconsejable perder la cabeza? Porque entonces somos sinceros.
   -No es cierto que la castidad sea un atractivo sexual -ni siquiera supuesto-, porque entonces a las mujeres deberían parecerles apetitosos los frailecillos y curitas recién salidos, que se supone que toman en serio la regla. Y en cambio les apetecen puercos vejestorios
-Ios hombres duchos-, calvos y maliciosos.
   Y tú, ¿soñaste alguna vez con monjas?
  -Primer amor: "cuando seamos mayores, de estas cosas podremos hablar con las mujeres".
  -Hay una cosa más triste que fracasar en los propios ideales: haber tenido éxito.
  -Hay algo más triste que envejecer, y es seguir siendo niño.
  -Si el follar no fuese la cosa más importante de la vida,
el Génesis no empezaría por ahí.
  -Para agradar a los hombres es preciso profesar lo que
cada uno de esos hombres en su vida secreta rechaza y
odia.
  -Amar a otra persona es como decir: de ahora en adelante esa otra persona pensará más en mi felicidad que en
la suya. ¿Hay algo más imprudente?
  -Tú, si te propones un sacrificio, lo quieres tan intenso y exclusivo que en definitiva ya no interesa a nadie. Acuérdate siempre de que cuando la primera comunión no
tragabas saliva para no romper el ayuno.
  -No se muda la propia naturaleza. Has descubierto que
eras ingenuo, que exhibías tus sentimientos para que fueran también absolutos (incapacidad de mentir), y, creyendo haber cambiado de tecla, ahora exhibes tus trágicas convicciones sobre la necesidad de la mentira.
  -Muchos que tienen muertes edificantes, si los curasen . in extremis volverían a hacer estragos.
  -Amar sin reservas mentales es un lujo que se paga se
paga se paga.
  -¿Por qué el verdaderamente enamorado pide la continuidad, la vitalidad de las relaciones? Porque la vida es
dolor y el amor gozado es un anestésico y ¿quién querría despertarse en la mitad de una operación?

Inés Barrio (Buenos Aires) 6.500 ptas.
Marcela Villavella (Buenos Aires) 6.500 ptas.
Fernando Améz (Madrid) 5.000 ptas.
Luis Barrantes (Málaga) 5.000 ptas.
Sara Blasco (Madrid) 5.000 ptas.
Bibiana Degli Esposti (Madrid) 5.000 ptas.
Alejandra Menassa de Lucia (Madrid) 5.000 ptas.
Rosa Puchol (Madrid) 5.000 ptas.
Roberto Molero (Buenos Aires) 3.500 ptas
Lucia Serrano (BuenosAires) 3.500 ptas.
 Ricardo Aquino (BuenosAires)  3.000 ptas.
Ángela Casini (BuenosAires) 3.000 ptas.
Alejandra Madormo (BuenosAires) 3.000 ptas.
Jorge Montinori (BuenosAires) 3.000 ptas.
Karina Pueyo (BuenosAires) 3.000 ptas.
Emilia Campaña (Málaga) 3.000 ptas.
Eleonora D´Alvia (Buenos Aires) 2.000 ptas.
Claudia García (Buenos Aires) 2.000 ptas.
Cruz González (Madrid) 2.000 ptas.
Enrique Iglesias (Madrid) 2.000 ptas.
Joaquín Luzón (Ibiza) 2.000 ptas.
Paula Malugani (Ibiza) 2.000 ptas.
Pilar Nouvillas (Valencia) 2.000 ptas.
Concha Osorio (Madrid) 2.000 ptas.
Magdalena Salamanca (Madrid) 2.000 ptas.
Daniel Ustarroz (Buenos Aires) 2.000 ptas.
Rosa Alonso Fernández  (Madrid) 2.000 ptas.
Helene Barrier (Madrid) 1.000 ptas.
Pablo J. García Muñoz (Madrid) 1.000 ptas.
María Jose Gómez (Alcalá de Henares) 1.000 ptas.
Ruy Henríquez (Madrid) 1.000 ptas.
María Isabel Jimenéz (Málaga) 1.000 ptas.
Ana Sánchez (Málaga) 1.000 ptas.
Helena Trujillo (Málaga) 1.000 ptas.
Rafael Trujillo (Madrid) 1.000 ptas.
Maryelene Bodin (Madrid) 500 ptas.
Gema Crespo (Madrid) 500 ptas
Pilar García Puerta (Madrid) 500 ptas
Laura García (Madrid) 500 ptas
Fabián Menassa de Lucia (Madrid)

500 ptas.

Manuel Menassa de Lucia (Madrid) 500 ptas.
Nuria Ortiz (Madrid) 500 ptas.

Donaciones, sugerencias y correspondencia:
Ferraz, 22 - 2º izq - 28008 Madrid
Escuela de Poesía y Psicoanálisis

LEOPOLDO DE LUIS


 AUNQUE ES DE NOCHE

«Aunque es de noche» 
SAN JUAN DE LA CRUZ

HABÍA atravesado caminos como mundos,
ciudades como tumbas y mares como olvidos.
y traía los ojos como sueños profundos,
como cielos heridos.

En sus ojos de sombra nos miramos. Espejos 
silenciosos de noche. Luna de soledades.
Emergió nuestra imagen lentamente de lejos,
de perdidas edades.

Se concitaron rostros olvidados, espumas
felices y paisajes que ahora el recuerdo nieva.
Sumidos materiales de vida; leves plumas
que la inocencia eleva.

Manos con sus pequeñas raíces infantiles
que aún descuelgan sus frutos de frías acideces.
Árboles que sombrean avenidas de abriles.
Amor de tantas veces.

Humildes servidumbres de objetos familiares.
Monedas de sonrisas, de rencores, de pena,
con que fuimos comprando años crepusculares
que ahora el dolor ordena.

Huellas como hojas secas, desenterrados dioses 
fungibles. Esperanzas de quebrado alabastro. 
Clausuradas estancias y pálidos adioses.
Todo súbito rastro.

Nos vimos sucesiva, mortalmente anegados
de oleadas. de tiempo, de lluvias tumultuosas. 
Desde los hongos pozos del recuerdo lanzados,
desde sus ciegas fosas.

hasta aquellos dos nichos de soledad herida
donde se sepultaban inevitables muertos,
donde se reencontraba turbiamente la vida,
los años descubiertos.

Nos sentimos distintos. Hijos de un tiempo extraño. 
Nacidos de una tierra que el odio transfigura.
La soledad tenía nuestro propio tamaño,
nuestra misma estatura.

Nos vimos recorriendo planicies de ceniza,
campos donde la sangre rabiosamente prende,
surcos por donde el grano sólo en hambre se eriza, 
montes que el sol no enciende.

Albas que rebotaron su terrible pelota
de esquina a esquina y en pretiles ciegos,
por las que desfilamos hacia la tarde rota,
herida a carne y fuego.

Bosque que animaliza, que levanta
levas de instinto torpe, sordas piedras,
cerrando de los pies a la garganta
sus ancestrales yedras.

Nos sentimos nacer entre disparos
de plomo y odio, entre feroz acecho:
ya no éramos aquellos que fuimos, ni los claros
días que están dentro del pecho.

Se nos iban historias, devoraban historias
felices esos ojos, esa fantasmal ave
que trajo hasta 1as tierras de inocentes memorias
la hombría amarga y grave.

Unos ojos de noche donde nunca hay mirada,
del fondo de los nuestros la vida recogían.
Unos ojos, un hielo, una pena, una nada,
una noche, se abrían.

Una noche se abría como un campo de guerra, 
como sangre que sacia el ansia de un desierto,
como un rencor, como una deshabitada tierra.
Una noche se ha abierto.

Desterrados de un alba que el corazón aún sueña, 
de un amor, de una aurora que el corazón querría. 
Poblando de humo triste, de soledad pequeña,
una casa vacía.

Pero seguimos siempre. La oscuridad tanteamos. 
Ciegos, torpes, heridos contra las sombras prietas.
Tenazmente, en el muro de las sombras cavamos
rabiosamente grietas.

Desde la pena puede abrirse la esperanza
como desde la noche nacer la aurora pura.


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El corazón del hombre a la luz se abalanza
de una gran hendidura.

De un tajo en la tiniebla, una alegría
donde otros hombres pisarán seguros.
Aunque es de noche vamos elaborando el día
de esos hombres futuros.

Las sendas de la aurora transitan por la falda
sombría de la noche; las que al hombre renuevan
cruzan por nuestro pecho, pesan en nuestra espalda,
nuestros hombros las llevan.

Tajos de luz, tajos de vida, tajos
de esperanza. La noche se estremece.
Caminamos buscándolo: el día en los atajos
del mundo, crece y crece.

Acaso cuando alumbre nos hayamos perdido
ya un poco entre la niebla de nuestra propia pena.
Nuestros pasos cansados resonarán a olvido
por avenidas de callada arena.

Aún tendremos acaso esta antigua costumbre
aún de mirar con extraña manera dolorida.
Porque llevamos dentro, hiriéndonos la lumbre,
y aunque es de noche amamos nuestra vida.

RENUNCIO A LA  LUNA

LOS hombres sufren, callan y se odian
un poco más. Sus manos, aunque heridas,
las llaves que dan vuelta al porvenir custodian
y hacen girar las ruedas menudas de sus vidas.

Manejan la herramienta ciega de la esperanza.
Apenas sin saberlo, el mañana elaboran.
Lo que crea su esfuerzo su mano no lo alcanza.
Luz desde la tiniebla para otros atesoran.

Sobre su espalda pisa la alegría.
En su carne el rebaño del vivir se alimenta.
El agua más hermosa surtió de su sequía.
La calma más fecunda nació de su tormenta.

Donde hay una conquista, una luz, una hermosa
verdad edificada, hubo un esfuerzo humano.
Vivir en paz la vida es cortar una rosa
que debe su perfume a una doliente mano.

Me duelen esas piedras colgadas como plumas
del aire, igual que alas o que lirios crecidos.
Una ola de llantos traslucen sus espumas.
Siento por los sillares una humedad de olvidos. 

Veo los invisibles desfiles de ignorados 
héroes, de silenciosos hacedores de historia.
Estoy junto a la lenta masa de los ahogados
por los que sale a flote una victoria.

Estoy junto a los árboles del miedo,
junto al zarzal de prorrumpir oscuro.
Con los que en la tiniebla tantearon me quedo,
con los que levantaron la verdad como un muro.

Lo mejor de la vida no ha costado
más que dolor. Dolor es el asiento
del mundo que ahora crece. El otro lado
de la moneda es el dolor sin cuento.

El eje de la tierra es esa aguja.
Cada felicidad costó una herida.
Todo lo que progresa la lágrima lo empuja.
De pena son las ruedas de la vida.

Quiero aprender a ver en cada cosa
con que gozo o me alegro, el cimiento del luto.
Una gota de sangre hay que se posa
sobre todo lo blanco, como un rojo atributo.

Cada paso adelante, una condena;
cada minuto de alegría, un llanto;
cada sonrisa breve, una gran pena;
cada seguridad un ciego espanto.

Sólo el dolor es el padre del mundo.
Sólo la pena trágica nodriza.
No hay río como el llanto, de fecundo,
ni agua mejor la tierra fertiliza.

Cuesta tanto avanzar, a tanto precio
hay que pagar un poco de ventura
que el hombre, ese funámbulo subido en el trapecio
de la vida, está a punto de saltar de su altura

y elegir el gran hueco de la nada, el oficio
de estrellarse de bruces en el suelo,
poner punto final al ejercicio
de falsas alas y de falso cielo.
  

No se puede seguir haciendo daño
en aras de una abst